
Hace ya un tiempo publiqué en mi blog una encuesta que invitaba a votar la fórmula musical más acertada. He aquí, de nuevo, las opciones. Medítenlas.
½ Rolling Stones x Bob Marley (-1) = Viejas Locas
Reggaetón + distorsión + MTV = Limp Bizkit
Syd Barrett + Moody Blues ÷ alta gerencia = Pink Floyd
Deep Purple – originalidad + ¼ V8 x Beto Orlando = Rata Blanca
Bon Jovi + Los Nocheros = Maná
Axl Rose – (Slash x infinito) = Chinese democracy
Abba x Angra + castillismo + distorsión = Bare Infinity
Satriani – humildad x CQC = Diego Mizrahi
Sigur Rós – dinero + Radiohead = Bauer
Erasure + Virus ÷ (Scissor Sisters x Pimpinela) = Miranda!
Motörhead + Larralde + Goebbels = Almafuerte
Coldplay + delay ÷ i-pod + ONG = U2
Redonditos – (talento x obviedad) = Pier
Enrique Pinti x Coco Silly = Mona Jiménez
Indio Solari – (lucro cesante x impunidad) = Pato Fontanet
Paz Martinez + GG Allin = 0
Ahora permítanme definir una ecuación para Sting:
(Police x barrio privado) – (World music x tortuga azul apoliyando) + (8 hs. sexo tántrico x Live 8) = Gordon Sumner.
¡Atención fanáticos de Ricky Martin, Fergie, Joss Stone, Rihanna, Santana y toda esa caterva adulada por egresados de la efímera carrera de graboperfoverificación! Éste es el disco perfecto que colmará de dicha sus vacías vidas, el disco correcto que yo regalaría a un alto ejecutivo de una empresa petrolera si quisiera sumar puntos a mi currículum para ingresar en su staff, el disco ideal para cualquiera que desee poner una sucursal de McDonald’s en Bhután, y, por supuesto, el disco indicado para que nuestro matrimonio presidencial-imperial decida afincarse definitivamente en El Calafate, para abandonar sus sueños mesiánicos y no manipular más al vapuleado Pueblo.
La apoteosis del sueño eterno tiene su cenit en esta desgracia inhumana, más apropiada para un oso polar hibernando que para una anciana colmada de somníferos. La banda sonora, que puesta en modo ‘repeat all’, haría mucho más llevadero el letargo helado de Walt Disney. El álbum menos estimulante que jamás haya grabado el otrora maestro de escuela, ex-prócer de la new wave, y actual ícono de la new age, se llama “Sacred love” (2003).
Bien podría haberse dedicado Sting a la política ambiental o a amasar pan en un horno de barro etíope, en vez de haber contribuido a la separación de The Police. Una carrera inmaculada que fue luego degenerada por un antojo seudojazzístico, peligrosamente A.O.R., y que cayó en bagatelas como este álbum, y demás, apenas menos latosos, como “The soldier’s tale” y “Songs from the labyrinth” (en la que condimenta con calmantes la obra del compositor post-renacentista John Downland.). Y mejor ni hablar de bandas de sonido de films aptas para comatosos, tipo “Dolphins” o “Bee movie”.
Pensar que hay tanta gente insomne que permanece despabilada frente a alevosos lavados de cerebro pergeñados por la Iglesia Universal del Reino de Dios o hipnóticos anuncios de TeVeCompras, concebidos por egresados de la Gestapo. ¡Qué desperdicio de vida, señores! ¡Aquí esta su solución final! Prueben con una escucha entera de este tributo al Valium y verán cómo sus ojitos se entregan a los dominios del dios Hipnos, de la manera más plácida y menos angustiante, pues en esta obra anestésica ¡no sucede un carajo!
Un álbum de canciones incoloras, inodoras e insípidas, donde el artista mezcla todo tipo de sedantes -étnicos y pop-, y que los sumergirá en un estado embrionario del que únicamente podrán sobreponerse mediante una fuerte dosis de éxtasis. Prueben, si no me creen, barbaridades como “Inside”, “Send your love” (con el “superastro del flamenco” Vicente Amigo), “Whenever I say your name” (junto a la dudosa diva del soul Mary Jane Blige) y “The book of my life” (con Anoushka Shankar, otra hija de ya se imaginan quién). La única salvedad está dada por “This war”, donde la banda parece desperezarse un poco de la modorra sistematizada. De los demás números escapen prestamente, si no quieren quedar inertes de por vida, pues una vez adormecidos, los sorprenderá Sting disfrazado de Freddy Krueger.
Es bien cierto que, llegada cierta edad, hay que encontrar el equilibrio de la mente y el cuerpo. Siendo “Sacred love” el extremo catatónico de la cosa, habría que escuchar algo del antiguo Napalm Death para alcanzar el vértice excitante del rollo. El promedio entre ambas propuestas nos daría la verdadera armonía deseada; de lo contrario, se caería en un aburrimiento tal, que llevaría a uno a intentar embustes como la hipócrita reunión de Police, en 2007.
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Conclusión: Sting sostiene que dedica 8 horas diarias a hacer el amor tántrico con Trudie Styler, y previendo que 6 horas, como mínimo, las destine a dormir, le quedarían sólo 10 horas para sus asuntos particulares. Suponiendo que el salvataje de los manatíes y los derechos humanos en Burkina Faso le insuman unas 4 horas, con el agregado de 2 horas para resolver cuestiones de negocios, y 3 horas más para la vida familiar y el aseo personal, le restaría sólo una hora libre para componer y ensayar.
Ahora entiendo por qué le salen vaciedades como ésta…
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¿Este es el mismo tipo que cantó "Fall out"? Claro, aquella era una coyuntura en la que imperaba el punk rock, y ésta, la de un mundo fatalmente globalizado. Sting canta "Whenever I say your name", junto a Mary J. Blige, y nadie sale de la modorra. Pero no es culpa de la estrella del soul invitada. Es que un tema así no lo saca adelante ni Jello Biafra.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "The soldier's tale" (1988), "Dolphins" (2000), "Songs from the labyrynth" (2006), "If on a winter's night..." (2008) ó "Symphonicities" (2010).
ANTIDOTO: "Nothing like the sun" (1987).





