The Rock and Roll Hall of Shame

Mostrando entradas con la etiqueta The Residents. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta The Residents. Mostrar todas las entradas

3/10/07

THE RESIDENTS - The big bubble


¿Qué clase de fan de The Residents soy si considero que sólo la mitad de su producción es brillante? ¿Será por el hecho de que sigo esperando que ellos me vuelvan a sorprender con alguna nueva joya irreverente como las del ayer?
Este cuarteto de San Mateo, California, famoso por ocultar sus identidades y rostros por 37 años, y por descuartizar la música convencional en formatos oligofrénicos, juguetones y marcianos, me cambió la forma de pensar y de concebir el arte para siempre. Estos desquiciados geniales, de quienes cierta vez un señor mayor –munido de una biblia- en el Parque Rivadavia, me dijera que “los Residents son los nuevos Beatles de la nueva era absurda venidera”, me han hecho feliz como pocos. Sepan que los amo y amaré siempre, aunque ya no hagan álbumes tan notables como “Eskimo”, “Commercial album”, "Not available", “Duck stab/Buster & Glenn” o “The third Reich’n’roll, aunque su música se haya convertido en una parodia de si misma, aunque ya no me sorprendan con ninguna irreverencia prodigiosa más, aunque suenen demasiado ambientales, digitales y hasta tolerables por momentos (léase: aburridos y previsibles), y aunque algún día se sepa finalmente quiénes son. (¿Le importará esto a alguien?)
.
Hacia comienzos de los ’80s, luego de transitar su periodo más fecundo y honroso, The Residents buscaban nuevos horizontes. Y el camino a seguir se dio a través de una saga compleja dedicada a la vida del pueblo “mole” (topo), que vive en cavernas subterráneas, y que por habérsele desplomado el techo, debe salir a la superficie y convivir –no sin problemas- con la otra civilización de la trama, más occidental y burguesa, llamada los “chubs” (gorditos). De esa manera y bajo estos parámetros, se editaban tres discos en el marco de una trilogía: “Mark of the mole” (1981), “The tunes of two cities” (1982), y “The Mole show – Live in Holland” (1983), que desgranan y ahondan en el concepto referido hasta la saciedad. Así debió haberse cerrado esta trilogía, con sus tres discos, pero no… Tuvo que llegar la parte cuatro, o mejor dicho, la cuarta rueda del triciclo.
.
El más intencionalmente disgustoso álbum de los 'hombres-ojo' se llama “The big bubble” (1985). El concepto es que cuatro topos forman una banda, The Big Bubble, que promueve la idea de un movimiento separatista patriótico tendiente a crear una nueva nación, y que interpreta su música ancestral -sus cantares oscuros subterráneos-, pero ahora bajo la influencia del estilo "cabaretero y jazzero" de los chubs, que se demuestra con el uso de sintetizadores y guitarras distorsionadas. Sin embargo, y como ya dije, esta idea ya había sido desarrollada en “The tunes of two cities”, de un modo más genérico, por lo que la edición de este álbum era por demás redundante. Las canciones, sencillamente irritantes y sin ningún sentido, se suceden sin respiro a través de tediosas y simplonas melodías que básicamente alternan dos acordes menores espantosos, coronados con una vocalización infradotada que no tiene el menor sentido. Todos los temas son iguales, unidimensionales, sofocantes, trágicos en exceso y, por lo tanto, francamente insoportables. Un solo número zafa en un intento de una mínima melodía: “Kula Bocca says so”, y en “Cry for the fire”, hay un impresionante solo de guitarra a cargo del gran Snakefinger (Dios lo tenga en la gloria). El resto es como saborear una ensalada de ruda y tabaco.
He intentado infinidad de veces escuchar los 11 temas del álbum de punta a punta, pero juro que fallé una y otra vez en mi cometido. Sencillamente porque no hay forma de lograrlo. Créanme... ¡No la hay!
.
En teoría, ésta no era una mala idea, pero por la Virgen que los temas son por demás intolerables hasta el quinto caracú. Igual, hay que ser justos… La tapa es genial, mostrando a los cuatro integrantes del grupo The Big Bubble con caruchas más que interesantes. Algunos han sugerido que podrían ser los propios Residents “ocultos” tras la intención de este disco “interpretado” por la banda apócrifa mencionada. Algo así como los padres que asesinan a su propio hijo y que encaran una campaña mundial de búsqueda desesperada del mismo. ¿Quién podría sospechar de ellos?
.
Así y todo cabe la pregunta ineludible: ¿por qué carajo solventaron semejante desperdicio los Residents? ¿Sólo para reafirmar su liderazgo en la bizarría? OK. Si es así, lo lograron. Pero a no confundirse, señores. Una cosa es vanguardia, otra cosa es irreverencia, y otra muy distinta es basura premeditada. En ciertas latitudes, y para bien de mucho chanta suelto proveniente del autodenominado "Adrogué sound", estos tres conceptos se mezclan sospechosamente.
n
Conclusión: Si tenés este disco, deshacete inmediatamente de él. Y ni se te ocurra pasearte con eso por el Parque Rivadavia. Todavía merodea por allí el hombre mayor con la biblia en la mano. Tené cuidado. Porque no te va a decir que llevás un disco de los nuevos Beatles de la nueva era absurda venidera. Te va a decir que eso es un pirata de La Mancha de Rolando.
g
Les traigo esta tarde
"Cry for the fire" en vivo.
Si esto es avant-garde,
yo soy manager de Il Divo.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Have a bad day" (1996) ó "The voice of midnight" (2007)
ANTIDOTO: "The third Reich 'n roll" (1976)