The Rock and Roll Hall of Shame

22/2/08

U2 - How to dismantle an atomic bomb

Para considerar la obra de U2, la banda más sobrevaluada de los últimos 50 años, hay que remitirse necesariamente a su etapa formativa, es decir, a la labor discográfica que va desde el prometedor debut “Boy”, de 1980, hasta su tan votada obra cumbre “Achtung baby”, de 1991. Dentro de ese periodo van a encontrar auténticas gemas de la más fina joyería internacional, y también otras piezas de bijouterie con strass de menor valor, pero que fueron forjadas, sin dudas, desde el esfuerzo y la buena intención.
Todo lo que sigue a esto no es nada que provenga de una buena piedra, y menos algo precioso, sino un mero muestrario ordinario de cantos rodados y pedazos de barro cocido que se deshacen en la mano al más mínimo contacto.
Nada caprichosa resulta entonces la teoría acerca del cenit y el nadir de los ciclos de todas las cosas. El período que inaugura el pobre disco “Pop”, no hace más que aseverar esta hipótesis, que augura que todo álbum siguiente de U2 es aún peor que el anterior, y que el derrotero trazado es irreversible.
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Así llegamos al detonado último disco en estudio de la antiguamente notable banda post-punk, llamado “How to dismantle an atomic bomb” (2004), que hace mucho más daño que la más pequeña de las minas antipersonales que el aprendiz de mesías i-Bono gusta tanto de desarticular para supuesta prevención de la humanidad. El modelo estrella de la firma Ray-Ban (también conocido como "la Madre Teresa del rock") y sus inseparables amigos i-The Edge, i-Adam Clayton e i-Larry Mullen Jr., buscaron la forma más efectiva de indicarnos cómo desmantelar una carrera sólida en 60 minutos, mediante la propuesta más predecible, precámbrica y precocida que se haya oído.
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Y empiezo a levantar temperatura…
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ELTON JOHN ES EL AUTÉNTICO MERECEDOR DEL ESPONSOREO DE RAY-BAN, PORQUE ÉL SÍ POSEYÓ LOS MÁS GRANDES Y RIDÍCULOS ANTEOJOS DE LA HISTORIA (Se habla de unos que tenían rueditas debido a su extraordinario peso). ¡MALDITO SEAS, i-BONO! ¡NI SIQUIERA EN ESO FUISTE ORIGINAL!
Además, eso de no reconocer a tu hermano mayor, el actor Robin Williams, no le cayó muy bien que digamos a la humanidad. (?)
La banda que más ha influenciado a números de éxito momentáneo como Coldplay, termina pareciéndose más a Coldplay que cualquier otra banda tributo suya.
Basta ver las caras de aburrimiento notable que estos acaudalados irlandeses demuestran en la tapa del CD, para salir uno a gritar a los cuatro vientos: “¡Sepárense ya! Esto les está haciendo mal, señores. Y sus seguidores… ¡SIGUEN SUFRIENDO!”
Es que nuestros “homenajeados” están cada vez más cerca de la alta gerencia y más lejos de los postulados más básicos del rock. ¿Puede algún fan pasar por alto la falta de esencia que resultó de patrocinar a la marca i-Pod, la cual, a pesar de no haberles hecho ganar ni un mango, hizo que algún lector ultracareta de Forbes Magazine exclamara que eso era astucia empresarial?
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Pero estamos hablando de rock, ¿no? No, perdón, de marketing. Claro, yo y mi inocente idealismo. Esto es PURO marketing. Para hablar de rock en serio es mejor leer el fotolog de Milton. ¡Él sí que tiene suerte! ¡Él es un hombre feliz! En cambio yo cada vez me siento más lleno de mierda por haber elegido esta veta periodística que me ha malformado la cara hasta adquirir una con rasgos que denotan una seria putrefacción. Varios me sugirieron iniciar un blog que se llame “Los mejores discos”, como para volver a sonreír, pero lamentablemente el nombre ya está registrado y… bueno, como siempre digo: “alguien debe limpiar la ciudad para que otros puedan transitarla confiados”.
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Este álbum contiene una sola canción digna de interés, que es la archipromocionada “Vertigo”, que demostró mediante dos buenos videos muy distintos que todavía hay algo de sangre rockera en las venas de estos artistas vencidos por el tiempo, entre tanta savia insípida que parece correr por sus ajetreadas arterias.
Otro tema digno de mención es “Sometimes you can’t make it on your own” -segundo i-tune del álbum-, donde se destaca el estado atroz de la voz de i-Bono, haciendo honores al propio título de la canción.
El resto del material coletea sin ambición en aguas de estanque corrompidas por la mentalidad simplona y la falta total de inspiración y sentimiento que provocan la excesiva posesión de bienes materiales y el no saber qué diablos hacer con ellos.
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U2 no sólo ha sabido desmantelar bien una bomba atómica, sino que ha creado un placebo absolutamente ‘seguro’ para cualquier ama de casa pasada de Valium que ame a sujetos como Barry Manilow o Michael Bolton. La música de este CD es totalmente apta para ascensores de compañías de seguros y oficinas de venta de parcelas de cementerios privados, pero detestable para cualquier persona que posea dos orejas, dos dedos de frente y un mínimo sentido de pertenencia al rock and roll.
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Conclusión: Si me gustara que me sermoneen, iría a la iglesia. Si quisiera dar un donativo a alguien, no necesitaría que i-Bono me indicara a quién. Si deseara apoyar una causa noble, sabría perfectamente dónde buscar en las páginas amarillas. ¡Y si tuviera insomnio, sabría exactamente qué disco poner para curarme!

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Insisto. U2 debería haber convocado a Robin Williams para que cante este tema. Estoy seguro de que lo habría hecho con más ganas que el irlandés, haciéndonos reír, no disfrazándose de "homeless", y no involucrándonos en el salvataje de algún país endeudado de Andrómeda.


OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Pop" (1997) ó "No line on the horizon" (2009).
ANTIDOTO: "The Joshua tree" (1987).

16/2/08

PAUL MCCARTNEY - Liverpool Oratorio



Paul era un chiquillo de la clase baja de Liverpool, criado por su papá, músico de jazz y obrero del algodón, y su mamá partera, bajo los preceptos firmes de la superación constante, en gran medida, con el fin de dejar atrás una pobre y mediocre condición social.
En la humilde casa de Forthlin Road, mamá llevaba adelante la difícil tarea de deslomarse trabajando y criar a sus dos hijos (uno normal y el otro candidato a semidios) y lograr por todos los medios de que sus modales y manera de hablar no dejaran traslucir jamás su escaso estatus.
El arduo trabajo de mamá dio sus frutos, pero lamentablemente nunca pudo ver a su primogénito James Paul convertirse en superestrella, en multimillonario, en músico pop idolatrado, en miembro del Imperio Británico, en récord Guinness, en caballero de su Majestad, en icono del siglo XX, etc., etc., ya que falleció mucho antes de todo eso, en 1956.
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Es sabido que hay criaturas diseñadas por la Providencia para ser definitivamente diferentes al resto. Haber sido un beatle, es decir, miembro de la banda más importante de la música popular, no es un chiste, y considero que hay que ser muy íntegro para no sucumbir a la tentación de querer sentirse poco más que un faraón egipcio, evitando enloquecer en el trayecto. O al menos eso creía yo...
Más allá de la obra del cuarteto británico, Paul tuvo una carrera solista con altibajos artísticos, siendo una de las mentes más lúcidas del pop-rock, y uno de los más grandes compositores de canciones, muchas de las cuales hoy son reconocidas como clásicas del mencionado género. Buenos álbumes como “Ram”, “Band on the run” o “Driving rain”, intrascendencias como “Wild life” o “Press to play”, y bestialidades tipo “Give my regards to Broad Street” o “Pipes of peace”, hablan de su errático historial.
Hasta allí, algo normal en cualquier ser humano fuera de lo común, hasta que...
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HASTA QUE ALGUN ADULON LE SUGIRIO A SIR “MACCANA” QUE NO HAY LIMITES PARA LA EGOLATRIA Y QUE UN IDOLO POP PUEDE CREERSE UN DIOS, O DE ULTIMA, UN GRAN COMPOSITOR CLASICO.
Y eso fue lo que Paul quiso demostrar al mundo: “Oigan. No sólo soy el único beatle nombrado caballero, el músico más vendedor de la historia y el compositor más versionado del mundo del espectáculo, sino que también soy un creador que ha alcanzado el pináculo de los más grandes de la historia de la Humanidad, capaz de competir en talento con ‘paparulos’ como Bach o Händel”.
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¿Sabían que si uno grita durante 40 años, esa energía puede calentar una tasa de café? Alta trivia, ¿no? ¡Estupendo! Ahora imagínense todo el dolor y el sufrimiento de generaciones enteras de esclavos, de miles de años de injusticias, de padecimientos por largas miserias y diezmadoras pestes, y de penurias eternas por guerras fraticidas, todo condensado en una pequeñísima cantidad de líquido parduzco envasado en una pequeña botellita de vidrio. Imagínense tomando el contenido de esa botellita y lo que podría llegar a hacer la misma en sus estómagos. Vislumbren la corrosión orgánica y los terribles espasmos y retorcijones que experimentarían por semejante ingesta. ¡Bien! Todo lo descrito es un pequeño eructo de bebé prematuro comparado con lo que resulta de escuchar el “Liverpool Oratorio”, la ‘obra clásica’ de McCartney, a través de la cual, el responsable ambicionó alcanzar la inmortalidad.
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Compuesto en colaboración con Carl Davies, en 1991, para conmemorar el 150 aniversario de la Orquesta Filarmónica Real de Liverpool, este álbum doble contiene ocho movimientos insufribles y aburridos, donde Paul relata su propia vida, a través de un tal Shanty, quien, tras sus días de escuela, comienza a trabajar y conoce a su futura novia, Mary Dee. Siguiendo a la muerte de su padre, Shanty y Mary Dee se casan, viéndose forzados a hacer tratos con el fin de tener un próspero matrimonio. Tras una pelea, Mary Dee revela a su marido que está embarazada, dando luz a un niño después de un cercano accidente.
Los fragmentos se suceden sin dejar nada en el oyente más que ansiedad por correr a buscar algún simple de Wings para pasar un rato cachondo. Una obra absurda que, al contrario de los grandes oratorios dedicados a la exaltación religiosa, ensalza la propia figura de Paul, a través de un libreto telenovelesco, carente de toda importancia, y que a veces alcanza cotas de banalidad francamente desquiciantes.
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¡Basta de patrañas! ¿Quieren un McCartney diferente al conocido y que encima haga las cosas bien? Busquen los discos de The Fireman, su alter ego ambient. ¡Eso es en serio! ¡No esta oda al exceso narcisista!
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Síntesis: Si disfrutaste de este álbum es porque no diferenciás entre un ‘grandes éxitos’ de Vanessa Mae y el ‘Cuarteto de helicópteros’ de Karlheinz Stockhausen. Haceme caso. Agarrá el disco y prendelo fuego. ¿Quién sabe? Tal vez con eso un salame como vos pueda cambiar el curso de la historia. No es dicho que no pueda ocurrirte un milagro...
¡Podrías ser el próximo Pete Best!
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A falta de material interesante del "Liverpool Oratorio", acá tenemos a Sir Paul McCabro en otra de sus magnánimas obras clásicas: "Ecce cor meum". En este trailer, el ex-beatle nos explica cómo llegó a ser hijo de Dios, y porqué no murió en el intento.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Pipes of peace" (1983), "Press to play" (1986) ó "Standing stone" (1997).
ANTIDOTO: "Ram" (1971).

14/2/08

IRON MAIDEN - Virtual XI



La secuencia es en una sala informática futurista, cuyas paredes están manchadas de sangre coagulada. Allí está Eddie, y yo al comando suyo, esperando otro embate sorpresivo de las más despiadadas cyber-aberraciones, fruto de la genética biomecánica peor empleada de la historia (en ideas y dinero, digo).
Por más que apriete las teclas Ctrol+Alt+Afterdeath -que otorgan vida infinita a Eddie-, no logro destruir a todos los monstruos que lo acechan, ya que son muchos y se confunden con nuestros leales compañeros. Pero, esperen… ¡Ahí van tres! Haré que Eddie descargue sobre ellos su arma más letal. Listo. Han muerto. Pero no… ¡Ay, Dios! ¡Eddie mató a Dennis Wilcock, Paul Di Anno y Dennis Stratton! Eran tres agentes de la NWOBHM, leales a nosotros. Pero, bueno, no es tan grave. Escondo a Eddie detrás de un enorme horno crematorio, cuya sola imagen basta para helarle la sangre a uno. Llueven esferas de fuego y Eddie devuelve gentilezas lanzando una gran bola cargada con millones de partículas punzantes. Da de lleno sobre un cuerpo, eso es seguro, pero cuando hago ‘zoom’ sobre el cadáver, me estremezco al ver el resultado. ¡Eddie exterminó a Adrian Smith! La pérdida es importante, pero aún no lo suficiente como para bajarle la moral a las fuerzas del bien. De hecho, errar es humano, como cuando, minutos después, Clive Burr se interpone sin querer entre Eddie y un grupo de mutantes, y éste no tiene más remedio que liquidar a toda la masa para evitar una pérdida mayor.
Las horas pasan. Eddie y yo seguimos luchando, matando cientos de malformaciones infernales, palmo a palmo, episodio tras episodio, y es luego de varios escenarios pavorosos, cuando lo hago ingresar en una zona de patios interconectados por canales de ácido sulfúrico, todo rodeado por una empalizada tapizada de filosas aristas. Desde una plataforma muy elevada, otra figura emerge, y Eddie, rápido como un látigo, arroja la última de sus lanzas mágicas que atraviesa limpiamente el corazón del ser en cuestión. Magistral, Eddie, pero… ¡Espera! Aquello no parece ser lo que realmente es… ¡Oh, no! Esta vez ambos hemos cometido un error imperdonable y Eddie debe reportarlo a la base. El dolor y la consternación se instalan en nuestras filas. Hemos eliminado a Bruce Dickinson, hombre clave de nuestra misión, y todo sueño de gloria parece desvanecerse en nuestro horizonte. Desde la base nos informan de que van a enviar a un tal Blaze Bayley como refuerzo. Ya de entrada, nos damos cuenta de que el enviado (una rara mezcla entre el luchador Atila, de la película “Corazón de León”, y un Gonzalo Bonadeo muy pasado de copas), es un inepto total que flaco favor le hace a la causa.
Muy poco tardo en darme cuenta de que lo mejor que puedo hacer es salir a dar un paseo y dejar este juego estúpido de lado, ya que nada más tiene sentido.
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Las características del “Ed Hunter”, una siniestra idea de Sinthetic Dimension, se plasman en este pésimo álbum de 1998, llamado “Virtual XI”, donde los valores se confunden, donde la dirección artística hace agua continuamente, y donde las fuerzas del bien –la NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal)- luchan contra las del mal, encarnadas por esa oscura e infame organización llamada OGOEDS (Old Grave of Extinct Digital Shit).
Tanto el álbum como el juego pasaron sin pena ni gloria por sus respectivas bateas, reafirmando la desacertadísima idea de Steve Harris, ya inaugurada con “The X factor”, su malogrado disco anterior, de transformar a Iron Maiden en una parodia del Heretic 2 o el Doom 3. “Virtual XI” contiene temas larguísimos, algo acostumbrado en Maiden, pero que esta vez resultan carentes de toda marca épica. A pesar de que “Futureal” no es 100% espantosa, no es para nada un buen tema. “The angel and the gambler” es tan tolerable como una estadía de cuatro días seguidos en una cama solar herméticamente sellada, y canciones como “The educated fool”, poseen uno de los peores estribillos jamás escuchados. “The clansman” tiene algunas partes decentes pero los arreglos son imposibles y el estribillo es inaudito, tanto, que ni siquiera Dickinson pudo darle algún brillo cuando la cantó en vivo, tiempo después, lo cual hace que nos demos una pálida idea de cómo fue destrozada en estudio por el mico inservible de Blaze.
¡¡NADA, PERO NADA DE NADA, ES MEMORABLE EN ESTE ÁLBUM QUE NO DEBIÓ HABER EXISTIDO JAMÁS!!
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Pero no hay mal que por bien no venga. A raíz de este fiasco, volvió la formación clásica, y con ella, un nuevo período de gloria. La doncella de hierro, aunque cansada y algo volcada a la nostalgia, sigue cabalgando altiva y orgullosa. Y Steve Harris aprendió la lección que venimos inculcando semana tras semana en este blog: “Cuando no hay nada que decir, es mejor no decir nada”.
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Resumen: Si amás este disco, vos sos un diseñador gráfico que usa Paintbrush, un compositor que usa Music Sculptor, un escritor que usa Wordpad, un arquitecto que usa Corel Draw, o un artista plástico que expone en Fotolog.
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Blaze y sus acólitos en la peor canción de la doncella de hierro. “The angel and the gambler”: un auténtico himno a la mediocridad seudo-apocalíptica, seudo-informática, seudo-metalera, seudo-todo...



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "No prayer for the dying" (1990) ó "The X factor" (1995).
ANTIDOTO: "Powerslave" (1984).