
Mi eterna y amada Mirna:
Aún puedo recordar tu rostro rubicundo y el contorno de tu cabellera azabache contrastando con los rayos del tenue sol del atardecer. Esas dichosas horas que pasábamos en aquella colina eternamente verde, oyendo las vergonzantes melodías que emanaban de nuestro estéreo portátil. Y aquellos graciosos comentarios recurrentes tuyos que acompañaban esas canciones repetitivas, que yo festejaba siempre con renovado deleite, mientras te acariciaba un hombro.
Me viene a la memoria la vez que me confiaste que odiabas las barbas tipo candado, mientras escuchábamos a Mudhoney. ¿Recuerdas que llevábamos de excursión los peores álbumes de grunge, sólo para reírnos de ellos durante horas? Nos mofábamos señalando que no le dábamos mucha vida al estilo, que David Geffen y la MTV se lo comerían crudo, del disco “Big top Halloween”, de Afghan Whigs, de “Full size boy”, de Bivouac, de “Freak show”, de Silverchair, y, en general, de toda la obra proveniente de esa pandilla de leñadores clase-B de la costa noroeste norteamericana, que se deprimían en su hastío de pueblerinos, repletos hasta la médula de speed barato y mala mezcla de glam-rock y post-punk. En cierta oportunidad, casi perdimos el sentido cuando escuchamos a Candlebox y Fecal Matter. Nos moríamos de risa, mi cielo, aunque hoy esa expresión suene aterradora y falta total de sentido.
Claro... Sobre todo nos desternillábamos con Hole, y sin tapujos, de la “viuda del grunge”, la reina de ese soso género llamado “riot grrrl”, la oportunista y mediocre cazafortunas de Courtney Love. Eran los primeros noventas, ¿te acuerdas? La época en que ella destruía a Nirvana y…
Ah, ¿pero qué habría dado yo a cambio de que ese tiempo pudiese permanecer eterno? ¿Quién no querría entregarlo todo para volver aunque más no sea por escasos minutos a aquel período de total regocijo? Sin embargo, hoy, a casi dos décadas de aquellos apacibles e inalcanzables momentos, me encuentro aquí, en este decrépito cementerio, contemplando melancólico tu impasible sepulcro, rogando al Cielo que vuelvas ahora mismo a contarme por enésima vez cuánto te enfurecía esa gente que escribe sus mochilas negras con Liquid-Paper.
Te fuiste hace una semana, luego de tantos años de felicidad que se me hicieron tan exiguos, y aún no salgo de mi asombro. Fue en nuestro departamento donde sucedió lo impensado. Yo te recalcaba en todo momento que éramos personas maduras y que “ya no estábamos para esos trotes”. No puedo entender por qué razón te empecinaste en conseguir -vía Soulseek- los temas aún inéditos del nuevo disco de Hole. ¿Hacía falta? ¿Todo por querer revivir los tiempos de carcajada continua que vivimos en aquella colina? Sí, está bien que Courtney no había editado un disco de Hole en doce años y que te morías por saber de qué se trataba. ¿“Morías”, dije? Claro, ¡y vaya si lo hiciste!, pues literalmente te moriste de risa, cariño.
Ya de entrada sonreíste al ver que “Nobody’s daughter” reproducía las imágenes de las reinas decapitadas María Antonieta y Ana Bolena, reafirmando el costado sangriento de la ex-diva, a quien se le atribuye haber tenido algo que ver con el trágico final de Kurt Cobain. “¿La decapitará la crítica?”, bromeabas.
Y escupiste el vino antes de una fuerte risotada cuando leíste que Billy Corgan y Linda Perry (productora de Kelly Osbourne) estaban involucrados en la fabricación de esta estafa repleta de estudiada distorsión.
Pero luego, con el transcurrir de canciones jocosas con títulos tan ridículos como “Skinny little bitch”, “Someone else’s bed”, “Never go hungry” y “How dirty girls get clean” (¿son autobiográficas?), te fuiste sofocando, incapaz de detener tu jolgorio. Es que esos temas, llenos de falsa insolencia y repletos de dinero fácil, no convencían a nadie.
“Si Courtney hubiese editado esta broma como solista, vaya y pase, pero haberle puesto la etiqueta de Hole es demasiado grotesco”, clamabas, cada vez más lívida, por la falta de aire.
Casi terminando el disco, y luego de tanto frenesí, alcanzaste el paroxismo, viéndote como una poseída, y entonces fue demasiado tarde: perdiste el equilibrio y caíste fulminada a la alfombra.
Un rictus sardónico quedó impreso en tu rostro y así quise que te velaran, pese a que tus padres me fulminaron con su mirada de desaprobación, pretendiendo componer tus facciones para el cierre del ataúd.
n
Epitafio: Adiós, vida mía. Sí, ríete por toda la Eternidad, pues yo no volveré a hacerlo.
Juro que cuando vuelva a formar pareja, lo haré con alguien que no se mofe de la música. No podría soportar de nuevo lo que ocurrió contigo. Y créeme que empezaré a escuchar cosas mucho más serias. Al respecto, alguien me sugirió el último álbum de Alice In Chains, aunque otro me alertó que con eso me reuniría contigo en menos de lo que cante un gallo.
Mientras tanto, en algún lugar de Los Angeles, Courtney Love se ríe de esta carta. (Se ríe con ganas.)
Aún puedo recordar tu rostro rubicundo y el contorno de tu cabellera azabache contrastando con los rayos del tenue sol del atardecer. Esas dichosas horas que pasábamos en aquella colina eternamente verde, oyendo las vergonzantes melodías que emanaban de nuestro estéreo portátil. Y aquellos graciosos comentarios recurrentes tuyos que acompañaban esas canciones repetitivas, que yo festejaba siempre con renovado deleite, mientras te acariciaba un hombro.
Me viene a la memoria la vez que me confiaste que odiabas las barbas tipo candado, mientras escuchábamos a Mudhoney. ¿Recuerdas que llevábamos de excursión los peores álbumes de grunge, sólo para reírnos de ellos durante horas? Nos mofábamos señalando que no le dábamos mucha vida al estilo, que David Geffen y la MTV se lo comerían crudo, del disco “Big top Halloween”, de Afghan Whigs, de “Full size boy”, de Bivouac, de “Freak show”, de Silverchair, y, en general, de toda la obra proveniente de esa pandilla de leñadores clase-B de la costa noroeste norteamericana, que se deprimían en su hastío de pueblerinos, repletos hasta la médula de speed barato y mala mezcla de glam-rock y post-punk. En cierta oportunidad, casi perdimos el sentido cuando escuchamos a Candlebox y Fecal Matter. Nos moríamos de risa, mi cielo, aunque hoy esa expresión suene aterradora y falta total de sentido.
Claro... Sobre todo nos desternillábamos con Hole, y sin tapujos, de la “viuda del grunge”, la reina de ese soso género llamado “riot grrrl”, la oportunista y mediocre cazafortunas de Courtney Love. Eran los primeros noventas, ¿te acuerdas? La época en que ella destruía a Nirvana y…
Ah, ¿pero qué habría dado yo a cambio de que ese tiempo pudiese permanecer eterno? ¿Quién no querría entregarlo todo para volver aunque más no sea por escasos minutos a aquel período de total regocijo? Sin embargo, hoy, a casi dos décadas de aquellos apacibles e inalcanzables momentos, me encuentro aquí, en este decrépito cementerio, contemplando melancólico tu impasible sepulcro, rogando al Cielo que vuelvas ahora mismo a contarme por enésima vez cuánto te enfurecía esa gente que escribe sus mochilas negras con Liquid-Paper.
Te fuiste hace una semana, luego de tantos años de felicidad que se me hicieron tan exiguos, y aún no salgo de mi asombro. Fue en nuestro departamento donde sucedió lo impensado. Yo te recalcaba en todo momento que éramos personas maduras y que “ya no estábamos para esos trotes”. No puedo entender por qué razón te empecinaste en conseguir -vía Soulseek- los temas aún inéditos del nuevo disco de Hole. ¿Hacía falta? ¿Todo por querer revivir los tiempos de carcajada continua que vivimos en aquella colina? Sí, está bien que Courtney no había editado un disco de Hole en doce años y que te morías por saber de qué se trataba. ¿“Morías”, dije? Claro, ¡y vaya si lo hiciste!, pues literalmente te moriste de risa, cariño.
Ya de entrada sonreíste al ver que “Nobody’s daughter” reproducía las imágenes de las reinas decapitadas María Antonieta y Ana Bolena, reafirmando el costado sangriento de la ex-diva, a quien se le atribuye haber tenido algo que ver con el trágico final de Kurt Cobain. “¿La decapitará la crítica?”, bromeabas.
Y escupiste el vino antes de una fuerte risotada cuando leíste que Billy Corgan y Linda Perry (productora de Kelly Osbourne) estaban involucrados en la fabricación de esta estafa repleta de estudiada distorsión.
Pero luego, con el transcurrir de canciones jocosas con títulos tan ridículos como “Skinny little bitch”, “Someone else’s bed”, “Never go hungry” y “How dirty girls get clean” (¿son autobiográficas?), te fuiste sofocando, incapaz de detener tu jolgorio. Es que esos temas, llenos de falsa insolencia y repletos de dinero fácil, no convencían a nadie.
“Si Courtney hubiese editado esta broma como solista, vaya y pase, pero haberle puesto la etiqueta de Hole es demasiado grotesco”, clamabas, cada vez más lívida, por la falta de aire.
Casi terminando el disco, y luego de tanto frenesí, alcanzaste el paroxismo, viéndote como una poseída, y entonces fue demasiado tarde: perdiste el equilibrio y caíste fulminada a la alfombra.
Un rictus sardónico quedó impreso en tu rostro y así quise que te velaran, pese a que tus padres me fulminaron con su mirada de desaprobación, pretendiendo componer tus facciones para el cierre del ataúd.
n
Epitafio: Adiós, vida mía. Sí, ríete por toda la Eternidad, pues yo no volveré a hacerlo.
Juro que cuando vuelva a formar pareja, lo haré con alguien que no se mofe de la música. No podría soportar de nuevo lo que ocurrió contigo. Y créeme que empezaré a escuchar cosas mucho más serias. Al respecto, alguien me sugirió el último álbum de Alice In Chains, aunque otro me alertó que con eso me reuniría contigo en menos de lo que cante un gallo.
Mientras tanto, en algún lugar de Los Angeles, Courtney Love se ríe de esta carta. (Se ríe con ganas.)
g
Los adolescentes ya crecieron y los viejos seguidores de Hole ya están muertos o agonizando. Entonces ¿a quiénes se les podría vender esto?
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay.
ANTIDOTO: "Live through this" (1994).
