
Mariana vino al Mundo haciendo bromas. Cuando la partera la nalgueó para que emitiera su primer llanto, se negó a hacerlo, crispando los nervios de su madre. Durante su primera infancia martirizó a sus padres simulando accesos de tos severa y cólicos inexistentes, intensificando su rebuscado comportamiento. Más tarde, en el colegio, fue la verdugo de muchos inocentes compañeritos, convidándoles laxantes disimulados en cajas de chicles normales, cortándoles el elástico a las niñas, o bajándoles los pantalones en medio del patio a los desprevenidos varones. Ni hablar de chanzas más tradicionales, como pegar chicles en el pelo, colocar tachuelas en los bancos y dejar manzanas podridas en el escritorio de la maestra.
Cabría preguntarse si alguien tomó cartas en el asunto, pensando en vengarse. No, nadie, porque Mariana poseía un carisma y una belleza a toda prueba, y todo se le perdonaba cuando ella ponía su mejor carita angelical, diciendo: “Mariana no hace más macana”.
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Los años pasaron y las bromitas escolares comenzaron a aburrirla; era hora de comenzar a pensar en grande. En las horas libres de secundaria trazaba planes diabólicos para horrorizar a sus pares, como filmar a las parejitas debutantes y repartir copias de los videos entre los estudiantes. Cierta vez, en un día de campo, Mariana deslizó somníferos en la cantimplora del profesor de plástica. Una vez dormido, lo desnudó y dejó atado a un árbol. Al momento de regresar, la niña se las arregló para que nadie notara la ausencia y el ómnibus partió. El pobre docente no supo qué hacer durante las quince horas que duró su martirio, hasta que llegó el rescate.
Los años pasaron y las bromitas escolares comenzaron a aburrirla; era hora de comenzar a pensar en grande. En las horas libres de secundaria trazaba planes diabólicos para horrorizar a sus pares, como filmar a las parejitas debutantes y repartir copias de los videos entre los estudiantes. Cierta vez, en un día de campo, Mariana deslizó somníferos en la cantimplora del profesor de plástica. Una vez dormido, lo desnudó y dejó atado a un árbol. Al momento de regresar, la niña se las arregló para que nadie notara la ausencia y el ómnibus partió. El pobre docente no supo qué hacer durante las quince horas que duró su martirio, hasta que llegó el rescate.
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En otra ocasión, aprovechando la ausencia paterna, invitó a cuatro amigas a su casa-quinta. La velada transcurrió amena entre bromas amistosas y relatos de suspenso, hasta que, de una puerta lateral, surgieron varios delincuentes armados y encapuchados, quienes se llevaron a Mariana y mantuvieron a sus amigas desnudas y maniatadas, bajo amenazas de violación y muerte, por un buen espacio de tiempo. Más tarde, las chicas fueron conducidas al parque con la idea de ser eliminadas en la piscina. Los gemidos de espanto iban en aumento hasta que los victimarios, temerosos de que algún vecino pudiera oírlos, revelaron finalmente su identidad. Eran sus compañeros de clase, comandados por la propia Mariana, que no paraba de reír a mandíbula batiente. Milagrosamente, todo terminó en carcajadas generalizadas, por lo que Mariana salvó una vez más el pellejo.
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Luego de graduarse (y de haber pergeñado mil y una diabluras en el viaje de egresados), Mariana, que ya conocía de sobra sus dotes dramáticas, ingresó a la Academia Nacional de Teatro. La carrera pareció apaciguar sus crueles inclinaciones, que se encaminaron hacia la normalidad durante aquellos cuatro años de estudios. Llegó el examen final que otorgaba el título consagratorio. Para dicha evaluación los alumnos debieron presentar, en función privada, una obra escrita por todo el grupo, pero en la que ella sola se encargaría de la música. La obra, que trataba sobre los problemas de la adolescencia, debía iniciar con música de nü metal, y la impredecible Mariana no tuvo mejor idea que llevar un disco de Papa Roach, lo que puso de muy mal talante a los actores, haciendo fracasar el ensayo general. Aunque parezca lo contrario, ¡la muchacha no lo había hecho adrede! Ella amaba a Papa Roach, y el injusto descrédito hizo que reincidiera en su antigua conducta réproba. “Mariana vuelve a hacer macana”, se dijo, resentida.
Los miembros del grupo debieron realizar enormes esfuerzos para torcer la firme decisión del director de excluirlos del Festival de Fin de Cursada, pero gracias al encanto de Mariana, quien logró convencer al director que obviara aquel desliz, éste les concedió la infrecuente oportunidad de ir directamente a la evaluación final en el propio Festival, algo que ciertamente no debían desaprovechar. Y Mariana exigió volver a elegir la música, pero ante el lógico escepticismo de sus compañeros, coligió: “Tranquilos, chicos. Esta vez será un disco de Korn”.
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El día de la presentación el teatro estuvo repleto y Mariana mostró un particular rictus intrigante. No sólo silbó y dijo “víbora” todo el tiempo, sino que vistió de amarillo, infringiendo los códigos más elementales de un estreno. Cuando se abrió el telón, comenzaron a escucharse los primeros acordes de “Twisted transistor”, de “See you on the other side” (el peor álbum de Korn, sin Brian “Head” Welch -convertido al cristianismo más acérrimo- y debut en Virgin Records) y las demás canciones insípidas y bailables lograron el efecto más infortunado. El público, enfurecido, comenzó a destrozar las butacas del recinto, a la vez que arrojaba los matafuegos al escenario. Intervino la fuerza policial y Mariana tuvo que huir despavorida del edificio.
El día de la presentación el teatro estuvo repleto y Mariana mostró un particular rictus intrigante. No sólo silbó y dijo “víbora” todo el tiempo, sino que vistió de amarillo, infringiendo los códigos más elementales de un estreno. Cuando se abrió el telón, comenzaron a escucharse los primeros acordes de “Twisted transistor”, de “See you on the other side” (el peor álbum de Korn, sin Brian “Head” Welch -convertido al cristianismo más acérrimo- y debut en Virgin Records) y las demás canciones insípidas y bailables lograron el efecto más infortunado. El público, enfurecido, comenzó a destrozar las butacas del recinto, a la vez que arrojaba los matafuegos al escenario. Intervino la fuerza policial y Mariana tuvo que huir despavorida del edificio.
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Epílogo: Nadie volvió a verla jamás. Algunos cuentan que se convirtió en una amarga ermitaña que vagó sin cesar por los hielos antárticos. Si fue así, roguemos al Cielo que no se haya llevado consigo este CD, ¡por el bien de los pingüinos, que ya bastantes problemas tienen!
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See you on the other side, KoRn, because you’re dead!
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¿Alguien sabe dónde vive "Munky" Shaffer? Se los pregunto porque tengo al teléfono a una tal Mariana que pregunta por él. ¿No saben nada? Bueno, sigan disfrutando de esta promo del álbum que llevó a la ruina artística a sus mentores. Ahora, si para muestra no basta un botón, cómprense una mercería.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Take a look in the mirror" (2003), "Untitled" (2007) ó "Korn III: Remember who you are" (2010).
ANTIDOTO: "Korn" (1994).
Anexo necesario: Bien, ahora fuera de broma... Korn nunca fue una gran banda (fuera de lo que puedan opinar adolescentes sub-15, cuya única actividad recreativa sea eyacular sobre monitores LCD de 19", con RedTube on-line) y sus integrantes jamás fueron buenos músicos, yendo del tinte mediocre al retardado en cuestión de pocos años. De hecho, tuvieron que ir a buscar al legendario Terry Bozzio, en 2006, con sus 56 años, para que les diera una mano.
A pesar de esto, Johnattan Davis es el peor de todos ellos, a pesar de que su voz abarque un amplio espectro: desde lo más irritante a lo más industrialmente aceptado. Señores: aquí, en esta autoparodia, todas las canciones apestan, más que nada porque este arriesgado paso al tecnopop les ha salido muy mal, y hasta los fans más incondicionales -en el fondo de su corazón- detestan el disquito en cuestión. Así y todo, lo que sí se puede rescatar es el tema "Coming undone", que es el mejor del álbum, alcanzando un notable puntaje de 0,5 sobre 10, según mi sano juicio, algo nada sorprendente en el estándar promedio de ese tan discutible sub-sub-género llamado nü-metal.
Todo lo demás huele a culo, aunque "Tearjerker" e "Hypocrites" sean las que más hiedan. Tal vez, por situarse simbólicamente en lo más interno del trasero, ya casi en el recto.
Todo lo demás huele a culo, aunque "Tearjerker" e "Hypocrites" sean las que más hiedan. Tal vez, por situarse simbólicamente en lo más interno del trasero, ya casi en el recto.
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Mi consejo para aquellos que se encuentran transitando los difíciles caminos del nü-metal es éste: Descarguen "Twisted transistor" y/o "Coming undone", y DETÉNGANSE ALLÍ. Ahora, en cambio, si aman el género, eviten este trabajo de laboratorio en quiebra y vayan directamente a la discografía de Disturbed. Verán como, de a poco, les vendrán unas ganas incontenibles de erigirme un monumento, el que, desde ya, no aceptaré, simplemente porque no hace falta.
Aunque, de todas maneras, gracias por el gesto.






