The Rock and Roll Hall of Shame

28/4/09

KORN - See you on the other side


Mariana vino al Mundo haciendo bromas. Cuando la partera la nalgueó para que emitiera su primer llanto, se negó a hacerlo, crispando los nervios de su madre. Durante su primera infancia martirizó a sus padres simulando accesos de tos severa y cólicos inexistentes, intensificando su rebuscado comportamiento. Más tarde, en el colegio, fue la verdugo de muchos inocentes compañeritos, convidándoles laxantes disimulados en cajas de chicles normales, cortándoles el elástico a las niñas, o bajándoles los pantalones en medio del patio a los desprevenidos varones. Ni hablar de chanzas más tradicionales, como pegar chicles en el pelo, colocar tachuelas en los bancos y dejar manzanas podridas en el escritorio de la maestra.
Cabría preguntarse si alguien tomó cartas en el asunto, pensando en vengarse. No, nadie, porque Mariana poseía un carisma y una belleza a toda prueba, y todo se le perdonaba cuando ella ponía su mejor carita angelical, diciendo: “Mariana no hace más macana”.
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Los años pasaron y las bromitas escolares comenzaron a aburrirla; era hora de comenzar a pensar en grande. En las horas libres de secundaria trazaba planes diabólicos para horrorizar a sus pares, como filmar a las parejitas debutantes y repartir copias de los videos entre los estudiantes. Cierta vez, en un día de campo, Mariana deslizó somníferos en la cantimplora del profesor de plástica. Una vez dormido, lo desnudó y dejó atado a un árbol. Al momento de regresar, la niña se las arregló para que nadie notara la ausencia y el ómnibus partió. El pobre docente no supo qué hacer durante las quince horas que duró su martirio, hasta que llegó el rescate.
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En otra ocasión, aprovechando la ausencia paterna, invitó a cuatro amigas a su casa-quinta. La velada transcurrió amena entre bromas amistosas y relatos de suspenso, hasta que, de una puerta lateral, surgieron varios delincuentes armados y encapuchados, quienes se llevaron a Mariana y mantuvieron a sus amigas desnudas y maniatadas, bajo amenazas de violación y muerte, por un buen espacio de tiempo. Más tarde, las chicas fueron conducidas al parque con la idea de ser eliminadas en la piscina. Los gemidos de espanto iban en aumento hasta que los victimarios, temerosos de que algún vecino pudiera oírlos, revelaron finalmente su identidad. Eran sus compañeros de clase, comandados por la propia Mariana, que no paraba de reír a mandíbula batiente. Milagrosamente, todo terminó en carcajadas generalizadas, por lo que Mariana salvó una vez más el pellejo.
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Luego de graduarse (y de haber pergeñado mil y una diabluras en el viaje de egresados), Mariana, que ya conocía de sobra sus dotes dramáticas, ingresó a la Academia Nacional de Teatro. La carrera pareció apaciguar sus crueles inclinaciones, que se encaminaron hacia la normalidad durante aquellos cuatro años de estudios. Llegó el examen final que otorgaba el título consagratorio. Para dicha evaluación los alumnos debieron presentar, en función privada, una obra escrita por todo el grupo, pero en la que ella sola se encargaría de la música. La obra, que trataba sobre los problemas de la adolescencia, debía iniciar con música de nü metal, y la impredecible Mariana no tuvo mejor idea que llevar un disco de Papa Roach, lo que puso de muy mal talante a los actores, haciendo fracasar el ensayo general. Aunque parezca lo contrario, ¡la muchacha no lo había hecho adrede! Ella amaba a Papa Roach, y el injusto descrédito hizo que reincidiera en su antigua conducta réproba. “Mariana vuelve a hacer macana”, se dijo, resentida.
Los miembros del grupo debieron realizar enormes esfuerzos para torcer la firme decisión del director de excluirlos del Festival de Fin de Cursada, pero gracias al encanto de Mariana, quien logró convencer al director que obviara aquel desliz, éste les concedió la infrecuente oportunidad de ir directamente a la evaluación final en el propio Festival, algo que ciertamente no debían desaprovechar. Y Mariana exigió volver a elegir la música, pero ante el lógico escepticismo de sus compañeros, coligió: “Tranquilos, chicos. Esta vez será un disco de Korn”.
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El día de la presentación el teatro estuvo repleto y Mariana mostró un particular rictus intrigante. No sólo silbó y dijo “víbora” todo el tiempo, sino que vistió de amarillo, infringiendo los códigos más elementales de un estreno. Cuando se abrió el telón, comenzaron a escucharse los primeros acordes de “Twisted transistor”, de “See you on the other side” (el peor álbum de Korn, sin Brian “Head” Welch -convertido al cristianismo más acérrimo- y debut en Virgin Records) y las demás canciones insípidas y bailables lograron el efecto más infortunado. El público, enfurecido, comenzó a destrozar las butacas del recinto, a la vez que arrojaba los matafuegos al escenario. Intervino la fuerza policial y Mariana tuvo que huir despavorida del edificio.
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Epílogo: Nadie volvió a verla jamás. Algunos cuentan que se convirtió en una amarga ermitaña que vagó sin cesar por los hielos antárticos. Si fue así, roguemos al Cielo que no se haya llevado consigo este CD, ¡por el bien de los pingüinos, que ya bastantes problemas tienen!
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See you on the other side, KoRn, because you’re dead!
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¿Alguien sabe dónde vive "Munky" Shaffer? Se los pregunto porque tengo al teléfono a una tal Mariana que pregunta por él. ¿No saben nada? Bueno, sigan disfrutando de esta promo del álbum que llevó a la ruina artística a sus mentores. Ahora, si para muestra no basta un botón, cómprense una mercería.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Take a look in the mirror" (2003), "Untitled" (2007) ó "Korn III: Remember who you are" (2010).
ANTIDOTO: "Korn" (1994).


Anexo necesario: Bien, ahora fuera de broma... Korn nunca fue una gran banda (fuera de lo que puedan opinar adolescentes sub-15, cuya única actividad recreativa sea eyacular sobre monitores LCD de 19", con RedTube on-line) y sus integrantes jamás fueron buenos músicos, yendo del tinte mediocre al retardado en cuestión de pocos años. De hecho, tuvieron que ir a buscar al legendario Terry Bozzio, en 2006, con sus 56 años, para que les diera una mano.
A pesar de esto, Johnattan Davis es el peor de todos ellos, a pesar de que su voz abarque un amplio espectro: desde lo más irritante a lo más industrialmente aceptado. Señores: aquí, en esta autoparodia, todas las canciones apestan, más que nada porque este arriesgado paso al tecnopop les ha salido muy mal, y hasta los fans más incondicionales -en el fondo de su corazón- detestan el disquito en cuestión. Así y todo, lo que sí se puede rescatar es el tema "Coming undone", que es el mejor del álbum, alcanzando un notable puntaje de 0,5 sobre 10, según mi sano juicio, algo nada sorprendente en el estándar promedio de ese tan discutible sub-sub-género llamado nü-metal.
Todo lo demás huele a culo, aunque "Tearjerker" e "Hypocrites" sean las que más hiedan. Tal vez, por situarse simbólicamente en lo más interno del trasero, ya casi en el recto.
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Mi consejo para aquellos que se encuentran transitando los difíciles caminos del nü-metal es éste: Descarguen "Twisted transistor" y/o "Coming undone", y DETÉNGANSE ALLÍ. Ahora, en cambio, si aman el género, eviten este trabajo de laboratorio en quiebra y vayan directamente a la discografía de Disturbed. Verán como, de a poco, les vendrán unas ganas incontenibles de erigirme un monumento, el que, desde ya, no aceptaré, simplemente porque no hace falta.
Aunque, de todas maneras, gracias por el gesto.

17/4/09

STARSHIP - Knee deep in the hoopla



Existen muchos incautos que aún hoy se preguntan por qué una banda como Jefferson Airplane, que supo ser ícono en los dorados sesentas hippies, se transformó en un grupo de hard-rock comercial pretendidamente progresivo llamado Jefferson Starship, y de este beneplácito –todavía con algo de redención- a la infausta blasfemia apta para todo público denominada Starship.

La música más pasteurizada, homogeneizada, filtrada, estéril y servil, plagada de sucias estrategias del más malintencionado marketing, se da cita en esta oda al lifting curricular, titulada “Knee deep in the hoopla”, aberración que se podría traducir como “Hasta las rodillas en el bullicio”, pero que yo (arbitrariamente… ¡qué me importa!) deseo transcribir como “Hasta el cuello de mierda”. Porque estos sujetos lo estuvieron, ¡y cuán profundo!
(Nota: "Hoopla" se le dice también al juego que consiste en arrojar aros para embocarlos a distancia en distintos obstáculos.)
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Pienso que este pastiche es todavía más execrable que el teen-pop, pues detenta el agravante de haber sido producido por las esquirlas de una banda histórica -luminaria en los festivales de Monterey y Woodstock-, que fue perdiendo su brillo gradualmente, hasta caer en la infamia inapelable que traen conjuntas la desesperación comercial y la falta total de escrúpulos artísticos.
Idea pueril, si las hubo, que funcionó muy bien a la hora de llenar el ávido monedero de sus mentores, pero que quedó en la memoria de los bienintencionados como el paradigma más cabal de lo miope y lo efímero. Música funcional para amas de casa, locutores de campañas proselitistas, y todo aquél que se afana en lograr encumbrados cargos en empresas de venta piramidal. Alimento suculento de radios complacientes, ideales para amenizar juntas de ejecutivos de multinacionales, y hediondo muzak para elegantes paseos de compras destinados a las más altas esferas del poder.
Sólo el estremecimiento que produce el chirrido de una tiza sobre un pizarrón se compara con los atemorizantes números que proliferan en este asco de álbum. Baterías de cartón que emulan handclaps flagelantes, de una obviedad rayana en lo enfermizo (Donny Baldwin), amalgamadas con los sintetizadores más vulgares y genéricos del peor pop de 1985 (David Freiberg), sirven como maltratado andamiaje para disfrazar el tenue bajo (Pete Sears) y la guitarra semi distorsionada tipo hair-metal (Craig Chaquico). Toda esta engañifa sobreproducida se completa con las afectadas voces estereotipadas de Grace Slick y Mickey Thomas, en un modo tan eunuco, que no transmiten más fuerza que un vino blanco de mesa rebajado con agua bendita.
Lo bien que hizo Paul Kantner en no ceder la palabra “Jefferson” a esta estafa, pues Slick y Thomas se la habían disputado para el proyecto. El fallo judicial, en favor de Kantner, obligó a éstos ilusos a continuar simplemente como… ¡Starship!

Cualquiera de los tres “discuchos” que grabó esta pandilla de delincuentes sonoros, merece la expiación a través del fuego, pero este “debut” se destaca especialmente por contener un superhit que desnuda el costado más emblemático de la estupidez humana. A causa de lo que dice su estribillo: “we built this city, we built this city of rock and roll”, me viene a la memoria el Segundo Mandamiento, que reza “no tomarás el nombre de Dios en vano”, y el cuarto, que refiere a honrar a tu padre y a tu madre. Si consideramos al ROCK AND ROLL como potencial progenitor de estos homúnculos, los comentarios huelgan. Tristemente, aún hoy en día, el temita sigue siendo muy difundido en emisoras de nostalgia, léase “Pop 101.5” o “Blue 105.3”, así como también el otro enorme éxito del siguiente álbum, “Nothing’s gonna stop us now”, que, de manera inaudita, fue nominada al Oscar como mejor banda sonora por el baladí film “Mannequin”.
Las otras penurias del disco son “Sara”, muy influenciada por el sonido synthpop de bandas tipo Alphaville, y la turbia balada “Love rusts”, torpeza mayúscula digna del Grammy a la pelotudez universal. Sólo restaría la mención de “Hearts of the World (Will understand)”, canción que, desde el título, ya nos habla de un perfecto ejemplo de demagogia no exenta de vileza. Todo lo demás podría cuajar con precisión en la ambientación de películas como “Top gun” o “Rocky IV”.

Cómo le habrá remordido la conciencia a Grace Slick -ayer deidad psicodélica y hoy pintora top class (foto)- esta paliza al público pensante, pues años más tarde, ella resucitaría a Jefferson Starship con el culposo apelativo de Jefferson Starship: The Next Generation. ¡Vaya! ¿Next generation? No habrá próxima generación para esta clase de salvajadas. No sé si los chicos de hoy saben muy bien qué es lo que quieren, pero sí estoy seguro de que coinciden en lo que NO, y ésta es una clara muestra de lo antedicho.
Nunca tan bien citadas las palabras de Pete Townshend en “My generation”: “Espero morirme antes de volverme viejo”.
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Consejo: Si amás este disco, podés ir a visitar a Grace Slick a su mansión. Ella te agradecerá que hayas gastado tu precioso dinero en esto, mientras toman el té y juegan a la canasta.
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Mientras me encontraba buscando en You Tube el video de "We built this city", a fin de "amenizar" esta nota, hacía todos los intentos por evitar el vómito. Al mismo tiempo, veía que mi cuñada tarareaba esta canción. La sensación que me produjo semejante contraste de intenciones para con un mismo tema, resume todo el espíritu de este blog.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "No protection" (1987) ó "Love among the cannibals" (1989).
ANTIDOTO: acetilcisteína.

8/4/09

MANÁ - Amar es combatir


Una mañana común y silvestre de abril, un par de años atrás, yo desayunaba y analizaba los resultados del waterpolo. ¿Estaba soñando? Esto fue lo que leí:

ZONA "CAMPEONATO":
Spacemen: 3 – UB: 40
Opus: 4 – Vocal: 5
U: 2 – V: 8
Sigma: 6 – Episode: 6
Fun Boy: 3 - The Migil: 5
Suzie: 4 – Us: 3
Dave Clark: 5 – Sex Clark: 5
Current: 93 – Dulces: 16
Heaven: 17 - East: 17
L: 7 – Danger: 4
Ben Folds: 5 – Gang Of: 4
Mack: 10 - D: 12
Área: 12 - Room: 92
The Count: 5 - Univers: 0
Eiffel: 65 - Vega: 4
Zero: 7 - S Club: 7
Redemption: 87 - Group: 87
Finger: 11 - Click: 5
The B-: 52 – Sham: 69
Attaque: 77 – La: 25
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ZONA "PERMANENCIA":
Soul Kid: 1 - Fan: 3
Altern: 8 - MC: 5
+: 44 - Salem: 66
Charlie: 3 - Maroon: 5
Galaxie: 500 - Black: 47
Circus: 2000 - Death From Above: 1979
June Of: 44 - September: 67
Fórmula: 5 - Conexión Nº: 5
Gamma: 2 - Matchbox: 20
Sum: 41 – Level: 42
Club: 8 – Buenos Aires: 8
Stars On: 54 - The Jackson: 5
Remo: 4 - Family Force: 5
G: 3 – Q: 65
Equipe: 84 - Eve: 6
Blog: 27 - Modern Day: 0
Blink: 182 – Front: 242
Airport: 5 - Bleach: 03
Deltron: 3030 - Kassin: 2
M: 83 - Pg: 99
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Bastante embrollado, bajé las escaleras hacia la calle. Soy vendedor de sitios de Internet y debía visitar clientes, para lo cual emplearía diversos medios de transporte público. Lo malo era que mi i-pod (?) se había caído al retrete, mas resolví no hacerme mala sangre.
El primer colectivo que tomé me llevó desde Adrogué hasta Lomas de Zamora, y la música que emanaba pertenecía al entonces más reciente álbum de Maná: “Amar es combatir”. La canción era “Labios compartidos”, su principal corte. Medité: “Pocas bandas tienen la capacidad de repetirse tanto. Esto puede ser algo malo o bueno, según se mire, pero seguro que a quienes les guste la banda, les satisfará escuchar una y otra vez lo mismo, y yo no diría sólo que sus álbumes se parecen entre sí; también sus canciones.”

Más tarde tomé otro colectivo que me acercó a la vieja estación de Monte Chingolo. Cuando tomé asiento, la locutora de la radio sintonizada anunció otro tema de Maná: “Bendita tu luz”.
Reflexioné: “¿Por qué se me hace tan soporífera esta banda? Quizás se deba a la forma de cantar de Fher Olvera, sumada a lo monotemático de sus letras, que hacen de su obra una cantinela que lleva al agotamiento. Habrá que seguir esperando que cambien de chip, pero lo veo difícil.”

Una vez hube atendido a mi siguiente cliente, tomé un remís hasta Bernal para una entrevista en una fábrica de encurtidos. Tanto en el auto, como en la recepción, se escucharon dos cortes más del disco: “Ojalá pudiera borrarte” y “Manda una señal”.
Cavilé: “Tengo la teoría de que si a cualquier canción de este grupo se le pudiera serruchar la parte cantada, se conseguiría encastrar cualquier otra letra de sus complacientes discos. Ninguna canción suena original, pues todas contienen invariablemente las palabras “amor” y “corazón”. Es el mismo producto estereotipado, reciclado una y otra vez desde “Falta amor”. ¡Que se jubilen ya!”

Tuve que soportar 29 emisiones más de “Labios compartidos” en otros colectivos y taxis, y también en el hipermercado de Avenida La Plata, donde almorcé, con el agregado ocasional de “Somos mar y arena” y “Dime, luna”. A pesar de lo exitoso de mi gestión comercial, aquellas melodías ya me tenían los nervios de punta y las criadillas en escabeche, por lo que, pretendiendo descansar la mente, opté por tomar un minibus ejecutivo que me llevaría confortablemente de regreso a casa. Pero, como no podía ser de otra manera, en el vehículo sonaba: “El rey tiburón”, y por enésima vez, “Labios compartidos”. Y ahí sí que perdí el control, lo que hizo que los pasajeros entraran en pánico.
Aullé: “Estos retoños de una gran perra, vigilantes fabricados con la peor margarina de la manoseada roseta de su reiteradamente ultrajada madre, no tienen nada mejor que hacer que seguir en su encajetadísima postura de cantar siempre la misma mierda. Hijos bastardos de Bon Jovi y del peor churrasco mal cagado de Los Nocheros, bisnietos de un container de excremento de patovica antirreglamentario, mezcla con aceite rancio del más relajante stripper de pulpería de provincia. Claro. A las mujeres les gusta esta cretinada. Insaciables que se relamen de gusto con ‘pps’ de machos en pelotas y que tienen en su cuarto una gigantografía del tonel de diarrea llamado Alejandro Sanz, más otra de Richard Gere meditando.”

Luego me descargué contra el chofer: “Pero vos sos hombre, pedazo de condón de ocasión, ¿y te gusta esta grasada? Sos un nimio paramecio con un coeficiente de 35. Ponete media pila, tirá ese disco a la renegrida ostra que lo concibió, y comprate uno de Cannibal Corpse, mariposón de hule. ¿Entendiste, polichinela mal nacido de la peor cesárea? O querés que te lo explique a sopapos, rata a medio envenenar, sobrino de una gran hiena en descomposición. ¡Odio a Fher Olvera y a todos los que aman a Maná! ¿Así que amar es combatir? Yo te voy a combatir por amor a vos y a esos ahijados dilectos de Nosferatu, que pululan entre los desperdicios de un Yorkshire con displasia.”

No recuerdo nada más. Pasé los siguientes meses en coma hasta que me finalmente desperté. Ya no trabajo. Ya no tengo rencores. Por culpa de Maná, ahora soy el nuevo Tommy, todo el día insensible, jugando al 3D Pinball.
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Prevención: Si toman un medio público, no salgan de su casa sin auriculares. Muchos colectiveros, taxistas y remiseros son parte de una peligrosa logia secreta que responde a su líder, Fher Olvera, ¡y quieren dominar el mundo secándonos el cerebro!
¡Qué pasa! ¿No me creen?
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Por favor, no miren este video, porque la próxima vez que vayan a Cancún y encaren a una chica, van a querer estar rodeados de una cohorte de mariachis que los seguirán a todos lados preguntándoles cómo se hace para entrar ilegalmente a Estados Unidos. Lo peor es que ellos sí van a ingresar, pero ustedes se quedarán sin remedio en la frontera preguntándose compungidos dónde queda la casa de Verónica Castro.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: todos sus discos, sin excepción.
ANTIDOTO: glucagón.

2/4/09

CHRIS CORNELL - Scream



- Hola, ¿mister Timbaland?. Acá le hablamos de Interscope Records. Tenemos un artista al que le encantaría trabajar con usted. Su nombre es Chris Cornell.
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No sé de quién me hablas, chico.
- Eh, él estuvo en Soundgarden. ¡Y también cantó en Audioslave!
- No sé quiénes son esos, brother.
- No importa. ¿Le sobran algunos ritmos de las sesiones de Duran Duran con Timberlake?
- Yeah, man. ¿Cuánta lana van a pagarme?
- Suficiente como para ahogarse en una piscina repleta de oro líquido.
- ¡Hecho!
El disco se impulsó y desarrolló en unos pocos meses, luego se editó y, como era de esperarse, resultó un chasco. Ergo… ¿Reunión de Soundgarden para 2010?

Ahora bien, ¿por qué ocurrió algo así? ¿No es esto acaso un síntoma inequívoco de que el espíritu del rock está definitivamente amputado, de que cualquier cosa se transforma en cualquier uva, y de que los artistas y productores cada día se defecan más en las expectativas de los seguidores, sin importarles la calidad? Lamentablemente, hoy en día lo único importante es la plata, pues la cultura va y viene.
En la serie animada infantil “Bratz”, las chicas, empecinadas en consagrarse dentro de la cultura “cosmo”, forman una banda de rock como una de las condiciones sine qua non para lograr sus objetivos de pertenencia fashion. Lo mismo sucede en el mundo del marketing: el rock ya es un vehículo excelente para vender cualquier mercancía. Habría que inventar, pues, algo nuevo que lo suplante y que vuelva a ponderar la rebelión como premisa generacional.

“Scream” es la antítesis de la obra de Cornell, atestada de sequencers, computadoras, drum machines, sintetizadores, distorsión vocal y un productor millonario de hip-hop. ¿Qué? Dejen eso para deficientes que no saben cantar ni escribir su propio material. Chris posee una maravillosa voz y, cuando quiere, puede tomar una guitarra y hacer buena música, en vez de ponerse disfraces que le quedan incómodos y ridículos. Absurdos como el cuasi reggaeton “Time” y la intervención de Justin Timberlake en “Take me alive”, empañan toda esperanza de redención de este artista. ¿Se preguntarán si se puede esperar algún milagro de todo esto? Sí, pero para eso hay que ir hasta el final de “Watch out” y esperar el track oculto. Mi recomendación es que rescaten ese “hidden track” y tiren el resto al retrete. Sepan que no hay mucho más que agregar acerca de esta bobada de álbum de desconcertante electro-pseudo-grunge, que suena a unos Westlife pasados de esteroides, y que no merece siquiera el mote de producto pop.

Ahora, si me permiten, voy a hablarles de algo mucho más deleitante que este descarrío, tanto como para escurrir el mal sabor que queda en la boca luego de paladear esta insolencia al buen gusto. He realizado un estudio acerca de las sensaciones que transmiten los caramelos Superácidos LIPO, perfectamente equilibrados en cuanto a acidez-gusto-duración, bajos en azúcar y aptos para celíacos. Su cobertura rugosa temprana ya es una tentación en sí misma y va desapareciendo, conforme se los va catando, hasta moldear formas inverosímiles. Cada sabor transmite una sensación única, a saber:

UVA: Los codiciados violetas nos llevan a experimentar un ‘love-in’ psicodélico, en el que los Grateful Dead danzan alrededor nuestro, hasta alcanzar el paroxismo de una bacanal colmada de pura libido colectiva.
PERA: Verdes como un denso y húmedo bosque de Hungría. Cada rama y cada pequeña roca del sinuoso camino se conjugan en sincronía con líquenes y musgos, mientras hadas y gnomos urden planes para envolvernos en sus encantos.
FRUTILLA: Rojos como la auténtica pasión, ideales para tener sexo en plan tántrico, recorriéndose los cuerpos en completa armonía y dicha sin límite. Se disuelven en sus bocas como la orquídea que invita al distraído insecto a perder la cabeza por amor.
ANANÁ: Blancos como las arenas de paradisíacas playas en recónditas islas del Pacífico, libres de pruebas nucleares y con atardeceres soñados en condominios lujosos, donde las sensaciones aluden directamente al placer más pueril del Trópico.
LIMÓN: Con los amarillos nos acercamos a la noción más augusta del poder, y nos sentimos emperadores de lo imposible, en un mundo de aristas competitivas y sobrios ademanes, necesarios para una organización empresarial eficiente.
NARANJA: Si bien son los menos deseados, no son pocas las reacciones que producen. Imagínense en una planta embotelladora de líquido lavavajillas, cuya línea de producción, de golpe, se sale de su cauce. Vislumbren el contratiempo que ocurre cuando miles de litros de detergente naranja inundan las diferentes oficinas de la planta industrial. Ustedes, muertos de risa, mientras que al gerente le da un colapso.
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Conclusión: Querrán saber si el dueño de LIPO me pagó por escribir esto. No, ni en un millón de años. Y si así fuera, seguramente sería 2000 veces menos que lo que pagó Interscope a Timbaland por producir el atroz “Scream”.
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"Morena, dale con tu técnica que yo tengo tu táctica, dale boster, aceita las automáticas, yo soy tu gangster, mami, tú eres mi lunática, dale morena, que tú eres mi psicótica. Baila morena, baila morena, perreo pa' los nenes, perreo pa' las nenas." (Letra de "Baila morena", de Don Omar, con que Timbaland arengó a Chris Cornell para realizar "Scream".)
Y yo digo: "Black hole sun, won't you come and wash away this trash."



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay.
ANTIDOTO: "Euphoria morning" (1999).