The Rock and Roll Hall of Shame

28/12/07

DEEP PURPLE - Slaves and masters


¡NOTICIAS CANDENTES!
Robert Fripp se autoexpulsa de King Crimson, quienes incorporan al Chizzo de La Renga. Por otra parte, Paul McCartney sella un contrato millonario con los renacidos The Romantics, mientras que Slash admite que ha sido tentado por la gente de Keane. Paul Stanley apadrina a 30 Seconds To Mars. White Stripes incorpora un bajista y Alice Cooper declara su nueva afición por el gospel. Rod Stewart anuncia que el fútbol nunca significó nada para él, y los hermanos Gallagher lloran delante de la prensa, reconociendo su poca originalidad. Diana María y Belinda tributan a Nightwish y Gerardo Zoo-fovich le insufla aires renovadores a Vox Dei: llevar a Broadway una versión 'dance' de “La biblia”, junto a Brian Adams y gran elenco.
Y Pier obtiene el galardón de "mejor banda argentina de todos los tiempos". Pier es más grande que los Redondos. Pier es más grande que los Beatles y Jesucristo juntos. Pier, Pier y más Pier. ¡Piermanía!


Claro. Ustedes se preguntarán: ¿Qué imbecilidades está diciendo este tipo? ¿Se volvió definitivamente loco? No tan loco como cuando me enteré, en 1983, que Ian Gillan sería el vocalista de Black Sabbath, pero mucho menos loco y nervioso que cuando supe, en 1989, que un necio de la talla de Joe Lynn Turner reemplazaría a Ian Gillan... ¡en Deep Purple!
El definitivo “rainbowamiento” de la más grande banda de hard rock inglesa de todos los tiempos ya había sido consumado. Y era tarde para lágrimas. Bueno, en realidad esto me molestó un poquito nada más. Ni ahí como para suicidarme. Hacía rato que yo ya estaba en otra cosa.
Que se entienda. Para mí, la banda británica falleció el día en que ofreció su detestable último concierto en Japón, el 15 de diciembre de 1975, con un Tommy Bolin perdido en su niebla de heroína y un Glenn Hughes mucho más cerca de Parliament Funkadelic que de la auténtica esencia del rock and roll.
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Años más tarde, la reunión hipócrita de 1984 no hizo más que reavivar los viejos odios entre Ritchie Blackmore y Ian Gillan, situación que se aceitaba una y otra vez, a fin de no echar a perder el rentable negocio. Durante ese período hasta hoy, Deep Purple editó varios álbumes cuyas valuaciones fluctúan entre ‘mediocre’ y ‘pasable’. Muy atrás quedaban los tiempos de gloria absoluta de auténticas obras de arte como “In rock”, “Machine head” o “Burn”. Con la expulsión de Gillan, en 1989, una marioneta llamada Joe Lynn Turner fue burdamente retirada del baúl personal del señor Blackmore -un arcón con forma de ataúd, cuya placa rezaba “Property of Rainbow”- y puesta a trabajar en una banda que le iba como anillo al apéndice.
El resultado no se hizo esperar. Un enjambre de pésimas canciones tapizadas de regurgitaciones melódicas del peor coiffeur-rock que jamás se haya visto, todo coronado por una tapa al mejor estilo gitano vulgar del más grasiento disco de Rata Blanca, cuyo guitarrista (todos lo saben y dicho sea de paso) le debe la vida, la identidad, el alma, la imagen y la razón de ser al bueno de Ritchie.
Estimado Walter: ¿Cuándo demonios vas a ir a visitar al viejo Ritchie para decirle TODO lo que él significó para vos en tu vida? ¿No te remuerde la conciencia? ¡MORALMENTE LE DEBES CADA TRISTE PESO QUE GANASTE, MAN!
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Todo aquí es relleno para canelones de la peor fonda. Nada se salva de este álbum mefítico, paradigma absoluto de la involución, donde el peor desacierto se lo lleva la canción “Love conquers all”, cuya letra reza: “Oh, nena. Aunque esto me lleve la vida entera, te juro que derribaré cada muro. El amor todo lo conquista. Y éste durará para siempre”. Madre mía. Alto concepto, ¿no?
“Slaves and masters” también encierra en sus letras toda esa filosofía cursi acerca del invariable devenir de la vida y las monstruosidades que acechan desde los rincones recónditos de la muerte piadosa. El bien y el mal, y toda esa lacra letrística penosa de caballeros andantes y pusilánimes poses de bateristas que hacen destrezas innecesarias con sus palillos, filmados a través de cámaras con filtros azulados, que también efectúan tomas de piernas de mujeres increíblemente esbeltas y lánguidas. Bulto-rock de gimnasio en su máxima expresión. Por favor... ¿QUÉ MAL HICE YO? ¿QUIÉN NECESITA ESTO? ¿QUIÉN PUEDE SENTIRSE ORGULLOSO DE ESTA VERGÜENZA? A VER... ¿QUIÉN?, DIJE, QUE ME LO COMO CRUDO, CARAJO. CON LOS PROBLEMAS QUE HAY EN SOMALÍA Y EN PAKISTAN, Y YO, COMO UN BOLUDO, DEDICANDO TIEMPO Y ESFUERZO A ESTA INMUNDICIA.
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Síntesis: Si tenés esta porquería en tu discoteca, vos sos un seguidor incondicional de Pier.
Único... Irrepetible...
(Gracias a Dios.)
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Jamás me quieran cuestionar
el porqué yo este disco tiré.
Y menos pretendan honrar
esta novela de Alberto Migré.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "The battle rages on" (1993) ó "ABandOn" (1998).
ANTIDOTO: "Deep Purple in rock" (1970).

26/12/07

SCORPIONS - Eye II eye


Lorena intenta rescatar todos sus trabajos de la facultad en un DVD. El rígido se quema y la información se pierde para siempre. Lorena sufre tal disgusto que se le produce vitíligo.
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12000 kilómetros al noroeste, Ivan juega con Nikolai una apuesta para ver quién toma más vodka. Ivan, luego de treinta y seis vasos, se desmaya y entra en un coma irreversible.
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A 8000 kilómetros de allí, en dirección oeste, Brandon se acomoda en su karting, disponiéndose a lanzarse calle abajo. Una rueda se afloja y Brandon se hace añicos contra un poste de luz. Diez meses de yeso total.
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¿Qué tienen que ver estas tres terribles historias tan distintas y distantes entre sí? La respuesta es insospechada pero inequívoca: las tres personas tenían en su discoteca algún álbum del grupo alemán Scorp*ons.
Es sabido el poder mágico dañino que emana de un personaje innombrable. Y ejemplos sobran: Mario I*n, Jessica Si*pson, Juan Corazón R*món, Hel*no, Tor**nta (alias 'la lluviosa'), Johnny Al*on, The Mam*’s & the Pap*’s, Los Náu… ticos, Quique Villa”vieja”, (P)elvis, Adrián y Ronan “Pub”, Omar Sh*né, Hernán Figueroa “Kings”, y un largo etcétera.
De todos modos, no era mi intención abundar en este tipo de características. Lo que hoy me ocupa es el contenido del álbum "Eye II Eye", de 1999, en sí mismo, y fuera de toda especulación de índole esotérica. Este disco es tan malo que tengo ganas de tomar un helicóptero y estrellarlo sobre el dormitorio de Klaus Meine.
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Todo aquí huele a papelera finlandesa, a cinturón ecológico, a fábrica de chacinados, a la curtiembre más asquerosa e ilegal, a desecho tóxico con plutonio enriquecido, a cloaca abierta, a interior de camión atmosférico volcado, a basural de suburbio de Calcuta, a perro muerto en la boca de Lita de Lazari...
Alguien debe ayudarme a entender cómo se puede editar algo tan disminuido, flatulento, falto total de ideas, aburguesado, aburrido, inanimado, inútil, tedioso y bastardo.
Un álbum cuyas baterías parecen presets del teclado más barato de la feria más hedionda de Villazón, y que contiene ritmos tan inauditos, que pasean impunemente toda su fachada facilista de música disco y de hip-hop escatológico del peor local bailable de Tegucigalpa. Guitarras tan feamente ecualizadas que parecen sampleadas de sonidos de aspiradoras industriales. O tal vez, todo lo contrario. Aspiradoras que samplean guitarras. No sé. La pregunta es: ¿Donde están las malditas guitarras? ¿Donde está el rock? ¿Dónde están los Scorp*ons?
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Lo único que se salva es una piadosa balada llamada “A moment in a million years”, que no es ningún esfuerzo grupal, sino la voz de Klaus acompañada por un piano y un violín. Yo sé que pronto este tema estará en algún compilado, así, todo el resto de “Eye II eye” habrá de cumplir con su destino inevitable: el olvido total.
También sé que muchos de ustedes han sido hartados hasta el apocalipsis por esta banda, a través de ‘baladejas’ tipo “Still loving you” o “Winds of change”, pero es innegable que discos como "Lovedrive" y "Blackout" deben estar en el panteón de lo mejor del metal clásico alemán.
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Aquellos eran los días… Pero en 1999, la realidad era “Eye II eye”: la obra nefasta que le arrebató a "Pure instict" la medalla de oro de la bazofia, pero que precedió a "Unbreakable", aquel decoroso CD que afortunadamente volvió a poner las cosas en su lugar.
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Conclusión: Si tenés este disco, deshacete inmediatamente de él. ¡Ahora mismo! ¡Ya! Recordá las historias que te relaté al comienzo de esta crónica. Podría caerte un piano en la cabeza. Pero, bueno, tranquilo. Un error lo comete cualquiera. Nada que no se pueda remediar.
Ahora, si amás este disco, vos sos de los que entran a un buen blog -como el de Milton o el Bomber- y postean genialidades tipo "Halos. Linda la pic. Pasaba, gorr. Te cuidaas. Besoo.".
Oíme. Hacé algo productivo. Mandá mil mensajes de texto al 7171 con la palabra BOTANICO para salvar a Evangelina Anderson del juicio final.
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Cuando se mezclan la onda de George Michael, la facha de Robin Gibb, la ampulosidad de Marillion y el desgano de Evanescence, se logra "What U give U get back". Y que Klaus siga poniendo las manos a los costados de la cara, como anteojeras, para que sus ojos no vean alrededor. Porque si observara la realidad sólo un poco, se suicidaría del pavor.



OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: "Pure instinct" (1996).
ANTIDOTO: "Taken by force" (1977).

2/12/07

LEMMY, SLIM JIM & DANNY B - Idem




Clase de ‘Análisis de los contenidos del rock II’.

Profesora: - Mecko: ¿qué preparó para hoy?
Mecko: - Estuve investigando un fiasco.
- Claro, Ud. siempre con su tendencia a la observación de desperdicios.
(La clase se ríe.)
- No veo por qué esté mal eso, profesora. No ser complaciente también es una virtud.
- Bueno, en fin. ¿Y de qué se trata su investigación?
- Es el álbum de Lemmy Kilmister, donde tributa a las leyendas del rock’n’roll primal.
- No lo escuché, pero, ¿por qué dice Ud. que es un fiasco?
- Porque no aporta nada.
- Bueno, según parece, es Kilmister homenajeando a sus fuentes...
- Sí, pero mal.
- ¿El disco no lo satisface?
- Exacto.
- ¡Explíquese!
- Es como un injerto entre Stray Cats y Motörhead, lo que ya de por sí es una humorada. Ya había visto un video de ese trío en la rockería Lemmy Rockshop, de mi amigo Andrés, en el que también tocan Slim Jim Phantom y Danny B. Harvey. Recuerdo que había energía allí.
- Ahá. Continúe.
- Andrés me regaló el álbum de estudio del trío, pero cuando lo escuché me decepcionó mucho. Nada que ver con aquel video tan vibrante.
- Pero... ¿Están mal hechos esos covers o qué?
- No, nada de eso. Es que las versiones son demasiado fieles a las originales. No cambian en nada. No hay un solo arreglo. La producción es horrible. ¡Entiéndame! Los temas originales son mucho mejores que estas intrascendencias, y lo peor de todo es que la voz de Lemmy no encaja en ese formato tan melódico. Sostengo que adquirir ese disco es una pérdida de tiempo, mal que le pese a Andrés.
- Ok. Pero háblenos un poco más del disco, ya que a mí no me interesan ni este señor Andrés ni su divina rockería.
- Ahá. Bueno, el disco tiene 18 temas de Johnny Cash, Eddie Cochran, Carl Perkins, Buddy Holly, Elvis y otros. Una obra donde Kilmister no toca una sola nota de su bajo increíble, y en vez de eso, toma la acústica, y su voz tan aguardentosa de años de gritar cual escape de una Harley arremete con líneas tan armoniosas que producen perplejidad. Es como un león amariconado, perdonando la expresión.
- ¿Por qué?
- Es que... por momentos es como escuchar a David Coverdale cantando boleros.
- Bueno (suelta una carcajada). Eso no sería tan descabellado.
(La clase vuelve a reírse.)
- ¿Ud. cree que homenajear a esas viejos artistas es sinónimo de involución para Lemmy?
- Seamos sinceros, profesora. Kilmister no ha evolucionado demasiado en los últimos 30 años.
- No estoy de acuerdo. Aunque sea un ejemplo de extrema ortodoxia, me parece válido lo que hace, incluyendo un tributo. Y eso también es evolución. O tal vez a Ud. no le agraden los homenajeados.
- Usted no me entiende. Esos tipos fueron geniales en su época. El tema es que Lemmy debió comprender que lo suyo es Motörhead y sólo Motörhead. Es su vida, su banda, su obra maestra. Es todo para él. Lo echaron a patadas de Hawkwind, en 1975, y eso sólo debió ser suficiente para apostar a lo que realmente sabe hacer.
- Ahá. Mire usted. Siga, por favor...
- Creo que Lemmy disfrutó la experiencia como una linda reunión de alcohol, amigos y nostalgia, pero pienso que hay ciertas ideas que tienen que permanecer entre cuatro paredes, y me niego a aceptar que cualquier excentricidad deba ser publicada.
- Entonces usted piensa que Kilmister no sirve para traspasar las fronteras de su propia marca de fábrica.
- No digo que no sirva. Digo que le queda incómodo. Y me refiero a este disco, nada más.
- Siento que hay en usted un resentimiento implícito hacia él.
- Nada que ver. Me encanta Motörhead, pero...
- ¡Pero nada! Da la impresión como usted condena al gran Lemmy a un destino inevitable.
- No, profesora. Usted me menosprecia. Si alguien, luego de 26 discos del mismo estilo, decide hacer otra cosa, es lógico que llame la atención. En el disco hay algunos temas que enternecen, caso "Well... all right’ o ‘Stuck on you’, pero ‘True love ways’, ‘Heartbreak hotel’ y ‘Fool’s paradise’, sirven más para embromar a algún fan desprevenido que para otro fin. O para quedar bien en algún círculo snob, tipo: "Eh, oigan a Lemmy haciéndose el Elvis". Yo no me imagino cantando tangos. Y si lo hiciera, seguro que haría el ridículo.
- ¡Qué prejuicioso! Su análisis suena arbitrario y sin sustento. A ver... ¿Algún otro escuchó este disco? Me encantaría otra opinión.
(Nadie habla.)
- Es un disco que pasó casi desapercibido. Por favor, créame y no insista más con...
- Escúcheme, Mecko. ¿Usted se cree que porque es el de “Los peores discos” me va a sermonear? Una tiene sus años en esto. Y no me parece que Lemmy se merezca este trato. ¿Me oyó?
- ¿Pero qué carajo le pasa? ¿Se volvió loca? ¡Me está porfiando sobre un disco que jamás escuchó! No la entiendo. ¿Acaso el gran Lemmy la tiene grande? ¿Por qué no se va a cagar?
(La clase enmudece.)
- ¡Retírese de mi vista, guarango insolente!
- ¡Claro que me voy! Ni falta que me hace estar en esta cátedra de mierda.
- ¡Váyase ya!
Y así terminaron mis aspiraciones al doctorado en rockanrología.
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Síntesis: Este incidente ficticio es un homenaje a un grande como es Andrés, de Lemmy Rockshop (Outlet Larroque, Banfield), quien estoy seguro va a tener el suficiente humor como para tomarse en joda todo lo aquí expuesto.
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Lemmy y los Head Cat interpretando "Bad boy", el clásico de Larry Williams popularizado por los Beatles en 1965. A pesar del esfuerzo que pone Lemmy para que este número suene legítimo, no puedo evitar hacer comparaciones e imaginar, por ejemplo, a Alfio Basile cantando "Perfecta", de Miranda!, con el acompañamiento de la orquesta de Alain Debray.



OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: The Head Cat - "Fool's paradise" (2006).
ANTIDOTO: cualquier disco de Motörhead.