The Rock and Roll Hall of Shame

27/5/09

THE B-52'S - Good stuff


- Fíjese que el disco se llama “Good stuff”. “Materia buena”, ¿no? Pero esto no es algo bueno, es patético.
- ¿Podemos concentrarnos en los problemas de su infancia?
- Ya hablamos mucho de eso, licenciada. Además, le dije que mi prioridad esta semana era encontrar una buena razón para cumplir con mis lectores.
- Siempre es lo mismo con Ud. Es incapaz de afrontar sus problemas más acuciantes y, por tal motivo, descarga sus fracasos a través de ese blog suyo, que lo único que enfatiza es su capacidad de ocio.
- Es pésimo este disco, no hace bailar a nadie, sus arreglos son inauditos, paupérrimos. Mire, yo crecí con esta banda. Los vi hacerse grandes, los vi declinar, reunirse, ¡todo!
- ¿Pero de qué banda me está hablando?
- The B-52’s. ¿No se dio cuenta todavía?
- Yo no sé nada de música, pero… ¿me puede decir qué tiene que ver esto con nuestra sesión de hoy? Me parece que no estamos avanzando si Ud se empecina en embarrar la cancha con sus naderías.
- Más embarró la cancha la banda de Athens con esta pequeñez. Su discografía, luego de sus dos primeros trabajos maravillosos, comenzó a tambalearse peligrosamente.
- ¿Por qué no se sienta? ¿Tiene que estar todo el tiempo caminando como gato enjaulado? Me está poniendo nerviosa.
- ¿Sabe lo que pone el sitio Allmusic en la sección ‘artistas similares’? Que se parecen a Talking Heads, R.E.M., The Cramps, The Cars, Violent Femmes, Sigue Sigue Sputnik… ¿EN QUÉ SE PARECEN? ¡Qué sitio tan imbécil! No me extrañaría que esté la Rolling Stone detrás de esto.
- Ja. Ahora la culpa la tienen los Rolling Stones. ¿Podemos concentrarnos en lo nuestro?
- Es una revista, licenciada.
- ¡A lo nuestro!
- Para Ud es fácil. Total, después de mí, vendrá otro chiflado y el mundo seguirá girando. Pero yo tengo un PRO-BLE-MA.
- ¿Uno?
- Miles de dólares gastados en este sancocho. Algo así como comer tallarines con dulce de rosa mosqueta. Aunque, pensándolo bien, no estaría tan mal. En algún restó de Palermo Sensible se lo cobrarían una fortuna, bajo otro nombre, tipo: “Hebras de bosque humidificado al trance austrohúngaro”. Tengo ganas de vomitar. Hacerme esto a mí, con lo que los quería. ¿Qué está anotando? Si me va a escribir la nota de la semana, avíseme.
- Estoy haciendo mi trabajo. ¡Siéntese!
- Como quiera. Mucha gente cree que todo lo que hizo este grupo fue bueno, pero “Mesopotamia” fue un esquivo EP, mal producido por David Byrne, que se salvó de ser elegido para mi review sólo porque en la versión CD le agregaron “Party mix!”, que es un compilado de remixes que me encanta. Que si no… Ahora, éste se zarpa de vulgar. No está Cindy Wilson. ¡Ella no habría permitido esto! ¿Sabe por qué? Porque era la que frenaba la impulsividad de Kate Pierson. Y Fred Schneider… ¡qué triste! Intentando buscar un hit como sea. Como Fidel Nadal: siempre con rumbo incierto y ahora desesperado de dinero.
- ¿De qué año es este disco, Mecko?
- 1992.
- ¿Y 17 años después se sigue haciendo problema? Se ve que le sobra energía…
- Es que me resistía a escucharlo. Algo me decía que no debía hacerlo. Que me arrepentiría. Y sí, escuché “Dreamland” y “Is that you Mo-Dean?”, que sólo harían bailar a un colocador de alfombras con muchas horas extra encima, y me estreñí. Luego, “Vision of a kiss” y “Breezin’” tienen el mismo ritmo fastidioso, cansino y empalagoso. Ni siquiera el corte de difusión, “Good stuff”, logra algún gancho aprovechable. A ver si nos entendemos: este álbum es un mal facsímil tardío del fresco y eficaz “Cosmic thing”, de 1989. Así de sencillo.
- Mecko, ¿cree que está bien pagar 100 pesos la sesión para venir a hablar de discos malos? No desperdicie su dinero, ni mi tiempo. Se lo digo con franqueza. Para mí es indistinto. Yo lo escucho, Ud se descarga, no soluciona nada, y la semana que viene volvemos a foja cero. Ud decide si realmente quiere un cambio, porque así no va a ningún lado.
- Entonces está de acuerdo con mis allegados, que dicen que mi blog es un esfuerzo en vano, que no me da de comer y todo eso…
- Yo no dije tal cosa. Sólo que está ocupando demasiado espacio en esos menesteres y me parece que hay problemas mucho más importantes que resolver. Sus relaciones interpersonales, su motivación laboral…
- ¿Sí?
- Sin equilibrio, Ud será únicamente apto para defenestrar. ¡Piense! Si su exclusivo impulso rector es ese blog, va a terminar sus días en absoluta soledad. Perderá lo poco que le queda: su mujer, sus niños, su trabajo… Todo en pos de una causa mesiánica.
- Yo sé que tengo una misión que cumplir. ¿Por qué Ud y mis amigos no quieren que la lleve a cabo?
- Ok, Mecko. ¿Por qué no vuelve la semana que viene? Va a ser más productivo para todos, ¿no cree?
- Ese blog es mi leitmotiv, licenciada.
- O el mejor pretexto para seguir justificando su evasión. ¿Seguimos la próxima?
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Diagnóstico: Si te gusta “Good stuff”, te espero en el café que está justo frente al edificio donde está el consultorio de mi terapeuta. Tenemos tanto de que hablar…
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Otra odiosa canción de este temible álbum: "Hot pants explosion", en una versión en vivo. El show, en general, estuvo buenísimo, pero en este tema la mitad del público aprovechó para ir al baño.


OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay.
ANTIDOTO: "The B-52's" (1979).

21/5/09

THE CURE - 4:13 Dream


He llorado toda mi vida. Y así fue al nacer. Por cierto, alguien me contó que el neonatólogo acotó en su momento que yo lo había hecho por demás. Mi infancia, a pesar de ser apacible, no estuvo exenta de llanto. Me hacían gimotear los atardeceres de domingos, los potajes de mi abuela, los desplantes amorosos, los partidos de fútbol perdidos a último minuto, y tantas otras cosas que por no recordarlas me dan ganas de llorar. En la adolescencia, mi sensibilidad fue en aumento y continué sollozando por casi todo lo que me rodeaba; mayormente, los discursos de Fin de Curso me dejaban los lagrimales más secos que garrapata de peluche.

Hasta que conocí a The Cure, en 1983, había berreado con muchas canciones alusivas a mi eterno estado depresivo. A ver si las reconocen: “Don’t cry”, “Cry for a shadow”, “Crying in the rain”, “I’ll cry instead”, “Crying in the chapel”, “Crying, waiting, hoping”, “Cry, baby”, “Sister don't cry”, “Cry from the street”, “Cry for eternity”, “The sky is crying”, “Go cry on somebody else's shoulder”, “Crying song”, “Fool to cry”, “Crying out for love”, “No woman no cry”, “When a blind man cries”, “Cry baby cry”, “Boys don’t cry”, “Cry me a river”, “Cry to me”, “I’m crying”, “Perro llorón”, “Mil veces lloro”, “No llores por mí, Argentina”, “El llanto”, “Llorando en el espejo”, “El rey lloró” y “Tango llorón”.

Como dije, Robert Smith y los suyos me brindaron renovados motivos para seguir con mi llanto perenne. En esa época, yo vestía de riguroso negro, de pies a cabeza, con sobretodo incluido, y solía delinear mis ojos, además de peinarme como un sauce… ¡llorón!
Creerán que mi existencia era una completa amargura, pero yo disfrutaba de mi condición de plañidero. Al respecto, recuerdo mi obsesión por cortar cebollas y mi continua presencia en las marchas anti-edictos policiales, que siempre finalizaban con gases lacrimógenos. Y hablando de represión, ¡qué despelote se produjo en las afueras del estadio de Ferro, en pleno show de The Cure, allá por 1987! Yo estuve allí, y mojé el pasto con mis lamentos.
Demás está decir que me compré todos los discos de la agrupación de Sussex, y me conmoví con “Three imaginary boys”, “17 seconds”, “Faith”, “Pornography”, el asombroso vivo “Concert” y “The head on the door”; me emocioné con “The top”, “Kiss me kiss me kiss me”, “Disintegration” y “Bloodflowers”, y en pocos casos, como “Wish
”, “Wild mood swings” y “The Cure”, me costó un poco más llegar al sollozo, pero, a fuerza de concentración, no tardé en ver cómo me afloraban las lágrimas. Ya era notorio que mi pasión por la dark-wave y el post-punk gótico se habían intensificando hasta niveles alarmantes.
Lloré junto a Saúl Ubaldini y Domingo Felipe Cavallo, lloriqueé separaciones y reconciliaciones, propias y ajenas, y me conmoví con teleteatros y realities, muchos de los cuales atesoré en videos. Obviamente, esto hacía que yo ingiriera litros de líquido para no deshidratarme.

Mi destino estaba signado por el llanto y yo ya suponía muy difícil cualquier desvío en el rumbo inexorable de mi vida, hasta que sucedió lo imprevisto. Fue a fines de octubre del año pasado, cuando sufrí un cambio muy brusco, que hizo que no volviera a llorar nunca más.
La causa tuvo que ver con la audición del 15º álbum de estudio de The Cure, último hasta hoy: “4:13 Dream”. ¡Qué manera de reírme a carcajadas! Es que Robert ya no es aquel hombre espectral que en otras épocas me inquietaba con sus sonidos de flanger y sus lánguidas letras, sino una pobre viejita quejosa, con los pelos revueltos, que reniega con unos nietitos ansiosos por salir a jugar al patio. Un lugar común tras otro, apuntalando, a duras penas, la más grande autoparodia melodramática que haya editado banda alguna. Todos los temas pretenden alcanzar el status de joyas del pop oscuro, pero la mayoría zozobra sin remedio en una trampa macabra que se podría traducir como ‘eutanasia creativa’. Lo poco rescatable es la base de bajo de “The reasons why” –no así su letra, que nos habla, una vez más, del suicidio-, el riff de guitarra de “The hungry ghost”, el buen minimalismo de la mal producida “Underneath the stars”, y la enorme sinceridad en “It’s over”, donde Robert canta: “No, I can’t do this anymore”. El resto va de incómodo a hilarante, máxime, el corte de difusión “The only one”, que fue lo que más me hizo desternillar. La voz de Smith está en cuarentena, gente.

Por fin me había dado cuenta de lo inútil que había sido mi vida, dedicada a un disfraz inconsistente y fugaz. Hoy tienen que verme yendo a los cabarets del microcentro, contando chistes de gallegos, jugando al truco con mis nuevos amigos del Club de Autos Especiales, tomando vino en damajuana, escuchando a Memphis la Blusera, excitándome cada domingo con el Turismo Carretera, y leyendo el Clarín (por los clasificados, ¿vieron?).
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Epílogo: Estoy seguro de que a los emos jamás les ocurrirá una epifanía tan fuerte como la mía. Porque, a pesar de promover el llanto como bandera, sus bandas favoritas siempre fueron una risa.
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Sólo otra versión más de la ultra-repetida formulita 33% "Boys don't cry" + 33% "Friday I'm in love" + 33% "In between days" + 1% de letra flamante, con la que el archi-reciclado Robert Smith y sus acólitos pretenden convencer a sus ya ajetreados seguidores.
No pierdan el tiempo con esto. Hay mucha música interesante para ver en YouTube. ¡Diviértanse! El que quiera llorar, que vaya a la iglesia.



OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: "Wild mood swings" (1996).
ANTIDOTO: "Pornography" (1982).

12/5/09

MÄGO DE OZ - Mägo de Oz


¿A quién puede gustarle este agravio al metal? Esto es sencillamente una burla al buen gusto, una afrenta al sentido común, un vilipendio gratuito a la buena intención, y un arbitrario desfalco al comprador. En muchos años de melomanía jamás me había topado con tamaña porquería española, que sólo puede satisfacer a torpes e infames buscadores del más insignificante hard rock, mal fabricado en serie, y que ocasiona severas alucinaciones, como, por ejemplo, imaginarse a un Walter Giardino, muy desahuciado, buscando cantante para unos Rata Blanca pasados de oporto, y que al no encontrarlo, ficha a un Joaquín Sabina eunuco, perdido en la agonía de la peste bubónica.

Se supone que el folk metal nos debería situar ficticiamente en una comarca perdida en lo más sombrío del Medioevo, donde abunden castillos inexpugnables y seres fabulosos que luchen contra caballeros andantes, quienes también gusten de aniquilar dragones y conquistar con sus laúdes el favor de preciosas doncellas sumisas. Pero la triste realidad es que aquí, en el disco debut de la banda madrileña Mägo de Oz (alias “Möco de Tos”), la supuesta Edad Media es una muy trasnochada de fines del siglo XX, donde unos pobres homeless agonizan rogándoles algo de chute a unos junkies de plaza, mientras sueñan con apedrear vidrieras y vociferar groserías a unas emponzoñadas rameras que los miran con abulia y desdén.

Los lectores ibéricos no querrán disculparme por lo que pienso de su rock, pero, exceptuando contados casos, nuestros humildes músicos “sudacas” pueden cepillarse las pelusas con sus pares peninsulares. ¿Es esto lo que tienen para ofrecernos de su más granada cosecha de metal progresivo? Estos guarros inoperantes y grotescos, meros aprendices de bandas serias como Empyrium, Helheim, Enslaved, Finntroll, Bathory, Skyclad o Moonspell deberían volver a la escuela primaria para ver en qué rincón del salón de clase se les perdió la dignidad, además de la goma de borrar.
¡A no fastidiar más! Esta banda es una reverenda suciedad mal defecada, no por un fulgurante dragón, sino por una pálida iguana con cólico renal, y este álbum no es la vigorosa espada Excalibur, sino una endeble imitación de una Victorinox fabricada en Myanmar.

Estas archi-recontra-basuras, ya desde los títulos, nos hacen vomitar profusamente el agua corrompida sobrenadante de un galeón casi hundido que yerra a la deriva durante años, y nos anticipan el bochorno seudo-poético que impera en esta obra insultante (y en casi todas las siguientes de la banda, me animo a apuntar.). Nadie, que no sea un deficiente, puede tomar en serio los contenidos de canciones como “Lo que el viento se dejó” o “T’esnucaré contra’l bidé”. Veamos…

“Te succionaré el cerebro
por la oreja con un aspirador.
Te arrancaré tu sucia lengua
por decir que odias el rock'n'roll.
Te sacaré tus lindos ojos
y los bañaré con pus y alcohol.
Una inyección de lejía,
nena, es la solución.


Cariño, se ha terminado
que rompas mi guitarra esta vez,
que escondas todos mis discos,
te voy a esnucar contra el bidé.


Te voy a cortar las venas
con mi maquinilla de afeitar.
Te arrancaré los pechos
y en la herida luego le echaré sal.
Maltrate usted a su señora
si no le gusta el rock'n'roll
Ampútele las piernas
y luego métalas en formol.”


¡Yeah, man! ¡Esto sí que es poesía! Luego de leer estos versos, afirmo que Federico García Lorca todavía no nació.
Y qué decir de los desprevenidos que vieron en la contratapa que hay covers como el clásico de Status Quo, “Gerdundula”, y el inoxidable “Gimme some lovin’”, de Spencer Davis Group, y se pasmaron al encontrar sólo la hecatombe en ellos. Los mismos que quedaron absortos cuando notaron que en “Yankees go home”, el baterista Txus Di Fellatio (¿cómo dijo que se llamaba?) debió apretarse demasiado el pantalón "marcabulto", pues da la sensación de que se le salieron los pulmones por la boca, cosa que, por desgracia, no ocurrió. Por otra parte, no menos tunantes resultan los relinchos del vocalista Juanma Rodríguez -sobre todo en el insoportable tema “El lago”- que nos alientan a saltar desde un trigésimo piso, a fin de evitar sufrimientos mayores en la vida.

Por último, cualquiera de las fotos de enfiestados etílicos que abundan en Fotolog es más apropiada que la que decora la portada de esta blasfemia al metal, que además detenta el logotipo celta (¿celta?) más amateur de la historia.
Quiera el Altísimo no devolverle la vida a Judy Garland, para que no se le aparezca en la noche al violinista Mohamed, con el propósito de introducirle un brazo del hombre de hojalata en su peludo trasero.
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Conclusión: Si te gusta este disco, vos sos uno de los "alpedistas" que se tomaron el laburito de chequear si es verdad que la película “El mago de Oz” está sincronizada con el álbum “Dark side of the moon”. Pero si te encanta esta banda, es porque no podés distinguir entre la inmortal obra de Cervantes y los consejos de José Luis Torrente.
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El tipo más común de grasa es aquél en que tres ácidos grasos están unidos a la molécula de glicerina, recibiendo el nombre de triglicéridos. Los triglicéridos sólidos a temperatura ambiente son denominados grasas, mientras que los que son líquidos son conocidos como aceites. Todas las grasas son insolubles en agua, teniendo una densidad significativamente inferior.
Las características de Mägo de Oz no son precisamente las de los aceites.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Belfast" (2004), "A costa da morte" (2007) ó "La ciudad de los árboles" (2007).
ANTIDOTO: "Finisterra" (2000) ó una buena dosis de etanol intravenoso.

4/5/09

SANTANA - All that I am




Este CD no sólo es dañino para la mente y el cuerpo de las personas de bien, sino que también lo es para la computadora. Al colocarlo en el reproductor, pide descargar un software protector de la moral y las buenas costumbres (alias ‘troyano’), que resguarda los intereses mundanos del otrora paladín del latin-rock y la espiritualidad, Carlos Devadip Santana, al punto de dejar el operativo casi muerto e inaugurada una cómoda autopista para spywares y hackers. Y si uno no acepta instalarlo, el dispositivo rechaza el compacto, así de simple.
¿No era castigo suficiente para los desprevenidos consumidores la pésima música contenida en “All that I am”? ¿Qué bicho le picó al guitarrista que destilaba fuego en sus solos y que logró una propuesta única en su género? Esto no es propio de un músico de rock, sino de un buffet de malintencionados abogados que considera que, ante todo, uno es un pirata del asfalto. ¿Hasta dónde llega el sistema a ponernos condiciones en un álbum que –se supone- versa sobre el amor y la unidad del género humano? Si por lo menos se tratase de una auténtica gema a preservar, pero no, estamos en presencia de una quimera que desnuda el lado más meloso y grasiento del latinismo más laxante.

Carlos Alberto Santana Barragán nació en Autlan de Navarro, México, en 1947, y fue iniciado por su padre en la música de mariachi, aunque Carlitos prefiriera el sonido beat que imperaba en los 60’s. Cuando su familia se mudó a San Francisco, tuvo que aprender inglés rápidamente y empaparse de los nuevos sonidos, estudiando a los grupos de rock que tocaban en la ciudad y siguiendo su evolución.
En 1966 crea su famosa banda homónima, con la que llega a triunfar en el famoso Festival de Woodstock, de 1969, impresionando al público con su abrasadora fusión entre rock y ritmos afro-latinos. Recordemos que fue el único artista que tocó en dicho festival sin tener ningún disco editado, pues tal era su prestigio.
Ése fue el punto de partida del enorme éxito del músico a lo largo de cuatro décadas, con grandes discos clásicos innovadores, como "Santana", "Abraxas", "Santana III", "Caravanserai", "Borboletta", el triple en vivo "Lotus" y "Moonflower", y memorables himnos como "Black magic woman", "Gypsy queen", "Jingo", "Oye como va", "Soul sacrifice", "Samba pa ti", "Europa" y "Toussaint L’Overture", que coronaron su carrera, la que llegó al pináculo en 1998, cuando ingresó al Salón de la Fama del Rock and Roll. Al año siguiente, incentivado por su nueva condición social –la de burgués asimilado- edita su trabajo más vendedor: "Supernatural". El resto de su trayectoria es fácil de conjeturar: riqueza, obsecuencia y recicle.

Por tal tenor, y en nombre de los buenos tiempos idos, le pido a usted, Carlos:

a) ¡BASTA DE DUETOS CON GENTE INSUSTANCIAL!
¿Tanto placer le dio compartir “honores” con Michelle Branch, Sean Paul, Mary Blige, el rapero Big Boi, Steven Tyler
, Joss Stone, Will.i.am (Black Eyed Peas) y Kirk Hammett (Metallica) en este disco? ¿No le bastó con 'chichonear' con “rockeros” de la “talla” de Dido, Seal, Maná, Tina Turner, Jennifer López, Macy Gray, POD y Plácido Domingo, en los anteriores? ¡Linda gente! La crema del aguante, ¿no?

b) ¡BASTA DE MÚSICA PARA EJECUTIVOS!
En la sala de reuniones que preside Mark Zuckerberg –inventor de Facebook- se tararean sus canciones, y en todos los cócteles empresariales se “aprecian” sus prefabricados duetos.

c) ¡BASTA DE MÚSICA FUNCIONAL PARA EL DELEITE CORPORATIVO!
Ponga las barbas en remojo y patee el tablero de lo que sólo satisface a las multinacionales. ¿No tiene plata suficiente como para darse ese “lujo”? Yo creo que sí.
En temas como “Hermes”, “Twisted” o “Trinity” aún subsiste algo de la vieja esencia, y se perdonan, pero el promo-single "Just feel better" y todos los demás cortes bien podrían pasar como “copyright by Robi Draco Rosa”.

d) ¡BASTA DE ABURRIMIENTO ACADEMICO COMPLACIENTE!
Un poco de sangre rockera no le vendría nada mal a su actual realidad, plagada de productores caros, y a su ego, rodeado de los mejores sesionistas del Mundo, que nada genuino transmiten.

e) ¡BASTA DE HACER SIEMPRE LOS MISMOS SOLOS!
Ya tengo las guindas que me las piso de escuchar tanto “yeite” reiterativo, y de que cualquier ganso me sermonee que lo suyo es “sentimiento”.

f) ¡BASTA DE MALAS FOTOCOPIAS DE “SUPERNATURAL”!
A usted le gustan los cambios estilísticos, pero ahora está ciego de rutina, avidez y conformismo. Repetir un modelo exitoso hasta el hartazgo es pan para hoy y hambre para mañana.
A propósito... Leí por ahí que quiere fundar una iglesia propia. La verdad, no me extraña que, luego de haber publicado este negociado, quiera lavar sus culpas rezando.

g) ¡BASTA DE DARLE LA ESPALDA A LOS AUTÉNTICOS FANS!
A usted le fallará la memoria, pero el pueblo rockero aún le tiene estima. Recuerde que los adinerados para los que usted toca son muy cambiantes, y cuando la diversión se esfuma, se van corriendo a ver el show de su amigo y colega Andrea Bocelli.
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Síntesis: El título de este álbum, “All that I am”, significa “todo lo que yo soy”, y si esto es todo lo que Carlos Santana es, me da mucha pena. ¡Y ganas de afeitarle el bigote a ese VIGILANTE TRAIDOR!
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Esta promo nos brinda un muestreo del álbum "All that I spam", de Carlos Chantana. ¡Es que éste no es Santana! Al menos no el que yo adoré desde 1966 hasta 1982. Éste es otro. Y pensar que hubo papafritas que gastaron ríos de tinta hablando de la muerte de Paul McCartney, en 1967, y que había sido sustituido por un doble. Qué pérdida de tiempo, ¿no? ¡Acá tendrían que haber investigado, idiotas!



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Beyond appearances" (1985), "Freedom" (1987), "Shaman" (2002), "Santana and friends" (2006) ó "Guitar heaven: the greatest guitar classics of all time " (2010).
ANTIDOTO: "Abraxas" (1970).