The Rock and Roll Hall of Shame

12/9/09

PASATIEMPO: Descubra el grupo oculto más sobrexpuesto del planeta

Eligiendo un nivel de dificultad (acorde con su fanatismo), arme este puzzle y podrá ver la imagen de una de las bandas más oligofrénicas del ancho mundo del rock and roll.
Sugerimos realizar este entretenimiento sólo si se dispone de demasiado tiempo en balde.


Jigsaw Puzzle by Crazyprofile.com

6/9/09

VILLAGE PEOPLE - Renaissance



Imploraba yo, mientras transcurría mi espeluznante excursión por el Valle de la Esfera Espejada, en Bailandia, que mi mal trance finalizara cuanto antes. Aquí y allá, vastas depresiones repletas de humo maloliente de acetato de vinilo achicharrado, plástico corrompido y papel ilustración ilegible revelaban los estragos perpetrados por el fuego perenne. La ascosidad se acumulaba a la vera del estrecho sendero y los precipicios, antes insondables, estaban atiborrados de deshechos rítmicos. Así, con la poca vista que tenía para clasificar la roña circundante, observé cómo se acopiaban los más increíbles ejemplares que el género discotequero pudo concebir. Caminé por un desfiladero que me llevó hasta la esencia misma de la malandanza reinante. Poco a poco pude hacerme de valor para afrontar los hedores de abandono cultural, y de ese modo, descubrir objetos que me eran familiares. Tiradas al azar, se amontonaban partituras de canciones olvidadas, alguna vez exitosas, una de las cuales me llamó la atención. Era “Born to be alive”, de Patrick Hernandez. Mi gemebunda memoria aún podía evocar su fugaz estribillo apisonado por el tiempo.

.

"Time was on my side

when I was running down the street,

it was so fine, fine, fine

A suitcase and an old guitar

and something new to occupy

my mind, mind, mind

You see you were born, born,

born to be alive."
.

Más boñiga se insinuaba ante mi absorto ser. Una portada medio incinerada del disco “Tear down these walls“, de Billy Ocean, escondía, vergonzante, el único álbum de Jazzy Mel, fundido con un magazine de la Ritchie Family. A su lado yacía un cassette sin cinta de Eddy Grant, etiquetado “En vivo en el Country Club de Banfield”.
Por doquier se esparcía la vergüenza, por lo que apuré mis pasos para salir del embotamiento que me invadía. Más adelante vi pedazos de memorandos pusilánimes, como aquél del sello Phonogram que felicitaba a Lipps Inc. por el éxito de “Pucker up”, una copia de la recesión del contrato por el que BMG expulsaba de su staff a Boney M., debido al fracaso de su “Eye dance”, y lo que más me conmovió: el organigrama de la campaña que encumbró al dúo Milli Vanilli a la condición de superastros.

Ah, ¿pero qué hacía yo en ese festival del ocaso? A la par que tejía un sinnúmero de conjeturas, mis pies tropezaban con una edición limitada de “Rock solid”, de Commodores, y mi cuerpo se hundió en un lodazal de viscosa resina. Lo último que alcancé a ver, antes de desvanecerme, fue un sobre interno despedazado del álbum “Unite”, de Kool & the Gang, y un flexidisc, ya convertido en triste cenicero, de Denise LaSalle, pues la líquida fetidez me llevó inconciente hasta una letrina natural en la que sobrenadaban más improperios artísticos. Volví en mí sobresaltado y, nadando como pude entre la suciedad, llegué hasta la orilla. Desde ese ángulo pude divisar un promontorio en el centro del mugriento lago, que, a modo de santuario, ostentaba varios ejemplares de “Renaissance”, de la banda insignia del disco sound californiano: Village People. Advertí que no estaba solo en esos parajes infernales, y que dicho tabernáculo había sido erigido adrede por criaturas del Averno. Entonces comprendí que aquello era una señal de seres confundidos que veneraban a dicha obra nociva.
Con restos de reediciones de “Rockollection”, de Laurent Voulzy, “Emotional rescue”, de los Rolling Stones, y el maxi-single “It’s alright”, de Gino Soccio, construí una balsa y remé hasta aquel altar. Allí descubrí un obsoleto reproductor de video que invitaba a ser encendido, mas no bien hube puesto la primera canción (“Do you wanna spend the night”), se vieron proyectadas en los acantilados imágenes de danzarines demoníacos disfrazados de coiffeurs, que iniciaron un atroz baile que no recuerdo haber visto ni en Música en Libertad. Amanerados performers que dejaban muy mal parados a los autores de “Macho man” y “Y.M.C.A.” acompañaban los monstruosos números pretendidamente new romantic, inequívocos indicios de que los Village People ya no eran aquellos divertidos pseudo gays, con atavíos de policía, cacique, albañil, marinero, motociclista y vaquero, sino espectros carroñeros ochentistas, émulos del peor chiste postmoderno.
La pesadilla parecía no terminar nunca, pero, por suerte, el timbre de casa me despertó anunciando a un vendedor de plumeros.

Al margen del mal sueño, “Renaissance” me pareció una de las ideas más colosalmente estúpidas de toda la historia de este estilo, que no se destacó precisamente por su brillantez. El fallido hit “5 o’clock in the morning”, el despreciable “Action man” (si fuera de Devo, merecería la silla eléctrica), más “Big mac” y “Diet”, posibles sobrantes del film “Can’t stop the music”, nos dan una clara imagen de lo desconcertados que estos tipos estaban en 1981. ¿Se habían vuelto punks? Digo esto porque “Food fight” suena a una pésima banda tributo a Ramones, incluido un órgano Farfisa muy sacado de contexto.
n
Epílogo: Mil gracias al gran Dante Alighieri por tanta inspiración, y un millón de gracias a Village People por haber sido los causantes de que en mi adolescencia haya elegido el difícil camino del rock, en vez de la cómoda autopista hacia el hedonismo bolichero.

g

Village People en un banquete medieval donde se comen los mejores cortes de la mejor carne de artistas "en serio" del género disco. Con lo que más tarde defecaron se produjo "Renaissance".






OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Fox on the box" (1982) ó "Sex over the phone" (1985).
ANTIDOTO: "Village People" (1977).