The Rock and Roll Hall of Shame

29/10/08

POISON - Poison'd!



En 7000 años de civilización no se había visto jamás un acto de ensañamiento artístico comparable a éste.
Se cuenta que, en 1438, el rey Qialong de Borneo mandó cortar los brazos de una troupe completa de músicos por haber presentado ante su corte un recital de música pentatónica, basado, como deseaba el monarca, en genuino material de estreno. El soberano se había dado cuenta de que esas tonadas eran en realidad provenientes de comarcas vecinas y nada exclusivas para sus reales oídos, por lo que, muy indignado, interrumpió la performance para llamar a su guardia personal. Se dice que los artistas aullaban implorando la clemencia del rey, tratando, como podían, de hacerle entender que lo que habían tocado eran versiones sin ninguna intención de estafa. Así nació, de la peor manera, el concepto de ‘cover’. (?)
Centurias más tarde, en 2007, la banda de glam-metal Poison gozaba de los privilegios de no vivir bajo una monarquía tan brutal.
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En la actualidad se conocen muchos álbumes que responden a la clasificación de tributos, algunos buenos, ciertos discos que… ‘ni fu, ni fa’ y otros desastrosos, pero en casos contados con los dedos de una mano se trata de obras importantes. La historia ha demostrado que los discos de covers son mayormente artilugios facilistas que denotan a las claras que no hay inspiración, que el homenaje muchas veces esconde la verdadera vagancia, o que existen hábiles recursos que permiten a las bandas atravesar su periodo de decadencia, sobre todo, cuando hay obligaciones contractuales que cumplir.
Dentro del primer grupo podemos citar obras notorias como “The third reich’n’roll”, de The Residents, donde se aniquilan clásicos de los 60s, y “El baile alemán”, del Señor Coconut, donde desfilan éxitos de Kraftwerk, a ritmo de cha-cha-cha, merengue y cumbia. En todo caso, estamos hablando de que lo interesante allí radica en la reinterpretación casi total de los originales abordados.

(Lapsus) ¡CONSTE QUE ESTOY DEJANDO DE LADO A LOS MALDITOS ARTISTEJOS DE TRIBUTO! LO MAS PARECIDO A UN ENGAÑO BASADO EN LA SUGESTION O, TAL VEZ, EL SINTOMA DE QUE LOS TIEMPOS ACTUALES SON UN DECHADO DE TORPEZAS Y FALTA ABSOLUTA DE LIDERES CLAROS. ¡Y ESOS ESTUPIDOS KARAOKES PARA TREINTAÑEROS PATETICOS DEBERIAN SER BORRADOS DEL MAPA, QUÉ JODER!

En el segundo grupo de discos, cabe mencionar “Feedback” (Rush), “Thank you” (Duran Duran), y “Head off” (Hellacopters), por poseer al menos un mínimo tratamiento respetuoso, al margen del gusto.
Mas en el tercer puñado se destacan improperios desconsiderados como “In a metal mood” (Pat Boone), “Pin ups” (David Bowie), y “Homenaje a los Beatles” (Durabeat), todos candidatos a una severa purga. Y lo peor de todo es que Bryan Ferry, Queensrÿche y Patti Smith también editaron los suyos. ¡Válgame, Dios!
Permítanme ahora incluir un cuarto montículo, el de la vergüenza, la degradación y la vileza, donde “brilla” nuestra aberración de hoy: “Poison’d!”, o algo así como la regurgitación perpetua de pus en estado sólido, ideal para un perfecto canapé del infierno.
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El perfume rebajado de un RR.PP. de cabaret del microcentro porteño, mezclado con extracto de zorrillo sarnoso en plena descomposición, nos brinda una pálida idea de la fragancia que destila este disco apestoso, en el que estos ex-metaleros, mal producidos por Don Was, dan rienda suelta a su pésimo gusto realizando asquerosas versiones de clásicos sepultados en el pasado. Quisiera el rey Qialong ver hoy a estos réprobos castigando impunemente una balada pava como “I never cry”, de Alice Cooper, el viejo hit “What I like about you” del grupo de new wave The Romantics, y el de The Cars, “Just what I needed”, la infame “Little Willy”, de la mantecosa banda glam Sweet, el malicioso tratamiento de la joya stone “Dead flowers”, la devastación atómica de “Suffragette city”, de Bowie, y demás cagadas por el estilo.
Y como si eso fuera poco abuso, Poison agregó a esta pusilanimidad otros covers grabados con anterioridad: “Your mama don’t dance”, de los insufribles Loggins & Messina, el pulgoso hit de Grand Funk Railroad “We’re an american band” (lo más grasa de los '70s), y el no va más de la risa: el “Rock and roll all nite”, de Kiss. Eso sí, todos remasterizados. ¡Menos mal…!
Pero díganme: ¿Quién les volvió a abrir la jaula a estos tipos luego de su fiasco anterior, el atroz “Hollyweird”? ¿No tuvieron bastante los fans con eso?
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Consejo: No le crean a Amazon y no se dejen llevar por la zanahoria del marketing de Capitol Records. Este CD no es sólo la panacea del dinero sucio, es una bazofia que no tendría que estar en ninguna discoteca de ningún cultor de rock que se considere inteligente.
Myllie Cyrus, Demi Lovato y las Cheetah Girls lo tienen en sus habitaciones, entre sus 341 peluches de color rosa. ¡Piensen en eso! Está bien que alguno quiera enfiestárselas, pero no por eso deberá comerse estos 40 minutos de carroña musical.
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En el ridículo álbum de recuerdos que nos muestra este video de "What I like about you", los Poison se olvidaron de poner una última foto: la de la fiesta de su definitiva separación.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Native tongue" (1993), "Power to the people" (2000) ó "Hollyweird" (2002).
ANTIDOTO: "Flesh & blood" (1990).

18/10/08

ALICE COOPER - Constrictor


OFICIAL: Ante este tribunal, comparece el señor Vincent Damon Furnier, alias Alice Cooper, nacido el 4 de febrero de 1948, de profesión músico, acusado del delito de malversación artística y conducta impropia de un exponente del patrimonio cultural norteamericano. El elemento crucial de este juicio es la edición, en 1986, de su álbum “Constrictor”, considerado por esta Corte como fraudulento y atentatorio contra el arte popular.
JUEZ: Señor fiscal, proceda.
FISCAL: Gracias, Señoría. Lo que nos concierne hoy es el contenido grotesco y embustero de este disco, una obra que debería ser retirada de la venta y olvidada por el público consumidor.
DEFENSOR: Señoría, mi defendido ha colmado las expectativas de su público con obras trascendentales como “Love it to death”, “Killer” y “Billion dollar babies”, íconos de la historia del glam rock y el heavy metal.
FISCAL: Protesto. No se está juzgando su trayectoria, sino este disco en particular.
JUEZ: Ha lugar.
FISCAL: Si se me permite, Señoría, quisiera continuar con mi exposición para poder explicarle al honorable jurado la tremenda desazón y perjuicio que produjo este engendro a los seguidores de Alice Cooper.
JUEZ: Adelante.
FISCAL: Según los más prestigiosos críticos, éste era el álbum de su regreso, luego de tres años de silencio, pero el resultado de la espera fue pura decepción, ya que redunda en vulgaridad literaria y pura fermentación del más bajo hair metal fabricado ex-profeso según las normas de MTV. Cabe consignar que el oportunismo de este señor se hace evidente a lo largo del disco, donde sobran las patrañas y escasean los logros. Además, el cambio de estilo le sentó pésimo a este artista y puso en ridículo a toda una generación. Los especialistas, Señoría, le otorgan a esta obra UN punto por el tema “Teenage Frankenstein”, por ser el único que conserva la verdadera esencia, UN punto por “He’s back”, que es una canción aceptable, a pesar de su espantosa letra, y sólo UN punto a todo el resto del disco. Total: un TRES. ¡Un aplazo categórico!
Miembros del jurado: pido la máxima pena para este artista, que tuvo el tupé de grabar una asquerosidad como “Thrill my gorilla”, y la pronta confiscación y destrucción del master de “Constrictor”. Lo mismo para los sesionistas, por haber sido copartícipes de este engaño. Gente así no merece compartir el planeta con nosotros.
DEFENSOR: Protesto, Señoría. Una obra que no fue del agrado de la crítica no es prueba fehaciente para incriminar a nadie. Insisto en que se debe tener en cuenta su pasado como ídolo popular, para poder atenuar los cargos que se le imputan a mi cliente.
JUEZ: Ha lugar. ¿Qué contesta a esto la Fiscalía?
FISCAL: Si se insiste en tener en cuenta su pasado, existen irrevocables antecedentes de fraude artístico por parte del acusado, como su contribución a la película “Sgt. Pepper”, promovida por el grupo Bee Gees, el haber aportado el tema “He’s back” al ridículo film “Viernes 13 – Parte VI”, y su aparición en el Show de los Muppets.. ¡Llamo a Vincent Furnier al estrado!
(Alice Cooper se sienta en el banquillo. El oficial le toma juramento.)
FISCAL: Señor Furnier: ¿es cierto lo antedicho?
COOPER: Sí, pero fue por simple diversión.
JUEZ: Prueba contundente. ¿Qué tiene para alegar la defensa?
DEFENSOR: No tengo elementos que aportar.
COOPER: Pero haga algo, que para eso le pago, inútil.
OFICIAL: ¡Silencio en la sala!
DEFENSOR: Ud. no me dijo nada de esto, Vincent. Ante un fundamento tan categórico, no hay nada que yo pueda hacer. No queda otra chance que una total reivindicación.
COOPER: ¡No! Yo puse todo en ese disco. No siempre las cosas salen como los medios lo desean. Además, ¿cuántas veces influye la crítica en el voto del público? Yo lo considero un álbum digno.
FISCAL: Pues no lo es, y debería haberlo pensado antes de publicarlo. Y no subestime a su público, señor Furnier. ¡No es la crítica! ¡Es la sociedad toda que lo ha reprobado!
(El recinto estalla en insultos y el jurado se retira. A los pocos minutos, regresa con el veredicto.)
OFICIAL: ¡Orden en la sala!
JUEZ: Ante las evidencias presentadas y el fallo unánime del jurado, conjuntamente con el poder que me confiere el estado de Michigan, no tengo más remedio que condenar al acusado a la pena de una inmediata disculpa pública por este ultraje al rock, y fijar un precio máximo de venta por este disco de 3 dólares.
DEFENSOR: Vamos a apelar el fallo, señor juez.
JUEZ: La mejor manera de apelar es componiendo un buen disco que redima el craso error cometido en “Constrictor”. ¡Caso cerrado! ¡Llévenselo!
COOPER: ¡De todos modos, juro que apelaré!
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Y vaya si apeló. Pero se ganó dos juicios más, ya que en los años siguientes sacó un par de porquerías inexcusables como “Raise your fist and yell” y “Trash”. Recién, con “Hey stoopid”, lograría la libertad condicional artística, y finalmente, con “The last temptation”, la ansiada reivindicación.
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Dictamen: La posesión de “Constrictor” es una violación a los códigos del rock. Así que, si Ud. lo tiene… ¡marche preso!
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Otro sí digo: a aquellos que todavía piensan que el alegato del fiscal fue demasiado duro, les aseguro que, luego de ver este clip, saldrán eyectados de sus asientos para ganar la calle y conseguir las firmas necesarias para que el juicio se haga realidad.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Lace and whiskey" (1977) ó "Zipper catches skin" (1982).
ANTIDOTO: "Billion dollar babies" (1973).

12/10/08

GEORGE HARRISON - Somewhere in England



Ya puedo ver a las miles de almas, cuyos innumerables espacios de tributo a los mitos de Liverpool pueblan en exceso Fotolog, cayendo brutalmente sobre mí, apenas vislumbren el tópico que encaré en mi sufrida columna. “Que cómo me las agarro contra el pobre George, muerto en cumplimiento del deber en 2001”, “que soy un hereje que no respeta a nadie”, “que el beatle triste es intocable”, etc. etc. etc.
Me defeco profusamente en todos ellos, pues ni siquiera alguien de índole celestial, sea Dios, Shiva, Quetzalcoatl, Jehová, Zeus, Alá o Buda, puede defender esta deshonra llamada “Somewhere in England”, expelida en 1981. Y lo peor del caso es que, sin comerla ni beberla (la infamia), pasarán a sumarme a su lista negra de indeseables. ¡Como si no hubiera otros muertos recientes a quienes reverenciar! No tan célebres, claro, pero igualmente dignos de admiración, como Rick Wright (Pink Floyd), Peter Bardens (Camel), Pierre Moerlen (Gong), Rob Collins (The Charlatans UK), Bianca Butthole (Nashville Pussy), B.B. King, Elliott Smith, Joey, Johnny o Dee Dee Ramone.
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Por suerte están los otros, la prudente minoría, que prestará sus ojos a la lectura de una apreciación lo más reflexiva posible sobre el particular; a ellos está dedicada esta crónica.
Todo aquel que sepa diferenciar un omelette de un asado de tira discurrirá que éste no es el George Harrison de la etapa beatle, tampoco el filántropo de “Concert for Bangla Desh”, ni ahí el iluminado del triple “All things must pass”, y menos aún, el buscador de sabiduría snob de “Living in the material world”. De ninguna manera. Éste es un George archiaburrido, aburguesado en extremo, desesperado de éxito fresco, mal anclado en lo peor del pop de los ochentas, preocupado por los autos de carrera y el jardín de su mansión, y monótono predicador insistente, al punto de inducirlo a uno al estado catatónico, si se aviniera a escuchar este sermón de 40 minutos que bien vale por una estadía de 7 siglos en el Tibet.
Un año después del CRIMEN de John Lennon, y en algún lugar de Inglaterra, Harrison edita este CRIMEN conteniendo diez canciones, que podríamos dividir en tres categorías: dos únicos temas pasables, cuatro aberraciones totales y cuatro mediocridades que no suman, ni restan, ni dividen, ni multiplican los escasos logros de sus últimas producciones post-Material world; más bien los anulan.
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El suplicio comienza con “Blood from a clone”, una horrenda tonada hecha en base a un riff de new wave que resulta memorable… ¡por su bobería! E insistente, caray, pues se repite eternamente hasta lograr el punto nieve en la tumefacción de los huevos de cualquier mortal. ¿Habrá sido seducido George por los Talking Heads? Probablemente, pero la mezcla que hizo con su light-pop deficiente es más indigesta que agregarle el agua de los fideos a un Gancia batido. Le sigue otra porquería olvidable, llamada "Unconsciousness rules", para la que aconsejo poner pies en polvorosa.
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Más adelante, George se vuelve un paladín de la inocencia baladí con “Hong Kong blues”, y predicador empalagoso y/o ecologista salvador de cachalotes atrapados con esa burrada redentora llamada “Save the world”.
Ahora bien, impartiendo algo de justicia, la reposada “Life itself”, la billyjoelesca “Teardrops”, la melodía ideal para cowboys “That which I have lost” y la soporífera alabanza a las amapolas “Writings on the wall”, no son necesariamente canciones espantosas. El problema es el desgano con que fueron grabadas, arregladas y producidas, cosa que a Harrison no pareció preocuparle en absoluto. Bueno, tampoco estamos hablando del premio Gandhi a las mejores canciones de la historia, ni mucho menos. Son auténticos mocos verdes de un artista en plena sinusitis anticreativa pero con un pequeño dejo de seducción. Porque se podría hacer esculturas con mocos, el tema es quién carajo las querría comprar.
Los dos números aceptables del disco son “Baltimore Oriole”, un cover de Hoagy Carmichael, que cumple bien su cometido, y el simpático tema retro “All those years ago”, que rememora los días de la Beatlemanía, y que, a decir verdad, no sé qué hace aquí.
Finalmente, la versión remasterizada incluye el demo de “Save the world”, nunca tan oportuna, pues indica a las claras lo que habría sido este disco si no se le hubiese metido tanto sintetizador y tanto ritmo pueril en balde.
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Conclusión: Allá los fans acérrimos si aborrecen esta crítica, pues eso es lo que son: sectarios chupamedias del ídolo de turno. Por suerte, mis lectores son seres inteligentes que saldrán corriendo a buscar el magistral “All things must pass”, para rendirle el merecido homenaje a George Harrison. Pero aquellos que usen las canciones de “Somewhere in England” para tal propósito, mejor que vayan a homenajear a John Denver.
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FE DE ERRATAS: En la nota podrán ver que incluí entre los muertos a B.B. King. Sepan disculpar el error cometido y... ¡larga vida al maestro del blues!
OK. Para que vean que no soy tan sádico, aquí les incluyo el mejor tema del álbum "Somewhere in England", porque, después de todo, George era un beatle y yo amo a los Beatles. Mas si de videos de nostalgia hablamos, al lado de la producción del clip de "Free as a bird", este "All those years ago" más bien parece un pps de fin de año del George Harrison Fan Club - Filial Laferrere.



OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: "Gone troppo" (1982).
ANTIDOTO: "All things must pass" (1970).

2/10/08

ROD STEWART - Camouflage





Este álbum no representa el punto más bajo en la carrera del “futbolista” Roderick David Stewart. No, mis queridos lectores. Este álbum simboliza el punto más bajo de la historia del pop. Y sepan que lo llamo “futbolista”, no por su conocida afición a este deporte, sino porque desde hace mucho tiempo que no merece seguir ostentando el glorioso seudónimo que lo viera brillar en bandas como The Jeff Beck Group, Brian Auger Trinity y Faces, amén de sus muy respetables primeros trabajos en solitario.
Cuando Stewart abandona para siempre su faceta proto-rockera para adentrarse en territorios de neta complacencia corporativa, pasa a castigar nuestros oídos con toda clase de artimañas comerciales, alejándose cada vez más de sus raíces.
Una carrera cuesta abajo que se inicia con el dudoso LP “Blondes have more fun” y que se consolida en materia de terror con las ediciones de los siete bodrios nucleares que conforman su conocida heptalogía putrefacta: “Foolish behaviour”, “Tonight I’m yours”, “Body wishes”, “Camouflage”, “Every bit of my heart”, “Out of order” y “Vagabond heart”. Cualquiera de los discos nombrados tendría que ser ignorado olímpicamente por ustedes, excepto “Camouflage”, pues este álbum debe ser derretido en la hoguera purificadora de la nueva Santa Inquisición que ustedes mismos querrán reflotar, por el simple pecado de haber sido publicado. No me pregunten por qué, pero un sentimiento de la más honda perversión sádica surgirá en el preciso instante en que vuestro reproductor acaricie los primeros acordes de este asesinato al arte.
Trato de calmarme y de permanecer objetivo, pero por más que me haya enchufado un Lexotanil, no puedo dejar pasar estas horrendas baladas seudo-románticas con olor a queso ruginoso, y los descartables números tecno-chicle que nutren este grosero repertorio, hecho en base a demacradas ideas que no motivan ni a un par de modistos trasnochados sedientos de amor urgente.
Rod demuestra aquí lo que es tener verdadera vocación de carne muerta, a través del soundtrack más adecuado para un posible aniquilamiento de la especie humana. El contenido ideal del i-pod de un empresario poderoso en pleno momento de decidir echar abajo un monumento histórico para la construcción de una playa de estacionamiento. Basura entre todas las basuras, más que perfecta para matizar un cuarto intermedio de una sesión del Senado de la Nación, en la que se debata un alza de tarifas.
“Infatuation”, a pesar de haber sido un hit en 1984 (lo cual demuestra el gusto del público consumista medio de la época), revela una infamia única, llegando a realzar la figura de este Satanás sensiblero a niveles más allá de todo raciocinio. Esta canción no es ni más ni menos que un calco de “Passion”, sólo que con la letra rescrita para la ocasión.
Otras porquerías que encajan bien en este esquema malogrado son “Heart is on the line” y “Trouble”, por su pérfida intención de querer parecer ‘cool’ todo el tiempo, mas todo lo antes descrito se ve inocente y exangüe si lo comparamos con el tema que da nombre a esta asquerosidad: el desatinado “Camouflage”, una oda al peor ‘breakdance’ de la Tierra; o el viejo cover del grupo Free (me refiero a “All right now”) que Stewart transformó en una ridiculez ‘disco’ digna del Tony Manero más inmaduro y despistado.
Lo único rescatable de esta agonía sonora es algún que otro momento de “Some guys have all the luck”, por tener al menos UNA melodía con gancho, pero no así la canción entera, pletórica de sobreproducción, máquinas de ritmo esquizofrénicas y ferósticos sintetizadores para una veloz omisión. El otro aspecto de interés es el plácido solo acústico de Jeff Beck en “Can we still be friends”, favor que Rod le devolvería al guitarrista participando al año siguiente en “Flash”, el peor álbum de Jeff, que en breve estará en este espacio.
Así es “Camouflage”, y mi necesaria advertencia ante cualquier desprevenida escucha de esta barbarie: POR CADA MINUTO QUE USTEDES SE EXPONGAN A ESTA DESGRACIA, TENDRÁN UN AÑO MENOS DE VIDA.
¡Vamos, señores! A no dejarse engañar más por los que hablan maravillas de este “showman” pachucho. No hay manera de compartir un pedazo de césped con gente que asiste a un show de este sujeto. Gente que en su gran mayoría no ha estado nunca a menos de 400 metros de un ‘joint’ encendido. Esto no es rock, ni pop, ni nada parecido. Esto es la panacea de la alta gerencia, del imperio del dinero fácil, de la diversión para adultos retrógrados y del pantuflismo más agravado y careta.
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Aviso: Este disco ha dado la vuelta al mundo varias veces. Si cae en sus manos, hagan veinte copias para repartirlas entre sus peores enemigos. Una mujer de Connecticut lo recibió, hizo las copias y al mes siguiente ganó la lotería. Pero hubo un individuo de Temperley que no hizo ninguna copia y se quedó con el original. A la semana posterior, recibió un ‘grandes éxitos’ de Bryan Adams.
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La vida es muy corta como para desperdiciarla viendo este clip nocivo, en el que Stewart hace de triste mirón pretendidamente perverso, sin otro cometido más que su eterna exposición.
Sólo cabe una última pregunta para hacerle al artista: "Do ya think I'm stupid?"



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Foolish behaviour" (1980), "Tonight I’m yours" (1981), "Body wishes" (1983), "Every bit of my heart" (1986), "Out of order" (1988), "Vagabond heart" (1991), "Human" (2001), "The great american songbook Vol. I-V" (2002-2009), "Still the same... Great rock classics of our time" (2006) ó "Soulbook" (2009).
ANTIDOTO: "Every picture tells a story" (1971).