The Rock and Roll Hall of Shame

27/8/09

STING - Sacred love


Hace ya un tiempo publiqué en mi blog una encuesta que invitaba a votar la fórmula musical más acertada. He aquí, de nuevo, las opciones. Medítenlas.

½ Rolling Stones x Bob Marley (-1) = Viejas Locas
Reggaetón + distorsión + MTV = Limp Bizkit
Syd Barrett + Moody Blues ÷ alta gerencia = Pink Floyd
Deep Purple – originalidad + ¼ V8 x Beto Orlando = Rata Blanca
Bon Jovi + Los Nocheros = Maná
Axl Rose – (Slash x infinito) = Chinese democracy
Abba x Angra + castillismo + distorsión = Bare Infinity
Satriani – humildad x CQC = Diego Mizrahi
Sigur Rós – dinero + Radiohead = Bauer
Erasure + Virus ÷ (Scissor Sisters x Pimpinela) = Miranda!
Motörhead + Larralde + Goebbels = Almafuerte
Coldplay + delay ÷ i-pod + ONG = U2
Redonditos – (talento x obviedad) = Pier
Enrique Pinti x Coco Silly = Mona Jiménez
Indio Solari – (lucro cesante x impunidad) = Pato Fontanet
Paz Martinez + GG Allin = 0

Ahora permítanme definir una ecuación para Sting:
(Police x barrio privado) – (World music x tortuga azul apoliyando) + (8 hs. sexo tántrico x Live 8) = Gordon Sumner.

¡Atención fanáticos de Ricky Martin, Fergie, Joss Stone, Rihanna, Santana y toda esa caterva adulada por egresados de la efímera carrera de graboperfoverificación! Éste es el disco perfecto que colmará de dicha sus vacías vidas, el disco correcto que yo regalaría a un alto ejecutivo de una empresa petrolera si quisiera sumar puntos a mi currículum para ingresar en su staff, el disco ideal para cualquiera que desee poner una sucursal de McDonald’s en Bhután, y, por supuesto, el disco indicado para que nuestro matrimonio presidencial-imperial decida afincarse definitivamente en El Calafate, para abandonar sus sueños mesiánicos y no manipular más al vapuleado Pueblo.

La apoteosis del sueño eterno tiene su cenit en esta desgracia inhumana, más apropiada para un oso polar hibernando que para una anciana colmada de somníferos. La banda sonora, que puesta en modo ‘repeat all’, haría mucho más llevadero el letargo helado de Walt Disney. El álbum menos estimulante que jamás haya grabado el otrora maestro de escuela, ex-prócer de la new wave, y actual ícono de la new age, se llama “Sacred love” (2003).

Bien podría haberse dedicado Sting a la política ambiental o a amasar pan en un horno de barro etíope, en vez de haber contribuido a la separación de The Police. Una carrera inmaculada que fue luego degenerada por un antojo seudojazzístico, peligrosamente A.O.R., y que cayó en bagatelas como este álbum, y demás, apenas menos latosos, como “The soldier’s tale” y “Songs from the labyrinth” (en la que condimenta con calmantes la obra del compositor post-renacentista John Downland.). Y mejor ni hablar de bandas de sonido de films aptas para comatosos, tipo “Dolphins” o “Bee movie”.

Pensar que hay tanta gente insomne que permanece despabilada frente a alevosos lavados de cerebro pergeñados por la Iglesia Universal del Reino de Dios o hipnóticos anuncios de TeVeCompras, concebidos por egresados de la Gestapo. ¡Qué desperdicio de vida, señores! ¡Aquí esta su solución final! Prueben con una escucha entera de este tributo al Valium y verán cómo sus ojitos se entregan a los dominios del dios Hipnos, de la manera más plácida y menos angustiante, pues en esta obra anestésica ¡no sucede un carajo!

Un álbum de canciones incoloras, inodoras e insípidas, donde el artista mezcla todo tipo de sedantes -étnicos y pop-, y que los sumergirá en un estado embrionario del que únicamente podrán sobreponerse mediante una fuerte dosis de éxtasis. Prueben, si no me creen, barbaridades como “Inside”, “Send your love” (con el “superastro del flamenco” Vicente Amigo), “Whenever I say your name” (junto a la dudosa diva del soul Mary Jane Blige) y “The book of my life” (con Anoushka Shankar, otra hija de ya se imaginan quién). La única salvedad está dada por “This war”, donde la banda parece desperezarse un poco de la modorra sistematizada. De los demás números escapen prestamente, si no quieren quedar inertes de por vida, pues una vez adormecidos, los sorprenderá Sting disfrazado de Freddy Krueger.

Es bien cierto que, llegada cierta edad, hay que encontrar el equilibrio de la mente y el cuerpo. Siendo “Sacred love” el extremo catatónico de la cosa, habría que escuchar algo del antiguo Napalm Death para alcanzar el vértice excitante del rollo. El promedio entre ambas propuestas nos daría la verdadera armonía deseada; de lo contrario, se caería en un aburrimiento tal, que llevaría a uno a intentar embustes como la hipócrita reunión de Police, en 2007.
n
Conclusión: Sting sostiene que dedica 8 horas diarias a hacer el amor tántrico con Trudie Styler, y previendo que 6 horas, como mínimo, las destine a dormir, le quedarían sólo 10 horas para sus asuntos particulares. Suponiendo que el salvataje de los manatíes y los derechos humanos en Burkina Faso le insuman unas 4 horas, con el agregado de 2 horas para resolver cuestiones de negocios, y 3 horas más para la vida familiar y el aseo personal, le restaría sólo una hora libre para componer y ensayar.
Ahora entiendo por qué le salen vaciedades como ésta…
g
¿Este es el mismo tipo que cantó "Fall out"? Claro, aquella era una coyuntura en la que imperaba el punk rock, y ésta, la de un mundo fatalmente globalizado. Sting canta "Whenever I say your name", junto a Mary J. Blige, y nadie sale de la modorra. Pero no es culpa de la estrella del soul invitada. Es que un tema así no lo saca adelante ni Jello Biafra.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "The soldier's tale" (1988), "Dolphins" (2000), "Songs from the labyrynth" (2006), "If on a winter's night..." (2008) ó "Symphonicities" (2010).
ANTIDOTO: "Nothing like the sun" (1987).

16/8/09

BON JOVI - This left feels right



Elvira y Ernesto hacen su entrada triunfal por el pórtico del salón de fiestas, repleto de parientes e invitados. Los recién casados habían sugerido al disc-jockey que pusiera el clásico “It’s my life”, de Bon Jovi, pero el DJ, no muy avezado en discos de rock (como todo DJ) hace sonar la versión del álbum “This left feels right”, y la gente, estupefacta, comienza a abandonar el recinto, dejando sola a la pareja con toda la comida, el cotillón y una torta de siete pisos sin estrenar. El flamante matrimonio sobrevive apenas unos escasos días hasta el accidente fatal que pone fin a su viaje de bodas.

Randall, un científico que estudia a los pandas en los bosques de China, decide llevar para una expedición el álbum de grandes éxitos de Bon Jovi que un colega le ha obsequiado. Le parece buena idea animar con música a estos simpáticos animalitos en serio peligro de extinción, mas, como sabe mucho de zoología y poco y nada de hard-rock, les hace escuchar el éxito “Livin’ on a prayer”, pero en la versión del CD “This left feels right”. Sin explicación aparente, los pandas se despiertan de su apacible letargo y seguidamente caen como fulminados. Toda la comunidad es aniquilada y Randall se queda atónito, restregándose la barbilla.

Giovanna logra vender una costosa mansión en la isla de Capri a unos entusiastas compradores estadounidenses. El día de la operación, reúne a los interesados en su oficina, no teniendo mejor idea que reproducir en su estéreo la célebre balada “Bed of roses” para crear buen clima. Al no disponer del disco “Keep the faith”, no tiene más remedio que poner la adaptación incluida en “This left feels right”. Los potenciales adquirentes se levantan enfurecidos de sus asientos y se esfuman por la puerta de servicio. No sólo se pierde un negocio récord en la historia de los bienes raíces, sino que los compradores le inician una demanda millonaria por daños. Giovanna se embarca en un carguero pakistaní y desaparece del mapa.

Si “This left feels right” es un álbum que reúne los más grandes triunfos de la banda de Sayreville, New Jersey, ¿por qué razón fue el causante de tamañas adversidades?
Simplemente por un motivo inapelable: como a la banda se le habían terminado las luces hacía mucho tiempo, a algún manager se le ocurrió la “bendita” idea de readaptar sus más grandes sucesos y reunirlos en una especie de rejuvenecido “lo mejor de” para intentar recuperar el público perdido por tanto disparate editado con anterioridad, como “Crush” o “Bounce”. Sin embargo, los temas fueron tan vilmente arruinados y tan pésimamente arreglados, que casi dan por tierra una carrera de más de un cuarto de siglo, sólo en pos de un capricho monetario. He ahí el efecto malévolo de este delito auditivo, repleto de baladas empalagosas, de un gusto tan infame que harían dar arcadas a un médico forense con tendencias coprófagas. “Bad medicine”, “Lay your hands on me”, “You give love a bad name”, “Keep the faith” y otros tantos números otrora significativos -más los indicados ut-supra- fueron rearreglados en una veta tan acústica y parsimoniosa, que harían que un James Taylor parezca un astro de speed-metal en comparación, y tan ‘hortera’ y pueril, que lograrían que, a su lado, un Miguel Bosé se eleve al estatus de mártir anarquista.

Bon Jovi es un grupo que no ha gozado ciertamente del favor del consumidor masculino de heavy metal, pero sí del femenino de baladas tiernas, una audiencia siempre ávida de nuevos príncipes azules. Una agrupación que cimentó su gloria, en gran parte, gracias al carisma indudable del carilindo de John Francis Bongiovi (alias Jon Bon Jovi), lo que la llevó a vender una cantidad apabullante de discos a lo largo y ancho del Globo, pero que, luego de varias obras muy discutibles, llega a 2003 con las mentes de sus creadores vacías de inspiración y llenas de sedantes, para producir este oprobioso y miserable álbum de fallida “nostalgia”. Y no hablemos ya del título, que traducido sería “Esta izquierda se siente derecha”, lo que constituye toda una declaración de principios en sí misma.

Por último, sepan que este desastre marcó el rumbo inflexible de futuras porquerías, como el pegajoso “Have a nice day” y el excesivamente country “Lost highway”, que hundieron a la banda más y más en el hondo légamo cochino, sitial del que dudo que vuelva a levantarse alguna vez.
n
Advertencia: Hay un conocido dicho que reza: “los asientos de los managers están tapizados con piel de músico”. Si amás este álbum y sos manager, podría tocarte en suerte la parte de la espalda de algún buen guitarrista de hard rock. Pero si adorás este disco, y sos fan del antiguo Bon Jovi, seguro que te corresponderá un trozo del culo de algún percusionista de salsa.
g
Bon Jovi, en concierto, tocando "It's my life" ante una audiencia llena de preciosas féminas. Una ocasión únicamente ideal para jóvenes desesperados por la caza mayor. Todas las demás personas que no estén en situación de celo, habrán de concluir que de este tipo de eventos no se puede obtener nada más.


OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Crush" (2000), "Bounce" (2002), "Have a nice day" (2005), "Lost highway" (2007) y "The circle" (2009).
ANTIDOTO: "New Jersey" (1988).

7/8/09

OZZY OSBOURNE - Under cover


Mi ex–estimado Ozzy: ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Cómo puedo ser imparcial y bienintencionado luego de oír esta barbaridad que grabaste en 2005? ¿Te parece correcto arruinarme el fin de semana de ese modo tan gratuito e impune? ¿No tenías nada mejor que hacer que recurrir a tan gastado recurso para no caer en el aburrimiento? Bien podrías haber empleado mejor ese tiempo en hacer un largo viaje alrededor del mundo o iniciarte en deportes menos suicidas como el parapente o el salto bungee.
Nunca tan bien citado aquello de “cuando no hay nada que decir, es mejor no decir nada", que nunca me canso de afirmar, pero ahora lo hecho, hecho está, y ahora yo debo lidiar con este “Under cover” tuyo, que todavía sigo eructando como una lasaña en mal estado.

A ver… No es que hayas desfigurado las canciones ni reinventado las mismas. Nada de eso. No hiciste más que interpretarlas robóticamente, sin ningún sentimiento, ni ganas, ni fuerza, ni pasión. Y es que acá, en tu álbum de versiones, no ocurre nada trascendente. Y eso es lo imperdonable. Sigues teniendo esa voz tan chirriante y opiante que funcionó con mágica destreza en Black Sabbath y en tus obras solistas de metal clásico, pero que hace agua en estos temas, mucho más apropiados para otra clase de cantantes, y que contribuyeron sólo a satisfacer las voraces ansias de acumulación de capital de tu mujer, la insaciable Sharon.
No te bastó con hacer el ridículo en tu reality para la maligna MTV, un grotesco que luego perpetuaron tus colegas Gene Simmons, para la cadena A&E, y Brett Michaels, para VH1, y que algún día podría continuar el Pato Fontanet en el penal de Sierra Chica, pero para el Animal Planet.

Tu disco es aún más indecente y artificial que "In a metal mood", de Pat Boone, y no te deja precisamente un mal sabor en el paladar. No, no, no. Te brinda sobrados motivos para iniciar acciones legales al dueño de la disquería por no haberlo prevenido a uno de su perfidia. No quieras saber lo que te depararía a ti si te tuviera a mano. Tu bien ganada fama de “padrino del heavy metal” se ha desgranado sin remedio, haciéndote ver como un tísico “ahijado del bubblegum”, y tu prestigio de “príncipe de las tinieblas” se ha disuelto en gotitas de bilis, transformándote en un “lacayo de mañanas campestres”. Ya lo ves: la cabeza que le arrancaste con los dientes a aquella pobre paloma no sirvió de nada; tampoco aquel joven canadiense de 19 años que se suicidó escuchando un tema tuyo.

No todo lo que tocas se vuelve oro, Ozzy, porque no eres el rey Midas, ni mucho menos; más bien diría que tu disco es pura pirita, el “oro de los tontos”. Una nutrida lista de covers de artistas -que tú dices que te influenciaron en la juventud- pasa arbitrariamente por el reproductor sin que uno salga de su asombro. Decadentes e inútiles versiones de “Rocky mountain way” (Joe Walsh), “In my life” (The Beatles), “Mississippi queen” (Mountain), “Go now” (Moody blues), “Woman” (John Lennon), “21st. century schizoid man” (King Crimson), “All the young dudes” (David Bowie), “For what it's worth” (Buffalo Springfield), “Good times” (Eric Burdon), “Sunshine of your love” (Cream), “Fire” (Arthur Brown), “Working class hero” (¿Más John Lennon?) y “Sympathy for the devil” (Rolling Stones) conforman un paquete más adecuado para ser utilizado por la ETA que para refugio de un nostálgico desesperado. Y como si fuera poco, la versión dual disc incluye “Changes”, original de Sabbath cantado a dúo con la inútil regordeta de tu hija Kelly, de profesión ‘nena de papá’, y “Dinner with Ozzy”, un “mocumental” en el que, a pesar de repetir la palabrita “fuck” todo el tiempo, te ves como una rara mezcla entre el "Drácula" de Gary Oldman y la señora Mirtha Legrand.

Permíteme ahora una justa invocación:

Señores directivos del sello Epic,
señora manager Sharon Levy,
señor ingeniero de grabación Bruce Sugar,
señor productor Mark Hudson,
señor guitarrista Jerry Cantrell,
señor baterista Mike Bordin
señor bajista Chris Wyse
y tú mismo, por supuesto:
.
¡VÁYANSE TODOS A LA RAMERÍSIMA MATRONA QUE LOS CREÓ!
.
Las malas acciones se pagan en vida, Ozzy, y desde esta columna te conminamos a que pidas perdón por esta roña musical, teniendo la hombría de subirte por tus propios medios a un cohete que te lleve directo a Neptuno. Quizá te entusiasmes haciendo versiones de himnos de esas latitudes y no vuelvas por un buen tiempo a este planeta, so pena de ser apedreado (¿reality mediante?) en la plaza pública que Sharon (¿quién otra?) indique. ¡Por la dignidad de los autores que aquí deshonraste! Y no me vengas a hablar de “Black rain”, lo que me daría kilómetros de argumentos para seguir flagelándote sin piedad.
n
Síntesis: Si te encanta este álbum, podrías colaborar con Sharon en sus próximos proyectos para Ozzy: un disco de valses peruanos, cien Ozzfests más, o la enésima reunión de Black Sabbath (en formol) para su 50º aniversario. Todo vale con tal de que la caja registradora siga tintineando.
g
Más lacrimógeno que un telenovelón venezolano, más cursi que un libro de Corín Tellado y más falso que un álbum en vivo de Milli Vanilli, este dueto onda "complejo de Electra" me ha producido una urticaria que no se me quita con nada. Espero que a ustedes no les suceda lo mismo. Por las dudas, no lo vean más de treinta segundos.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Down to Earth" (2001), "Black rain" (2007) ó "Scream" (2009).
ANTIDOTO: "Blizzard of Ozz" (1980).