The Rock and Roll Hall of Shame

16/10/09

BACKSTREET BOYS - This is us



No quería concluir esta temporada de Los Peores Discos sin antes acercarles uno de los más grandes abusos (si no el mayor) que concibió el más manoseado género del entretenimiento para masas: el teen-pop.
Estoy completamente seguro de que la Convención de Ginebra debe haber desaprobado la utilización de esta obra en prisioneros de guerra.

Este conjunto de sinvergüenzas se formó en 1993, gracias al “visionario” magnate Lou Pearlman, que desde su Florida natal concibió esta chirigota. Él quería formar un grupo de cinco chicos jóvenes que supieran cantar y bailar, y para ello puso anuncios en periódicos locales, siendo seleccionados A. J. McLean y Howie Dorough; éstos ya se conocían por haber acudido a las mismas audiciones en busca de trabajo. El tercer componente fue un niño de 13 años, cantante y actor infantil, llamado Nick Carter, quien tuvo que decidirse entre el grupo y una muy tentadora oferta del famoso programa Mickey Mouse Club, cantera de más artistoides tipo Justin Timberlake, Christina Aguilera o Britney Spears. El cuarto miembro resultó ser Kevin Scott Richardson, quien trabajaba en el parque de atracciones Disney World, ¡
disfrazado de Aladin! El último autómata en ingresar fue Brian Littrell -primo de Carter-, que se destacó desde pequeño en el coro de su iglesia. ¡Vaya seleccionado del más puro aguante!

Pocas cosas existen que estén más alejadas del rock y el pop, e incluso del estilo ‘boy band’ (cuyos auténticos iniciadores fueron los New Kids On The Block y no estos patanes), y que ponen tan cachondos a los físico-culturistas, estilistas, diseñadores de interiores y princesitas púberes de hogares de clase media, sin olvidarnos de las damas que compiten en las ligas mayores del juego de canasta. De todas, ésta se lleva todos los lauros.

Veamos ahora el top-10 del perfecto ejemplar a quien puede interesarle este descalabro:

#10: El atrofiado genital que llora de emoción cada vez que se estrena una nueva versión de la saga de “Rápido y furioso”.
#9: La chirusa que elige “Celebra la vida”, de Axel, como ringtone principal de su celular.
#8: El paquidermo que prueba el sistema DVD de su auto con un recital de Los Tres Tenores.
#7: El grasa que baja el tema “Back in black” a su i-phone para utilizarlo como fondo de un streap-tease.
#6: La inefable coleccionista de temporadas completas de “Beverly Hills 90210” o “Friends”.
#5: El pálido oficinista que almacena sólo 5 temas (en 128 kps) de Sonohra en su i-pod de 20 Gb.
#4: La infeliz que tararea temas de Maná mientras huele desodorantes para pisos en un supermercado.
#3: El perversito que envía un SMS al 90100 para aprender poses del Kamasutra y luego se desespera al no saber cómo dar de baja el servicio.
#2: La minusválida que gasta su aguinaldo en una entrada para ver a Arjona desde una ubicación a no menos de 400 metros.
Y el puesto #1: El salame que se mete en un crédito a 10 años sólo para hacerle la Fiesta de Quince a la nena, quien seguro no elegirá ningún tema de estos zánganos, sino "Angels", de Robbie Williams, para su entrada triunfal.

Esta defecación, la más nueva de todas las asquerosidades artificiales que grabó este verdadero “quinteto de la muerte”, constituye el paradigma inapelable de que la música pop está en serio peligro de extinción. Es que esto es música para gente que no puede entender de qué se trata la música.

Ya sin Kevin en sus filas, los “Backshit” ¿Boys? editaron “This is us” (¿Esto son ustedes?), en octubre de 2009, sólo para volver a afianzarse sólidamente en el podio más alto de la cortedad discográfica. El último vómito de la banda vocal más vendedora del planeta fue producido por Max Martin, RedOne y Jim Jonsin, y contiene exactamente lo que buscaría cualquier fan voraz del Disney Channel: histeria en almíbar. Sin embargo, estoy seguro de que, tanto Pluto como la Sirenita, detestarían el álbum, mientras que a los chicos de I-Carly les agarraría un ataque de risa que los llevaría a la taquicardia.

La única canción digna de mención es “Straight through my heart”, nada más que por ser el corte de difusión. En ella, los BSB se asemejan a unos Duran Duran sin huevos, luego de 18 meses en las Termas de Río Hondo.
Todo lo restante que puebla este pernicioso compacto (sobre todo “Bigger”, “Masquerade”, “She’s a dream” y “Undone”) abunda en jadeos y susurros ilusoriamente seductores, lugares comunes reciclados una y otra vez de su odiosa producción anterior, que muy poco agregan a su malhadada carrera.

¡Y conste que no utilicé la palabra “gay” en ningún momento!
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Epílogo: La única manera que tengo yo de ver a estos inservibles es a través de la mira de un rifle. Y en vez de haber perdido mi tiempo en elegir para mi última crónica del año entre “Backstreet’s back” (su peor disco de antaño) y este flamante desliz, tendría que haber invertido ese esfuerzo en optar entre la precisión de un Armalite AR-30 y el poder de fuego de un AI Arctic Warfare 50.
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El clip de "Straight through my heart". A juzgar por la torpeza de sus movimientos, tengo la impresión de que, en lugar de hacer una coreografía, estos maduros íconos juveniles están padeciendo una sesión de rehabilitación kinesiológica.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: todos sus álbumes.
ANTIDOTO: mate y tortas fritas en una marcha piquetera.

6/10/09

DEF LEPPARD - X



Cuando una dudosa banda de ‘hard’, luego de un cuarto de siglo de trayectoria, decide publicar un álbum comercialísimo, por entero destinado a captar la atención de las adolescentes, se convierte inevitablemente en un paradigma de senilidad y, lo que es peor, de estupro encubierto. Si a esto le sumamos una insalvable propensión a destilar grasitud en su propuesta, consistente ésta en ocho baladas melifluas entre 13 temas ñoños totales, ya estamos en presencia de uno de los peores discos de pop-metal de todos los tiempos. ¿Por qué? Porque aquí no hay metal. ¡Así de simple!
Nada puede ya salvar a Def Leppard del derrotero hacia la más baja decadencia, de la peor canción de pepinos en la entrepierna, de la peor bacanal con cerveza caliente y sonrisas de groupies veteranas (más cerca del Corega que del ratón Pérez), sólo equiparable a lo que le sucedió a los integrantes de Steel Dragon en el esclarecedor film “Rock star”. Esto le da a uno más vergüenza ajena que la matanza de ballenatos por parte de los buques-factoría japoneses, que, de todos modos, logran juntar menos grasa que estos ingleses, en el pico de su pereza creativa, con “X” (encima, su 9º álbum), de 2002.
Nota: no castiguen a los que creen que estos sujetos son yanquis, pues siempre se empecinaron en sonar ‘americano’, y la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer.

Supongo que algún fan se habrá quejado, no sólo del contenido de este abominable trabajo, sino de su título, que revela la más pura impersonalidad. Error, señores, pues este calificativo es el más exacto que pudo tener el disquito en cuestión.
Sostiene el lingüista chileno Maximiliano Mena Pérez que el uso de letra X es el indicado para designar la incógnita en las ecuaciones, y en expresiones tales como ‘lo hizo X persona’ o ‘las cosas se dieron por X causa’. Afirma que esto proviene del árabe, donde la S de la palabra “sai”, que significa ‘cosa indefinida cualquiera’, se pronuncia igual que la X castellana antigua. Por asociación, el disco homónimo nos habla de incapacidad y nulidad en los asertos más elementales, y, en consecuencia, de que la esencia de Def Leppard está más vacía que nunca, y que sus cerebros están necesitados de pasto fresco, de un pronto recambio de sangre y de vacaciones permanentes para beneficio de todos.

Esta banda, liderada por Joe Elliott y el desaprovechado futbolista Rick Savage, se formó en 1977, en Sheffield, obteniendo su nombre al reconvertir el de Deaf Leopard sólo para no quedar pegados a la etiqueta punk (?).
¡Qué puede esperarse de una banda cuyo NOMBRE se parece tanto al de Led Zeppelin que apesta ya de movida! Aquel que dice que nunca se le ocurrió asociar estos dos motes, ¡miente! Quien piensa que este grupo es fundamental en la historia del metal, ¡delira! Y el que sostiene que esta banda tiene algún mérito en su obra, más allá del debatible LP “Pyromania”, ¡alucina! Sin embargo, esta agrupación es citada en la historia del rock por ser paladines de la primera ola del heavy-metal británico (insisto, para mí, pop-metal) y bla, bla, bla. Otras fuentes hablan de sus ventas multimillonarias y bla, bla, bla. Yo sostengo que fue por un solo motivo:
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LA ÚNICA VIRTUD DE DEF LEPPARD FUE SOBRELLEVAR BIEN LA DESGRACIA DE SU BATERISTA, QUE PERDIO UN BRAZO EN UN ACCIDENTE DE AUTO, PUES, DE LO CONTRARIO, HABRIAN SUCUMBIDO AL OCTAVO AÑO DE SU EXISTENCIA.

Por consiguiente, todas las atenciones se centraron en ver cómo se las iría a arreglar Rick Allen para seguir tocando. Justo es reconocer que sus colegas estuvieron muy solidarios al no reemplazarlo, pero este espacio no se especializa en cuestiones de caridad y menos en ortopedia. Aclarado este punto, continuemos...

La banda más trivial del Mundo reunió en esta genuina herrumbre más de una docena de defecaciones inservibles, de las que se diferencian (únicamente por no ser baladas) “You’re so beautiful”, “Four letter word” (caca) y “Gravity”, tres temas tan ominosos que ni Bryan Adams los usaría para lados B de sus singles.
La producción dio asco, a pesar de haber convocado a un experto en el tema, Pete Woodroffe, y, debido a la estrechez artística obtenida, la discográfica decidió no apoyar este lanzamiento, por lo que se lo consideró un fracaso en todo sentido.

Por último, sugiero que, en vez de sufrir con este CD nauseabundo (menos rockero que una guitarra eléctrica con transporte y más desagradable que el yogur de banana marca Ser), vean el film “Histeria: the Def Leppard story”, que brinda una excelente radiografía del auge y deterioro del grupo, y de las vicisitudes de este subgénero, tantas veces risueño, cuando no grotesco.
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Síntesis: Ya que estamos tan peliculeros… Si amás este disco, es porque en la peli “School of rock” aprobaste y aplaudiste el triunfo de la banda No Vacancy.
Pero si adorás a Def Leppard incondicionalmente, vos no sos de los que se colocan un pepino en la entrepierna. Vos te ponés un anco entero.
¿Y sabés qué podés hacer con el disco? Una regia ensaladera. Para cuando te canses de inventar boludeces.
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"No podría quererte más, pero podría quererte mejor.”
“Cuando el amor es rey, no necesita palacio.”
“Se puede ser feliz sin talento, pero no sin pasión.”
“El amor es el único idioma que puede prescindir de las palabras.”
“Sólo los cuerdos aman con locura.”
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Estos aforismos de José Narosky, mezclados con este clip de "Long long way to go", constituyen un cóctel explosivo, mucho más potente que seis pastillas de Viagra al hilo. Piensen en las consecuencias...


OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Slang" (1996), "Euphoria" (1999) ó "Yeah!" (2006).
ANTIDOTO: "Pyromania" (1983).