28/10/09

EDITORIAL: El final de la tercera temporada (Memoria y balance)


Como ya lo había prometido con antelación, el final de la tercera temporada es una realidad. Espero haber cumplido con todos, tanto en la calidad de los textos, como en las generosas dosis de ironía, sarcasmo y acidez que cada uno de ustedes esperó hallar en Los Peores Discos. Porque de eso se trató mi misión: de hacer humor a partir del rock y el pop, riéndonos de nuestra idolatría, e inquietando, aunque sea un poco, a los “grandes” divos establecidos de la música popular de nuestro tiempo.

Sé que hay una clase de gente que se ha divertido mucho con estas crónicas, pero también soy consciente de otra que las ha padecido (y ha pedido mi cabeza en bandeja de cartón). A ambas especies humanas está dedicada esta obra que vengo desarrollando desde hace casi tres años. A ambas les estoy agradecido. A ambas le debo la razón de la existencia de esto que di en llamar, un poco magnánimamente, “la cruzada contra el mal”.

Muchos se preguntarán si existen razones valederas para finalizar esta temporada “tan pronto”. Las hay, y tienen que ver con un estado de ánimo personal y, asimismo, con un firme designio de no caer en una virtual repetición de intenciones, ya que todos saben que siempre me he esforzado en brindar la mayor variedad en eso de “el disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota”.

Pienso que no es ningún pecado poseer (e incluso glorificar) uno o dos álbumes de los aquí reunidos, pues, como se dice por allí, “al mejor cazador se le escapa la liebre”. No obstante, considero que atesorar más de cinco discos de los expuestos sería propio de un cultor honoris-causa del mal gusto. Siguiendo en esa tesitura, creo que tener más de diez, bien podría ser digno de un tratante de blancas, un peligroso psicópata o un traficante de armas. Pero a quien tenga el deshonor de coleccionarlos todos, le pediría que se interne de inmediato en un asilo, por el bien de la Humanidad; o mejor aún, le aconsejaría a sus allegados que no se agachen en su presencia.

Sepan que hay muchas basuras más en mi lista negra, esperando el momento de ver la luz de la justicia. Sólo es cuestión de ir compilando ideas nuevas y originales, para desarrollarlas de la manera más satisfactoria posible. Aunque eso será el recién próximo año.

Por lo tanto, tomen esto como un compás de espera y no como una despedida, pues seguiré contestándoles a cada uno de ustedes, en la medida de lo factible.
Para terminar, les pido que vean este post final como un balance y me escriban algunas líneas acerca de lo que les pareció este ciclo de Los Peores Discos.
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Les deseo un excelente año a todos, a los que me quieren y… bueno… a esos otros.
¡Hasta la próxima temporada!
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Y mientras esperan...
TÓPICO DE DISCUSION DE LA SEMANA EN BLOGGER Y FACEBOOK: "La música de Coldplay es tan relevante como un cinturón negro en yoga". (Opinen en esta misma nota.)
REPOSTEO DE LA SEMANA EN FOTOLOG Y FACEBOOK: "Pink Floyd - A momentary lapse of reason". (Opinen en esta etiqueta.)

16/10/09

BACKSTREET BOYS - This is us


No quería concluir esta temporada de Los Peores Discos sin antes acercarles uno de los más grandes abusos (si no el mayor) que concibió el más manoseado género del entretenimiento para masas: el teen-pop.
Estoy completamente seguro de que la Convención de Ginebra debe haber desaprobado la utilización de esta obra en prisioneros de guerra.

Este conjunto de sinvergüenzas se formó en 1993, gracias al “visionario” magnate Lou Pearlman, que desde su Florida natal concibió esta chirigota. Él quería formar un grupo de cinco chicos jóvenes que supieran cantar y bailar, y para ello puso anuncios en periódicos locales, siendo seleccionados A. J. McLean y Howie Dorough; éstos ya se conocían por haber acudido a las mismas audiciones en busca de trabajo. El tercer componente fue un niño de 13 años, cantante y actor infantil, llamado Nick Carter, quien tuvo que decidirse entre el grupo y una muy tentadora oferta del famoso programa Mickey Mouse Club, cantera de más artistoides tipo Justin Timberlake, Christina Aguilera o Britney Spears. El cuarto miembro resultó ser Kevin Scott Richardson, quien trabajaba en el parque de atracciones Disney World, ¡
disfrazado de Aladin! El último autómata en ingresar fue Brian Littrell -primo de Carter-, que se destacó desde pequeño en el coro de su iglesia. ¡Vaya seleccionado del más puro aguante!

Pocas cosas existen que estén más alejadas del rock y el pop, e incluso del estilo ‘boy band’ (cuyos auténticos iniciadores fueron los New Kids On The Block y no estos patanes), y que ponen tan cachondos a los físico-culturistas, estilistas, diseñadores de interiores y princesitas púberes de hogares de clase media, sin olvidarnos de las damas que compiten en las ligas mayores del juego de canasta. De todas, ésta se lleva todos los lauros.

Veamos ahora el top-10 del perfecto ejemplar a quien puede interesarle este descalabro:

#10: El atrofiado genital que llora de emoción cada vez que se estrena una nueva versión de la saga de “Rápido y furioso”.
#9: La chirusa que elige “Celebra la vida”, de Axel, como ringtone principal de su celular.
#8: El paquidermo que prueba el sistema DVD de su auto con un recital de Los Tres Tenores.
#7: El grasa que baja el tema “Back in black” a su i-phone para utilizarlo como fondo de un streap-tease.
#6: La inefable coleccionista de temporadas completas de “Beverly Hills 90210” o “Friends”.
#5: El pálido oficinista que almacena sólo 5 temas (en 128 kps) de Sonohra en su i-pod de 20 Gb.
#4: La infeliz que tararea temas de Maná mientras huele desodorantes para pisos en un supermercado.
#3: El perversito que envía un SMS al 90100 para aprender poses del Kamasutra y luego se desespera al no saber cómo dar de baja el servicio.
#2: La minusválida que gasta su aguinaldo en una entrada para ver a Arjona desde una ubicación a no menos de 400 metros.
Y el puesto #1: El salame que se mete en un crédito a 10 años sólo para hacerle la Fiesta de Quince a la nena, quien seguro no elegirá ningún tema de estos zánganos, sino "Angels", de Robbie Williams, para su entrada triunfal.

Esta defecación, la más nueva de todas las asquerosidades artificiales que grabó este verdadero “quinteto de la muerte”, constituye el paradigma inapelable de que la música pop está en serio peligro de extinción. Es que esto es música para gente que no puede entender de qué se trata la música.

Ya sin Kevin en sus filas, los “Backshit” ¿Boys? editaron “This is us” (¿Esto son ustedes?), en octubre de 2009, sólo para volver a afianzarse sólidamente en el podio más alto de la cortedad discográfica. El último vómito de la banda vocal más vendedora del planeta fue producido por Max Martin, RedOne y Jim Jonsin, y contiene exactamente lo que buscaría cualquier fan voraz del Disney Channel: histeria en almíbar. Sin embargo, estoy seguro de que, tanto Pluto como la Sirenita, detestarían el álbum, mientras que a los chicos de I-Carly les agarraría un ataque de risa que los llevaría a la taquicardia.

La única canción digna de mención es “Straight through my heart”, nada más que por ser el corte de difusión. En ella, los BSB se asemejan a unos Duran Duran sin huevos, luego de 18 meses en las Termas de Río Hondo.
Todo lo restante que puebla este pernicioso compacto (sobre todo “Bigger”, “Masquerade”, “She’s a dream” y “Undone”) abunda en jadeos y susurros ilusoriamente seductores, lugares comunes reciclados una y otra vez de su odiosa producción anterior, que muy poco agregan a su malhadada carrera.

¡Y conste que no utilicé la palabra “gay” en ningún momento!
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Epílogo: La única manera que tengo yo de ver a estos inservibles es a través de la mira de un rifle. Y en vez de haber perdido mi tiempo en elegir para mi última crónica del año entre “Backstreet’s back” (su peor disco de antaño) y este flamante desliz, tendría que haber invertido ese esfuerzo en optar entre la precisión de un Armalite AR-30 y el poder de fuego de un AI Arctic Warfare 50.
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El clip de "Straight through my heart". A juzgar por la torpeza de sus movimientos, tengo la impresión de que, en lugar de hacer una coreografía, estos maduros íconos juveniles están padeciendo una sesión de rehabilitación kinesiológica.

06/10/09

DEF LEPPARD - X


Cuando una dudosa banda de ‘hard’, luego de un cuarto de siglo de trayectoria, decide publicar un álbum comercialísimo, por entero destinado a captar la atención de las adolescentes, se convierte inevitablemente en un paradigma de senilidad y, lo que es peor, de estupro encubierto. Si a esto le sumamos una insalvable propensión a destilar grasitud en su propuesta, consistente ésta en ocho baladas melifluas entre 13 temas ñoños totales, ya estamos en presencia de uno de los peores discos de pop-metal de todos los tiempos. ¿Por qué? Porque aquí no hay metal. ¡Así de simple!
Nada puede ya salvar a Def Leppard del derrotero hacia la más baja decadencia, de la peor canción de pepinos en la entrepierna, de la peor bacanal con cerveza caliente y sonrisas de groupies veteranas (más cerca del Corega que del ratón Pérez), sólo equiparable a lo que le sucedió a los integrantes de Steel Dragon en el esclarecedor film “Rock star”. Esto le da a uno más vergüenza ajena que la matanza de ballenatos por parte de los buques-factoría japoneses, que, de todos modos, logran juntar menos grasa que estos ingleses, en el pico de su pereza creativa, con “X” (encima, su 9º álbum), de 2002.
Nota: no castiguen a los que creen que estos sujetos son yanquis, pues siempre se empecinaron en sonar ‘americano’, y la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer.

Supongo que algún fan se habrá quejado, no sólo del contenido de este abominable trabajo, sino de su título, que revela la más pura impersonalidad. Error, señores, pues este calificativo es el más exacto que pudo tener el disquito en cuestión.
Sostiene el lingüista chileno Maximiliano Mena Pérez que el uso de letra X es el indicado para designar la incógnita en las ecuaciones, y en expresiones tales como ‘lo hizo X persona’ o ‘las cosas se dieron por X causa’. Afirma que esto proviene del árabe, donde la S de la palabra “sai”, que significa ‘cosa indefinida cualquiera’, se pronuncia igual que la X castellana antigua. Por asociación, el disco homónimo nos habla de incapacidad y nulidad en los asertos más elementales, y, en consecuencia, de que la esencia de Def Leppard está más vacía que nunca, y que sus cerebros están necesitados de pasto fresco, de un pronto recambio de sangre y de vacaciones permanentes para beneficio de todos.

Esta banda, liderada por Joe Elliott y el desaprovechado futbolista Rick Savage, se formó en 1977, en Sheffield, obteniendo su nombre al reconvertir el de Deaf Leopard sólo para no quedar pegados a la etiqueta punk (?).
¡Qué puede esperarse de una banda cuyo NOMBRE se parece tanto al de Led Zeppelin que apesta ya de movida! Aquel que dice que nunca se le ocurrió asociar estos dos motes, ¡miente! Quien piensa que este grupo es fundamental en la historia del metal, ¡delira! Y el que sostiene que esta banda tiene algún mérito en su obra, más allá del debatible LP “Pyromania”, ¡alucina! Sin embargo, esta agrupación es citada en la historia del rock por ser paladines de la primera ola del heavy-metal británico (insisto, para mí, pop-metal) y bla, bla, bla. Otras fuentes hablan de sus ventas multimillonarias y bla, bla, bla. Yo sostengo que fue por un solo motivo:
LA ÚNICA VIRTUD DE DEF LEPPARD FUE SOBRELLEVAR BIEN LA DESGRACIA DE SU BATERISTA, QUE PERDIO UN BRAZO EN UN ACCIDENTE DE AUTO, PUES, DE LO CONTRARIO, HABRIAN SUCUMBIDO AL OCTAVO AÑO DE SU EXISTENCIA.

Por consiguiente, todas las atenciones se centraron en ver cómo se las iría a arreglar Rick Allen para seguir tocando. Justo es reconocer que sus colegas estuvieron muy solidarios al no reemplazarlo, pero este espacio no se especializa en cuestiones de caridad y menos en ortopedia. Aclarado este punto, continuemos...

La banda más trivial del Mundo reunió en esta genuina herrumbre más de una docena de defecaciones inservibles, de las que se diferencian (únicamente por no ser baladas) “You’re so beautiful”, “Four letter word” (caca) y “Gravity”, tres temas tan ominosos que ni Bryan Adams los usaría para lados B de sus singles.
La producción dio asco, a pesar de haber convocado a un experto en el tema, Pete Woodroffe, y, debido a la estrechez artística obtenida, la discográfica decidió no apoyar este lanzamiento, por lo que se lo consideró un fracaso en todo sentido.

Por último, sugiero que, en vez de sufrir con este CD nauseabundo (menos rockero que una guitarra eléctrica con transporte y más desagradable que el yogur de banana marca Ser), vean el film “Histeria: the Def Leppard story”, que brinda una excelente radiografía del auge y deterioro del grupo, y de las vicisitudes de este subgénero, tantas veces risueño, cuando no grotesco.
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Síntesis: Ya que estamos tan peliculeros… Si amás este disco, es porque en la peli “School of rock” aprobaste y aplaudiste el triunfo de la banda No Vacancy.
Pero si adorás a Def Leppard incondicionalmente, vos no sos de los que se colocan un pepino en la entrepierna. Vos te ponés un anco entero.
¿Y sabés qué podés hacer con el disco? Una regia ensaladera. Para cuando te canses de inventar boludeces.
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"No podría quererte más, pero podría quererte mejor.”
“Cuando el amor es rey, no necesita palacio.”
“Se puede ser feliz sin talento, pero no sin pasión.”
“El amor es el único idioma que puede prescindir de las palabras.”
“Sólo los cuerdos aman con locura.”
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Estos aforismos de José Narosky, mezclados con este clip de "Long long way to go", constituyen un cóctel explosivo, mucho más potente que seis pastillas de Viagra al hilo. Piensen en las consecuencias...

24/09/09

LENNY KRAVITZ - Baptism


¿Cuántas veces nos hemos topado con temas que nos recuerdan a otros ya conocidos? Un estigma que muchas veces calificamos como plagio inconciente o directamente como robo descarado. Según las sociedades de autores y compositores de muchos países, plagio es “copia, en lo substancial, de una obra ajena, haciéndola pasar como propia”.
Tal es el caso de la melodía de “My sweet Lord”, que George Harrison confesó haber hurtado de “He’s so fine”, de las Chiffons. O John Lennon, cuando hurtó la cadencia de “You can’t catch me”, de Chuck Berry, para su “Come together”. O las estrofas de “Do you believe in shame”, de Duran Duran, que suenan demasiado a “Suzie Q”. O los famosos “Creep” y “Just”, de Radiohead, afanados vilmente de “The air that I breathe”, de The Hollies, y “No new tale to tell”, de Love & Rockets, respectivamente. O Led Zeppelin, “tomando prestados” los riffs de “You need loving”, de Small Faces, para componer su célebre “Whole lotta love”. O al revés incluso, cuando Pearl Jam, mediante “Given to fly”, ultrajó la bonita balada “Going to California”, de Page y Plant. O -ya que estamos- “Yellow ledbetter”, de Eddie Vedder, sustraída sigilosamente de “Little wing”, de Jimi Hendrix. O la armonía de cuerdas de “Bittersweet symphony”, de The Verve, achacada a tiros a “The last time”, de los Stones. O Nine Inch Nails escamoteando para “A warm place” la totalidad de “Crystal Japan”, de David Bowie. O los hiperinflados Coldplay, que enfrentan un juicio debido al tema “Viva la vida”, robado a “If I could fly”, de Joe Satriani. O Vanilla Ice, que ganó fama con “Ice ice baby”, sin pagar derechos a Queen, por desvalijarles “Under pressure”.
O Soda Stereo despojando a Ride, Tina Turner a Cher, Guns n' Roses a T. Rex, Michael Jackson a Al Bano, Madonna a Salvatore Acquaviva, Jet a Iggy Pop, Oasis a Procol Harum, Galleon a Kylie Minogue, ésta a Donna Summer, Tizziano Ferro a Kelly Osboure, y ésta a Visage, llegando a casos insólitos, como el citado Chuck Berry, que se robaba a sí mismo las ‘intros’ de sus inmortales rocks.

Pero hay un individuo que no necesitó saquear riffs, ni estribillos, ni estrofas, ni posturas, ni improntas determinadas a tal o cual músico, ya que TODA SU OBRA constituye un impresionante COMPENDIO DEL ASALTO PERFECTO a las fórmulas probadamente exitosas que pudo hallar dentro del rock, en 30 años de dudosa carrera. Así cimentó su triunfo Leonard Albert Kravitz, justamente, en base a succionarles ideas a varios creadores originales, entre ellos, Prince, Beatles, Sly & the Family Stone y Jimi Hendrix.

Hacedor de hits indiscutidos, dueño de una magnífica voz, y guitarrista-multiinstrumentista-oportunista como pocos, este monarca del ‘copy/paste’ utilizó retazos de lo más efectivo del hard-rock, funk, glam y pop, produciendo un suceso pocas veces visto, capaz de edificar un imperio monetario inaudito, salvo por un detalle: que como bien reza el dicho popular, “la mentira tiene patas cortas”, y es en este álbum donde el artista le vio la entrepierna a Dios. No en vano, “Baptism” tiene la portada que tiene. En ella se ve al músico nadando en la sangre de los creativos que a él le convino sorber. Y no porque sí el disco se llama “Bautismo”, pues lo más probable es que Kravitz, contrito, haya decidido bautizarse en 2004 para librarse de su enorme pecado original (¡y capital!).

Todo es débil, repetitivo e insustancial aquí, donde, a pesar de tocar Lenny casi todos los instrumentos, las buenas intenciones se esfumaron (igual que en River Plate, que cada día se asemeja más a Perú, y no tanto por su atuendo). “Minister of rock ‘n roll” es pura autoindulgencia, “I don’t want to be a star” es mera hipocresía (es fácil cantar que sólo se desea una Chevy y una vieja guitarra cuando se vive en una mansión descomunal), y “Sistamamalover” recrea en exceso la receta de Prince (¿Sexy motherfucker?). “Storm” pudre el aire con su horrendo rap, a cargo de Jay-Z, y el corte pasatista “California” apesta a duplicado de la banda Fountains Of Wayne. “Where are we running?” y “Flash” se parecen al peor Kiss, en plena diarrea estival, mientras que “Calling all angels”, “What did I do with my life?”, “Baptized” y “The other side” se exhiben como sebosas baladas melodramáticas, hechas ex profeso para humedecer coños de teenagers.

Una producción digital que sólo logra que los fans pidan a gritos que Lenny vuelva a escuchar “Mamma said” y que retorne al modo analógico valvular de grabación. Aunque yo pienso que, para editar impurezas como ésta, mejor sería que Kravitz buscara un lugar en las pasarelas como modelo de alguna marca de jeans.
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Conclusión: Lenny explicó en una entrevista para Guitar One la razón por la cual algunas celebridades no merecen ser famosas: “Miren a esos ídolos que ensalzamos. Un montón de sujetos que no hacen más que caminar por una alfombra roja y que concurren a fiestas de alta sociedad, sólo para engancharse con la gente correcta. Por eso son famosos. ¿Y para qué?”.
Lo extraño es que eso es exactamente lo yo que pienso de él.
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"¿Hacia dónde estamos corriendo?", se pregunta Kravitz en este clip. No sé ustedes, pero yo sé a dónde corre él. Hacia la gloria de Jimi Hendrix que jamás alcanzará este émulo de todo y paladín de nada.

12/09/09

PASATIEMPO: Descubra el grupo oculto más sobrexpuesto del planeta

Eligiendo un nivel de dificultad (acorde con su fanatismo), arme este puzzle y podrá ver la imagen de una de las bandas más oligofrénicas del ancho mundo del rock and roll.
Sugerimos realizar este entretenimiento sólo si se dispone de demasiado tiempo en balde.


Jigsaw Puzzle by Crazyprofile.com

06/09/09

VILLAGE PEOPLE - Renaissance


Imploraba yo, mientras transcurría mi espeluznante excursión por el Valle de la Esfera Espejada, en Bailandia, que mi mal trance finalizara cuanto antes. Aquí y allá, vastas depresiones repletas de humo maloliente de acetato de vinilo achicharrado, plástico corrompido y papel ilustración ilegible revelaban los estragos perpetrados por el fuego perenne. La ascosidad se acumulaba a la vera del estrecho sendero y los precipicios, antes insondables, estaban atiborrados de deshechos rítmicos. Así, con la poca vista que tenía para clasificar la roña circundante, observé cómo se acopiaban los más increíbles ejemplares que el género discotequero pudo concebir. Caminé por un desfiladero que me llevó hasta la esencia misma de la malandanza reinante. Poco a poco, pude hacerme de valor para afrontar los hedores de abandono cultural, y así descubrir objetos que me eran familiares. Tiradas al azar, se amontonaban partituras de canciones olvidadas, alguna vez exitosas, una de las cuales me llamó la atención. Era “Born to be alive”, de Patrick Hernandez. Mi gemebunda memoria aún podía evocar su fugaz estribillo apisonado por el tiempo.

Más boñiga se insinuaba ante mi absorto ser. Una portada medio incinerada del disco “Tear down these walls“, de Billy Ocean, escondía, vergonzante, el único álbum de Jazzy Mel, fundido con un magazine de la Ritchie Family. A su lado, yacía un cassette sin cinta de Eddy Grant, etiquetado como “en vivo en el Country de Banfield”.
Por doquier se esparcía la vergüenza, por lo que apuré mis pasos para salir del embotamiento que me invadía. Más adelante, vi pedazos de memorandos pusilánimes, como aquél del sello Phonogram, que felicitaba a Lipps Inc. por el éxito de “Pucker up”, una copia de la recesión del contrato por el que BMG expulsaba de su staff a Boney M., debido al fracaso de su “Eye dance”, y lo que más me conmovió: el organigrama de la campaña que encumbró al dúo Milli Vanilli a la condición de superastros.

Ah, ¿pero qué hacía yo en ese festival del ocaso? A la par que tejía un sinnúmero de conjeturas, mis pies tropezaron con una edición limitada de “Rock solid”, de Commodores, y mi cuerpo se hundió en un lodazal de viscosa resina. Lo último que alcancé a ver antes de desvanecerme, fue un sobre interno despedazado del álbum “Unite”, de Kool & the Gang, y un ‘flexidisc’, ya convertido en cenicero, de Denise LaSalle, pues la líquida fetidez me llevó inconciente hasta una letrina natural en la que sobrenadaban más improperios artísticos. Volví en mí sobresaltado, y nadando como pude entre la suciedad, llegué hasta la orilla. Desde ese ángulo pude divisar un promontorio en el centro del mugriento lago, que a modo de santuario, ostentaba varios ejemplares de “Renaissance”, de la banda insignia del ‘disco sound’ californiano: Village People. Advertí que no estaba solo en esos parajes infernales, y que dicho tabernáculo había sido erigido adrede por criaturas del Averno; comprendí que aquello era una señal de seres confundidos que adoraban esa obra nociva.
Con restos de reediciones de “Rockollection”, de Laurent Voulzy, “Emotional rescue”, de los Rolling Stones, y el maxi-single “It’s alright”, de Gino Soccio, construí una balsa y remé hasta aquel altar. Allí descubrí un obsoleto reproductor de video que invitaba a ser encendido, mas no bien hube puesto la primera canción, “Do you wanna spend the night”, se vieron proyectadas en los acantilados imágenes de danzarines demoníacos disfrazados de coiffeurs, que iniciaron un atroz baile que no recuerdo haber visto ni en Música Total. Amanerados performers, que dejaban muy mal parados a los autores de “Macho man” y “Y.M.C.A.”, acompañaban los monstruosos números pretendidamente new romantic; inequívocos indicios de que los Village People ya no eran aquellos divertidos seudo-gays, con atavíos de policía, cacique, albañil, marinero, motociclista y vaquero, sino espectros carroñeros ochentistas, émulos del peor chiste postmoderno.
La pesadilla parecía no terminar nunca, pero, por suerte, el timbre de casa me despertó anunciando a un vendedor de plumeros.

Al margen del mal sueño, “Renaissance” me pareció una de las ideas más colosalmente estúpidas de toda la historia de este estilo, que no se destacó precisamente por su brillantez. El fallido hit “5 o’clock in the morning”, el despreciable “Action man” (si fuera de Devo, merecería la silla eléctrica), más “Big mac” y “Diet”, posibles sobrantes del film “Can’t stop the music”, nos dan una clara imagen de lo desconcertados que estos tipos estaban en 1981. ¿Se habían vuelto punks? Digo esto porque “Food fight” suena a una pésima banda tributo a Ramones, incluido un Farfisa muy sacado de contexto.
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Epílogo: Mil gracias al gran Dante Alighieri, por tanta inspiración, y un millón de gracias a Village People, por haber sido los causantes de que en mi adolescencia haya elegido el difícil camino del rock, en vez de la cómoda autopista hacia el hedonismo bolichero.
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Village People en un banquete medieval donde se comen los mejores cortes de la mejor carne de artistas "en serio" del género disco. Con lo que más tarde defecaron, se produjo "Renaissance".

27/08/09

STING - Sacred love


Hace ya un tiempo publiqué en mi blog una encuesta que invitaba a votar la fórmula musical más acertada. He aquí, de nuevo, las opciones. Medítenlas.

½ Rolling Stones x Bob Marley (-1) = Viejas Locas
Reggaetón + distorsión + MTV = Limp Bizkit
Syd Barrett + Moody Blues ÷ alta gerencia = Pink Floyd
Deep Purple – originalidad + ¼ V8 x Beto Orlando = Rata Blanca
Bon Jovi + Los Nocheros = Maná
Axl Rose – (Slash x infinito) = Chinese democracy
Abba x Angra + castillismo + distorsión = Bare Infinity
Satriani – humildad x CQC = Diego Mizrahi
Sigur Rós – dinero + Radiohead = Bauer
Erasure + Virus ÷ (Scissor Sisters x Pimpinela) = Miranda!
Motörhead + Larralde + Goebbels = Almafuerte
Coldplay + delay ÷ i-pod + ONG = U2
Redonditos – (talento x obviedad) = Pier
Enrique Pinti x Coco Silly = Mona Jiménez
Indio Solari – (lucro cesante x impunidad) = Pato Fontanet
Paz Martinez + GG Allin = 0

Ahora permítanme definir una ecuación para Sting:
(Police x barrio privado) – (World music x tortuga azul apoliyando) + (8 hs. sexo tántrico x Live 8) = Gordon Sumner.

¡Atención fanáticos de Ricky Martin, Fergie, Joss Stone, Rihanna, Santana y toda esa caterva adulada por egresados de la efímera carrera de graboperfoverificación! Éste es el disco perfecto que colmará de dicha sus vacías vidas, el disco correcto que yo regalaría a un alto ejecutivo de una empresa petrolera si quisiera sumar puntos a mi currículum para ingresar en su staff, el disco ideal para cualquiera que querría poner una sucursal de McDonald’s en Bhután, y, por supuesto, el disco indicado para que nuestro matrimonio imperial decida afincarse definitivamente en El Calafate, para abandonar sus sueños mesiánicos y no manipular más al Pueblo.

La apoteosis del sueño eterno tiene su cenit en esta desgracia inhumana, más apropiada para un oso polar hibernando que para una anciana colmada de somníferos. La banda sonora, que puesta en modo ‘repeat all’, haría mucho más llevadero el letargo helado de Walt Disney. El álbum menos estimulante que jamás haya grabado el otrora maestro de escuela, ex-prócer de la new wave, y actual ícono de la new age, se llama “Sacred love” (2003).

Bien podría haberse dedicado Sting a la política ambiental o a amasar pan en un horno de barro etíope, en vez de haber contribuido a la separación de The Police. Una carrera inmaculada que fue luego degenerada por un antojo seudojazzístico, peligrosamente A.O.R., y que cayó en bagatelas como este álbum, y demás, apenas menos latosos, como “The soldier’s tale” y “Songs from the labyrinth” (en la que condimenta con calmantes la obra del compositor post-renacentista John Downland.). Y mejor ni hablar de bandas de sonido de films aptas para comatosos, tipo “Dolphins” o “Bee movie”.

Pensar que hay tanta gente insomne que permanece despabilada frente a alevosos lavados de cerebro pergeñados por la Iglesia Universal del Reino de Dios o hipnóticos anuncios de TeVeCompras, concebidos por egresados de la Gestapo. ¡Qué desperdicio de vida, señores! ¡Aquí esta su solución final! Prueben con una escucha entera de este tributo al Valium y verán cómo sus ojitos se entregan a los dominios del dios Hipnos, de la manera más plácida y menos angustiante, pues en esta obra anestésica ¡no sucede un carajo!

Un álbum de canciones incoloras, inodoras e insípidas, donde el artista mezcla todo tipo de sedantes -étnicos y pop-, y que los sumergirá en un estado embrionario del que únicamente podrán sobreponerse mediante una fuerte dosis de éxtasis. Prueben, si no me creen, barbaridades como “Inside”, “Send your love” (con el “superastro del flamenco” Vicente Amigo), “Whenever I say your name” (junto a la dudosa diva del soul Mary Jane Blige) y “The book of my life” (con Anoushka Shankar, otra hija de ya se imaginan quién). La única salvedad está dada por “This war”, donde la banda parece desperezarse un poco de la modorra sistematizada. De los demás números escapen prestamente, si no quieren quedar inertes de por vida, pues una vez adormecidos, los sorprenderá Sting disfrazado de Freddy Krueger.

Es bien cierto que, llegada cierta edad, hay que encontrar el equilibrio de la mente y el cuerpo. Siendo “Sacred love” el extremo catatónico de la cosa, habría que escuchar algo del antiguo Napalm Death para alcanzar el vértice excitante del rollo. El promedio entre ambas propuestas nos daría la verdadera armonía deseada; de lo contrario, se caería en un aburrimiento tal, que llevaría a uno a intentar embustes como la hipócrita reunión de Police, en 2007.
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Conclusión: Sting sostiene que dedica 8 horas diarias a hacer el amor tántrico con Trudie Styler, y previendo que 6 horas, como mínimo, las destine a dormir, le quedarían sólo 10 horas para sus asuntos particulares. Suponiendo que el salvataje de los manatíes y los derechos humanos en Burkina Faso le insuman unas 4 horas, con el agregado de 2 horas para resolver cuestiones de negocios, y 3 horas más para la vida familiar y el aseo personal, le restaría sólo una hora libre para componer y ensayar.
Ahora entiendo por qué le salen vaciedades como ésta…
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¿Este es el mismo tipo que cantó "Fall out"? Claro, aquella era una coyuntura en la que imperaba el punk rock, y ésta, la de un mundo fatalmente globalizado. Sting canta "Whenever I say your name", junto a Mary J. Blige, y nadie sale de la modorra. Pero no es culpa de la estrella del soul invitada. Es que un tema así no lo saca adelante ni Jello Biafra.

16/08/09

BON JOVI - This left feels right


Elvira y Ernesto hacen su entrada triunfal por el pórtico del salón de fiestas, repleto de parientes e invitados. Los recién casados habían sugerido al disc-jockey que pusiera el clásico “It’s my life”, de Bon Jovi, pero el DJ, no muy avezado en discos de rock (como todo DJ) hace sonar la versión del álbum “This left feels right”, y la gente, estupefacta, comienza a abandonar el recinto, dejando sola a la pareja, con toda la comida, el cotillón y una torta de siete pisos sin estrenar. El flamante matrimonio sobrevive apenas unos escasos días hasta el accidente fatal que pone fin a su viaje de bodas.

Randall, un científico que estudia a los pandas en los bosques de China, decide llevar para una expedición el álbum de grandes éxitos de Bon Jovi que un colega le había obsequiado. Le parece buena idea animar con música a estos simpáticos animalitos en serio peligro de extinción, mas como sabe mucho de zoología y poco y nada de hard-rock, les hace escuchar el éxito “Livin’ on a prayer”, pero en la versión del CD “This left feels right”. Sin explicación aparente, los pandas se despiertan de su apacible letargo y comienzan a caer como fulminados de los eucaliptos. Toda la comunidad queda aniquilada y Randall se queda atónito, restregándose la barbilla.

Giovanna logra vender una costosa mansión en la isla de Capri a unos entusiastas compradores estadounidenses. El día de la operación reúne a los interesados en su oficina, no teniendo mejor idea que reproducir en su estéreo la célebre balada “Bed of roses” para crear buen clima. Al no disponer del disco “Keep the faith”, no tiene más remedio que poner la adaptación incluida en “This left feels right”. Los potenciales adquirentes se levantan enfurecidos de sus asientos y se esfuman por la puerta de servicio. No sólo se pierde un negocio récord en la historia de los bienes raíces, sino que los compradores le inician una demanda millonaria por daños. Giovanna se embarca en un carguero pakistaní y desaparece del mapa.

Si “This left feels right” es un álbum que reúne los más grandes triunfos de la banda de Sayreville, New Jersey, ¿por qué razón fue el causante de tamañas adversidades?
Simplemente por un motivo inapelable: como a la banda se le habían terminado las luces hacía mucho tiempo, a algún manager se le ocurrió la “bendita” idea de readaptar sus más grandes sucesos y reunirlos en una especie de rejuvenecido “lo mejor de” para intentar recuperar al público perdido por tanto disparate editado con anterioridad, como “Crush” o “Bounce”. Sin embargo, los temas fueron tan vilmente arruinados y tan pésimamente arreglados, que casi dan por tierra una carrera de más de un cuarto de siglo, sólo en pos de un capricho monetario. He ahí el efecto malévolo de este delito auditivo, repleto de baladas empalagosas, de un gusto tan infame que harían dar arcadas a un médico forense con tendencias coprófagas. “Bad medicine”, “Lay your hands on me”, “You give love a bad name”, “Keep the faith” y otros tantos números otrora significativos -más los indicados ut-supra-, fueron rearreglados en una veta tan acústica y parsimoniosa, que harían que un James Taylor parezca un astro de speed-metal en comparación, y tan ‘hortera’ y pueril, que lograrían que, a su lado, un Miguel Bosé se eleve al estatus de mártir anarquista.

Bon Jovi es un grupo que no ha gozado ciertamente del favor del consumidor masculino de heavy metal, pero sí del femenino de baladas tiernas, una audiencia siempre ávida de nuevos príncipes azules. Una agrupación que cimentó su gloria, en gran parte, gracias al carisma indudable del carilindo de John Francis Bongiovi (alias Jon Bon Jovi), lo que la llevó a vender una cantidad apabullante de discos a lo largo y ancho del Globo, pero que, luego de varias obras muy discutibles, llega a 2003 con las mentes de sus creadores vacías de inspiración y llenas de sedantes, para producir este oprobioso y miserable álbum de fallida “nostalgia”. Y no hablemos ya del título, “Esta izquierda se siente derecha”, lo que constituye toda una declaración de principios en sí misma.

Por último, sepan que este desastre marcó el rumbo inflexible de futuras porquerías, como el pegajoso “Have a nice day” y el excesivamente country “Lost highway”, que hundieron al grupo más y más en el hondo légamo cochino, sitial del que dudo que vuelva a levantarse alguna vez.
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Advertencia: Hay un conocido dicho que reza: “los asientos de los managers están tapizados con piel de músico”. Si amás este álbum y sos manager, podría tocarte en suerte la parte de la espalda de algún buen guitarrista de hard rock, pero si adorás este disco y sos fan del antiguo Bon Jovi, seguro que te corresponderá un trozo del culo de algún percusionista de salsa.
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Bon Jovi, en concierto, tocando "It's my life" ante una audiencia llena de preciosas minitas. Una ocasión únicamente ideal para jóvenes desesperados por la caza mayor. Todas las demás personas que no estén en situación de celo, habrán de concluir que de este tipo de eventos no se puede obtener nada más.

07/08/09

OZZY OSBOURNE - Under cover


Mi ex–estimado Ozzy: ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Cómo puedo ser imparcial y bienintencionado luego de oír esta barbaridad que grabaste en 2005? ¿Te parece correcto arruinarme el fin de semana de ese modo tan gratuito e impune? ¿No tenías nada mejor que hacer que recurrir a tan gastado recurso para no caer en el aburrimiento? Bien podrías haber empleado mejor ese tiempo en hacer un largo viaje alrededor del mundo o iniciarte en deportes menos suicidas como el parapente o el salto bungee.
Nunca tan bien citado aquello de “cuando no hay nada que decir, es mejor no decir nada", que nunca me canso de afirmar. Pero, en fin, lo hecho, hecho está, y ahora yo debo lidiar con este “Under cover” tuyo, que todavía sigo eructando como una lasaña en mal estado.

A ver… No es que hayas desfigurado las canciones ni reinventado las mismas. No hiciste más que interpretarlas robóticamente, sin ningún sentimiento, ni ganas, ni fuerza, ni pasión. Y es que acá, en tu álbum de versiones, no ocurre nada trascendente. Y eso es lo imperdonable. Sigues teniendo esa voz tan chirriante y opiante que funcionó con mágica destreza en Black Sabbath y en tus obras solistas de metal clásico, pero que hace agua en estos temas que son mucho más apropiados para otra clase de cantantes, y que contribuyeron sólo a satisfacer las voraces ansias de acumulación de capital de tu mujer, la insaciable Sharon. No te bastó con hacer el ridículo en tu reality para la maligna MTV, un grotesco que luego perpetuaron tus colegas Gene Simmons, para la cadena A&E, y Brett Michaels, para VH1, y que algún día podría continuar el Pato Fontanet en el penal de Sierra Chica, pero para el Animal Planet.

Tu disco es aún más indecente y artificial que "In a metal mood", de Pat Boone, y no te deja precisamente un mal sabor en el paladar. ¡No, no! Te brinda sobrados motivos para iniciar acciones legales al dueño de la disquería por no haberte prevenido de su perfidia. No quieras saber lo que te depararía a ti si te tuviera a mano. Tu bien ganada fama de “padrino del heavy metal” se ha desgranado sin remedio, haciéndote ver como un tísico “ahijado del bubblegum”, y tu prestigio de “príncipe de las tinieblas” se ha disuelto en gotitas de bilis, transformándote en un “lacayo de mañanas campestres”. Ya lo ves. La cabeza que le arrancaste con los dientes a aquella pobre paloma no sirvió de nada; tampoco aquel joven canadiense de 19 años que se suicidó escuchando un tema tuyo.

No todo lo que tocas se vuelve oro, Ozzy, porque no eres el rey Midas, ni mucho menos. Más bien diría que tu disco es pura pirita, el “oro de los tontos”. Una nutrida lista de covers de artistas que dices que te influenciaron en tu juventud, pasa arbitrariamente por el reproductor sin que uno salga de su asombro. Decadentes e inútiles versiones de “Rocky mountain way” (Joe Walsh), “In my life” (The Beatles), “Mississippi queen” (Mountain), “Go now” (Moody blues), “Woman” (John Lennon), “21st. century schizoid man” (King Crimson), “All the young dudes” (David Bowie), “For what it's worth” (Buffalo Springfield), “Good times” (Eric Burdon), “Sunshine of your love” (Cream), “Fire” (Arthur Brown), “Working class hero” (¿Más John Lennon?) y “Sympathy for the devil” (Rolling Stones) conforman un paquete más adecuado para ser utilizado por la ETA que para refugio de un nostálgico desesperado. Y como si fuera poco, la versión ‘dual disc’ incluye “Changes”, original de Sabbath cantado a dúo con la inútil regordeta de tu hija Kelly, de profesión ‘nena de papá’, y “Dinner with Ozzy”, un “mocumental” en el que, a pesar de repetir la palabrita “f*ck” todo el tiempo, te ves como una rara mezcla entre el ‘Drácula’ de Gary Oldman y la señora Mirtha Legrand.

Permíteme ahora una justa invocación:
Señores directivos del sello Epic, señora manager Sharon Levy, señor ingeniero de grabación Bruce Sugar, señor productor Mark Hudson, señor guitarrista Jerry Cantrell, señor baterista Mike Bordin y señor bajista Chris Wyse: ¡VÁYANSE TODOS A LA RAMERÍSIMA MATRONA QUE LOS CREÓ!

Las malas acciones se pagan en vida, y desde esta columna te conminamos a que pidas perdón por esta roña musical, teniendo la hombría de subirte por tus propios medios a un cohete que te lleve directo a Neptuno. Quizá te entusiasmes haciendo versiones de himnos de esas latitudes y no vuelvas por un buen tiempo a este planeta, so pena de ser apedreado (reality mediante) en la plaza pública que Sharon (¿quién otra?) indique. ¡Por la dignidad de los autores que aquí deshonraste! Y no me vengas a hablar de “Black rain”, lo que me daría kilómetros de argumentos para seguir flagelándote sin piedad.
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Síntesis: Si te encanta este álbum, podrías colaborar con Sharon en sus próximos proyectos para Ozzy: un disco de valses peruanos, cien Ozzfests más, o la enésima reunión de Black Sabbath (en formol) para su 50º aniversario. Todo vale con tal de que la caja registradora siga tintineando.
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Más lacrimógeno que un telenovelón venezolano, más cursi que un libro de Corín Tellado y más falso que un álbum en vivo de Milli Vanilli, este dueto onda "complejo de Electra" me ha producido una urticaria que no se me quita con nada. Espero que a ustedes no les suceda lo mismo. Por las dudas, no lo vean más de treinta segundos.

27/07/09

SEPULTURA - Against


Todos sabemos que hay un antes y un después de 2001, tanto en los acontecimientos internacionales como en los vernáculos. Aquel fue un año que nos paralizó en todo sentido. Los norteamericanos conocieron la vulnerabilidad y los argentinos padecimos la impotencia. Y muchos culparon a Dios y a María Santísima por los cambios globales, mientras unos pocos atribuíamos la crisis a un disco: “Nation”, de los brasileños Sepultura. ¿O me van a decir que los hermanitos Cavalera y Domingo Cavallo no son allegados? He ahí el nudo de mi teoría terminal.

¿Pudo un mísero álbum de pésimo thrash desencadenar tanta penuria y sufrimiento? ¿Pudo este disco nocivo ser causante de pobreza, hambruna, abuso, falta de amor, racismo, guerras, plagas, sequías, malos gobiernos, envidia, avaricia, prostitución, maltrato a mujeres y niños, vejación de la naturaleza, consumismo desmedido, violencia familiar, traumas, caza indiscriminada de animales, interés sólo por el dinero, excesivo materialismo, inescrupulosidad religiosa e indiferencia como nunca antes se había experimentado?
Ciertamente, no. Pero si a partir de ese momento todos nos hubiésemos dejado seducir por el mal camino artístico que se inició con esta obra devastadora, de seguro habríamos transitado con él la más aceitada autopista hacia el Apocalipsis.

“Nation” fue la consagración de la decadencia de Sepultura, pero, así y todo, no fue su peor disco. El germen de todos los infortunios vio la luz tres años antes, en 1998, y se llamó “Against”. A decir verdad, no hay demasiada diferencia en materia de pavor entre ambas aberraciones, pero éste se lleva las palmas al desastre artístico, y de eso se trata nuestra columna, ni más ni menos, y no de analizar los desaciertos de la Humanidad.

¿Dónde estaba Max Cavalera en 1997? ¿Riéndose de su hermano Igor, a partir de su alejamiento de la agrupación para formar la mediocre Soulfly? Pues, ¡vaya ocurrencia! La que trajo al inoperante moreno yanqui de Derrick Green, y con él, toda una sucesión de desastres prescindibles, en los que se mixturaron thrash raquítico con hardcore improcedente, y esa clase de obras conceptuales fermentadas que aburren hasta producir calambres en la quijada.

Breves tópicos a considerar: Tendrían que haberse cambiado el nombre luego de la partida de Max. No deberían haber contratado a Green. Cuando no brama como un amputado, Green grita como si no tuviera dientes. Green apesta a Korn. ¡Green es un simple nicho! ¡Max era la Sepultura!
La música carece de fuerza. Cada canción es una burla a la siguiente. Las letras adolecen de inspiración: “see your brain, watch it drain, see your greed, watch it breed”. Yo digo que se logran mejores rimas en un kindergarten. Los ritmos tribales se redujeron a la par de la foresta amazónica. La colaboración de Jason Newsted en el tema “Hatred aside” es sólo tolerable. “Against” es el único número a rescatar del desbarajuste reinante. Nada más que agregar a esta gelatina light deprimente.

Duda existencial I: ¿Para qué se editó este álbum?
a. Para defender los derechos de los jíbaros... – Frío, frío.
b. Para cautivar el morbo de Stephen King... – Tibio.
c. Para engrosar las arcas de sus miembros... – Caliente.
d. Para demostrar que están más cerca de un escenario que del asilo... – ¡Se quemó!

Para todo aquel que quiera iniciarse en este grupo, corra a comprar “Beneath the remains” o “Chaos A.D.”. Nunca esto. Jamás. Con este trabajo, Sepultura se sepultó a sí mismo.
Pero no serían las únicas veces que esto le sucedería a la banda de Belo Horizonte, pues la misma fatalidad se perpetuaría, en 2002, con “Revolusongs” –EP por entero conformado por versiones–, en 2003, con “Roorback” –una muestra de egolatría para ser botada al cesto más cercano– para terminar de coronarse en la actualidad, con el flamante “A-Lex” -una obra conceptual basada en… “La naranja mecánica” –.
¡Cuánta obviedad! ¡Y después llaman “gordos” a los dirigentes matones de la CGT! Estas son las verdaderas paradojas: las flaquezas de gente obesa por tanta riqueza. Hoy en día, Sepultura no tiene un solo Cavalera en sus filas. Entonces, ¿para cuándo la reunión?

Duda existencial II: ¿Por qué se publicó este disco?
a. Por amor al arte...... 4,5%
b. Por amor al amor...... 9,3%
c. Por amor al dinero...... 23,0%
d. Por amor al pedo...... 64,2%

- ¡Ey! ¡Nos sobra un 1%!
- Claro, es para “adornar” a revistas y sitios como Headbangers, Metallerium, Zero Tolerance, Metal Hammer, Outburn, Heavy Rock, Amazon, Decibel, Hails and Horns, Metal Maniacs, Revolver, All Music, Subterranean, Kerrang!, Terrorizer y demás pasquines y paginillas, más o menos corporativas, para que escriban bien sobre ellos.
¡Al diablo, señores! Los Peores Discos no se amilanará cuando se trate de denunciar abusos como “Against”, y continuará, a como dé lugar, con su noble tarea de separar el trigo de la paja.
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Epílogo: Si amás este álbum, estás listo para aniquilar al género humano. Pero si amás al género humano, estate listo para aniquilar este álbum.
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A Sepultura, el hardcore le queda tan cómodo como un reggae a Marduk. Vean si no, este clip en vivo del tema "Against".

20/07/09

GALERIA: Más artistas humillados en este blog

18/07/09

RED HOT CHILI PEPPERS - Red Hot Chili Peppers


- ¿Sabés qué sucede cuando les suministras depresivos a Fishbone?
-
No sé.
- Lo mismo que cuando les das anfetaminas a Village People.
- ¿Qué?
- ¿Qué pasa?
- A vos te pregunto, bolas…
- ¿Qué pasa con qué?
- Vos, tarado. Dijiste no sé qué gansada de Fishbone y Village People.
- Ah, sí. El álbum debut de Red Hot Chili Peppers. ¿A quién le toca?
- A mí. Estoy pensando. Che, ¿y qué hay con eso?
- Nada. Pensá tranquilo.
- Quise decir… ¿Por qué comparaste eso con los Peppers?
- No. Yo dije “el álbum debut de los Peppers”.
-
¿Y qué diferencia hay con los otros?
- Hay.
-
Si son todos ‘una cagada’.
- No. De cada disco podés rescatar varios temas.
- Ja, ja. Vos sos el que se tiene que rescatar, mono.
- Me podés pasar el coso ése de una vez. ¿Qué te pensás que es? ¿Terapia?
-
Sí, chabón. Está bien.
- Bueno, te decía que el debut de los californianos es un hondazo en los genitales.
- ¿Por qué ése y no cualquier otro? A mí me parece una banda muy hinchapelotas, siempre haciendo lo mismo. Hay tres discos que me van: “Mother’s milk”, “Californication” y “Blood sugar sex magik”, que son buenos, pero, por ejemplo “By the way” y “Stadium arcadium” son aburridísimas fotocopias de los que te nombré. Éste que vos comentás ni sabía que existía.
- Porque sos un gil que sigue a la masa. Tus únicas fuentes de información son Taringa y el Rincón del Vago.
-
Callate, no exagerés. Y pasame el coso, que hace como tres horas que lo tenés.
- Eh, si recién me lo diste. Bueh, mirá, la cosa es así. Flea era demasiado joven y da la impresión como que, de tanto saltar, se dio la cabeza contra el techo del estudio. Anthony Kiedis canta horrible, es como si fuera otro tipo, no sé, tipo Chuck Mosely.
- O el mono Navarro Montoya.
- No es para tanto.
- Loco, ahora me vas a decir que no era una propuesta original para 1984…
- Podés ser todo lo original que quieras, pero tenés que presentarlo bien en tu primer lanzamiento. Este funk suena feo, inmaduro, mal ecualizado, mal masterizado, mal tratado, mal parido, maldito, mal todo.
-
Estás como loco, man.
- Vos escuchame. Sólo zafan dos temas, “Get up and jump” y “Police helicopter”, que tienen el estilo de sus futuros éxitos, pero lo demás naufraga en una isla desierta poblada sólo por ladillas hambrientas. El violero Jack Sherman toca como si estuviera matando coyotes en otro estado y Cliff Martínez parece estar despidiéndose todavía del Captain Beefheart. La propuesta no fragua nunca, a pesar de las buenas intenciones.
-
Muchos sostienen que “By the way” es el peor disco.
- No, es éste. Che, ¿me das el coso que me toca a mí? Uy, mirá quién viene ahí...
-
Es Mecko. Ése sí que la tiene clara.
- Sí, aunque últimamente dicen que está más predecible que recital de Keane. Vas a ver que te dice “ese disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota”.

- ¡Mecko! ¡Vení, loco! Acercate un toque.
- Hola, ¿cómo están?
- Muy bien. Escuchame. Estábamos filosofando sobre Red Hot Chili Peppers. ¿Vos qué opinás?
-
Que tienen varios álbumes.
- Hablábamos del primero.
-
Ese disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota.
- ¿Así de cortita? Ja, ja.
- El resto ya lo habrán parloteado ustedes.
- Pero era tu opinión la que queríamos. Nosotros sólo estábamos boludeando.
-
¡Tal cual! Cuando los Peppers lo grabaron, también estaban boludeando.
-
Ah…
-
Bueno, chau, chicos. Me tengo que ir.
- ¿Ya te vas? Ok, capo… gracias.

-
Me dejó con un mal sabor en la boca.
- Siempre hace lo mismo. Te lo dije.
-
Dejalo, si sigue así se va a hundir en su propia caca.
- Dale, pedí la cuenta. Y pasame el coso, que me toca a mí.
-
Flaco, ¿cuánto te debemos?
- Serían 45 pesos.
- Está bien, pero… ¿cuánto es?
-
Dije… serían 45 pesos.
-
Ok. Vos me estás hablando de una posibilidad. ¿Ahora me podés decir cuánto es en realidad?
-
¡Ey! Me parece que se están pasando de la raya, pendejos. Les dije que son 45 pesos. ¿Qué son? ¿Retardados?
-
No, vos dijiste “serían” y eso es tiempo potencial futuro. Una probabilidad.
- ¿Van a pagar o no?
-
¿Sabés por qué decís “serían” en lugar de “son”, como debería ser? Porque eso lo inventó la gente de McDonald’s para que a la hora de sacarle la plata al cliente sea menos compulsiva la situación y, a partir de ese momento, todo el mundo lo adoptó.
- ¿Te das cuenta que la gente cada vez habla peor?
-
Páguenme, carajo.
- Dale, pagá y vamos.
-
Sí, mejor nos vamos de este sitio inculto.

-
Caminemos…
- ¡Che, nos dejamos el coso en el bar!
- No te creo. Tenemos que volver. Sin eso no somos nada.
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Conclusión: Lo que estos chicos se olvidaron en el bar bien podría ser un PSP, un tamagotchi o un cubo mágico, tanto da. En realidad es mi homenaje a los que enferman a la gente diciendo todo el tiempo “coso” en lugar del nombre del objeto aludido.
Ah, me olvidaba (y perdonen que sea reiterativo). ¡Este disco es una mierda y si lo comprás sos un idiota!
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El clip original de "True men don't kill coyotes". Si en lugar de entrenar tanto para el salto en alto los Peppers hubiesen dedicado ese tiempo a hacer un buen disco, esta nota jamás habría existido.

10/07/09

STEVIE WONDER - With a song in my heart


Vísperas de la Navidad de 1963, en Concordia, Provincia de Entre Ríos. Waldo se había casado con Atenea, su amor de secundaria, y gozaba de una existencia próspera y plena. Todas las noches, al regresar del trabajo, cenaban juntos lo que ella había preparado con notorio esmero. Jamás faltaban flores para su linda esposa y ella nunca escatimaba esfuerzos en satisfacer a su marido, prodigándole todo tipo de atenciones y mimos, cimentando así una rutina agradable que transcurría entre besos, piropos, algún leve descaro, insinuaciones y el cumplimiento siempre placentero de sus deberes maritales.
Waldo amaba la buena música de su época y había tomado por costumbre sorprender a su cónyuge con un bello long-play cada fin de semana, pese a que Atenea no era precisamente una fanática de la melomanía, no obstante, sobrellevar el momento de la mejor manera. “¿Cuánto puede durar un LP? ¿35 minutos?”, decía ella siempre, medio en broma, pero cuidándose de no herir la sensibilidad de su marido.
Waldo se desvivía por introducir a su mujer en el disfrute musical, y para ello se dejaba asesorar por Osvaldo Marchesini, el erudito dueño de una disquería del centro de la ciudad, adonde Waldo iba en busca de novedades de música popular. Don Osvaldo le recomendaba éste o aquel disco que Waldo se hacía envolver sin titubear. Así pasaron por el domicilio del matrimonio las Ronettes, Lee Hazlewood, Nat King Cole, Solomon Burke, Johnny Cash, The Ventures, Roy Orbison, Bill Cosby y otros astros del firmamento pop, que deleitaban el alma de Waldo y conformaban, por así decirlo, los piecitos danzantes de Atenea. Ésta, mucho más afecta a las novelas históricas, hacía ver a su esposo como que estaba pasando un momento delicioso, cuando en realidad… ejem… a decir verdad, tampoco era que estaba padeciendo frente a la Inquisición.
Cierto día, Waldo, creyéndose ya más versado en el asunto, pasó por la tienda de discos indagando sobre el sello Tamla Motown (emblema del soul y el rhythm & blues), a lo que Don Osvaldo le sugirió llevarse “That stubborn kinda fellow”, de Marvin Gaye, una joven promesa negra de la citada discográfica. No convencido, Waldo preguntó por otro álbum que se hallaba semioculto detrás de un tocadiscos en desuso. “No, no, ése es para devolución”, le comentó Marchesini, “pues nadie lo quiere”. Waldo, luciendo cierta picardía en el rostro, pidió que se lo entregara igual, aduciendo: “Que el veredicto lo dé mi mujer. Envuélvalo, pero para regalo de Navidad”.
De regreso a casa en taxi, Waldo recordaba la reiterada frase de Atenea, “¿cuánto puede durar un LP? ¿35 minutos?”, riéndose para sus adentros, mientras le echaba una ojeada al flamante disco adquirido. Lo que no imaginó es que serían los 35 minutos más escalofriantes de su vida. Casi finalizando el lado B del álbum “With a song in my heart”, de Stevie Wonder, Atenea sufrió una metamorfosis que transformó su perpetuo rostro resignado en otro de alarmante aspecto sicótico. Se levantó del sofá, arrancó el LP de la bandeja giradiscos y con éste en mano, comenzó a destrozar cuanto plato, cuadro, espejo y adorno encontró a su paso. Más tarde, golpeó a su marido con un atizador hasta que el pobre, como pudo, salió de la casa arrastrándose del dolor.
Waldo y Atenea fueron el primer matrimonio separado en la historia de Concordia. Habían estado juntos por… ¡siete meses!

Esta historia es ficticia pero sus consecuencias no están lejos de lo que realmente podría ocurrir si uno no toma en serio los efectos que desencadena este vinilo.
Este disco es más aburrido que una partida de ajedrez por radio y más inaudito que una licenciada en trabajo social de derecha. Stevie, el genio del soul que el mundo admiraría años más tarde por gemas como “Songs in the key of life” o “Innervisions”, tenía sólo 13 años cuando se editó este despropósito. Berry Gordy, presidente de Tamla Motown, le hizo cantar, al mejor estilo “crooner”, standards de swing y smooth-jazz con orquesta sinfónica, lo que le quedó al novel artista más desubicado que morrón en clericó, máxime cuando éste estaba en plena etapa de cambiar la voz. Hay momentos que producen angustia cuando Wonder intenta alcanzar notas muy altas, pareciéndose demasiado a una Doris Day con gripe aviar. Esto se hace evidente en números como “Make someone happy” o “Dream”, siendo “With a song in my heart”, la única excepción en la que el intérprete no hace el ridículo. En suma, un error garrafal en materia de sentido común.

Cuenta un viejo chiste de la época que reunir a Stevie Wonder y Ray Charles para un concierto de piano a cuatro manos sería un riesgo enorme, pues el primero mueve su cabeza lateralmente y el segundo, asintiendo. Podría haber un choque de cráneos monumental y el recital acabaría en catástrofe.
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Epílogo: No intentes agasajar a tu pareja con este álbum, porque tendrías que abandonar tu casa, no “con una canción en el corazón”, sino con un horrendo disco en el traste.
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Y sigo comparando. Este disco tiene menos onda que bandera de chapa y es más inservible que asiento eyector de helícóptero. Y el intérprete, que posee menos visión que un muerto boca abajo, nos regala esta abominación, más pesada que muestrario de yunques y más seca que toalla de sacerdote azteca.

01/07/09

BLACK REBEL MOTORCYCLE CLUB - The effects of 333


Siempre afirmé que está muy bien eso de experimentar, porque expande la mente, enriquece el espíritu, favorece la circulación, abre el apetito, ayuda a evacuar y lubrica los genitales. Pero también hay que entender que la experimentación es un riesgo, y como tal, se debe efectuar con cuidado, so pena de perderlo todo en el intento, y que la sangre se espese, los oídos se llenen de copioso betún industrial, el cerebro se comprima y los huesos se vuelvan quebradizos, porque si éstos son “los efectos del 333”, ni quiero imaginar lo que podrían ser los del “666”. (El doble, claro, qué tonto.)

Los Black Rebel Motorcycle Club realizaron dos notables álbumes primales que recuerdan mucho a los primeros Jesus & Mary Chain, Ride, algo de The Doors, My Bloody Valentine o The Stooges, abundantes en pasturas ‘garageras’ y sicodélicas, virando el sonido a propuestas más ‘bluseras’ y folk en su tercer intento. Su cuarta entrega promedió los conceptos de las tres predecesoras, dibujando un interesante folk rock con sabias dosis de distorsión. No sé si es factible considerar esta obra de 2008 como la quinta de este valioso trío de San Francisco, siendo que se trata de un intento de emular a Lou Reed, generando su propio “Metal machine music”, lo que ya es decir mucho en materia de irritación.
“The effects of 333” fue editado en forma independiente, con el único auspicio del blog de My Space del grupo, y se puede adquirir únicamente por la vía del download. ¡Y vaya si tiene lógica esto!

El disco desconcierta, turba, altera, trastorna, inquieta y aturde las cadenas de ADN de cualquier mamífero racional, dejándolo postrado por varias horas hasta descubrir el porqué de tanto martirio al divino botón. Pero no crean que este desconcertante trabajo se trata sólo de acoples y absoluto ruido, pues existen al menos dos números con guitarras sonando, pese a que éstas desaparecen pronto. ¿Y la música? Olvídense, porque no la hay, ya que todo el resto del material que nos ofrecen Been, Hayes y Shapiro es puro garabato abstracto de shit ambient y noise continuo, sin una molécula de ritmo o estructura armónica. Agregado a esto, hay naves espaciales que despegan todo el tiempo, radios mal sintonizadas, y clara intención de crispar al oyente; por carácter transitivo, un atentado al propio sello discográfico Abstract Dragon.
Esto es algo común en artistas auténticos de ese estilo, pero para una banda de indie-rock constituye toda una peripecia suicida. Es que el resultado final es demasiado árido como para no desear que aparezca en medio del desierto al menos medio acorde de algún track de “Howl” para paliar este embauque metasonoro.

Asimismo resulta desaconsejable una escucha de este álbum en estado canábico, puesto que se comerán el peor viaje de sus vidas. Percibirán imágenes angustiantes de ambulancias estrepitosas, barbas de choclo disecadas, ciénagas con papel picado, calvicies prematuras, pantallas azules, hormigón azucarado, frutas de estación, vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado, tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados, hoy llovió y todavía está nublado. Amén de otras tantas gansadas que me niego a relatar, pues la mayoría de mis lectores de Fotolog o Blogger no gastan ni un triste minuto de sus atareadas vidas en examinar estas líneas. ¿Quieren hacer la comprobación? Pues bien, los que realmente leyeron esto, citen en su comentario la palabra “moco”. Verán cuántos lo hacen…

Para ellos, las aves de paso, va esta especial noción del disco: Без всяких сомнений, одной из ключевых фигур 2008 года в музыке стал Трент Резнор. Правда, прежде всего запомнилась даже не музыка, а невероятная активность и продуктивность лидер, выпустившего в течении короткого периода времени сразу альбома. Причём первый из них инструментальные экзерсисы аж в частях. Возможно, Резнор открыл ящик Пандоры и теперь каждый музыкант сочтёт своим долгом выпустить свои студийные эксперименты, на которые никогда не позарились бы рекорд-лейблы. “The effects of 333” – это инструментальных эмбиент-вещей, в которых невозможно опознать гитарных героев BRMC.

A los fans de esta agrupación les prevengo que para disfrutar de este fastidio deben quitarse sus acostumbradas vestimentas de bluejeans, camisas negras y camperas de cuero, para reemplazarlas por trajes de polipropileno naranja, con algún toque de plumas de avestruz y apliques de bronce con cuero de antílope previamente ametrallado.
Además, sería bueno que se enteren estos chicos californianos que si queremos escuchar ambient vamos a ir a las propias fuentes del género, es decir, a The KLF, Pan Sonic o Pierre Schaeffer, pero sobre todo a lo mejor de Aphex Twin o el “Absynthe”, de Naked City. ¡Nunca a estos principiantes de ocasión!
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Síntesis: Hay mucha gente en estos días por la calle usando barbijo. Si amás este disco es porque sos de los que interpretan que le están haciendo un homenaje al finado Michael Jackson.
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No existe ningún video en You Tube acerca de este disco. Menos mal...
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24/06/09

ABBA - Ring ring


¿Alguien puede darme la pauta de por qué estos suecos son la banda más homenajeada y, a la vez, más parodiada de la historia? Nadie escapa a ese encanto, capaz de movilizar a encarnizados detractores y de emocionar a trillones de adoradores. Ellos representan un fenómeno que nadie puede ignorar.

Los nombres de Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid (Frida) Lyngstad formaron el acrónimo “ABBA”, un mote que, al principio, les trajo problemas con una empresa marisquera que, al cabo de unos años, terminarían comprando. Estos dos matrimonios ganaron fama mundial empleando melodías pegadizas, arreglos delicados, letras sencillas y un sonido propio, debido a las armonías de las voces femeninas y el clásico "muro de sonido" estilo Phil Spector. Al crecer su popularidad, el grupo viajó por todo el planeta, al mismo tiempo que se ocupaba de sus familias, soñaba en sueco y grababa álbumes en inglés.
¡Nada más enternecedor! Sus canciones tuvieron un gran impacto, no obstante, en la cima de la popularidad, ambos matrimonios se disolvieron y los cambios en sus relaciones se reflejaron en letras más complejas y composiciones más pretenciosas, que ya no agradaban ni al hijo monaguillo de una maestra jardinera. El grupo experimentó un declive remunerativo y finalmente decidió tomarse un descanso temporal, que se extendió indefinidamente. Pese a esto, permanecieron fijos en las listas radiofónicas y aún hoy continúan vendiendo tres millones de discos por año. Su música fue versionada por artistas de los más diversos estilos y es la base del musical “Mamma mia!”, un suceso inusitado de taquillas.

Pero hubo un tiempo en que estos simpáticos escandinavos, en concordancia con su origen nórdico pagano, fueron una despiadada y desalmada banda de gore-metal. Tiempos en los que muy lejos estaban de entretener a las abuelitas, madres e hijas de familias tipo. Frida salía a escena aullando semidesnuda y blandiendo un trozo de carne en descomposición, y una vez arrodillada, metía su puño en la intimidad de Agnetha, quien no se quedaba atrás. La rubia diablesa, no menos desabrigada, escupía su odio y hacía gestos obscenos al público, incitando al caos y la rebelión. Desgañitaba su garganta, peor que Angela Gossow, de Arch Enemy, vociferando con voz gutural consignas que harían palidecer a un Devin Townsend. Benny, tras incendiar su piano lleno de púas, pintarrajeaba con spray rojo los graffitis más blasfemos sobre el tétrico telón negro, mientras estimulaba a Björn para que orinara a los fans más cercanos al escenario. Nadie podrá olvidar sus fulminantes solos guitarreros de ultratumba, de un volumen ensordecedor, que dejaban pasmado al auditorio. Sí, tiempos que mejor sería dejarlos en el olvido, pero que, sin embargo, dieron la perfecta excusa para que la banda se pasase rápidamente a las filas del euro-pop.

Bueno, ahora, en serio...
El grupo estaba dando sus primeros pasos, perdido en una nebulosa de confusión, buscando lograr su primer hit fuera de la Madre Patria. Así nos encontramos frente a una muy amateur obra que devino en su debut, “Ring ring” (1973), un fracaso en materia de arte, pero no así de ventas locales.
Para empezar, el álbum posee una rareza, que es “Disillusion”, único tema firmado por Agnetha en toda su carrera, y que pudo haber sido un título mucho más adecuado para este disco que “Ring ring”, un temita tan tarado como cualquier reflexión de Iván de Pineda. Aquí reina un desconcertante estilo ‘bubblegum’ tomado a la chacota (“He is your brother”) y algo de pésimo rock tirado a la marchanta (“Rock and roll band”), basado en los deshechos de los conjuntos que Benny y Björn habían liderado en los 60s.
El otro trauma resulta de las fracasadas vocalizaciones masculinas, que, por suerte, no se repitieron en el futuro. "Me and Bobby and Bobby's brother" y "I saw it in the mirror" son cucharadas de almíbar que se escurren en la boca de Silvia Süller, mientras que la agusanada letra del pegadizo "Nina, pretty ballerina" nos hace sentir que estamos comiendo unas divertidas albóndigas, envueltas en papel higiénico doble hoja.

Su segundo disco, “Waterloo”, fue otro papelón (igual que el de Napoleón en 1815) que tampoco cuajó en las listas de varios países europeos, a pesar de lo cual lograron imponerse en el Festival Eurovision 1974. El triunfo definitivo recién llegaría con su tercera placa, “Abba”, con la que forjarían aquella fórmula mágica que los llevaría a ser la agrupación más vendedora de la historia de la música popular, totalizando la friolera de ¡450 millones de discos vendidos!
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Conclusión: Todavía hay gente que sostiene que ABBA es una basura comercial. Pobres diablos que siguen creyendo que el rock es rebeldía y revolución y que el pop es pura banalidad. Un éxito lo tiene cualquiera, pero ser una banda transgeneracional no es moco de pavo. Acá hubo genialidad. ¿Qué clase de mentecato se animaría a negarlo?
¡Yo, Mecko!
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Clip en vivo de "Ring ring". De izquierda a derecha: León Gieco, Raúl Padovani, Susú Pecoraro y Virginia Da Cunha. Esto no es ABBA. Estos son los Tios Queridos de incógnito o The Mama's & the Papa's del Torneo Argentino B.