The Rock and Roll Hall of Shame

20/3/08

RINGO STARR - Ringo the 4th.




(En una de las mesas de ruleta VIP del Casino Loews, de Montecarlo. No me pregunten cómo llegué hasta allí.)
- ¡Hey! ¡Mr. Starkey! Creo que Ud. debería entrarle duro al 38.
- Ja, ja. El 38 no existe en la ruleta, hijo mío.
- Bien. Tampoco existe su disco “Ringo the 4th.” y, sin embargo, Ud. apostó por él.
- ¿Cómo? Oye, ¿quién eres tú?
- Un admirador, pero además soy amigo de su hijo Zac. Encantado. Me llamo Moco.
- Oh, vaya, de Zac, claro. Y yo soy amigo del Almirante Nelson.
- Es en serio.
- Claro, claro. ¿Moco, has dicho? ¿Y que se te ofrece, hijo?
- Soy investigador de los más grandes fiascos de la industria discográfica.
- Y me encaraste a mí, desgraciado...
- No. No lo tome como algo personal. Ya entrevisté a muchas estrellas. Algunas se lo tomaron a mal. Espero que Ud., no.
- No es precisamente un favor el que tú le haces a la gente, ¿verdad?
- ¿Podemos ir a sentarnos? ¡Por favor!
- Sí, creo que lo haremos. Me has dado curiosidad.
- Gracias.
(Una camarera llega con dos tragos multicolores.)
- Pues, bien, haz nombrado “Ringo the 4th.”, y por lo que veo, sabes dar en el blanco. Y sí, efectivamente, ése es mi peor disco. Aún siento vergüenza por él.
- Mister Starkey, entiéndame…
- Llámame Ringo.
- Le agradezco su confianza…
- Como no brindarla a un amigo de mi hijo. Ja, ja.
- …pero preferiría llamarlo Mr. Starkey o Richard, si no le incomoda.
- Como quieras.
- Richard. ¿Cómo concibió Ud. la idea de hacer, en 1977, un álbum de música disco tan decadente? ¿Qué lo motivó?
- ¿La verdad...? Fue una desesperada decisión comercial de Arif, mi productor.
- Arif Mardin.
- Tal cual. Pero para el trabajo de composición hago responsable también a Vinnie Poncia.
- ¡Vinnie Poncia! ¡El que luego trabajó con Kiss!
- Sí, el mismo. Luego de mi estrepitoso fracaso con “Rotogravure”, mi sello estaba por despedirme, así que recurrí a esa táctica para salvarme como sea. Así que llamé a Steve Gadd para tocar batería, a los hermanos Brecker en bronces, David Foster en teclados, y también a Melissa Manchester y Bette Midler para hacer coros.
- Toda una excentricidad para tan pequeño logro.
- Al margen. Todavía había presupuesto... Pero también es cierto que había muchas menos luminarias que en “Rotrogravure”.
- Ud. supo rodearse siempre de grandes estrellas como estrategia a la hora de vender un álbum o un show.
- Todo el mundo lo hace.
- Con todo respeto, Mr. Starkey, hay temas horrendos en “Ringo the 4th.”
- Reconozco que “Drowning in the sea of love” y “Wings” son una mierda. Y encima son iguales entre sí, es verdad.
- Aprecio su sinceridad. Déjeme decirle que “Gave it all up” y “Gypsies in flight” son, cuando menos, temas graciosos, pero creo que del resto no se puede rescatar ni media nota.
- No conseguirás arruinarme la noche, ja, ja.
- Yo pienso que el problema radica en que Ud. es básicamente un músico de rock and roll y no un animador de discotecas con peinado afro. Además, Ud. fue siempre presionado a componer y grabar álbumes a la altura de los otros ex-Beatles, lo que considero que no es lo suyo.
- ¡Y quién lo niega! Para llegar a “Don’t pass me by”, tiré muchos bocetos de canciones a la basura. John y Paul decían que mis temas eran malas copias de canciones de Jerry Lee Lewis.
- Ud. reconoce sus limitaciones. Con eso en mente, ¿no sintió que traicionaba los códigos del seguidor beatle?
- Todos traicionamos alguna vez las expectativas de los fans. Pero en mi caso no existe un legado marcado. Los fans siempre esperaron cualquier cosa de mí. No soy compositor, soy baterista.
- Mucha gente cree que Ud. entró a los Beatles porque era el mejor baterista de Liverpool, pero en realidad fue porque contaba buenos chistes.
- Eso es cruel de tu parte. Volviendo al punto, mi público es mucho más formal que el de John o Paul.
- Tiene razón. El suyo no es un público de rock.
- Además, Paul también hizo música bailable, y muy vergonzosa. Si vamos al caso, él es un referente mucho más grande de la marca 'Beatles' que yo.
- Sí, pero Paul fue exitoso en todo lo que emprendió. Ud. debió haberle dedicado más tiempo a su mueblería del centro de Londres.
- Te estás pasando de la raya, hijo.
- Sinceramente, creo que luego de su buen disco “Ringo”, Ud. debió haber considerado más seriamente su carrera cinematográfica.
- “Ringo” me convirtió en un artista de moda. Fui Nº 1 con él. ¿Acaso está mal? Pero creo que estás siendo muy descortés conmigo. Moco… Moco… Tú no serás Mecko, del blog “Los peores discos”, ¿no?
- Sí, lo soy.
- ¡Maldito seas, hijo de perra! Me engañaste. Vete al demonio. ¡Me voy!
- Pero…
- Pero nada. Al fin y al cabo, a mi me gustan las fiestas, no los entierros.
- ¡Mr. Starkey! ¡No se vaya! Ud. es un baterista único. ¡Mr. Starkey! ¡Ringooooooo!
(Y eso fue todo. Tiempo después, me lo volví a cruzar en Los Angeles, y sucedió lo mismo, pero con referencia a "Bad boy", su disco siguiente.)
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¡FELICES PASCUAS!
El casino está en orden.
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Quiso coquetear con la música disco
y así quedó el pobre Ringo.
Lo mejor era tomarse un buen pisco
y ponerse a jugar al bingo.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Ringo's rotrogravure" (1976), "Bad boy" (1978), "Stop and smell the roses (1981), "Old wave" (1983), "I wanna be Santa Claus" (1999) ó "Y not" (2010).
ANTIDOTO: "Ringo" (1973).

12/3/08

NACHA GUEVARA - Heavy tango


Para aquellos que no tienen el gusto de conocerla, Clotilde Acosta (alias 'Nacha Guevara') es una actriz y cantante surgida a fines de la década del '60, al amparo de otra de las delirantes ideas del Instituto Di Tella. Famosa por su carácter irascible, fue célebre la anécdota que relataba como le rompió un vaso en la cara a Marcos Mundstock -de Les Luthiers-, debido a "celos profesionales".
Eterna veleta de la moda artística imperante, dedicó su carrera a los café-concerts entonando canciones de protesta e irrumpiendo en la década siguiente con categóricas muecas al music hall. En 1974, debió exiliarse a causa de las amenazas de la triple A, radicándose primero en México y luego en España. De esa época es su popular versión en castellano de "Don’t cry for me Argentina", del horrible musical “Evita”.
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En los últimos '80s, intentó editar un disco de tango junto al eterno desafiador de la ley de gravedad capilar, el tecladista Lito Vitale, cosa que no logró llevar a cabo, y para mitigar tamaña frustración, inició una relación con un sujeto veinte años más joven -Mike Ron Sini-, cuya única credencial artística era poseer una Harley-Davidson. Este ilustre desconocido la convenció de hacer un disco de tango pero con marcado sabor a hair-metal. Nacha convocó entonces a los "mejores" sesionistas de este género, para llevar a cabo su nueva afrenta al buen gusto. En el álbum “Heavy tango”, de 1991, no figuran los "beneficiados", pero es casi seguro que se trataría de B.B. Peña en batería (ex Vitiken y ex Alakran), Sergio León en guitarras (ex Alakran), Pablo Finger en teclados (ex Alakran), y un bajista que no recuerdo, tal vez por no haber estado nunca en Alakran.
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El resultado fue insultante. Nacha y compañía arruinaron ambos géneros, bajo el aberrante slogan demagogo de "una buena idea para acercar el tango a los jóvenes". Nacha gime su indisimulable menopausia e intenta pasar por chica dura durante los once números espantosos de este disco que no debería ser para el olvido, porque... ¡si algo nos falta a los argentinos, es memoria!
Incluso debe agregarse el demérito de haber compartido con Tita Merello una versión ¡DISCO! de “Se dice de mí”, lo que constituyó la última hazaña de Tita, quien, confundida y engañada, exclama al final del tema: “Nachita, ¿querés un consejo? Hay que seguir, hay que crecer”. La Merello, poco después, moriría… ¿de vieja?
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Aún así, lo más patético de este proyecto ególatra, además del asqueroso ¡RAP! de “Cambalache”, fue que Mike Ron Sini, a pesar de no haber tocado jamás una guitarra en su vida, se presentaba como una especie de John Petrucci criollo, haciendo galas de una pirotecnia escénica al mejor estilo de violeros tipo Ratt o White Lion.
En los shows que lograron dar -todos en teatros de la calle Corrientes, más una memorable aparición en un programa conducido por Raffaella Carrà-, el susodicho tocaba haciendo mímica y poniendo caripelas de rockstar, mientras que detrás del escenario padecía y sudaba el verdadero guitarrista.
¿Saben? Los que concurrieron a ver este show son más vergonzantes que aquellos que niegan haber votado a Menem.
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Hay antecedentes de este tango fusión, pero hecho con buena intención, en una vieja banda metalera llamada Hammer, sin olvidarnos de la mítica versión de “Cambalache”, grabada por Hermética y editada un año antes que esta farsa, y que fue cantada por Ricardo “Sieg heil!” Iorio. Un detalle más para pintar de cuerpo entero la poca originalidad de Nacha Guevara y su mero afán de llamar la atención, lo que compone su único y real mérito.
Luego de su paso frustrado por el metal, la señora Clotilde hizo borrón y cuenta nueva, volcándose de lleno a la new-age, lo cual nos acentúa aún más la incredibilidad de la artista. Todo esto a través de un programa dedicado a la autoayuda, donde anotaba frases con rouge en un espejo y se besaba a sí misma.
Hoy aparenta tener 60 años menos de los 108 que realmente detenta, lo cual exacerba su doctrina de “un cuerpo sano vegetariano libre de cirugías”, pero justo es decir que su contextura es admirable, lo cual demostró hace unos años cuando volvió a ser noticia al interpretar el papel de la señora Robinson en la versión teatral de “El Graduado”, donde se desnudaba. Los medios cubrieron ampliamente el suceso, y hasta hubo algunas declaraciones de luminarias que sobrepasaron la opinión de los expertos: "No sabía si mirarle las lolas o la coneja", fueron textuales palabras de elogio de Pata Villanueva.
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Conclusión: Ojalá no falte quien le pueda sugerir nuevas ideas a la Guevara, tales como fusionar punk con folclore, dando pie a un posible espectáculo llamado “Punklore”, o mezclar chamamé con heavy metal, logrando así el musical “Chamametal”. Digo esto por si a Nacha pudiera ocurrírsele la extravagancia de hacer una remake de "Evita". Algo así como: “Si Evita viviera, sería motoquera”.
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Nacha en el programa de Rafaella Carrà. Sólo una cosa para destacar: vean la "destreza" de Mike Ron Sini, cualidad que podría hacer reflexionar seriamente a Steve Vai acerca de volver a la Berklee y empezar de cero.



OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: Celeste Carballo - "Celeste y la Generación" (1986).
ANTIDOTO: mal que me pese... "Los patitos feos" (1984).

5/3/08

FRATICÓRNICOS - Onda nada recomendada


Mecko creó a Fraticórnicos en 1996, y jamás imaginó que su inocente proyecto alcanzaría la dimensión de banda de culto y que, a pesar de los escasos shows y los orígenes con claras influencias de The Residents, terminaría siendo una agrupación única en su género y aclamada por los medios. Pero lo que menos imaginó fue que su propia creación lo llevaría a transitar los mismos aciertos y errores de los grandes grupos de la historia.
En la carrera de la “banda menos equipada del mundo” hay grandes discos, como “Albino álbum”, “Mortal morral” o “Brilla tú, gerente loco”, varios otros álbumes notables, y demás intentos no tan floridos, pero igualmente decentes. Lo que voy a tratar hoy es su único desastre artístico: el calamitoso “Onda nada recomendada”, de 2004.
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Mecko venía de desprenderse de manera trágica de su formación más emblemática y de realizar una obra maestra: su “Sgt. Pepper cualquierista”, el psicolúdico “Brilla tú, gerente loco”. Grande era el peso de darle continuidad a la carrera de la banda, luego de semejante suceso, y, por otra parte, necesario se hacía grabar un disco que impusiera una nueva formación, la que le daría sentido a la continuidad de Fraticórnicos.
El proyecto fue replanteado varias veces y, por primera vez, Mecko llenaba cestos de basura con canciones que no eran de su satisfacción. Tal era su empecinamiento en lograr material decente que se había olvidado de armar una buena banda. Ya terminadas las pistas base, convocó a Nany, webmaster del grupo, quien había sido músico con anterioridad (pero volcado a estilos muy diferentes), para ocupar el puesto de guitarrista. Para completar el trío, Mecko concibió la irreverente e inédita idea de incluir a Thiago, un perro de raza Beagle... ¡como miembro oficial! A tal respecto, una de las campañas más memorables fue “Beaglemania”, que llevó al perro a un estrellato sólo comparable a lo que significó la dupla John y Yoko respecto de los Beatles. Esa sola acción significó el único logro admirable del disco, pues musicalmente estamos hablando de un auténtico fiasco.
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De manera inexplicable, Mecko dejó de lado su acostumbrada labor letrística en esta obra. Por tal motivo, fue Nany quien contribuyó con letras en extremo sensibles que el primero tuvo que arreglar obligadamente. No tocó ni una nota de su guitarra, pero cantó varios temas, y lo hizo bien, pero brindándole excesivo dramatismo a más de un track que había sido concebido en un modo más sarcástico, y viceversa. El ejemplo más claro es el cover de The Shadows "Lacrimógeno soñador cliché", que, si no fuese por la instrumentación, parecería un tema de José Luis Perales. O los lentos “Leporina” y “Palermo polymoog”, que se asemejan demasiado a las baladas más cursis de Duran Duran. “Todo lo que hace sentir mi yegua” es un número instrumental country, que suena tan midi, que da la impresión de haber sido hecho para el demo de un teclado Casiotone. La pista vocal de Nany fue eliminada por ser considerada demasiado edulcorada.
La contribución de Thiago para la grabación fue nula. Sus aullidos tan particulares fueron reemplazados por los de un dobermann enlatado, dado que el beagle vomitaba cada vez que era trasladado en auto al estudio. En fin, nadie se dio cuenta de nada, pero los temas “Sentimentaloide”, “Cucurbitáceos” y “Freírme más”, son absolutas porquerías tipo sci-fi clase B, que más allá de ser meras excusas para el lucimiento del perro, son embustes que terminan exasperando al oyente.
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Hay escasos momentos interesantes, ya que no todo el material es pésimo. “Débil dental” es una canción inmejorable y un claro bubblegum-hit para bailar sin parar. Otros dos números dignos son el electro-pop “Sonoridad la parrilla” -muy bien interpretado por Nany-, que ridiculiza al célebre espacio de arte de Palermo Hollywood, y el cliché 'pseudosónico' “Hola, qué tal, mi bolo fecal”, pero hay otros temas que son para el paredón, caso “Agua de vida”, un absurdo intento de emular “Good vibrations”, de Beach Boys; amén del 'hardcorzuelo' de pacotilla “Occidental accidental”, que suena como unos Green Day a cuerda, y la estúpida “Más onda nada”, una versión superflua de un famoso motivo navideño de Walt Disney, más una segunda parte, con... ¡OTRO COVER DE LOS SHADOWS!
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El álbum fue desprestigiado por los propios Fraticórnicos, mediante una campaña muy ingeniosa, pero que no logró "salvar las papas" en materia artística, ya que, si el disco hubiese sido concebido adrede como malo desde el inicio, esto habría merecido un segundo análisis. Pero no fue así... La triste verdad es que Mecko, totalmente desorientado y con escasa inspiración, se dio cuenta -cuando escuchó el master final- de que "la había pifiado mal" e inventó un muy buen pretexto para disimular la embarazosa situación.
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Síntesis: Nadie se salva en este blog, y hasta el propio Mecko aprendió la lección: “El que a hierro mata, a hierro muere”.
A los lectores: Si quieren conseguir buen material de Fraticórnicos, procuren cualquier disco menos éste. Por favor...

Los saluda atte.
Okcem.
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Poco después de la grabación de "Onda nada recomendada", Mecko realizó este corto llamado "Blanquedumbre". Nótese el estado mental del autor, lo que queda evidenciado en los 30 segundos que dura esta aberración. Lo peor de todo es que la "obra" fue consagrada en el ciclo CONVI Videolinks, realizado en la Alianza Francesa y organizado por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Es como se suele decir: "La culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer".



OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: no hay.
ANTIDOTO: "Albino álbum" (1999)

1/3/08

CHARLY GARCIA - El aguante


Carlos Alberto García Moreno ha sabido siempre disolver sus bandas en el pináculo de su fama, sin dejar jamás que ellas pudieran acariciar la más mínima decadencia.
Así lo hizo, en 1975, con Sui Generis, grupo que se había convertido en ícono de cualquier fogón estudiantil, en el que García ya había metido su cuchara de jazz-rock progresivo, lamentándose por la escasa respuesta a esto.
Lo mismo ocurrió en 1977, cuando La Máquina de Hacer Pájaros se deshacía en un mar de egos poco resueltos. García pensó que esta agrupación increíble ya lo había dado todo y la disgregó.
Otro tanto sucedió en 1982, con Serú Girán en lo más alto de los charts. Charly, aprovechando la partida de Pedro Aznar, dio punto final a aquel cuarteto que la obsecuente y poco imaginativa prensa local había bautizado como “los Beatles argentinos”.
Más tarde, García armó y desarmó a sus propios grupos acompañantes, pero lo que nunca pudo hacer es disolverse a sí mismo, y menos en lo más alto de su carrera solista.
Cierto es que se trata de un músico y un compositor muy talentoso, y que no resulta nada fácil haber perdurado en el negocio por tantas generaciones. Su obra con las bandas ya mencionadas roza muchas veces la genialidad y su labor como solista ha tenido grandes aciertos hasta… ¿“La hija de la lágrima”? Bueno, yo la hubiese delimitado a mucho antes, pero tampoco hay que ser tan rudos.
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¿En qué se basa entonces la permanencia de Charly García en la atención del público y, sobre todo, en la de los medios? Pregunto esto porque en los viejos buenos tiempos el artista no había tenido la necesidad de ejercer tanto histrionismo, de llamar la atención tan excesivamente, de arrojarse a una piscina desde un noveno piso, de bajarse los lienzos, de destruir escenarios, de maltratar a la prensa, de ser invariablemente impuntual, de abandonar los shows, de arruinar los regresos de Serú Girán y Sui Generis, de competir con su propio hijo, y de hacerse compinche de uno de los presidentes más nocivos de nuestra historia.
La respuesta es más que obvia. Charly García aprendió muy bien el ingrato y difícil oficio de ser estrella de rock en Argentina, ratificando todo esto cuando, cierta vez, hizo pública su brillante estrategia: “Hay que ir más allá. Además, yo no me voy a morir nunca y mi capricho es ley”.
He aquí mi propia traducción de lo que quiso decir Charly en realidad: “Como ya estoy acabado como creador, tengo que sacar ases de la manga para subsistir, y haré lo imposible para que así sea”.
Por todo lo expuesto, García ejerció, de ahí en más, su fórmula imbatible: 25% talento residual, 25% nostalgia y 50% auto-marketing, y así, nuestro mayor “prócer” musical -junto con Pappo, Luca y Spinetta-, se convirtió en los noventas en una burda caricatura de sí mismo. Y lo demostró con creces en esta etapa patética, coronada por su mayor 'chernobyl' hasta la fecha: el fatalmente diarreico “El aguante” (1998), cuya calidad de título ya nos habla de un campeonato interplanetario de desgano universal.
Sin duda, el Charly García menos inspirado aparece en este disco. Luego de una obra experimental polémica e inquietante llamada "Say no more", grabó un disco paupérrimo. Y digo esto, porque uno sabe bien de cuánto es capaz Charly, y este ejemplo basta para afirmar que aquí está muy por debajo de sus posibilidades. Escribió cinco de las diez canciones que hay en el álbum, de las cuales, dos fueron compuestas varios años antes. "Pedro trabaja en el cine", es de la época del primer Sui Generis y "Lo que ves es lo que hay", de la etapa “Cómo conseguir chicas”.
"El aguante" es una canción que suma al siniestro personaje de Juanse en los coros, tan estúpida y obvia, que podría haber sido escrita por un compositor de la “categoría” de Pity Alvarez.
Hay algunos covers con letra en español, como ser "It won't be wrong" (The Byrds), "Tin soldier", de los Small Faces, "Roll over Beethoven", de Chuck Berry (¡donde se escuchan las voces de Menudo!), y “Uno a uno”, de Jan Hammer. Si hay algo que rescatar de este aspecto de Charly es su capacidad para traducir canciones viejas y apropiárselas, para que parezcan escritas para nuestro idioma.
Es para remarcar el dúo con Joaquín Sabina en "Tu arma en el sur", y la memorable "Kill my mother" (que supera los 8 minutos), canción que está a la par de lo esperable de Charly. No obstante, el resto de esta olvidable obra no sale de la mediocridad aplastante y poca justicia le hace al nombre del artista.
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Conclusión: No toda la culpa es de Charly. Ya lo dice el viejo refrán: “La culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”. El público, en la mayoría de los casos, en lugar de rebelarse ante estos atropellos, parece alentarlo a que cometa más irreverencias.
Sí. Son el público y los medios quienes han convertido a García en un 'clown'. Esto no es un aliciente a su decadencia, pero es justo mencionarlo.
En esta tesitura, García tiene para 30 años más. ¡Y créanme que nos va a enterrar a todos! (Migue incluido.)
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El día que se invente el impuesto al boludeo, García se quedará definitivamente en la ruina. Mientras tanto, que siga la fiesta del Rock Irracional.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Estaba en llamas cuando me acosté (Casandra Lange)" (1995) ó "Charly & Charly: en vivo en Olivos" (1999).
ANTIDOTO: "Piano bar" (1984).