Eligiendo un nivel de dificultad (acorde con su fanatismo), arme este puzzle y podrá ver la imagen de una de las bandas más oligofrénicas del ancho mundo del rock and roll. Sugerimos realizar este entretenimiento sólo si se dispone de demasiado tiempo en balde.
Imploraba yo, mientras transcurría mi espeluznante excursión por el Valle de la Esfera Espejada, en Bailandia, que mi mal trance finalizara cuanto antes. Aquí y allá, vastas depresiones repletas de humo maloliente de acetato de vinilo achicharrado, plástico corrompido y papel ilustración ilegible revelaban los estragos perpetrados por el fuego perenne. La ascosidad se acumulaba a la vera del estrecho sendero y los precipicios, antes insondables, estaban atiborrados de deshechos rítmicos. Así, con la poca vista que tenía para clasificar la roña circundante, observé cómo se acopiaban los más increíbles ejemplares que el género discotequero pudo concebir. Caminé por un desfiladero que me llevó hasta la esencia misma de la malandanza reinante. Poco a poco pude hacerme de valor para afrontar los hedores de abandono cultural, y de ese modo, descubrir objetos que me eran familiares. Tiradas al azar, se amontonaban partituras de canciones olvidadas, alguna vez exitosas, una de las cuales me llamó la atención. Era “Born to be alive”, de Patrick Hernandez. Mi gemebunda memoria aún podía evocar su fugaz estribillo apisonado por el tiempo.
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"Time was on my side
when I was running down the street,
it was so fine, fine, fine
A suitcase and an old guitar
and something new to occupy
my mind, mind, mind
You see you were born, born,
born to be alive." .
Más boñiga se insinuaba ante mi absorto ser. Una portada medio incinerada del disco “Tear down these walls“, de Billy Ocean, escondía, vergonzante, el único álbum de Jazzy Mel, fundido con un magazine de la Ritchie Family. A su lado yacía un cassette sin cinta de Eddy Grant, etiquetado “En vivo en el Country Club de Banfield”. Por doquier se esparcía la vergüenza, por lo que apuré mis pasos para salir del embotamiento que me invadía. Más adelante vi pedazos de memorandos pusilánimes, como aquél del sello Phonogram que felicitaba a Lipps Inc. por el éxito de “Pucker up”, una copia de la recesión del contrato por el que BMG expulsaba de su staff a Boney M., debido al fracaso de su “Eye dance”, y lo que más me conmovió: el organigrama de la campaña que encumbró al dúo Milli Vanilli a la condición de superastros.
Ah, ¿pero qué hacía yo en ese festival del ocaso? A la par que tejía un sinnúmero de conjeturas, mis pies tropezaban con una edición limitada de “Rock solid”, de Commodores, y mi cuerpo se hundió en un lodazal de viscosa resina. Lo último que alcancé a ver, antes de desvanecerme, fue un sobre interno despedazado del álbum “Unite”, de Kool & the Gang, y un flexidisc, ya convertido en triste cenicero, de Denise LaSalle, pues la líquida fetidez me llevó inconciente hasta una letrina natural en la que sobrenadaban más improperios artísticos. Volví en mí sobresaltado y, nadando como pude entre la suciedad, llegué hasta la orilla. Desde ese ángulo pude divisar un promontorio en el centro del mugriento lago, que, a modo de santuario, ostentaba varios ejemplares de “Renaissance”, de la banda insignia del disco sound californiano: Village People. Advertí que no estaba solo en esos parajes infernales, y que dicho tabernáculo había sido erigido adrede por criaturas del Averno. Entonces comprendí que aquello era una señal de seres confundidos que veneraban a dicha obra nociva. Con restos de reediciones de “Rockollection”, de Laurent Voulzy, “Emotional rescue”, de los Rolling Stones, y el maxi-single “It’s alright”, de Gino Soccio, construí una balsa y remé hasta aquel altar. Allí descubrí un obsoleto reproductor de video que invitaba a ser encendido, mas no bien hube puesto la primera canción (“Do you wanna spend the night”), se vieron proyectadas en los acantilados imágenes de danzarines demoníacos disfrazados de coiffeurs, que iniciaron un atroz baile que no recuerdo haber visto ni en Música en Libertad. Amanerados performers que dejaban muy mal parados a los autores de “Macho man” y “Y.M.C.A.” acompañaban los monstruosos números pretendidamente new romantic, inequívocos indicios de que los Village People ya no eran aquellos divertidos pseudo gays, con atavíos de policía, cacique, albañil, marinero, motociclista y vaquero, sino espectros carroñeros ochentistas, émulos del peor chiste postmoderno. La pesadilla parecía no terminar nunca, pero, por suerte, el timbre de casa me despertó anunciando a un vendedor de plumeros.
Al margen del mal sueño, “Renaissance” me pareció una de las ideas más colosalmente estúpidas de toda la historia de este estilo, que no se destacó precisamente por su brillantez. El fallido hit “5 o’clock in the morning”, el despreciable “Action man” (si fuera de Devo, merecería la silla eléctrica), más “Big mac” y “Diet”, posibles sobrantes del film “Can’t stop the music”, nos dan una clara imagen de lo desconcertados que estos tipos estaban en 1981. ¿Se habían vuelto punks? Digo esto porque “Food fight” suena a una pésima banda tributo a Ramones, incluido un órgano Farfisa muy sacado de contexto. n Epílogo: Mil gracias al gran Dante Alighieri por tanta inspiración, y un millón de gracias a Village People por haber sido los causantes de que en mi adolescencia haya elegido el difícil camino del rock, en vez de la cómoda autopista hacia el hedonismo bolichero.
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Village People en un banquete medieval donde se comen los mejores cortes de la mejor carne de artistas "en serio" del género disco. Con lo que más tarde defecaron se produjo "Renaissance".
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Fox on the box" (1982) ó "Sex over the phone" (1985). ANTIDOTO: "Village People" (1977).
Hace ya un tiempo publiqué en mi blog una encuesta que invitaba a votar la fórmula musical más acertada. He aquí, de nuevo, las opciones. Medítenlas.
½ Rolling Stones x Bob Marley (-1) = Viejas Locas
Reggaetón + distorsión + MTV = Limp Bizkit
Syd Barrett + Moody Blues ÷ alta gerencia = Pink Floyd
Deep Purple – originalidad + ¼ V8 x Beto Orlando = Rata Blanca
Bon Jovi + Los Nocheros = Maná
Axl Rose – (Slash x infinito) = Chinese democracy
Abba x Angra + castillismo + distorsión = Bare Infinity
Satriani – humildad x CQC = Diego Mizrahi
Sigur Rós – dinero + Radiohead = Bauer
Erasure + Virus ÷ (Scissor Sisters x Pimpinela) = Miranda!
Motörhead + Larralde + Goebbels = Almafuerte
Coldplay + delay ÷ i-pod + ONG = U2
Redonditos – (talento x obviedad) = Pier
Enrique Pinti x Coco Silly = Mona Jiménez
Indio Solari – (lucro cesante x impunidad) = Pato Fontanet
Paz Martinez + GG Allin = 0
Ahora permítanme definir una ecuación para Sting:
(Police x barrio privado) – (World music x tortuga azul apoliyando) + (8 hs. sexo tántrico x Live 8) = Gordon Sumner.
¡Atención fanáticos de Ricky Martin, Fergie, Joss Stone, Rihanna, Santana y toda esa caterva adulada por egresados de la efímera carrera de graboperfoverificación! Éste es el disco perfecto que colmará de dicha sus vacías vidas, el disco correcto que yo regalaría a un alto ejecutivo de una empresa petrolera si quisiera sumar puntos a mi currículum para ingresar en su staff, el disco ideal para cualquiera que desee poner una sucursal de McDonald’s en Bhután, y, por supuesto, el disco indicado para que nuestro matrimonio presidencial-imperial decida afincarse definitivamente en El Calafate, para abandonar sus sueños mesiánicos y no manipular más al vapuleado Pueblo.
La apoteosis del sueño eterno tiene su cenit en esta desgracia inhumana, más apropiada para un oso polar hibernando que para una anciana colmada de somníferos. La banda sonora, que puesta en modo ‘repeat all’, haría mucho más llevadero el letargo helado de Walt Disney. El álbum menos estimulante que jamás haya grabado el otrora maestro de escuela, ex-prócer de la new wave, y actual ícono de la new age, se llama “Sacred love” (2003).
Bien podría haberse dedicado Sting a la política ambiental o a amasar pan en un horno de barro etíope, en vez de haber contribuido a la separación de The Police. Una carrera inmaculada que fue luego degenerada por un antojo seudojazzístico, peligrosamente A.O.R., y que cayó en bagatelas como este álbum, y demás, apenas menos latosos, como “The soldier’s tale” y “Songs from the labyrinth” (en la que condimenta con calmantes la obra del compositor post-renacentista John Downland.). Y mejor ni hablar de bandas de sonido de films aptas para comatosos, tipo “Dolphins” o “Bee movie”.
Pensar que hay tanta gente insomne que permanece despabilada frente a alevosos lavados de cerebro pergeñados por la Iglesia Universal del Reino de Dios o hipnóticos anuncios de TeVeCompras, concebidos por egresados de la Gestapo. ¡Qué desperdicio de vida, señores! ¡Aquí esta su solución final! Prueben con una escucha entera de este tributo al Valium y verán cómo sus ojitos se entregan a los dominios del dios Hipnos, de la manera más plácida y menos angustiante, pues en esta obra anestésica ¡no sucede un carajo!
Un álbum de canciones incoloras, inodoras e insípidas, donde el artista mezcla todo tipo de sedantes -étnicos y pop-, y que los sumergirá en un estado embrionario del que únicamente podrán sobreponerse mediante una fuerte dosis de éxtasis. Prueben, si no me creen, barbaridades como “Inside”, “Send your love” (con el “superastro del flamenco” Vicente Amigo), “Whenever I say your name” (junto a la dudosa diva del soul Mary Jane Blige) y “The book of my life” (con Anoushka Shankar, otra hija de ya se imaginan quién). La única salvedad está dada por “This war”, donde la banda parece desperezarse un poco de la modorra sistematizada. De los demás números escapen prestamente, si no quieren quedar inertes de por vida, pues una vez adormecidos, los sorprenderá Sting disfrazado de Freddy Krueger.
Es bien cierto que, llegada cierta edad, hay que encontrar el equilibrio de la mente y el cuerpo. Siendo “Sacred love” el extremo catatónico de la cosa, habría que escuchar algo del antiguo Napalm Death para alcanzar el vértice excitante del rollo. El promedio entre ambas propuestas nos daría la verdadera armonía deseada; de lo contrario, se caería en un aburrimiento tal, que llevaría a uno a intentar embustes como la hipócrita reunión de Police, en 2007.
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Conclusión: Sting sostiene que dedica 8 horas diarias a hacer el amor tántrico con Trudie Styler, y previendo que 6 horas, como mínimo, las destine a dormir, le quedarían sólo 10 horas para sus asuntos particulares. Suponiendo que el salvataje de los manatíes y los derechos humanos en Burkina Faso le insuman unas 4 horas, con el agregado de 2 horas para resolver cuestiones de negocios, y 3 horas más para la vida familiar y el aseo personal, le restaría sólo una hora libre para componer y ensayar.
Ahora entiendo por qué le salen vaciedades como ésta…
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¿Este es el mismo tipo que cantó "Fall out"? Claro, aquella era una coyuntura en la que imperaba el punk rock, y ésta, la de un mundo fatalmente globalizado. Sting canta "Whenever I say your name", junto a Mary J. Blige, y nadie sale de la modorra. Pero no es culpa de la estrella del soul invitada. Es que un tema así no lo saca adelante ni Jello Biafra.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "The soldier's tale" (1988), "Dolphins" (2000), "Songs from the labyrynth" (2006), "If on a winter's night..." (2008) ó "Symphonicities" (2010). ANTIDOTO: "Nothing like the sun" (1987).
Elvira y Ernesto hacen su entrada triunfal por el pórtico del salón de fiestas, repleto de parientes e invitados. Los recién casados habían sugerido al disc-jockey que pusiera el clásico “It’s my life”, de Bon Jovi, pero el DJ, no muy avezado en discos de rock (como todo DJ) hace sonar la versión del álbum “This left feels right”, y la gente, estupefacta, comienza a abandonar el recinto, dejando sola a la pareja con toda la comida, el cotillón y una torta de siete pisos sin estrenar. El flamante matrimonio sobrevive apenas unos escasos días hasta el accidente fatal que pone fin a su viaje de bodas.
Randall, un científico que estudia a los pandas en los bosques de China, decide llevar para una expedición el álbum de grandes éxitos de Bon Jovi que un colega le ha obsequiado. Le parece buena idea animar con música a estos simpáticos animalitos en serio peligro de extinción, mas, como sabe mucho de zoología y poco y nada de hard-rock, les hace escuchar el éxito “Livin’ on a prayer”, pero en la versión del CD “This left feels right”. Sin explicación aparente, los pandas se despiertan de su apacible letargo y seguidamente caen como fulminados. Toda la comunidad es aniquilada y Randall se queda atónito, restregándose la barbilla.
Giovanna logra vender una costosa mansión en la isla de Capri a unos entusiastas compradores estadounidenses. El día de la operación, reúne a los interesados en su oficina, no teniendo mejor idea que reproducir en su estéreo la célebre balada “Bed of roses” para crear buen clima. Al no disponer del disco “Keep the faith”, no tiene más remedio que poner la adaptación incluida en “This left feels right”. Los potenciales adquirentes se levantan enfurecidos de sus asientos y se esfuman por la puerta de servicio. No sólo se pierde un negocio récord en la historia de los bienes raíces, sino que los compradores le inician una demanda millonaria por daños. Giovanna se embarca en un carguero pakistaní y desaparece del mapa.
Si “This left feels right” es un álbum que reúne los más grandes triunfos de la banda de Sayreville, New Jersey, ¿por qué razón fue el causante de tamañas adversidades? Simplemente por un motivo inapelable: como a la banda se le habían terminado las luces hacía mucho tiempo, a algún manager se le ocurrió la “bendita” idea de readaptar sus más grandes sucesos y reunirlos en una especie de rejuvenecido “lo mejor de” para intentar recuperar el público perdido por tanto disparate editado con anterioridad, como “Crush” o “Bounce”. Sin embargo, los temas fueron tan vilmente arruinados y tan pésimamente arreglados, que casi dan por tierra una carrera de más de un cuarto de siglo, sólo en pos de un capricho monetario. He ahí el efecto malévolo de este delito auditivo, repleto de baladas empalagosas, de un gusto tan infame que harían dar arcadas a un médico forense con tendencias coprófagas. “Bad medicine”, “Lay your hands on me”, “You give love a bad name”, “Keep the faith” y otros tantos números otrora significativos -más los indicados ut-supra- fueron rearreglados en una veta tan acústica y parsimoniosa, que harían que un James Taylor parezca un astro de speed-metal en comparación, y tan ‘hortera’ y pueril, que lograrían que, a su lado, un Miguel Bosé se eleve al estatus de mártir anarquista.
Bon Jovi es un grupo que no ha gozado ciertamente del favor del consumidor masculino de heavy metal, pero sí del femenino de baladas tiernas, una audiencia siempre ávida de nuevos príncipes azules. Una agrupación que cimentó su gloria, en gran parte, gracias al carisma indudable del carilindo de John Francis Bongiovi (alias Jon Bon Jovi), lo que la llevó a vender una cantidad apabullante de discos a lo largo y ancho del Globo, pero que, luego de varias obras muy discutibles, llega a 2003 con las mentes de sus creadores vacías de inspiración y llenas de sedantes, para producir este oprobioso y miserable álbum de fallida “nostalgia”. Y no hablemos ya del título, que traducido sería “Esta izquierda se siente derecha”, lo que constituye toda una declaración de principios en sí misma.
Por último, sepan que este desastre marcó el rumbo inflexible de futuras porquerías, como el pegajoso “Have a nice day” y el excesivamente country “Lost highway”, que hundieron a la banda más y más en el hondo légamo cochino, sitial del que dudo que vuelva a levantarse alguna vez. n Advertencia: Hay un conocido dicho que reza: “los asientos de los managers están tapizados con piel de músico”. Si amás este álbum y sos manager, podría tocarte en suerte la parte de la espalda de algún buen guitarrista de hard rock. Pero si adorás este disco, y sos fan del antiguo Bon Jovi, seguro que te corresponderá un trozo del culo de algún percusionista de salsa.
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Bon Jovi, en concierto, tocando "It's my life" ante una audiencia llena de preciosas féminas. Una ocasión únicamente ideal para jóvenes desesperados por la caza mayor. Todas las demás personas que no estén en situación de celo, habrán de concluir que de este tipo de eventos no se puede obtener nada más.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Crush" (2000), "Bounce" (2002), "Have a nice day" (2005), "Lost highway" (2007) y "The circle" (2009). ANTIDOTO: "New Jersey" (1988).
Mi ex–estimado Ozzy: ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Cómo puedo ser imparcial y bienintencionado luego de oír esta barbaridad que grabaste en 2005? ¿Te parece correcto arruinarme el fin de semana de ese modo tan gratuito e impune? ¿No tenías nada mejor que hacer que recurrir a tan gastado recurso para no caer en el aburrimiento? Bien podrías haber empleado mejor ese tiempo en hacer un largo viaje alrededor del mundo o iniciarte en deportes menos suicidas como el parapente o el salto bungee. Nunca tan bien citado aquello de “cuando no hay nada que decir, es mejor no decir nada", que nunca me canso de afirmar, pero ahora lo hecho, hecho está, y ahora yo debo lidiar con este “Under cover” tuyo, que todavía sigo eructando como una lasaña en mal estado.
A ver… No es que hayas desfigurado las canciones ni reinventado las mismas. Nada de eso. No hiciste más que interpretarlas robóticamente, sin ningún sentimiento, ni ganas, ni fuerza, ni pasión. Y es que acá, en tu álbum de versiones, no ocurre nada trascendente. Y eso es lo imperdonable. Sigues teniendo esa voz tan chirriante y opiante que funcionó con mágica destreza en Black Sabbath y en tus obras solistas de metal clásico, pero que hace agua en estos temas, mucho más apropiados para otra clase de cantantes, y que contribuyeron sólo a satisfacer las voraces ansias de acumulación de capital de tu mujer, la insaciable Sharon.
No te bastó con hacer el ridículo en tu reality para la maligna MTV, un grotesco que luego perpetuaron tus colegas Gene Simmons, para la cadena A&E, y Brett Michaels, para VH1, y que algún día podría continuar el Pato Fontanet en el penal de Sierra Chica, pero para el Animal Planet.
Tu disco es aún más indecente y artificial que "In a metal mood", de Pat Boone, y no te deja precisamente un mal sabor en el paladar. No, no, no. Te brinda sobrados motivos para iniciar acciones legales al dueño de la disquería por no haberlo prevenido a uno de su perfidia. No quieras saber lo que te depararía a ti si te tuviera a mano. Tu bien ganada fama de “padrino del heavy metal” se ha desgranado sin remedio, haciéndote ver como un tísico “ahijado del bubblegum”, y tu prestigio de “príncipe de las tinieblas” se ha disuelto en gotitas de bilis, transformándote en un “lacayo de mañanas campestres”. Ya lo ves: la cabeza que le arrancaste con los dientes a aquella pobre paloma no sirvió de nada; tampoco aquel joven canadiense de 19 años que se suicidó escuchando un tema tuyo.
No todo lo que tocas se vuelve oro, Ozzy, porque no eres el rey Midas, ni mucho menos; más bien diría que tu disco es pura pirita, el “oro de los tontos”. Una nutrida lista de covers de artistas -que tú dices que te influenciaron en la juventud- pasa arbitrariamente por el reproductor sin que uno salga de su asombro. Decadentes e inútiles versiones de “Rocky mountain way” (Joe Walsh), “In my life” (The Beatles), “Mississippi queen” (Mountain), “Go now” (Moody blues), “Woman” (John Lennon), “21st. century schizoid man” (King Crimson), “All the young dudes” (David Bowie), “For what it's worth” (Buffalo Springfield), “Good times” (Eric Burdon), “Sunshine of your love” (Cream), “Fire” (Arthur Brown), “Working class hero” (¿Más John Lennon?) y “Sympathy for the devil” (Rolling Stones) conforman un paquete más adecuado para ser utilizado por la ETA que para refugio de un nostálgico desesperado. Y como si fuera poco, la versión dual disc incluye “Changes”, original de Sabbath cantado a dúo con la inútil regordeta de tu hija Kelly, de profesión ‘nena de papá’, y “Dinner with Ozzy”, un “mocumental” en el que, a pesar de repetir la palabrita “fuck” todo el tiempo, te ves como una rara mezcla entre el "Drácula" de Gary Oldman y la señora Mirtha Legrand.
Permíteme ahora una justa invocación:
Señores directivos del sello Epic,
señora manager Sharon Levy,
señor ingeniero de grabación Bruce Sugar,
señor productor Mark Hudson,
señor guitarrista Jerry Cantrell,
señor baterista Mike Bordin
señor bajista Chris Wyse
y tú mismo, por supuesto:
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¡VÁYANSE TODOS A LA RAMERÍSIMA MATRONA QUE LOS CREÓ!
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Las malas acciones se pagan en vida, Ozzy, y desde esta columna te conminamos a que pidas perdón por esta roña musical, teniendo la hombría de subirte por tus propios medios a un cohete que te lleve directo a Neptuno. Quizá te entusiasmes haciendo versiones de himnos de esas latitudes y no vuelvas por un buen tiempo a este planeta, so pena de ser apedreado (¿reality mediante?) en la plaza pública que Sharon (¿quién otra?) indique. ¡Por la dignidad de los autores que aquí deshonraste! Y no me vengas a hablar de “Black rain”, lo que me daría kilómetros de argumentos para seguir flagelándote sin piedad. n Síntesis: Si te encanta este álbum, podrías colaborar con Sharon en sus próximos proyectos para Ozzy: un disco de valses peruanos, cien Ozzfests más, o la enésima reunión de Black Sabbath (en formol) para su 50º aniversario. Todo vale con tal de que la caja registradora siga tintineando.
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Más lacrimógeno que un telenovelón venezolano, más cursi que un libro de Corín Tellado y más falso que un álbum en vivo de Milli Vanilli, este dueto onda "complejo de Electra" me ha producido una urticaria que no se me quita con nada. Espero que a ustedes no les suceda lo mismo. Por las dudas, no lo vean más de treinta segundos.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Down to Earth" (2001), "Black rain" (2007) ó "Scream" (2009). ANTIDOTO: "Blizzard of Ozz" (1980).
Todos sabemos que hay un antes y un después de 2001, tanto en los acontecimientos internacionales como en los vernáculos. Aquel fue un año que nos paralizó en todo sentido. Los norteamericanos conocieron la vulnerabilidad y los argentinos padecimos la impotencia. Y muchos culparon a Dios y a María Santísima por los cambios globales, mientras unos pocos atribuíamos la crisis a un disco: “Nation”, de los brasileños Sepultura. ¿O me van a decir que los hermanitos Cavalera y Domingo Cavallo no son allegados? He ahí el nudo de mi teoría terminal.
¿Pudo un mísero álbum de pésimo thrash desencadenar tanta penuria y sufrimiento? ¿Pudo este disco nocivo ser causante de pobreza, hambruna, abuso, falta de amor, racismo, guerras, plagas, sequías, malos gobiernos, envidia, avaricia, prostitución, maltrato a mujeres y niños, vejación de la naturaleza, consumismo desmedido, violencia familiar, traumas, caza indiscriminada de animales, interés sólo por el dinero, excesivo materialismo, inescrupulosidad religiosa e indiferencia, como nunca antes se había experimentado? Ciertamente, no. Pero si a partir de ese momento todos nos hubiésemos dejado seducir por el mal camino artístico que se inició con esta obra devastadora, de seguro habríamos transitado con él la más aceitada autopista hacia el Apocalipsis.
“Nation” fue la consagración de la decadencia de Sepultura, pero, así y todo, no fue su peor disco. El germen de todos los infortunios vio la luz tres años antes, en 1998, y se llamó “Against”. A decir verdad, no hay demasiada diferencia en materia de pavor entre ambas aberraciones, pero éste se lleva las palmas al desastre artístico, y de eso se trata nuestra columna, ni más ni menos, y no de analizar los desaciertos de la Humanidad.
¿Dónde estaba Max Cavalera en 1997? ¿Riéndose de su hermano Igor, a partir de su alejamiento de la agrupación para formar la mediocre Soulfly? Pues, ¡vaya ocurrencia! La que trajo al inoperante moreno yanqui de Derrick Green, y con él, toda una sucesión de desastres prescindibles, en los que se mixturaron thrash raquítico con hardcore improcedente, y esa clase de obras conceptuales fermentadas que aburren hasta producir calambres en la quijada.
Algunos breves tópicos a considerar:
Tendrían que haberse cambiado el nombre luego de la partida de Max. No deberían haber contratado a Green. Cuando no brama como un amputado, Green grita como si no tuviera dientes. Green apesta a Korn. Green es un simple nicho. ¡Max era la sepultura!
La música carece de fuerza. Cada canción es una burla a la siguiente. Las letras adolecen de inspiración: “see your brain, watch it drain, see your greed, watch it breed”. Yo digo que se logran mejores rimas en un Kindergarten. Los ritmos tribales se redujeron a la par de la foresta amazónica. La colaboración de Jason Newsted en el tema “Hatred aside” es sólo tolerable. “Against” es el único número a rescatar del desbarajuste reinante y no hay nada más que agregar a esta gelatina light deprimente.
Duda existencial I: ¿Para qué se editó este álbum? a. Para defender los derechos de los jíbaros... – Frío, frío. b. Para cautivar el morbo de Stephen King... – Tibio. c. Para engrosar las arcas de sus miembros... – Caliente. d. Para demostrar que están más cerca de un escenario que del asilo... – ¡Se quemó!
Para todo aquel que quiera iniciarse en este grupo, corra a comprar “Beneath the remains” o “Chaos A.D.”. ¡Nunca esto! ¡Jamás! Con este trabajo, Sepultura se sepultó a sí mismo. Pero no serían las únicas veces que esto le sucedería a la banda de Belo Horizonte, pues la misma fatalidad se perpetuaría, en 2002, con “Revolusongs” –EP por entero conformado por versiones–, en 2003, con “Roorback” –una muestra de egolatría para ser botada al cesto más cercano– para terminar de coronarse en la actualidad, con el flamante “A-Lex” -una obra conceptual basada en… “La naranja mecánica” –. ¡Cuánta obviedad! ¡Y después llaman “gordos” a los dirigentes matones de la CGT! Estas son las verdaderas paradojas: las flaquezas de gente obesa por tanta riqueza. Hoy en día, Sepultura no tiene un solo Cavalera en sus filas. Entonces, ¿para cuándo la reunión?
Duda existencial II: ¿Por qué se publicó este disco? a. Por amor al arte... 4,5% b. Por amor al amor... 9,3% c. Por amor al dinero... 23,0% d. Por amor al pedo... 64,2%
- ¡Ey! Nos sobra un 1%... - Claro... Es para “adornar” a revistas y sitios como Headbangers, Metallerium, Zero Tolerance, Metal Hammer, Outburn, Heavy Rock, Amazon, Decibel, Hails and Horns, Metal Maniacs, Revolver, All Music, Subterranean, Kerrang!, Terrorizer y demás pasquines y paginillas, más o menos corporativas, para que escriban bien sobre ellos. ¡Al diablo, señores! Los Peores Discos no se amilanará cuando se trate de denunciar abusos como “Against”, y continuará, a como dé lugar, con su noble tarea de separar el trigo de la paja. n Epílogo: Si amás este álbum, estás listo para aniquilar al género humano. Pero si amás al género humano, estate listo para aniquilar este álbum.
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A Sepultura, el hardcore le queda tan cómodo como un reggae a Marduk. Vean si no, este clip en vivo del tema "Against".
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Nation" (2001), "Roorback" (2003) ó "A-Lex" (2009). ANTIDOTO: "Beneath the remains" (1989).
- ¿Sabés qué sucede cuando les suministras depresivos a Fishbone? - No sé. - Lo mismo que cuando les das anfetaminas a Village People. - ¿Qué? - ¿Qué pasa? - A vos te pregunto, bolas… - ¿Qué pasa con qué? - Vos, tarado. Dijiste no sé qué gansada de Fishbone y Village People. - Ah, sí. El álbum debut de Red Hot Chili Peppers. ¿A quién le toca? - A mí. Estoy pensando. Che, ¿y qué hay con eso? - Nada. Pensá tranquilo. - Quise decir… ¿Por qué comparaste eso con los Peppers? - No. Yo dije “el álbum debut de los Peppers”. - ¿Y qué diferencia hay con los otros? - Hay. - Si son todos ‘una cagada’. - No. De cada disco podés rescatar varios temas. - Ja, ja. Vos sos el que se tiene que rescatar, mono. - Me podés pasar el coso ése de una vez. ¿Qué te pensás que es? ¿Terapia? - Sí, chabón. Está bien. - Bueno, te decía que el debut de los californianos es un hondazo en los genitales. - ¿Por qué ése y no cualquier otro? A mí me parece una banda muy hinchapelotas, siempre haciendo lo mismo. Hay tres discos que me van: “Mother’s milk”, “Californication” y “Blood sugar sex magik”, que son buenos, pero, por ejemplo “By the way” y “Stadium arcadium” son aburridísimas fotocopias de los que te nombré. Éste que vos comentás ni sabía que existía. - Porque sos un gil que sigue a la masa. Tus únicas fuentes de información son Taringa y el Rincón del Vago. - Callate, no exagerés. Y pasame el coso, que hace como tres horas que lo tenés. - Eh, si recién me lo diste. Bueh, mirá, la cosa es así. Flea era demasiado joven y da la impresión como que, de tanto saltar, se dio la cabeza contra el techo del estudio. Anthony Kiedis canta horrible, es como si fuera otro tipo, no sé, tipo Chuck Mosely.
- O el mono Navarro Montoya. - No es para tanto.
- Loco, ahora me vas a decir que no era una propuesta original para 1984… - Podés ser todo lo original que quieras, pero tenés que presentarlo bien en tu primer lanzamiento. Este funk suena feo, inmaduro, mal ecualizado, mal masterizado, mal tratado, mal parido, maldito, mal todo. - Estás como loco, man. - Vos escuchame. Sólo zafan dos temas, “Get up and jump” y “Police helicopter”, que tienen el estilo de sus futuros éxitos, pero lo demás naufraga en una isla desierta poblada sólo por ladillas hambrientas. El violero Jack Sherman toca como si estuviera matando coyotes en otro estado y Cliff Martínez parece estar despidiéndose todavía del Captain Beefheart. La propuesta no fragua nunca, a pesar de las buenas intenciones. - Muchos sostienen que “By the way” es el peor disco. - No, es éste. Che, ¿me das el coso que me toca a mí? Uy, mirá quién viene ahí... - Es Mecko. Ése sí que la tiene clara. - Sí, aunque últimamente dicen que está más predecible que recital de Keane. Vas a ver que te dice “ese disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota”. … - ¡Mecko! ¡Vení, loco! Acercate un toque. - Hola, ¿cómo están? - Muy bien. Escuchame. Estábamos filosofando sobre Red Hot Chili Peppers. ¿Vos qué opinás? - Que tienen varios álbumes. - Hablábamos del primero. - Ese disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota. - ¿Así de cortita? Ja, ja. - El resto ya lo habrán parloteado ustedes. - Pero era tu opinión la que queríamos. Nosotros sólo estábamos boludeando. - ¡Tal cual! Cuando los Peppers lo grabaron, también estaban boludeando. - Ah… - Bueno, chau, chicos. Me tengo que ir. - ¿Ya te vas? Ok, capo… gracias. … - Me dejó con un mal sabor en la boca. - Siempre hace lo mismo. Te lo dije. - Dejalo, si sigue así se va a hundir en su propia caca. - Dale, pedí la cuenta. Y pasame el coso, que me toca a mí. - Flaco, ¿cuánto te debemos? - Serían 45 pesos. - Está bien, pero… ¿cuánto es? - Dije… serían 45 pesos. - Ok. Vos me estás hablando de una posibilidad. ¿Ahora me podés decir cuánto es en realidad? - ¡Ey! Me parece que se están pasando de la raya, pendejos. Les dije que son 45 pesos. ¿Qué son? ¿Retardados? - No, vos dijiste “serían” y eso es tiempo potencial futuro. Una probabilidad. - ¿Van a pagar o no? - ¿Sabés por qué decís “serían” en lugar de “son”, como debería ser? Porque eso lo inventó la gente de McDonald’s para que a la hora de sacarle la plata al cliente sea menos compulsiva la situación y, a partir de ese momento, todo el mundo lo adoptó. - ¿Te das cuenta que la gente cada vez habla peor? - Páguenme, carajo. - Dale, pagá y vamos. - Sí, mejor nos vamos de este sitio inculto. … - Caminemos… - ¡Che, nos dejamos el coso en el bar! - No te creo. Tenemos que volver. Sin eso no somos nada. n Conclusión: Lo que estos chicos se olvidaron en el bar bien podría ser un PSP, un tamagotchi o un cubo mágico, tanto da. En realidad es mi homenaje a los que enferman a la gente diciendo todo el tiempo “coso” en lugar del nombre del objeto aludido. Ah, me olvidaba (y perdonen que sea reiterativo). ¡Este disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota!
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El clip original de "True men don't kill coyotes". Si en lugar de entrenar tanto para el salto en alto los Peppers hubiesen dedicado ese tiempo a hacer un buen disco, esta nota jamás habría existido.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay. ANTIDOTO: "Mother's milk" (1989).
Vísperas de la Navidad de 1963, en Concordia, Provincia de Entre Ríos. Waldo se había casado con Atenea, su amor de secundaria, y gozaba de una existencia próspera y plena. Todas las noches, al regresar del trabajo, cenaban juntos lo que ella había preparado con notorio esmero. Jamás faltaban flores para su linda esposa y ella nunca escatimaba esfuerzos en satisfacer a su marido, prodigándole todo tipo de atenciones y mimos, cimentando así una rutina agradable que transcurría entre besos, piropos, algún leve descaro, insinuaciones y el cumplimiento siempre placentero de sus deberes maritales.
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Waldo amaba la buena música de su época y había tomado por costumbre sorprender a su cónyuge con un bello long-play cada fin de semana, pese a que Atenea no era precisamente una fanática de la melomanía, no obstante, sabía sobrellevar el momento de la mejor manera. “¿Cuánto puede durar un LP? ¿35 minutos?”, decía ella siempre, medio en broma, pero cuidándose de no herir la sensibilidad de su marido.
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Waldo se desvivía por introducir a su mujer en el disfrute musical, y para ello se dejaba asesorar por Osvaldo Marchesini, el erudito dueño de una disquería del centro de la ciudad, adonde Waldo iba en busca de novedades de música popular. Don Osvaldo le recomendaba éste o aquel disco que Waldo se hacía envolver sin titubear. Así pasaron por el domicilio del matrimonio las Ronettes, Lee Hazlewood, Nat King Cole, Solomon Burke, Johnny Cash, The Ventures, Roy Orbison, Bill Cosby y otros astros del firmamento pop, que deleitaban el alma de Waldo, y conformaban, por así decirlo, los piecitos danzantes de Atenea. Ésta, mucho más afecta a las novelas históricas, hacía ver a su esposo como que estaba pasando un momento delicioso, cuando en realidad… ejem… a decir verdad, tampoco era que estaba padeciendo frente a la Inquisición.
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Cierto día, Waldo, creyéndose ya más versado en el asunto, pasó por la tienda de discos indagando sobre el sello Tamla Motown (emblema del soul y el rhythm & blues), a lo que Don Osvaldo le sugirió llevarse “That stubborn kinda fellow”, de Marvin Gaye, una joven promesa negra de la citada discográfica. No convencido, Waldo preguntó por otro álbum que se hallaba semioculto detrás de un tocadiscos en desuso. “No, no, ése es para devolución”, le comentó Marchesini, “pues nadie lo quiere”. Waldo, luciendo cierta picardía en el rostro, pidió que se lo entregara igual, aduciendo: “Que el veredicto lo dé mi mujer. Envuélvalo, pero para regalo de Navidad”.
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De regreso a casa en taxi, Waldo recordaba la reiterada frase de Atenea, “¿cuánto puede durar un LP? ¿35 minutos?”, riéndose para sus adentros, mientras le echaba una ojeada al flamante disco adquirido. Lo que no imaginó es que serían los 35 minutos más escalofriantes de su vida. Casi finalizando el lado B del álbum “With a song in my heart”, de Stevie Wonder, Atenea sufrió una metamorfosis que transformó su perpetuo rostro resignado en otro de alarmante aspecto sicótico. Se levantó del sofá, arrancó el LP de la bandeja giradiscos y con éste en mano, comenzó a destrozar cuanto plato, cuadro, espejo y adorno encontró a su paso. Más tarde, golpeó a su marido con un atizador hasta que el pobre, como pudo, salió de la casa arrastrándose del dolor.
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Waldo y Atenea fueron el primer matrimonio separado en la historia de Concordia. Habían estado juntos por… ¡siete meses!
Esta historia es ficticia, claro está, pero sus consecuencias no están lejos de lo que realmente podría ocurrir si uno no toma en serio los efectos que desencadena este vinilo.
Este disco es más aburrido que una partida de ajedrez por radio y más inaudito que una licenciada en trabajo social de derecha. Stevie, el genio del soul que el mundo admiraría años más tarde por gemas como “Songs in the key of life” o “Innervisions”, tenía sólo 13 años cuando se editó este despropósito. Berry Gordy, presidente de Tamla Motown, le hizo cantar, al mejor estilo crooner, estándares de swing y smooth-jazz con orquesta sinfónica, lo que le quedó al novel artista más desubicado que morrón en clericó, máxime cuando éste estaba en plena etapa de cambiar la voz. Hay momentos que producen angustia cuando Wonder intenta alcanzar notas muy altas, pareciéndose demasiado a una Doris Day con gripe aviar. Esto se hace evidente en números como “Make someone happy” o “Dream”, siendo “With a song in my heart” la única excepción en la que el intérprete no hace el ridículo. En suma, un error garrafal en materia de sentido común.
Cuenta un viejo chiste de la época que reunir a Stevie Wonder y Ray Charles para un concierto de piano a cuatro manos sería un riesgo enorme, pues el primero mueve su cabeza lateralmente y el segundo, asintiendo. Podría haber un choque de cráneos monumental y el recital acabaría en catástrofe.
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Epílogo: No intentes agasajar a tu pareja con este álbum, porque tendrías que abandonar tu casa, no “con una canción en el corazón”, sino con un horrendo disco en el traste.
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Y sigo comparando. Este disco tiene menos onda que bandera de chapa y es más inservible que asiento eyector de helícóptero. Y el intérprete, que posee menos visión que un muerto boca abajo, nos regala esta abominación, más pesada que muestrario de yunques y más seca que toalla de sacerdote azteca.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Tribute to uncle Ray" (1962), "Stevie at the beach" (1964) ó "Eivets Rednow" (1968). ANTIDOTO: "Innervisions" (1973).
Siempre afirmé que está muy bien eso de experimentar, porque expande la mente, enriquece el espíritu, favorece la circulación, abre el apetito, ayuda a evacuar y lubrica los genitales. Pero también hay que entender que la experimentación es un riesgo, y como tal, se debe efectuar con cuidado, so pena de perderlo todo en el intento, y que la sangre se espese, los oídos se llenen de copioso betún industrial, el cerebro se comprima y los huesos se vuelvan quebradizos, porque si éstos son “los efectos del 333”, ni quiero imaginar lo que podrían ser los del “666”. (El doble, claro. ¡Qué tonto!)
Los Black Rebel Motorcycle Club realizaron dos notables álbumes primales que recuerdan mucho a los primeros Jesus & Mary Chain, Ride, algo de The Doors, My Bloody Valentine o The Stooges, abundantes en pasturas garageras y sicodélicas, virando el sonido a propuestas más bluseras y folk en su tercer intento. Su cuarta entrega promedió los conceptos de las tres predecesoras, dibujando un interesante folk rock con sabias dosis de distorsión. No sé si es factible considerar esta obra de 2008 como la quinta de este valioso trío de San Francisco, siendo que se trata de un intento de emular a Lou Reed, generando su propio “Metal machine music”, lo que ya es decir mucho en materia de irritación. “The effects of 333” fue editado en forma independiente, con el único auspicio del blog de My Space del grupo, y se puede adquirir únicamente por la vía del download. ¡Y vaya si tiene lógica esto!
El disco desconcierta, turba, altera, trastorna, inquieta y aturde las cadenas de ADN de cualquier mamífero racional, dejándolo postrado por varias horas hasta descubrir el porqué de tanto martirio al divino botón. Pero no crean que este desconcertante trabajo se trata sólo de acoples y absoluto ruido, pues existen al menos dos números con guitarras sonando, pese a que éstas desaparecen pronto. ¿Y la música? Olvídense, porque no la hay, ya que todo el resto del material que nos ofrecen Been, Hayes y Shapiro es puro garabato abstracto de shit ambient y noise continuo, sin una molécula de ritmo o estructura armónica. Agregado a esto, hay naves espaciales que despegan todo el tiempo, radios mal sintonizadas, y clara intención de crispar al oyente; por carácter transitivo, un atentado al propio sello discográfico Abstract Dragon. Esto es algo común en artistas auténticos de ese estilo, pero para una banda de indie-rock constituye toda una peripecia suicida. Es que el resultado final es demasiado árido como para no desear que aparezca en medio del desierto al menos medio acorde de algún track de “Howl” para paliar este embauque metasonoro.
Asimismo resulta desaconsejable una escucha de este álbum en estado canábico, puesto que se comerán el peor viaje de sus vidas. Percibirán imágenes angustiantes de ambulancias estrepitosas, barbas de choclo disecadas, ciénagas con papel picado, calvicies prematuras, pantallas azules, hormigón azucarado, frutas de estación, vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado, tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados, hoy llovió y todavía está nublado. Amén de otras tantas gansadas que me niego a relatar, pues la mayoría de mis lectores de Fotolog o Facebook no gastan ni un triste minuto de sus atareadas vidas en examinar estas líneas. ¿Quieren hacer la comprobación? Pues bien, los que realmente leyeron esto, citen en su comentario la palabra “moco”. Verán cuántos lo hacen…
Para ellos, las aves de paso, va esta especial noción del disco: Без всяких сомнений, одной из ключевых фигур 2008 года в музыке стал Трент Резнор. Правда, прежде всего запомнилась даже не музыка, а невероятная активность и продуктивность лидер, выпустившего в течении короткого периода времени сразу альбома. Причём первый из них инструментальные экзерсисы аж в частях. Возможно, Резнор открыл ящик Пандоры и теперь каждый музыкант сочтёт своим долгом выпустить свои студийные эксперименты, на которые никогда не позарились бы рекорд-лейблы. “The effects of 333” – это инструментальных эмбиент-вещей, в которых невозможно опознать гитарных героев BRMC.
A los fans de esta agrupación les prevengo que para disfrutar de este fastidio deben quitarse sus acostumbradas vestimentas de bluejeans, camisas negras y camperas de cuero, para reemplazarlas por trajes de polipropileno naranja, con algún toque de plumas de avestruz y apliques de bronce con cuero de antílope previamente ametrallado. Además, sería bueno que se enteren estos chicos californianos que si queremos escuchar ambient vamos a ir a las propias fuentes del género, es decir, a The KLF, Pan Sonic o Pierre Schaeffer, pero sobre todo a lo mejor de Aphex Twin o el “Absynthe”, de Naked City. ¡Nunca a estos principiantes de ocasión! n Síntesis: Hay mucha gente en estos días por la calle usando barbijo. Si amás este disco es porque sos de los que interpretan que le están haciendo un homenaje al finado de Michael Jackson.
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No existe ningún video en You Tube acerca de este disco. Menos mal...
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OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay. ANTIDOTO: "B.R.M.C." (2001).
¿Alguien puede darme la pauta de por qué estos suecos son la banda más homenajeada y, a la vez, más parodiada de la historia? Nadie escapa a ese encanto, capaz de movilizar a encarnizados detractores y de emocionar a trillones de adoradores. Ellos representan un fenómeno que nadie puede ignorar.
Los nombres de Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid (Frida) Lyngstad formaron el acrónimo “ABBA”, un mote que, al principio, les trajo problemas con una empresa marisquera que, al cabo de unos años, terminarían comprando. Estos dos matrimonios ganaron fama mundial empleando melodías pegadizas, arreglos delicados, letras sencillas y un sonido propio, debido a las armonías de las voces femeninas y el clásico "muro de sonido" estilo Phil Spector. Al crecer su popularidad, el grupo viajó por todo el planeta, al mismo tiempo que se ocupaba de sus familias, soñaba en sueco y grababa álbumes en inglés. ¡Nada más enternecedor! Sus canciones tuvieron un gran impacto, no obstante, en la cima de la popularidad, ambos matrimonios se disolvieron y los cambios en sus relaciones se reflejaron en letras más complejas y composiciones más pretenciosas, que ya no agradaban ni al hijo monaguillo de una maestra jardinera. El grupo experimentó un declive remunerativo y finalmente decidió tomarse un descanso temporal, que se extendió indefinidamente. Pese a esto, permanecieron fijos en las listas radiofónicas y aún hoy continúan vendiendo tres millones de discos por año. Su música fue versionada por artistas de los más diversos estilos y es la base del musical “Mamma mia!”, un suceso inusitado de taquillas.
Pero hubo un tiempo en que estos simpáticos escandinavos, en concordancia con su origen nórdico pagano, fueron una despiadada y desalmada banda de gore-metal. Tiempos en los que muy lejos estaban de entretener a las abuelitas, madres e hijas de familias tipo. Frida salía a escena aullando semidesnuda y blandiendo un trozo de carne en descomposición, y una vez arrodillada, metía su puño en la intimidad de Agnetha, quien no se quedaba atrás. La rubia diablesa, no menos desabrigada, escupía su odio y hacía gestos obscenos al público, incitando al caos y la rebelión. Desgañitaba su garganta, peor que Angela Gossow, de Arch Enemy, vociferando con voz gutural consignas que harían palidecer a un Devin Townsend. Benny, tras incendiar su piano cubierto de púas, pintarrajeaba con spray rojo los graffitis más blasfemos sobre el tétrico telón negro, mientras estimulaba a Björn para que orinara a los fans más cercanos al escenario. Nadie podrá olvidar sus fulminantes solos guitarreros de ultratumba, de un volumen ensordecedor, que dejaban pasmado al auditorio. Sí, tiempos que mejor sería dejarlos en el olvido, pero que, sin embargo, dieron la perfecta excusa para que la banda se pasase rápidamente a las filas del euro-pop.
Bueno, ahora, en serio... .
El grupo estaba dando sus primeros pasos, perdido en una nebulosa de confusión, buscando lograr su primer hit fuera de la Madre Patria. Así nos encontramos frente a una muy amateur obra que devino en su debut, “Ring ring” (1973), un fracaso en materia de arte, pero no así de ventas locales. Para empezar, el álbum posee una rareza, que es “Disillusion”, único tema firmado por Agnetha en toda su carrera, y que pudo haber sido un título mucho más adecuado para este disco que “Ring ring”, un temita tan tarado como cualquier reflexión de Iván de Pineda. Aquí reina un desconcertante estilo bubblegum tomado a la chacota (“He is your brother”) y algo de pésimo rock tirado a la marchanta (“Rock and roll band”), basado en los deshechos de los conjuntos que Benny y Björn habían liderado en los 60s. El otro trauma resulta de las fracasadas vocalizaciones masculinas, que, por suerte, no se repitieron en el futuro. "Me and Bobby and Bobby's brother" y "I saw it in the mirror" son cucharadas de almíbar que se escurren en la boca de Silvia Süller, mientras que la agusanada letra del pegadizo "Nina, pretty ballerina" nos hace sentir que estamos comiendo unas divertidas albóndigas, envueltas en papel higiénico de doble hoja.
Su segundo disco, “Waterloo”, fue otro papelón (igual que el de Napoleón en 1815) que tampoco cuajó en las listas de varios países europeos, a pesar de lo cual, lograron imponerse en el Festival Eurovision 1974. El triunfo definitivo llegaría recién con su tercera placa, “Abba”, con la que forjarían aquella fórmula mágica que los llevaría a ser la agrupación más vendedora de la historia de la música popular, totalizando la friolera de ¡450 millones de discos vendidos! n Conclusión: Todavía hay gente que sostiene que ABBA es una basura comercial. Pobres diablos que siguen creyendo que el rock es rebeldía y revolución y que el pop es pura banalidad. Un éxito lo tiene cualquiera, pero ser una banda transgeneracional no es moco de pavo. Acá hubo genialidad. ¿Qué clase de mentecato se animaría a negarlo? ¡Yo, Mecko!
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Clip en vivo de "Ring ring". De izquierda a derecha: León Gieco, Raúl Padovani, Susú Pecoraro y Virginia Da Cunha. Esto no es ABBA. Estos son los Tios Queridos de incógnito o The Mama's & the Papa's del Torneo Argentino B.
OTRO EJEMPLAR DEL MISMO TENOR: "Waterloo" (1974). ANTIDOTO: "Arrival" (1976).
Elegí “I am the night” (1985), pues quería darles a estos tejanos racistas una tercera oportunidad. Tampoco era cuestión de crucificarlos de entrada, en su mismísimo debut “Metal magic”, o en el posterior vinilo “Projects in the jungle”, aunque motivos no me faltaban. ¿Era necesario esto? ¿Qué culpa tiene la Humanidad de que existan estos tres discos infectos? Ahora me doy cuenta de que no merecían ninguna chance; no hasta el recambio de vocalista –“Terrence Lee” Glaze por Phil Anselmo- que se produjo recién en su cuarta placa. No hubo ideas rescatables en sus primeros trabajos, más dignos de un fondo para lucha libre que del sagrado arte de componer y difundir metal, y calculo que nadie podrá discutir esto, ya que Pantera, por esos años, era una banda de cabotaje, y su nefasto repertorio de pésimo glam-rock alimentaba los gérmenes y moscas que suelen sobrevolar este prototipo de desperdicio conceptual. Adulteraciones del tamaño de un quintal de mala leche condensada corrompida quiebran los códigos más elementales de convivencia en el planeta que uno habita, donde se tiene la desgracia de compartir oxígeno con estos vaqueros machistas y xenófobos de séptima categoría. ¡Ni que sobrara el precioso gas en estos tiempos! Este álbum, último en que cantó el ñoño de Glaze, surgió de la reincidencia de unos sujetos muy neófitos indagadores de la deposición ajena, y contiene litros de bilis pestífera, contaminando todo hasta lo inconfesable. Cómo será el estigma vergonzante de ésta y las otras obras infernales, que la banda no las reconoce como válidas y ni siquiera las menciona en su sitio web oficial. De todas ellas, ésta es la peor, ya que hiede a desesperación, a fracaso rotundo, a manotazo de ahogado, a confesión apócrifa arrancada por la CIA, a error sistemático y recurrente, es decir, a verdadera m-i-e-r-d-a, sin más vueltas. ¡Para qué andar con eufemismos!
A riesgo de perder el sentido por tanto olor a vómito y orín que destila este insulto a la música, voy a tratar de adentrarme en esta letrina auditiva para desinfectar lo que más pueda. Sepan disculparme si me desmayo en el ínterin.
Cansados de no saber qué dirección tomar en el estudio, los hermanos “Dimebag” Darrell y Vinnie Paul Abbott se encerraron en el interior de un camión recolector de basura e intentaron componer (reciclar) algo más que las atrocidades que ocuparon sus dos primeros intentos desgraciados. Les salió un producto 3,3% más digno que “Metal magic” y 2,4% más inteligente que “Projects in the jungle”, pero 99,1% menos relevante, pues al menos éstos son intentos germinales que podrían despertar la curiosidad de un proctólogo, en cambio “I am the night”, siendo una obra más definitiva, merece mucho más escarmiento, pues se cae de maduro que al tercer álbum cualquier banda que se precie detenta la experiencia suficiente como para no cometer más burradas imperdonables.
Prueben hoy mismo, antes de sacar la bolsa de desperdicios a la calle, oler profundamente en el interior de la misma. ¿Asqueroso, verdad? Esa es una leve impresión sólo comparable a escuchar incontinencias de la calaña de “Daughters of the queen”, “Right on the edge”, “Forever tonight” y “Down below” (regrabada luego por Anselmo para el álbum “Power metal”). Si lo desean (no es obligatorio) pueden salvar de la bolsa únicamente los riffs de “Hot and heavy” y “Come-on eyes”, pero arrojen el sobrante al cinturón ecológico.
Ya desde su portada felona, verdadero homenaje al esfínter, este disco puede contagiarles toda clase de enfermedad mental, al punto de que terminarán babeando en un mugriento neurosiquiátrico estatal, y ahora que el electroshock ha sido desterrado de las prácticas médicas, bien podrían considerar los hombres de blanco esta nueva idea de tratamiento. Perderán el criterio, la cordura, el juicio, el discernimiento, y rodeados de insanía, acabarán rugiendo como Eddie en “Piece of mind”. Y no les pido que husmeen los temas de “Metal magic” y “Projects in the jungle”, pues entrarán en un coma 4 que los sumirá en un estado vegetativo del que no lograrán recuperarse, amén de la pérdida de todas las funciones vitales, paro cardiorrespiratorio, supervivencia sólo a través de medios mecánicos, cuando no una parálisis midriática y muerte cerebral por autólisis.
Esto no es Pantera, y si lo fuera, sería la Pantera Rosa o una afamada marca de peines. Por eso, sigan mi recomendación: Todo intento de indagar en este grupo debe circunscribirse exclusivamente a la etapa que va desde “Power metal”, y las siguientes obras maestras de groove-thrash-metal “Cowboys from hell” y “Vulgar display of power”, hasta la separación definitiva, en 2003. Una trayectoria que poseyó sus altibajos, pero que, por suerte, no reincidió en el descarrío de su etapa primal, de la que aconsejo, sugiero, ruego e imploro no imbuirse jamás de los jamases. n Epílogo: - ¿Qué hace un perro carpintero de noche? - No sé. - Taladrando. Si te gusta “I am the night”, sos de las personas que hacen este tipo de chistes.
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Audioclip de "Daughters of the queen", del álbum "I am the night". Luego de escuchar este tema, pienso que ellas, en lugar de ser las hijas de la Reina, son en realidad las hijas de la Pavota.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Metal magic" (1983), "Projects in the jungle" (1984) ó "Power metal" (1988). ANTIDOTO: "Cowboys from hell" (1990).
Muchos dirán que este posteo es un número puesto, un cheque al portador y una obviedad, pero no por eso tenía que dejarlo afuera de este espacio. Si bien es cierto que este chasco -reconocido como tal por el propio Spinetta- pasó al olvido raudamente, quisiera recordarles que este sitio no se caracteriza precisamente por su culto al olvido y la impunidad, y, por tal tenor, he decidido desenterrarlo para una merecida segunda autopsia.
Comencemos nuestro ritual profanador con esta frase: “Sólo el AMOR te puede sostener, álbum ignominioso”. Léase: el AMOR de los incondicionales, que todo lo perdonan y suavizan, y el tiempo, que todo lo cura y redime.
A prima facie, y quitando las marcas iniciales de podredumbre, observamos que esta verdadera mácula al público seguidor del "Flaco", que data del año 1980, fue apoyada por una producción sin precedentes, y secundada por un guitarrista legendario como Gustavo Bazterrica (La Máquina de Hacer Pájaros, Abuelos de la Nada y Banda García) y tres prestigiosos sesionistas, que fueron puestos a disposición de este garrafal coqueteo con el mainstream más mustio: el multi-percusionista brasileño Paulinho Da Costa (vean en Wikipedia con quién no tocó), más los bateristas Alex Acuña (Weather Report) y Terry Bozzio (Zappa, Missing Persons, UK). Otros indicios nos señalan que hubo excesos por parte de ciertos productores reconocidos por su labor con estrellas como John Lennon o Frank Zappa, quienes además aportaron una limusina para el traslado de Spinetta desde el aeropuerto hasta el estudio de grabación, amén de una orquesta de cuerdas completa, no sea cosa que la melosidad de este engendro les supiera poco edulcorada.
Definir este disco como soft sería comportarse como el rey de los indulgentes. A su vez, categorizar este álbum como jazz-fusión, sería actuar como un paladín del eterno traspié. Pero unir ambas definiciones sería más inadecuado y pérfido que crear un fotolog tributo al brigadier Agosti o juntar un millón de firmas para que se reúnan los Jóvenes Pordioseros.
Pero el Flaco no es el único culpable de esta calumnia, cuya portada se vería mejor en un comercial de lociones astringentes. Nadie debe olvidar a Gino Vanelli, quien no sólo aportó temas a esta vergüenza, sino que diseñó el sonido y la impronta general de “Only LACK can SUME PAIN”, pues nada aquí suena a Spinetta, pero sí mucho al estilo del caretón incurable de Vanelli, artista asociado a nombres tan rockeros como Herb Alpert o Montserrat Caballé. El otro gran responsable de esta befa no es músico (aunque él haya insistido en esta postura en demasiadas oportunidades), sino tenista. El siempre sorprendente Guillermo Vilas, según lo indican más irregularidades halladas en este “fiambre”, contribuyó con sus propias “letras”, más dignas de un brochure de suplementos nutricionales que de un disco del más grande prócer de nuestro rock. (Recordemos que el multifacético “Willy” es padrino del rapper Dante... Homónimo.)
El álbum en cuestión se cantó íntegramente en inglés y su preciso objetivo fue la conquista de los mercados yankees de smooth-jazz. Claro está que fracasó atómicamente y que enmarañó las relaciones entre el Flaco y los productores. En Argentina se editó como “Sólo el amor puede sostener” y, como no podía ser de otro modo, la extravagancia fue aborrecida de tal manera, que obligó a Luis a hacer un replanteo urgente de su carrera. Pero no todo fue a parar a la alcantarilla de la indiferencia. De los restos de los agarrotados instrumentales que pueblan esta indigestión sonora, surgió el nombre de la magistral banda que el Flaco desarrolló en el siguiente lustro: “Intermedio Jade (Instrumental)”, es decir, Spinetta Jade.
En cuanto a la trayectoria solista de Luis, la misma tuvo su reivindicación con la edición, en 1982, de su notorio álbum de canciones encontradas “Kamikaze”, y su posterior secuela pop “Mondo di cromo”. Hasta hoy, todas sus obras observaron fielmente la fórmula spinettiana, más tranquila que enérgica, más aburrida que vibrante, pero con mínimos desvíos discutibles, que podrían ser el split con Fito Páez, el intento efímero con Charly García, la participación en el infame “antitributo” beatle, pergeñado por los temibles Durabeat, y la fugaz relación amorosa con una apetecible top model y actriz. n Conclusión: Para conocer el perfil de un típico entusiasta de este disco de morondanga, sugiero que vean esta foto de John Oates. ¡Cuidado! Les advierto que es algo fuerte. Ah, y, por supuesto, no dejen de investigar cuanta pic exista de Gino Vanelli, para martirio de sus entrañas más sensibles. Esto es todo por ahora. Nos vemos en otra entrega de “Las mil y una maneras de infringirse un dolor de bolas y no morir en el intento”.
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De más está decir que no existe material en video de este disco, por lo que les traigo este fragmento de reportaje hecho por el Bebe "Cantimplori". Si abren sus mentes, percibirán que, de manera subconsciente, el Flaco en realidad está hablando sobre "Only love can sustain".
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay. ANTIDOTO: "Kamikaze" (1982).
Cliqueando primero la foto y luego pasando el mouse por toda su superficie, Ud. podrá zarandearlos, aturdirlos, menearlos, mezclarlos y revolverlos, hasta volverlos locos. En una de esas, a estos hermanos se les aclaran las escasas ideas que tienen y empiezan a hacer algo de buena música.
- Fíjese que el disco se llama “Good stuff”. “Materia buena”, ¿no? Pero esto no es algo bueno, es patético. - ¿Podemos concentrarnos en los problemas de su infancia? - Ya hablamos mucho de eso, licenciada. Además, le dije que mi prioridad esta semana era encontrar una buena razón para cumplir con mis lectores. - Siempre es lo mismo con Ud. Es incapaz de afrontar sus problemas más acuciantes y, por tal motivo, descarga sus fracasos a través de ese blog suyo, que lo único que enfatiza es su capacidad de ocio. - Es pésimo este disco, no hace bailar a nadie, sus arreglos son inauditos, paupérrimos. Mire, yo crecí con esta banda. Los vi hacerse grandes, los vi declinar, reunirse, ¡todo! - ¿Pero de qué banda me está hablando? - The B-52’s. ¿No se dio cuenta todavía? - Yo no sé nada de música, pero… ¿me puede decir qué tiene que ver esto con nuestra sesión de hoy? Me parece que no estamos avanzando si Ud se empecina en embarrar la cancha con sus naderías. - Más embarró la cancha la banda de Athens con esta pequeñez. Su discografía, luego de sus dos primeros trabajos maravillosos, comenzó a tambalearse peligrosamente. - ¿Por qué no se sienta? ¿Tiene que estar todo el tiempo caminando como gato enjaulado? Me está poniendo nerviosa. - ¿Sabe lo que pone el sitio Allmusic en la sección ‘artistas similares’? Que se parecen a Talking Heads, R.E.M., The Cramps, The Cars, Violent Femmes, Sigue Sigue Sputnik… ¿EN QUÉ SE PARECEN? ¡Qué sitio tan imbécil! No me extrañaría que esté la Rolling Stone detrás de esto. - Ja. Ahora la culpa la tienen los Rolling Stones. ¿Podemos concentrarnos en lo nuestro? - Es una revista, licenciada. - ¡A lo nuestro! - Para Ud es fácil. Total, después de mí, vendrá otro chiflado y el mundo seguirá girando. Pero yo tengo un PRO-BLE-MA. - ¿Uno? - Miles de dólares gastados en este sancocho. Algo así como comer tallarines con dulce de rosa mosqueta. Aunque, pensándolo bien, no estaría tan mal. En algún restó de Palermo Sensible se lo cobrarían una fortuna, bajo otro nombre, tipo: “Hebras de bosque humidificado al trance austrohúngaro”. Tengo ganas de vomitar. Hacerme esto a mí, con lo que los quería. ¿Qué está anotando? Si me va a escribir la nota de la semana, avíseme. - Estoy haciendo mi trabajo. ¡Siéntese! - Como quiera. Mucha gente cree que todo lo que hizo este grupo fue bueno, pero “Mesopotamia” fue un esquivo EP, mal producido por David Byrne, que se salvó de ser elegido para mi review sólo porque en la versión CD le agregaron “Party mix!”, que es un compilado de remixes que me encanta. Que si no… Ahora, éste se zarpa de vulgar. No está Cindy Wilson. ¡Ella no habría permitido esto! ¿Sabe por qué? Porque era la que frenaba la impulsividad de Kate Pierson. Y Fred Schneider… ¡qué triste! Intentando buscar un hit como sea. Como Fidel Nadal: siempre con rumbo incierto y ahora desesperado de dinero. - ¿De qué año es este disco, Mecko? - 1992. - ¿Y 17 años después se sigue haciendo problema? Se ve que le sobra energía… - Es que me resistía a escucharlo. Algo me decía que no debía hacerlo. Que me arrepentiría. Y sí, escuché “Dreamland” y “Is that you Mo-Dean?”, que sólo harían bailar a un colocador de alfombras con muchas horas extra encima, y me estreñí. Luego, “Vision of a kiss” y “Breezin’” tienen el mismo ritmo fastidioso, cansino y empalagoso. Ni siquiera el corte de difusión, “Good stuff”, logra algún gancho aprovechable. A ver si nos entendemos: este álbum es un mal facsímil tardío del fresco y eficaz “Cosmic thing”, de 1989. Así de sencillo. - Mecko, ¿cree que está bien pagar 100 pesos la sesión para venir a hablar de discos malos? No desperdicie su dinero, ni mi tiempo. Se lo digo con franqueza. Para mí es indistinto. Yo lo escucho, Ud se descarga, no soluciona nada, y la semana que viene volvemos a foja cero. Ud decide si realmente quiere un cambio, porque así no va a ningún lado. - Entonces está de acuerdo con mis allegados, que dicen que mi blog es un esfuerzo en vano, que no me da de comer y todo eso… - Yo no dije tal cosa. Sólo que está ocupando demasiado espacio en esos menesteres y me parece que hay problemas mucho más importantes que resolver. Sus relaciones interpersonales, su motivación laboral… - ¿Sí? - Sin equilibrio, Ud será únicamente apto para defenestrar. ¡Piense! Si su exclusivo impulso rector es ese blog, va a terminar sus días en absoluta soledad. Perderá lo poco que le queda: su mujer, sus niños, su trabajo… Todo en pos de una causa mesiánica. - Yo sé que tengo una misión que cumplir. ¿Por qué Ud y mis amigos no quieren que la lleve a cabo? - Ok, Mecko. ¿Por qué no vuelve la semana que viene? Va a ser más productivo para todos, ¿no cree? - Ese blog es mi leitmotiv, licenciada. - O el mejor pretexto para seguir justificando su evasión. ¿Seguimos la próxima? n Diagnóstico: Si te gusta “Good stuff”, te espero en el café que está justo frente al edificio donde está el consultorio de mi terapeuta. Tenemos tanto de que hablar…
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Otra odiosa canción de este temible álbum: "Hot pants explosion", en una versión en vivo. El show, en general, estuvo buenísimo, pero en este tema la mitad del público aprovechó para ir al baño.
OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: no hay. ANTIDOTO: "The B-52's" (1979).
"Paul McCartney no existe." (Liam Gallagher)
"Liam Gallagher no existe." (Paul McCartney)
"Paul McCartney y Liam Gallagher no existen." (Mecko)
"¿Y quién carajo es Mecko?" (Paul McCartney y Liam Gallagher)
Estimados lectores: este blog no persigue fines de lucro ni contiene downloads. (Bueno sería que alguno quisiera bajarse estas atrocidades, aunque hay gente para todo.)
Los Peores Discos es un servicio a la comunidad y un espacio de protección a los consumidores. Su cometido primal es hacerles ahorrar dinero en compras inútiles y tiempo en descargas innecesarias. Además, es considerado no apto para personas fundamentalistas y/o susceptibles, por lo que invito a las mismas a abandonarlo sin más.
Mecko agradece las colaboraciones de Andrea Moiron, Milton Rocha, Andrés Violante, Mario Bortolini, Tito Vargas, Pepo Díaz, Emiliano Kurta, Oriol Baraldés, Fer Ramírez, Pablo Rojas Molina, Peppe y Lissi.
Cartelera
C-BOX: mensajería instantánea ideal para gente con problemas para comentar por la vía ortodoxa.
Ella sólamente tenía ojos para su ídolo Robbie Williams, hasta que éste editó "Escapology".
Jamás utilices "Never let me down", de David Bowie, como fondo para tus tareas domésticas, so pena de acabar así.
Libros que nadie debería leer
Héctor Romay - "Historia del rock nacional" (Bureau Editor, 2001). Escribió un libro sobre tango y alguien le aconsejó que podía escribir uno sobre rock. Si no sos oyente de la FM Mega, alejate de esto prontamente.
Juan Carlos Kreimer - "Beatles & Co." (Editorial Galerna, 1968). A pesar de ser un incunable de época, este libro, que trata sobre el cuarteto de Liverpool y los grupos que compartieron la escena de aquellos años, es un fiasco, ya que el 40% de los datos que contiene son erróneos.
Jordi Sierra i Favra - "Pink Floyd: Viaje al sonido" (Colección Música de Nuestro Tiempo, 1976). Hace años era lectura obligada para los fans, sólo porque era lo único que había para leer. Este catalán fundamentalista no se contentó con menospreciar a Syd Barrett y mencionar el single inexistente "Apologizes", sino que predicó que más allá del rock progresivo nada puede ser serio. Sin duda, el periodista de rock más careta de la historia.
ALERTA
Este adorable bebé pasó toda su gestación escuchando "St. Anger", de Metallica". Hoy se duerme únicamente con Mayhem.
Antes de sucumbir a los efectos de "Metal machine music", de Lou Reed, esta chica oficiaba de secretaria trilingüe en Unilever.
Participá del concurso y ganá fabulosos premios.
¿Cuántas vueltas da este simple por minuto? 1º premio: una semana de estadía en la franja de Gaza, 2º premio: un foto-álbum de desnudos del Pity Alvarez, y 3º premio: un triple pirata en vivo de Pier.
CUIDADO
Esta persona escuchó "Splinter", de The Offspring, más de una vez.
Este individuo jura que se suicidará si la banda de su vida vuelve a grabar algo similar a "Poison'd".
Incondicionales con estómago de acero
OBSERVACIÓN
Este caballero entendió muy bien el mensaje contenido en "American life", de Madonna.
Pobre muchacha. Inició una huelga de hambre hasta que Aaron Carter se digne a editar un buen álbum.
Juegos Olimpatéticos 2012
Las encuestas lo están confirmando y la tendencia ya es irreversible. Estos son los tres sujetos que subirán al pedestal de la vergüenza: PATO FONTANET (Oro en lanzamiento de bengala), JUANSE (Plata en todo sentido), y PITY ALVAREZ (Bronce en inflamiento de pelota).
ESTUPEFACCIÓN
Así celebraron estos ejecutivos la edición en 1987 de "A momentary lapse of reason", de Pink Floyd.
Qué "feliz" se puso este fan de The Monkees cuando se enteró de que sus adorados habían editado un disco reunión llamado "Pool it!".
Digamos "No" a la publicidad corporativa en los blogs
Compromiso
Ya existen demasiados géneros musicales en el planeta Tierra. ¿Para qué necesitamos éste?
Prevención
Evitemos la proliferación del ROCANROL fortaleciendo el ROCK AND ROLL.
"La vida es una sucesión de asados", afirma con orgullo suburbano Willy Polvorón, el más famoso canta-autor de Los Polvorines, que ya es ídolo de su ciudad natal, alternando sus tareas de artista con el corte de pasto y los estudios universitarios (hace dos décadas que intenta convertirse en abogado).
El amplio anecdotario de este auténtico "monstruo" de la canción se vanagloria de momentos tales como cuando se confundió de sabor de empanadas, cuando trató a su novia de piñata, cuando el público le tuvo que recordar los acordes de un tema suyo, o de cuando ideó una forma de regular el sistema monetario latinoamericano escribiendo en un cuaderno de atrás para adelante. Al mismo tiempo, los títulos de sus canciones son del calibre de “Empanadas y chorizos”, “La tapita de gaseosa” y “Cumbia de la morcilla”, y para interpretarlas muestra aún menos vuelo e inspiración que los que tuvo para darles nombre. En otras palabras, cuando canta raja los vidrios. Y sin embargo, en unos pocos días, aparecía en programas de TV, sonaba en las radios, le rendían culto en Taringa!, y su evangelio era esparcido por los sistemas de mensajería instantánea.
Sus principales características son la falta total de formalidad en las grabaciones y la honestidad con que interpreta sus temas, mezcla de un 25% de Tanguito, 25% de Moris, 25% de The Beatles, y el 25% restante de botellero. Su producción es tan cruda, desafinada, amorfa y bizarra que se ha ganado un sitial de honor en este espacio. Conózcanlo y disfrútenlo, si pueden...
(Agradecimiento especial al sitio Aargh!)
Distinciones
Concedido por la Organización Mundial de la Salud.
Trofeo conferido por el Círculo de Amigos del CEAMSE al coraje periodístico.
Copa otorgada por la Cámara Argentina de Empresas de Transportes Atmosféricos a la excelencia informativa.
Galardones varios entregados por la Fundación "GG Allin" a la sobriedad en imagen.
Homenaje a aquellos salames que nos quieren hacer creer con estas estadísticas ridículas que sus blogs son visitados por gente de Moldavia, Qatar, Nicaragua y Madagascar.
Mi cuenta en Rate Your Music
Shitty vigila día y noche para que no ingrese gente sin sentido del humor a este blog