
El navío hacía meses que había dejado atrás puerto seguro. En derredor sólo se divisaba el océano ardiente y quieto, que se extendía como una piel rígida, sobre la cual, se deslizaba impávido lo poco que quedaba del otrora triunfante acorazado Megadeth. El color plomizo exánime y la línea tensa del horizonte agobiaban. Ningún contraste, ningún suceso. Al día sucedía la noche, al sol las estrellas, siempre iguales, como testimonios de que la tripulación permanecía en el mismo lugar y terminaría pronto descomponiéndose en el tedio y la desesperanza.
El almirante Dave Mustaine y el comandante David Ellefson, acodados en cubierta, rememoraban las viejas hazañas de su navío y los lauros obtenidos en célebres batallas como las de “Peace sells... but who's buying?”, “Rust in peace” y “Countdown to extinction”. Nada de eso podía disiparles el dolor y la frustración que provenían de la aplastante derrota de “Risk”, sufrida en 1999. Y encima la inmovilidad que sumía a todo el plantel en la agonía.
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Crecían los rumores de un motín, pues la marinería estaba devastada, y los alimentos y la energía parecían haberse esfumado hacía rato. El panorama era funesto, dando lugar al peor pronóstico: el fin de la misión, pues la fiebre ya causaba estragos.
El capitán de corbeta Marty Friedman y el teniente de fragata Nick Menza, chivos expiatorios del infortunio, eran degradados y obligados a “caminar la tabla”. ¡Como si eso hubiese podido solucionar el conflicto! A continuación, se nombraban a sus sucesores en el mando: los guardiamarinas Jimmy DeGrasso y Al Pitrelli, éste último, veterano de varias batallas junto a otro gran comandante: Alice Cooper.
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¿Por qué razón había acontecido semejante descalabro, luego de un ciclo ininterrumpido de victorias? La explicación tuvo que ver con la música, aunque parezca insólito.
En las semanas previas al desastre, el almirante Mustaine había ordenado que se entonen nuevos cánticos para incentivar a la dotación. Pero al no tratarse de aquellas melodías ‘thrash’ que históricamente estaban vinculados al sentir de sus hombres, la tripulación se sentía desconcertada. Las flamantes coplas no surtían el menor efecto entre ellos. Ningún marinero entendía esas desviaciones musicales de Mustaine, con influencias ‘dance’, ‘tecno’ y ‘disco’, y por nada del mundo deseaban evocar letras tan poco imaginativas, por lo que comenzaron a descreer de su autoridad y, sobre todo, de la capacidad del oficial de máquinas Dann Huff. Al parecer, éste tuvo algo que ver con el enmohecimiento de las pocas galletas que quedaban, carcomidas por las ratas. El alimento rancio había atentado, más que nada, contra el sentido común del máximo jefe del buque. Esto llevó a una desazón colectiva tal, que nada costó al enemigo someter al Megadeth en pocas horas, sumiéndolo en la más vergonzosa capitulación jamás experimentada en la historia de la Armada.
Bud Prager, segundo al mando y co-autor, junto con Mustaine, de cinco de las doce canciones marineras, se hizo responsable por la catástrofe, e instó al almirante a reconsiderar su actitud. Toda la marina californiana y la opinión pública mundial condenaban al Megadeth, clamando justicia por la derrota de “Risk”, con la probabilidad de que Mustaine, Ellefson y Prager fueran sometidos a una corte marcial. Con el transcurrir de los días, fastidios inimaginables como “Crush ‘em”, “Breadline” y “Ecstasy” fueron aborrecidos y apartados del repertorio, dejándose de cantar, aunque esto significara insubordinación. No así, un par de cantilenas, como “Prince of darkness” y “The doctor is calling”, que eran apenas más toleradas. El almirante, empecinado en imponer los odiados sonsonetes, llegó a flagelar a varios rebeldes.
Finalmente, el inevitable motín se produjo. Una rápida escaramuza redujo al plantel de oficiales y el pobre Prager fue colgado del palo mayor. Al almirante le fue perdonada la vida, dado su prestigio del pasado, pero fue amordazado y recluido en su camarote, a fin de hacerlo entrar en razones.
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Y ocurrió el milagro tan esperado. El viento comenzó a soplar nuevamente, trayendo consigo un considerable bálsamo para las laceradas almas de abordo. Días más tarde, Mustaine fue liberado con la promesa de olvidar lo ocurrido y, sobre todo, de no volver a componer más tonadas hediondas, retornando definitivamente a su estilo clásico. Más tarde avistaron la cañonera Sanctuary Records, que proveyó todos los víveres necesarios para satisfacer las famélicas bocas y los elementos vitales para reparar las averías. La expedición continuó, y con el transcurrir de los meses, los éxitos regresaron.
Y colorín "colorado", esta farsa ha encallado.
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Epílogo: Hoy en día, el Megadeth continúa surcando los siete mares, orgulloso y altivo, pero ni Mustaine ni sus hombres pueden soportar la sola mención de lo ocurrido en “Risk”. Los marinos son muy supersticiosos y el ‘riesgo’ de volver a fracasar es demasiado grande.
Por las dudas, si tenés este disco, jamás te subas a un barco con él.
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En este video de "Insomnia", el pobre gato se queda sin el ratón y sin el queso. Como Dave Mustaine, que por culpa de "Risk", se quedó sin la guita y sin el prestigio.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "The world needs a hero" (2001) ó "Unplugged in Philly" (2005).
ANTIDOTO: "Rust in peace" (1990).








