10/07/09

STEVIE WONDER - With a song in my heart


Vísperas de la Navidad de 1963, en Concordia, Provincia de Entre Ríos. Waldo se había casado con Atenea, su amor de secundaria, y gozaba de una existencia próspera y plena. Todas las noches, al regresar del trabajo, cenaban juntos lo que ella había preparado con notorio esmero. Jamás faltaban flores para su linda esposa y ella nunca escatimaba esfuerzos en satisfacer a su marido, prodigándole todo tipo de atenciones y mimos, cimentando así una rutina agradable que transcurría entre besos, piropos, algún leve descaro, insinuaciones y el cumplimiento siempre placentero de sus deberes maritales.
Waldo amaba la buena música de su época y había tomado por costumbre sorprender a su cónyuge con un bello long-play cada fin de semana, pese a que Atenea no era precisamente una fanática de la melomanía, no obstante, sobrellevar el momento de la mejor manera. “¿Cuánto puede durar un LP? ¿35 minutos?”, decía ella siempre, medio en broma, pero cuidándose de no herir la sensibilidad de su marido.
Waldo se desvivía por introducir a su mujer en el disfrute musical, y para ello se dejaba asesorar por Osvaldo Marchesini, el erudito dueño de una disquería del centro de la ciudad, adonde Waldo iba en busca de novedades de música popular. Don Osvaldo le recomendaba éste o aquel disco que Waldo se hacía envolver sin titubear. Así pasaron por el domicilio del matrimonio las Ronettes, Lee Hazlewood, Nat King Cole, Solomon Burke, Johnny Cash, The Ventures, Roy Orbison, Bill Cosby y otros astros del firmamento pop, que deleitaban el alma de Waldo y conformaban, por así decirlo, los piecitos danzantes de Atenea. Ésta, mucho más afecta a las novelas históricas, hacía ver a su esposo como que estaba pasando un momento delicioso, cuando en realidad… ejem… a decir verdad, tampoco era que estaba padeciendo frente a la Inquisición.
Cierto día, Waldo, creyéndose ya más versado en el asunto, pasó por la tienda de discos indagando sobre el sello Tamla Motown (emblema del soul y el rhythm & blues), a lo que Don Osvaldo le sugirió llevarse “That stubborn kinda fellow”, de Marvin Gaye, una joven promesa negra de la citada discográfica. No convencido, Waldo preguntó por otro álbum que se hallaba semioculto detrás de un tocadiscos en desuso. “No, no, ése es para devolución”, le comentó Marchesini, “pues nadie lo quiere”. Waldo, luciendo cierta picardía en el rostro, pidió que se lo entregara igual, aduciendo: “Que el veredicto lo dé mi mujer. Envuélvalo, pero para regalo de Navidad”.
De regreso a casa en taxi, Waldo recordaba la reiterada frase de Atenea, “¿cuánto puede durar un LP? ¿35 minutos?”, riéndose para sus adentros, mientras le echaba una ojeada al flamante disco adquirido. Lo que no imaginó es que serían los 35 minutos más escalofriantes de su vida. Casi finalizando el lado B del álbum “With a song in my heart”, de Stevie Wonder, Atenea sufrió una metamorfosis que transformó su perpetuo rostro resignado en otro de alarmante aspecto sicótico. Se levantó del sofá, arrancó el LP de la bandeja giradiscos y con éste en mano, comenzó a destrozar cuanto plato, cuadro, espejo y adorno encontró a su paso. Más tarde, golpeó a su marido con un atizador hasta que el pobre, como pudo, salió de la casa arrastrándose del dolor.
Waldo y Atenea fueron el primer matrimonio separado en la historia de Concordia. Habían estado juntos por… ¡siete meses!

Esta historia es ficticia pero sus consecuencias no están lejos de lo que realmente podría ocurrir si uno no toma en serio los efectos que desencadena este vinilo.
Este disco es más aburrido que una partida de ajedrez por radio y más inaudito que una licenciada en trabajo social de derecha. Stevie, el genio del soul que el mundo admiraría años más tarde por gemas como “Songs in the key of life” o “Innervisions”, tenía sólo 13 años cuando se editó este despropósito. Berry Gordy, presidente de Tamla Motown, le hizo cantar, al mejor estilo “crooner”, standards de swing y smooth-jazz con orquesta sinfónica, lo que le quedó al novel artista más desubicado que morrón en clericó, máxime cuando éste estaba en plena etapa de cambiar la voz. Hay momentos que producen angustia cuando Wonder intenta alcanzar notas muy altas, pareciéndose demasiado a una Doris Day con gripe aviar. Esto se hace evidente en números como “Make someone happy” o “Dream”, siendo “With a song in my heart”, la única excepción en la que el intérprete no hace el ridículo. En suma, un error garrafal en materia de sentido común.

Cuenta un viejo chiste de la época que reunir a Stevie Wonder y Ray Charles para un concierto de piano a cuatro manos sería un riesgo enorme, pues el primero mueve su cabeza lateralmente y el segundo, asintiendo. Podría haber un choque de cráneos monumental y el recital acabaría en catástrofe.
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Epílogo: No intentes agasajar a tu pareja con este álbum, porque tendrías que abandonar tu casa, no “con una canción en el corazón”, sino con un horrendo disco en el traste.
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Y sigo comparando. Este disco tiene menos onda que bandera de chapa y es más inservible que asiento eyector de helícóptero. Y el intérprete, que posee menos visión que un muerto boca abajo, nos regala esta abominación, más pesada que muestrario de yunques y más seca que toalla de sacerdote azteca.

1/07/09

BLACK REBEL MOTORCYCLE CLUB - The effects of 333


Siempre afirmé que está muy bien eso de experimentar, porque expande la mente, enriquece el espíritu, favorece la circulación, abre el apetito, ayuda a evacuar y lubrica los genitales. Pero también hay que entender que la experimentación es un riesgo, y como tal, se debe efectuar con cuidado, so pena de perderlo todo en el intento, y que la sangre se espese, los oídos se llenen de copioso betún industrial, el cerebro se comprima y los huesos se vuelvan quebradizos, porque si éstos son “los efectos del 333”, ni quiero imaginar lo que podrían ser los del “666”. (El doble, claro, qué tonto.)

Los Black Rebel Motorcycle Club realizaron dos notables álbumes primales que recuerdan mucho a los primeros Jesus & Mary Chain, Ride, algo de The Doors, My Bloody Valentine o The Stooges, abundantes en pasturas ‘garageras’ y sicodélicas, virando el sonido a propuestas más ‘bluseras’ y folk en su tercer intento. Su cuarta entrega promedió los conceptos de las tres predecesoras, dibujando un interesante folk rock con sabias dosis de distorsión. No sé si es factible considerar esta obra de 2008 como la quinta de este valioso trío de San Francisco, siendo que se trata de un intento de emular a Lou Reed, generando su propio “Metal machine music”, lo que ya es decir mucho en materia de irritación.
“The effects of 333” fue editado en forma independiente, con el único auspicio del blog de My Space del grupo, y se puede adquirir únicamente por la vía del download. ¡Y vaya si tiene lógica esto!

El disco desconcierta, turba, altera, trastorna, inquieta y aturde las cadenas de ADN de cualquier mamífero racional, dejándolo postrado por varias horas hasta descubrir el porqué de tanto martirio al divino botón. Pero no crean que este desconcertante trabajo se trata sólo de acoples y absoluto ruido, pues existen al menos dos números con guitarras sonando, pese a que éstas desaparecen pronto. ¿Y la música? Olvídense, porque no la hay, ya que todo el resto del material que nos ofrecen Been, Hayes y Shapiro es puro garabato abstracto de shit ambient y noise continuo, sin una molécula de ritmo o estructura armónica. Agregado a esto, hay naves espaciales que despegan todo el tiempo, radios mal sintonizadas, y clara intención de crispar al oyente; por carácter transitivo, un atentado al propio sello discográfico Abstract Dragon.
Esto es algo común en artistas auténticos de ese estilo, pero para una banda de indie-rock constituye toda una peripecia suicida. Es que el resultado final es demasiado árido como para no desear que aparezca en medio del desierto al menos medio acorde de algún track de “Howl” para paliar este embauque metasonoro.

Asimismo resulta desaconsejable una escucha de este álbum en estado canábico, puesto que se comerán el peor viaje de sus vidas. Percibirán imágenes angustiantes de ambulancias estrepitosas, barbas de choclo disecadas, ciénagas con papel picado, calvicies prematuras, pantallas azules, hormigón azucarado, frutas de estación, vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado, tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados, hoy llovió y todavía está nublado. Amén de otras tantas gansadas que me niego a relatar, pues la mayoría de mis lectores de Fotolog o Blogger no gastan ni un triste minuto de sus atareadas vidas en examinar estas líneas. ¿Quieren hacer la comprobación? Pues bien, los que realmente leyeron esto, citen en su comentario la palabra “moco”. Verán cuántos lo hacen…

Para ellos, las aves de paso, va esta especial noción del disco: Без всяких сомнений, одной из ключевых фигур 2008 года в музыке стал Трент Резнор. Правда, прежде всего запомнилась даже не музыка, а невероятная активность и продуктивность лидер, выпустившего в течении короткого периода времени сразу альбома. Причём первый из них инструментальные экзерсисы аж в частях. Возможно, Резнор открыл ящик Пандоры и теперь каждый музыкант сочтёт своим долгом выпустить свои студийные эксперименты, на которые никогда не позарились бы рекорд-лейблы. “The effects of 333” – это инструментальных эмбиент-вещей, в которых невозможно опознать гитарных героев BRMC.

A los fans de esta agrupación les prevengo que para disfrutar de este fastidio deben quitarse sus acostumbradas vestimentas de bluejeans, camisas negras y camperas de cuero, para reemplazarlas por trajes de polipropileno naranja, con algún toque de plumas de avestruz y apliques de bronce con cuero de antílope previamente ametrallado.
Además, sería bueno que se enteren estos chicos californianos que si queremos escuchar ambient vamos a ir a las propias fuentes del género, es decir, a The KLF, Pan Sonic o Pierre Schaeffer, pero sobre todo a lo mejor de Aphex Twin o el “Absynthe”, de Naked City. ¡Nunca a estos principiantes de ocasión!
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Síntesis: Hay mucha gente en estos días por la calle usando barbijo. Si amás este disco es porque sos de los que interpretan que le están haciendo un homenaje al finado Michael Jackson.
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No existe ningún video en You Tube acerca de este disco. Menos mal...
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24/06/09

ABBA - Ring ring


¿Alguien puede darme la pauta de por qué estos suecos son la banda más homenajeada y, a la vez, más parodiada de la historia? Nadie escapa a ese encanto, capaz de movilizar a encarnizados detractores y de emocionar a trillones de adoradores. Ellos representan un fenómeno que nadie puede ignorar.

Los nombres de Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid (Frida) Lyngstad formaron el acrónimo “ABBA”, un mote que, al principio, les trajo problemas con una empresa marisquera que, al cabo de unos años, terminarían comprando. Estos dos matrimonios ganaron fama mundial empleando melodías pegadizas, arreglos delicados, letras sencillas y un sonido propio, debido a las armonías de las voces femeninas y el clásico "muro de sonido" estilo Phil Spector. Al crecer su popularidad, el grupo viajó por todo el planeta, al mismo tiempo que se ocupaba de sus familias, soñaba en sueco y grababa álbumes en inglés.
¡Nada más enternecedor! Sus canciones tuvieron un gran impacto, no obstante, en la cima de la popularidad, ambos matrimonios se disolvieron y los cambios en sus relaciones se reflejaron en letras más complejas y composiciones más pretenciosas, que ya no agradaban ni al hijo monaguillo de una maestra jardinera. El grupo experimentó un declive remunerativo y finalmente decidió tomarse un descanso temporal, que se extendió indefinidamente. Pese a esto, permanecieron fijos en las listas radiofónicas y aún hoy continúan vendiendo tres millones de discos por año. Su música fue versionada por artistas de los más diversos estilos y es la base del musical “Mamma mia!”, un suceso inusitado de taquillas.

Pero hubo un tiempo en que estos simpáticos escandinavos, en concordancia con su origen nórdico pagano, fueron una despiadada y desalmada banda de gore-metal. Tiempos en los que muy lejos estaban de entretener a las abuelitas, madres e hijas de familias tipo. Frida salía a escena aullando semidesnuda y blandiendo un trozo de carne en descomposición, y una vez arrodillada, metía su puño en la intimidad de Agnetha, quien no se quedaba atrás. La rubia diablesa, no menos desabrigada, escupía su odio y hacía gestos obscenos al público, incitando al caos y la rebelión. Desgañitaba su garganta, peor que Angela Gossow, de Arch Enemy, vociferando con voz gutural consignas que harían palidecer a un Devin Townsend. Benny, tras incendiar su piano lleno de púas, pintarrajeaba con spray rojo los graffitis más blasfemos sobre el tétrico telón negro, mientras estimulaba a Björn para que orinara a los fans más cercanos al escenario. Nadie podrá olvidar sus fulminantes solos guitarreros de ultratumba, de un volumen ensordecedor, que dejaban pasmado al auditorio. Sí, tiempos que mejor sería dejarlos en el olvido, pero que, sin embargo, dieron la perfecta excusa para que la banda se pasase rápidamente a las filas del euro-pop.

Bueno, ahora, en serio...
El grupo estaba dando sus primeros pasos, perdido en una nebulosa de confusión, buscando lograr su primer hit fuera de la Madre Patria. Así nos encontramos frente a una muy amateur obra que devino en su debut, “Ring ring” (1973), un fracaso en materia de arte, pero no así de ventas locales.
Para empezar, el álbum posee una rareza, que es “Disillusion”, único tema firmado por Agnetha en toda su carrera, y que pudo haber sido un título mucho más adecuado para este disco que “Ring ring”, un temita tan tarado como cualquier reflexión de Iván de Pineda. Aquí reina un desconcertante estilo ‘bubblegum’ tomado a la chacota (“He is your brother”) y algo de pésimo rock tirado a la marchanta (“Rock and roll band”), basado en los deshechos de los conjuntos que Benny y Björn habían liderado en los 60s.
El otro trauma resulta de las fracasadas vocalizaciones masculinas, que, por suerte, no se repitieron en el futuro. "Me and Bobby and Bobby's brother" y "I saw it in the mirror" son cucharadas de almíbar que se escurren en la boca de Silvia Süller, mientras que la agusanada letra del pegadizo "Nina, pretty ballerina" nos hace sentir que estamos comiendo unas divertidas albóndigas, envueltas en papel higiénico doble hoja.

Su segundo disco, “Waterloo”, fue otro papelón (igual que el de Napoleón en 1815) que tampoco cuajó en las listas de varios países europeos, a pesar de lo cual lograron imponerse en el Festival Eurovision 1974. El triunfo definitivo recién llegaría con su tercera placa, “Abba”, con la que forjarían aquella fórmula mágica que los llevaría a ser la agrupación más vendedora de la historia de la música popular, totalizando la friolera de ¡450 millones de discos vendidos!
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Conclusión: Todavía hay gente que sostiene que ABBA es una basura comercial. Pobres diablos que siguen creyendo que el rock es rebeldía y revolución y que el pop es pura banalidad. Un éxito lo tiene cualquiera, pero ser una banda transgeneracional no es moco de pavo. Acá hubo genialidad. ¿Qué clase de mentecato se animaría a negarlo?
¡Yo, Mecko!
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Clip en vivo de "Ring ring". De izquierda a derecha: León Gieco, Raúl Padovani, Susú Pecoraro y Virginia Da Cunha. Esto no es ABBA. Estos son los Tios Queridos de incógnito o The Mama's & the Papa's del Torneo Argentino B.

10/06/09

PANTERA - I am the night


CELEBRANDO EL POSTEO Nº 100 DEL BLOG.
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Elegí “I am the night” (1985), pues quería darles a estos tejanos racistas una tercera oportunidad. Tampoco era cuestión de crucificarlos de entrada, en su mismísimo debut “Metal magic”, o en el posterior vinilo “Projects in the jungle”, aunque motivos no me faltaban. ¿Era necesario esto? ¿Qué culpa tiene la Humanidad de que existan estos tres discos infectos? Ahora me doy cuenta de que no merecían ninguna chance; no hasta el recambio de vocalista –“Terrence Lee” Glaze por Phil Anselmo- que se produjo recién en su cuarta placa. No hubo ideas rescatables en sus primeros trabajos, más dignos de un fondo para lucha libre que del sagrado arte de componer y difundir metal, y calculo que nadie podrá discutir esto, ya que Pantera, por esos años, era una banda de cabotaje, y su nefasto repertorio de pésimo glam-rock alimentaba los gérmenes y moscas que suelen sobrevolar este prototipo de desperdicio conceptual. Adulteraciones del tamaño de un quintal de mala leche condensada corrompida quiebran los códigos más elementales de convivencia en el planeta que uno habita, donde se tiene la desgracia de compartir oxígeno con estos vaqueros machistas y xenófobos de séptima categoría. ¡Ni que sobrara el precioso gas en estos tiempos!
Este álbum, último en que cantó el ñoño de Glaze, surgió de la reincidencia de unos sujetos muy neófitos indagadores de la deposición ajena, y contiene litros de bilis pestífera, contaminando todo hasta lo inconfesable. Cómo será el estigma vergonzante de ésta y las otras obras infernales, que la banda no las reconoce como válidas y ni siquiera las menciona en su sitio web oficial.
De todas ellas, ésta es la peor, ya que hiede a desesperación, a fracaso rotundo, a manotazo de ahogado, a confesión apócrifa arrancada por la CIA, a error sistemático y recurrente, es decir, a verdadera m-i-e-r-d-a, sin más vueltas. ¡Para qué andar con eufemismos!

A riesgo de perder el sentido por tanto olor a vómito y orín que destila este insulto a la música, voy a tratar de adentrarme en esta letrina auditiva para desinfectar lo que más pueda. Sepan disculparme si me desmayo en el ínterin.

Cansados de no saber qué dirección tomar en el estudio, los hermanos “Dimebag” Darrell y Vinnie Paul Abbott se encerraron en el interior de un camión recolector de basura e intentaron componer (reciclar) algo más que las atrocidades que ocuparon sus dos primeros intentos desgraciados. Les salió un producto 3,3% más digno que “Metal magic” y 2,4% más inteligente que “Projects in the jungle”, pero 99,1% menos relevante, pues al menos éstos son intentos germinales que podrían despertar la curiosidad de un proctólogo, en cambio “I am the night”, siendo una obra más definitiva, merece mucho más escarmiento, pues se cae de maduro que al tercer álbum cualquier banda que se precie detenta la experiencia suficiente como para no cometer más burradas imperdonables.

Prueben hoy mismo, antes de sacar la bolsa de desperdicios a la calle, oler profundamente en el interior de la misma. ¿Asqueroso, verdad? Esa es una leve impresión sólo comparable a escuchar incontinencias de la calaña de “Daughters of the queen”, “Right on the edge”, “Forever tonight” y “Down below” (regrabada luego por Anselmo para el álbum “Power metal”). Si lo desean (no es obligatorio) pueden salvar de la bolsa únicamente los riffs de “Hot and heavy” y “Come-on eyes”, pero arrojen el sobrante al cinturón ecológico.

Ya desde su portada felona, verdadero homenaje al esfínter, este disco puede contagiarles toda clase de enfermedad mental, al punto de que terminarán babeando en un mugriento neurosiquiátrico estatal, y ahora que el electroshock ha sido desterrado de las prácticas médicas, bien podrían considerar los hombres de blanco esta nueva idea de tratamiento. Perderán el criterio, la cordura, el juicio, el discernimiento, y rodeados de insanía, acabarán rugiendo como Eddie en “Piece of mind”.
Y no les pido que husmeen los temas de “Metal magic” y “Projects in the jungle”, pues entrarán en un coma 4 que los sumirá en un estado vegetativo del que no lograrán recuperarse, amén de la pérdida de todas las funciones vitales, paro cardiorrespiratorio, supervivencia sólo a través de medios mecánicos, cuando no una parálisis midriática y muerte cerebral por autólisis.

Esto no es Pantera, y si lo fuera, sería la Pantera Rosa o una afamada marca de peines. Por eso, sigan mi recomendación: Todo intento de indagar en este grupo debe circunscribirse exclusivamente a la etapa que va desde “Power metal”, y las siguientes obras maestras de groove-thrash-metal “Cowboys from hell” y “Vulgar display of power”, hasta la separación definitiva, en 2003. Una trayectoria que poseyó sus altibajos, pero que, por suerte, no reincidió en el descarrío de su etapa primal, de la que aconsejo, sugiero, ruego e imploro no imbuirse jamás de los jamases.
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Epílogo:
- ¿Qué hace un perro carpintero de noche?
- No sé.
- Taladrando.
Si te gusta “I am the night”, sos de las personas que hacen este tipo de chistes.
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Audioclip de "Daughters of the queen", del álbum "I am the night". Luego de escuchar este tema, pienso que ellas, en lugar de ser las hijas de la Reina, son en realidad las hijas de la Pavota.

3/06/09

LUIS ALBERTO SPINETTA - Only love can sustain


Muchos dirán que este posteo es un número puesto, un cheque al portador y una obviedad, pero no por eso tenía que dejarlo afuera de este espacio. Si bien es cierto que este chasco, reconocido como tal por el propio Spinetta, pasó al olvido raudamente, quisiera recordarles que este sitio no se caracteriza precisamente por su culto al olvido y la impunidad, por tal tenor, he decidido desenterrarlo para una merecida segunda autopsia.

Comencemos nuestro ritual profanador con esta frase: “Sólo el AMOR te puede sostener, álbum ignominioso”. Léase: el AMOR de los incondicionales, que todo lo perdonan y suavizan, y el tiempo, que todo lo cura y redime.

A prima facie, y quitando las marcas iniciales de podredumbre, observamos que esta verdadera mácula al público seguidor del Flaco, que data del año 1980, fue apoyada por una producción sin precedentes. Un guitarrista legendario, como Gustavo Bazterrica (La Máquina de Hacer Pájaros, Abuelos de la Nada y Banda García), y tres prestigiosos sesionistas que fueron puestos a disposición de este garrafal coqueteo con el mainstream más mustio: el multi-percusionista brasileño Paulinho Da Costa (vean en Wikipedia con quién no tocó), más los bateristas Alex Acuña (Weather Report) y Terry Bozzio (Zappa, Missing Persons, UK). Otros indicios nos señalan que hubo excesos por parte de ciertos productores reconocidos por su labor con estrellas como John Lennon o Frank Zappa, quienes además aportaron una limusina para el traslado de Spinetta desde el aeropuerto hasta el estudio de grabación, amén de una orquesta de cuerdas completa, no sea cosa que la melosidad de este engendro les supiera poco edulcorada.

Definir este disco como “soft” sería comportarse como el rey de los indulgentes. A su vez, categorizar este álbum como “jazz-fusión” sería actuar como un paladín del eterno traspié. Pero unir ambas definiciones, sería más inadecuado y pérfido que crear un fotolog tributo al brigadier Agosti o juntar un millón de firmas para que se reúnan los Jóvenes Pordioseros.

Pero el Flaco no es el único culpable de esta calumnia, cuya portada se vería mejor en un comercial de lociones astringentes. Nadie debe olvidar a Gino Vanelli, quien no sólo aportó temas a esta vergüenza, sino que diseñó el sonido y la impronta general de “Only LACK can SUME PAIN”, pues nada aquí suena a Spinetta, pero sí mucho al estilo del caretón incurable de Vanelli, artista asociado a nombres tan rockeros como Herb Alpert o Montserrat Caballé.
El otro gran responsable de esta befa no es músico (aunque él haya insistido en esta postura en demasiadas oportunidades), sino tenista. El siempre sorprendente Guillermo Vilas, según lo indican más irregularidades halladas en este “fiambre”, contribuyó con sus propias “letras”, más dignas de un brochure de suplementos nutricionales que de un disco del más grande prócer de nuestro rock. (Recordemos que el multifacético “Willy” es padrino del “rapper” Dante Homónimo.)

El álbum en cuestión se cantó íntegramente en inglés y su preciso objetivo fue la conquista de los mercados yankees de smooth-jazz. Claro está que fracasó atómicamente y que enmarañó las relaciones entre el Flaco y los productores. En Argentina se editó como “Sólo el amor puede sostener” y, como no podía ser de otro modo, la extravagancia fue aborrecida de tal manera, que obligó a Luis a hacer un replanteo urgente de su carrera. Pero no todo fue a parar a la alcantarilla de la indiferencia. De los restos de los agarrotados instrumentales que pueblan esta indigestión sonora, surgió el nombre de la magistral banda que el Flaco desarrolló en el siguiente lustro: “Intermedio Jade (Instrumental)”, es decir Spinetta Jade.

En cuanto a la trayectoria solista de Luis, la misma tuvo su reivindicación con la edición, en 1982, de su notorio álbum de canciones encontradas “Kamikaze”, y su posterior secuela pop “Mondo di cromo”. Hasta hoy, todas sus obras observaron fielmente la fórmula spinettiana, más tranquila que enérgica, más aburrida que vibrante, pero con mínimos desvíos discutibles, tales como el split con Fito Páez, el intento efímero con Charly García, la participación en el infame “antitributo” beatle, pergeñado por los temibles Durabeat, y la fugaz relación amorosa con una apetecible top model y actriz.
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Conclusión: Para conocer el perfil de un típico entusiasta de este disco de morondanga, sugiero buscar cualquier foto de John Oates.
Vean ésta, por ejemplo (Cuidado, les advierto que es algo fuerte): http://www.mylhasapoo.com/JohnOates.jpg
Ah, y por supuesto, no dejen de investigar cuanta pic exista de Gino Vanelli, para martirio de sus entrañas más sensibles.
Esto es todo por ahora. Nos vemos en otra entrega de “Las mil y una maneras de infringirse un dolor de bolas y no morir en el intento”.
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De más está decir que no existe material en video de este disco, por lo que les traigo este fragmento de reportaje hecho por el Bebe Cantimplori. Si abren sus mentes, percibirán que, de manera subconsciente, el Flaco en realidad está hablando sobre "Only love can sustain".

27/05/09

THE B-52'S - Good stuff


- Fíjese que el disco se llama “Good stuff”. “Materia buena”, ¿no? Pero esto no es algo bueno, es patético.
- ¿Podemos concentrarnos en los problemas de su infancia?
- Ya hablamos mucho de eso, licenciada. Además, le dije que mi prioridad esta semana era encontrar una buena razón para cumplir con mis lectores.
- Siempre es lo mismo con Ud. Es incapaz de afrontar sus problemas más acuciantes y, por tal motivo, descarga sus fracasos a través de ese blog suyo, que lo único que enfatiza es su capacidad de ocio.
- Es pésimo este disco, no hace bailar a nadie, sus arreglos son inauditos, paupérrimos. Mire, yo crecí con esta banda. Los vi hacerse grandes, los vi declinar, reunirse, ¡todo!
- ¿Pero de qué banda me está hablando?
- The B-52’s. ¿No se dio cuenta todavía?
- Yo no sé nada de música, pero… ¿me puede decir qué tiene que ver esto con nuestra sesión de hoy? Me parece que no estamos avanzando si Ud se empecina en embarrar la cancha con sus naderías.
- Más embarró la cancha la banda de Athens con esta pequeñez. Su discografía, luego de sus dos primeros trabajos maravillosos, comenzó a tambalearse peligrosamente.
- ¿Por qué no se sienta? ¿Tiene que estar todo el tiempo caminando como gato enjaulado? Me está poniendo nerviosa.
- ¿Sabe lo que pone el sitio Allmusic en la sección ‘artistas similares’? Que se parecen a Talking Heads, R.E.M., The Cramps, The Cars, Violent Femmes, Sigue Sigue Sputnik… ¿EN QUÉ SE PARECEN? ¡Qué sitio tan imbécil! No me extrañaría que esté la Rolling Stone detrás de esto.
- Ja. Ahora la culpa la tienen los Rolling Stones. ¿Podemos concentrarnos en lo nuestro?
- Es una revista, licenciada.
- ¡A lo nuestro!
- Para Ud es fácil. Total, después de mí, vendrá otro chiflado y el mundo seguirá girando. Pero yo tengo un PRO-BLE-MA.
- ¿Uno?
- Miles de dólares gastados en este sancocho. Algo así como comer tallarines con dulce de rosa mosqueta. Aunque, pensándolo bien, no estaría tan mal. En algún restó de Palermo Sensible se lo cobrarían una fortuna, bajo otro nombre, tipo: “Hebras de bosque humidificado al trance austrohúngaro”. Tengo ganas de vomitar. Hacerme esto a mí, con lo que los quería. ¿Qué está anotando? Si me va a escribir la nota de la semana, avíseme.
- Estoy haciendo mi trabajo. ¡Siéntese!
- Como quiera. Mucha gente cree que todo lo que hizo este grupo fue bueno, pero “Mesopotamia” fue un esquivo EP, mal producido por David Byrne, que se salvó de ser elegido para mi review sólo porque en la versión CD le agregaron “Party mix!”, que es un compilado de remixes que me encanta. Que si no… Ahora, éste se zarpa de vulgar. No está Cindy Wilson. ¡Ella no habría permitido esto! ¿Sabe por qué? Porque era la que frenaba la impulsividad de Kate Pierson. Y Fred Schneider… ¡qué triste! Intentando buscar un hit como sea. Como Fidel Nadal: siempre con rumbo incierto y ahora desesperado de dinero.
- ¿De qué año es este disco, Mecko?
- 1992.
- ¿Y 17 años después se sigue haciendo problema? Se ve que le sobra energía…
- Es que me resistía a escucharlo. Algo me decía que no debía hacerlo. Que me arrepentiría. Y sí, escuché “Dreamland” y “Is that you Mo-Dean?”, que sólo harían bailar a un colocador de alfombras con muchas horas extra encima, y me estreñí. Luego, “Vision of a kiss” y “Breezin’” tienen el mismo ritmo fastidioso, cansino y empalagoso. Ni siquiera el corte de difusión, “Good stuff”, logra algún gancho aprovechable. A ver si nos entendemos: este álbum es un mal facsímil tardío del fresco y eficaz “Cosmic thing”, de 1989. Así de sencillo.
- Mecko, ¿cree que está bien pagar 100 pesos la sesión para venir a hablar de discos malos? No desperdicie su dinero, ni mi tiempo. Se lo digo con franqueza. Para mí es indistinto. Yo lo escucho, Ud se descarga, no soluciona nada, y la semana que viene volvemos a foja cero. Ud decide si realmente quiere un cambio, porque así no va a ningún lado.
- Entonces está de acuerdo con mis allegados, que dicen que mi blog es un esfuerzo en vano, que no me da de comer y todo eso…
- Yo no dije tal cosa. Sólo que está ocupando demasiado espacio en esos menesteres y me parece que hay problemas mucho más importantes que resolver. Sus relaciones interpersonales, su motivación laboral…
- ¿Sí?
- Sin equilibrio, Ud será únicamente apto para defenestrar. ¡Piense! Si su exclusivo impulso rector es ese blog, va a terminar sus días en absoluta soledad. Perderá lo poco que le queda: su mujer, sus niños, su trabajo… Todo en pos de una causa mesiánica.
- Yo sé que tengo una misión que cumplir. ¿Por qué Ud y mis amigos no quieren que la lleve a cabo?
- Ok, Mecko. ¿Por qué no vuelve la semana que viene? Va a ser más productivo para todos, ¿no cree?
- Ese blog es mi leitmotiv, licenciada.
- O el mejor pretexto para seguir justificando su evasión. ¿Seguimos la próxima?
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Diagnóstico: Si te gusta “Good stuff”, te espero en el café que está justo frente al edificio donde está el consultorio de mi terapeuta. Tenemos tanto de que hablar…
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Otra odiosa canción de este temible álbum: "Hot pants explosion", en una versión en vivo. El show, en general, estuvo buenísimo, pero en este tema la mitad del público aprovechó para ir al baño.

21/05/09

THE CURE - 4:13 Dream


He llorado toda mi vida. Y así fue al nacer. Por cierto, alguien me contó que el neonatólogo acotó en su momento que yo lo había hecho por demás. Mi infancia, a pesar de ser apacible, no estuvo exenta de llanto. Me hacían gimotear los atardeceres de domingos, los potajes de mi abuela, los desplantes amorosos, los partidos de fútbol perdidos a último minuto, y tantas otras cosas que por no recordarlas me dan ganas de llorar. En la adolescencia, mi sensibilidad fue en aumento y continué sollozando por casi todo lo que me rodeaba; mayormente, los discursos de Fin de Curso me dejaban los lagrimales más secos que garrapata de peluche.

Hasta que conocí a The Cure, en 1983, había berreado con muchas canciones alusivas a mi eterno estado depresivo. A ver si las reconocen: “Don’t cry”, “Cry for a shadow”, “Crying in the rain”, “I’ll cry instead”, “Crying in the chapel”, “Crying, waiting, hoping”, “Cry, baby”, “Sister don't cry”, “Cry from the street”, “Cry for eternity”, “The sky is crying”, “Go cry on somebody else's shoulder”, “Crying song”, “Fool to cry”, “Crying out for love”, “No woman no cry”, “When a blind man cries”, “Cry baby cry”, “Boys don’t cry”, “Cry me a river”, “Cry to me”, “I’m crying”, “Perro llorón”, “Mil veces lloro”, “No llores por mí, Argentina”, “El llanto”, “Llorando en el espejo”, “El rey lloró” y “Tango llorón”.

Como dije, Robert Smith y los suyos me brindaron renovados motivos para seguir con mi llanto perenne. En esa época, yo vestía de riguroso negro, de pies a cabeza, con sobretodo incluido, y solía delinear mis ojos, además de peinarme como un sauce… ¡llorón!
Creerán que mi existencia era una completa amargura, pero yo disfrutaba de mi condición de plañidero. Al respecto, recuerdo mi obsesión por cortar cebollas y mi continua presencia en las marchas anti-edictos policiales, que siempre finalizaban con gases lacrimógenos. Y hablando de represión, ¡qué despelote se produjo en las afueras del estadio de Ferro, en pleno show de The Cure, allá por 1987! Yo estuve allí, y mojé el pasto con mis lamentos.
Demás está decir que me compré todos los discos de la agrupación de Sussex, y me conmoví con “Three imaginary boys”, “17 seconds”, “Faith”, “Pornography”, el asombroso vivo “Concert” y “The head on the door”; me emocioné con “The top”, “Kiss me kiss me kiss me”, “Disintegration” y “Bloodflowers”, y en pocos casos, como “Wish
”, “Wild mood swings” y “The Cure”, me costó un poco más llegar al sollozo, pero, a fuerza de concentración, no tardé en ver cómo me afloraban las lágrimas. Ya era notorio que mi pasión por la dark-wave y el post-punk gótico se habían intensificando hasta niveles alarmantes.
Lloré junto a Saúl Ubaldini y Domingo Felipe Cavallo, lloriqueé separaciones y reconciliaciones, propias y ajenas, y me conmoví con teleteatros y realities, muchos de los cuales atesoré en videos. Obviamente, esto hacía que yo ingiriera litros de líquido para no deshidratarme.

Mi destino estaba signado por el llanto y yo ya suponía muy difícil cualquier desvío en el rumbo inexorable de mi vida, hasta que sucedió lo imprevisto. Fue a fines de octubre del año pasado, cuando sufrí un cambio muy brusco, que hizo que no volviera a llorar nunca más.
La causa tuvo que ver con la audición del 15º álbum de estudio de The Cure, último hasta hoy: “4:13 Dream”. ¡Qué manera de reírme a carcajadas! Es que Robert ya no es aquel hombre espectral que en otras épocas me inquietaba con sus sonidos de flanger y sus lánguidas letras, sino una pobre viejita quejosa, con los pelos revueltos, que reniega con unos nietitos ansiosos por salir a jugar al patio. Un lugar común tras otro, apuntalando, a duras penas, la más grande autoparodia melodramática que haya editado banda alguna. Todos los temas pretenden alcanzar el status de joyas del pop oscuro, pero la mayoría zozobra sin remedio en una trampa macabra que se podría traducir como ‘eutanasia creativa’. Lo poco rescatable es la base de bajo de “The reasons why” –no así su letra, que nos habla, una vez más, del suicidio-, el riff de guitarra de “The hungry ghost”, el buen minimalismo de la mal producida “Underneath the stars”, y la enorme sinceridad en “It’s over”, donde Robert canta: “No, I can’t do this anymore”. El resto va de incómodo a hilarante, máxime, el corte de difusión “The only one”, que fue lo que más me hizo desternillar. La voz de Smith está en cuarentena, gente.

Por fin me había dado cuenta de lo inútil que había sido mi vida, dedicada a un disfraz inconsistente y fugaz. Hoy tienen que verme yendo a los cabarets del microcentro, contando chistes de gallegos, jugando al truco con mis nuevos amigos del Club de Autos Especiales, tomando vino en damajuana, escuchando a Memphis la Blusera, excitándome cada domingo con el Turismo Carretera, y leyendo el Clarín (por los clasificados, ¿vieron?).
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Epílogo: Estoy seguro de que a los emos jamás les ocurrirá una epifanía tan fuerte como la mía. Porque, a pesar de promover el llanto como bandera, sus bandas favoritas siempre fueron una risa.
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Sólo otra versión más de la ultra-repetida formulita 33% "Boys don't cry" + 33% "Friday I'm in love" + 33% "In between days" + 1% de letra flamante, con la que el archi-reciclado Robert Smith y sus acólitos pretenden convencer a sus ya ajetreados seguidores.
No pierdan el tiempo con esto. Hay mucha música interesante para ver en YouTube. ¡Diviértanse! El que quiera llorar, que vaya a la iglesia.

12/05/09

MÄGO DE OZ - Mägo de Oz


¿A quién puede gustarle este agravio al metal? Esto es sencillamente una burla al buen gusto, una afrenta al sentido común, un vilipendio gratuito a la buena intención, y un arbitrario desfalco al comprador. En muchos años de melomanía jamás me había topado con tamaña porquería española, que sólo puede satisfacer a torpes e infames buscadores del más insignificante hard rock mal fabricado en serie, y que ocasiona severas alucinaciones, como, por ejemplo, imaginarse a un Walter Giardino, muy desahuciado, buscando cantante para unos Rata Blanca pasados de oporto, y que, al no encontrarlo, ficha a un Joaquín Sabina eunuco, perdido en la agonía de la peste bubónica.

Se supone que el Folk Metal nos debería situar ficticiamente en una comarca perdida en lo más sombrío del Medioevo, donde abunden castillos inexpugnables y seres fabulosos que luchen contra caballeros andantes, quienes también gusten de aniquilar dragones y conquistar con sus laúdes el favor de preciosas doncellas sumisas. Pero la triste realidad es que aquí, en el disco debut de la banda madrileña Mägo de Oz (alias “Möco de Tos”), la supuesta Edad Media es una muy trasnochada de fines del siglo XX, donde unos pobres homeless agonizan rogándoles algo de chute a unos junkies de plaza, mientras sueñan con apedrear vidrieras y vociferar groserías a unas emponzoñadas rameras que los miran con abulia y desdén.

Los lectores ibéricos no querrán disculparme por lo que pienso de su rock, pero, exceptuando contados casos, nuestros humildes músicos “sudacas” pueden cepillarse las pelusas con sus pares peninsulares. ¿Es esto lo que tienen para ofrecernos de su más granada cosecha de metal progresivo? Estos guarros inoperantes y grotescos, meros aprendices de bandas serias como Empyrium, Helheim, Enslaved, Finntroll, Bathory, Skyclad o Moonspell deberían volver a la escuela primaria para ver en qué rincón del salón de clase se les perdió la dignidad, además de la goma de borrar.
¡A no fastidiar más! Esta banda es una reverenda suciedad mal defecada, no por un fulgurante dragón, sino por una pálida iguana con cólico renal, y este álbum no es la vigorosa espada Excalibur, sino una endeble imitación de una Victorinox fabricada en Myanmar.

Estas archi-recontra-basuras, ya desde los títulos, nos hacen vomitar profusamente el agua corrompida sobrenadante de un galeón casi hundido que yerra a la deriva durante años, y nos anticipan el bochorno seudo-poético que impera en esta obra insultante (y en casi todas las siguientes de la banda, me animo a apuntar). Nadie, que no sea un deficiente, puede tomar en serio los contenidos de canciones como “Lo que el viento se dejó” o “T’esnucaré contra’l bidé”. Veamos…

“Te succionaré el cerebro
por la oreja con un aspirador.
Te arrancaré tu sucia lengua
por decir que odias el rock'n'roll.
Te sacaré tus lindos ojos
y los bañaré con pus y alcohol.
Una inyección de lejía,
nena, es la solución.

Cariño, se ha terminado
que rompas mi guitarra esta vez,
que escondas todos mis discos,
te voy a esnucar contra el bidé.

Te voy a cortar las venas
con mi maquinilla de afeitar.
Te arrancaré los pechos
y en la herida luego le echaré sal.
Maltrate usted a su señora
si no le gusta el rock'n'roll
Ampútele las piernas
y luego métalas en formol.”


¡Yeah, man! ¡Esto sí que es poesía! Luego de leer estos versos, afirmo que Federico García Lorca todavía no nació.
Y qué decir de los desprevenidos que vieron en la contratapa que hay covers como el clásico de Status Quo “Gerdundula”, y el inoxidable “Gimme some lovin’”, de Spencer Davis Group, y se pasmaron al encontrar sólo la hecatombe en ellos. Los mismos que quedaron absortos cuando notaron que en “Yankees go home”, el baterista Txus Di Fellatio (¿cómo dijo que se llamaba?) debió apretarse demasiado el pantalón marcabulto, pues da la sensación de que se le salieron los pulmones por la boca, cosa que, por desgracia, no ocurrió. Por otra parte, no menos tunantes resultan los relinchos del vocalista Juanma Rodríguez -sobre todo en el insoportable tema “El lago”- que nos alientan a saltar desde un trigésimo piso, a fin de evitar sufrimientos mayores en la vida.

Por último, cualquiera de las fotos de enfiestados etílicos que abundan en Fotolog es más apropiada que la que decora la portada de esta blasfemia al metal, que además detenta el logotipo ¿celta? más amateur de la historia.
Quiera el Altísimo no devolverle la vida a Judy Garland, para que no se le aparezca en la noche al violinista Mohamed, con el propósito de introducirle un brazo del hombre de hojalata en su peludo trasero.
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Conclusión: Si te gusta este disco, vos sos uno de los alpedistas que se tomaron el laburito de chequear si es verdad que la película “El mago de Oz” está sincronizada con el álbum “Dark side of the moon”.
Pero si te encanta esta banda, es porque no podés distinguir entre la inmortal obra de Cervantes y los consejos de José Luis Torrente.
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El tipo más común de grasa es aquél en que tres ácidos grasos están unidos a la molécula de glicerina, recibiendo el nombre de triglicéridos. Los triglicéridos sólidos a temperatura ambiente son denominados grasas, mientras que los que son líquidos son conocidos como aceites. Todas las grasas son insolubles en agua, teniendo una densidad significativamente inferior.
Las características de Mägo de Oz no son precisamente las de los aceites.

4/05/09

SANTANA - All that I am


Este CD no sólo es dañino para la mente y el cuerpo de las personas de bien, sino que también lo es para la computadora. Al colocarlo en el reproductor, pide descargar un software protector de la moral y las buenas costumbres (alias ‘troyano’), que resguarda los intereses mundanos del otrora paladín del latin-rock y la espiritualidad, Carlos Devadip Santana, al punto de dejar el operativo casi muerto e inaugurada una cómoda autopista para spywares y hackers. Y si uno no acepta instalarlo, el dispositivo rechaza el compacto, así de simple.
¿No era castigo suficiente para los desprevenidos consumidores la pésima música contenida en “All that I am”? ¿Qué bicho le picó al guitarrista que destilaba fuego en sus solos y que logró una propuesta única en su género? Esto no es propio de un músico de rock, sino de un buffet de malintencionados abogados que considera que, ante todo, uno es un pirata del asfalto. ¿Hasta dónde llega el sistema a ponernos condiciones en un álbum que –se supone- versa sobre el amor y la unidad del género humano? Si por lo menos se tratase de una auténtica gema a preservar, pero no, estamos en presencia de una quimera que desnuda el lado más meloso y grasiento del latinismo más laxante.

Carlos Alberto Santana Barragán, líder de la banda homónima, nació en 1947, en Autlan de Navarro, México, y fue iniciado por su padre en la música de mariachi, aunque Carlitos prefiriera el sonido beat que imperaba en los 60’s. Cuando su familia se mudó a San Francisco, tuvo que aprender inglés rápidamente y empaparse de los nuevos sonidos, estudiando a los grupos de rock que tocaban en la ciudad y siguiendo su evolución.
En 1966 crea su famosa banda homónima, con la que llega a triunfar en el famoso festival de Woodstock, de 1969, impresionando al público con su abrasadora fusión entre rock y ritmos afro-latinos. Recordemos que fue el único artista que tocó en dicho festival sin tener ningún disco editado, pues tal era su prestigio.
Ése fue el punto de partida del enorme éxito del músico a lo largo de cuatro décadas, con grandes discos clásicos innovadores, como "Santana", "Abraxas", "III", "Caravanserai", "Borboletta", el triple en vivo "Lotus" y "Moonflower", y memorables himnos como "Black magic woman", "Gypsy queen", "Jingo", "Oye como va", "Soul sacrifice", "Samba pa ti", "Europa" y "Toussaint L’Overture", que coronaron su carrera, la que llegó al pináculo en 1998, cuando ingresó al Salón de la Fama del Rock and Roll. Al año siguiente, incentivado por su nueva condición social –la de burgués asimilado- edita su trabajo más vendedor: "Supernatural". El resto de su trayectoria es fácil de conjeturar: riqueza, obsecuencia y recicle.

Por tal tenor, y en nombre de los buenos tiempos idos, le pido a usted, Carlos:

¡BASTA DE DUETOS CON GENTE INSUSTANCIAL!
¿Tanto placer le dio compartir “honores” con Michelle Branch, Sean Paul, Mary Blige, el rapero Big Boi, Steven Tyler
, Joss Stone, Will.i.am (Black Eyed Peas) y Kirk Hammett (Metallica) en este disco? ¿No le bastó con chichonear con “rockeros” de la “talla” de Dido, Seal, Maná, Tina Turner, Jennifer López, Macy Gray, POD y Plácido Domingo, en los anteriores? ¡Linda gente! La crema del aguante, ¿no?

¡BASTA DE MÚSICA PARA EJECUTIVOS!
En la sala de reuniones que preside Mark Zuckerberg –el inventor de Facebook- se tararean sus canciones, y en todos los cócteles empresariales se “aprecian” sus prefabricados duetos.

¡BASTA DE MÚSICA FUNCIONAL PARA EL DELEITE CORPORATIVO!
Ponga las barbas en remojo y patee el tablero de lo que sólo satisface a las multinacionales. ¿No tiene plata suficiente como para darse ese “lujo”? Yo creo que sí.
En temas como “Hermes”, “Twisted” o “Trinity” aún subsiste algo de la vieja esencia, y se perdonan, pero el promo-single "Just feel better" y todos los demás cortes bien podrían pasar como “copyright by Robi Draco Rosa”.

¡BASTA DE ABURRIMIENTO ACADEMICO COMPLACIENTE!
Un poco de sangre rockera no le vendría nada mal a su actual realidad, plagada de productores caros, y a su ego, rodeado de los mejores sesionistas del Mundo, que nada genuino transmiten.

¡BASTA DE HACER SIEMPRE LOS MISMOS SOLOS!
Ya tengo las guindas que me las piso de escuchar tanto “yeite” reiterativo, y de que cualquier ganso me sermonee que lo suyo es “sentimiento”.

¡BASTA DE MALAS FOTOCOPIAS DE “SUPERNATURAL”!
A usted le gustan los cambios estilísticos, pero ahora está ciego de rutina, avidez y conformismo. Repetir un modelo exitoso hasta el hartazgo es pan para hoy y hambre para mañana. A propósito... Leí por ahí que quiere fundar una iglesia propia. La verdad, no me extraña que, luego de haber publicado este "negociado", quiera lavar sus culpas rezando.

¡BASTA DE DARLE LA ESPALDA A LOS AUTÉNTICOS FANS!
A usted le fallará la memoria, pero el pueblo rockero aún le tiene estima. Recuerde que los adinerados para los que usted toca son muy cambiantes, y cuando la diversión se esfuma, se van corriendo a ver el show de su amigo y colega Andrea Bocelli.
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Síntesis: El título de este álbum, “All that I am”, significa “todo lo que yo soy”, y si ESTO es todo lo que Carlos Santana es, me da mucha pena. ¡Y ganas de afeitarle el bigote a ese VIGILANTE TRAIDOR!
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Esta promo nos brinda un muestreo del álbum "All that I spam", de Carlos Chantana. ¡Es que éste no es Santana! Al menos no el que yo adoré desde 1966 hasta 1982. Éste es otro. Y pensar que hubo papafritas que gastaron ríos de tinta hablando de la muerte de Paul McCartney, en 1967, y que había sido sustituido por un doble. Qué pérdida de tiempo, ¿no? ¡Acá tendrían que haber investigado, idiotas!

28/04/09

KORN - See you on the other side


Mariana nació haciendo bromas. Cuando la partera la nalgueó para que emitiera su primer llanto, se negó a hacerlo, crispando los nervios de su madre. Durante su primera infancia martirizó a sus padres simulando accesos de tos severa y cólicos inexistentes, intensificando su rebuscado comportamiento. Más tarde, en el colegio, fue la verdugo de muchos inocentes compañeritos, convidándoles laxantes disimulados en cajas de chicles normales, cortándoles el elástico a las niñas, o bajándoles los pantalones en medio del patio a los desprevenidos varones. Ni hablar de chanzas más típicas, como pegar chicles en el pelo, colocar tachuelas en los bancos y dejar manzanas podridas en el escritorio de la maestra.
Cabría preguntarse si alguien tomó cartas en el asunto, pensando en vengarse. No, nadie, porque Mariana poseía un carisma y belleza a toda prueba, y todo se le perdonaba cuando ella ponía su mejor carita angelical, diciendo: “Mariana no hace más macana”.

Los años pasaron y las bromitas escolares comenzaron a aburrirla; era hora de comenzar a pensar en grande. En las horas libres de secundaria, trazaba planes diabólicos para horrorizar a sus pares, como filmar a las parejitas debutantes y repartir copias de los videos entre los estudiantes. Cierta vez, en un día de campo, Mariana deslizó somníferos en la cantimplora de su profesor de plástica. Una vez dormido, lo desnudó y lo dejó atado a un árbol. Al momento de regresar, la niña se las arregló para que nadie notara la ausencia y el ómnibus partió. El pobre docente no supo qué hacer durante quince horas hasta que llegó el rescate.
En otra ocasión, aprovechando la ausencia paterna, invitó a cuatro amigas a su casa-quinta. La velada transcurrió amena entre bromas amistosas y relatos de suspenso, hasta que de una puerta lateral surgieron varios delincuentes armados y encapuchados, quienes se llevaron a Mariana y mantuvieron a sus amigas desnudas y maniatadas, bajo amenazas de violación y muerte por muchas horas. Más tarde, las chicas fueron conducidas al parque con la idea de ser eliminadas en la piscina. Los gritos de espanto iban en aumento hasta que los victimarios, temerosos de que algún vecino pudiera oírlos, revelaron finalmente su identidad. Eran sus compañeros de clase, comandados por la propia Mariana, que no paraba de reír. Milagrosamente, todo terminó en carcajadas generalizadas, por lo que Mariana salvó una vez más el pellejo.
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Luego de graduarse (y de haber pergeñado mil y una diabluras en el viaje de egresados), Mariana, que ya conocía de sobra sus dotes dramáticas, ingresó a la Academia Nacional de Teatro. La carrera pareció apaciguar sus crueles inclinaciones, que se encaminaron hacia la normalidad durante aquellos cuatro años de estudios. Llegó el examen final que otorgaba el título consagratorio, y para dicha evaluación los alumnos debieron presentar, en función privada, una obra escrita por todo el grupo, pero en la que ella sola se encargaría de la música. La obra, que trataba sobre los problemas de la adolescencia, debía iniciar con música de nü metal, y la impredecible Mariana no tuvo mejor idea que llevar un disco de Papa Roach, lo que puso de muy mal talante a los actores, haciendo fracasar el ensayo general. Aunque parezca lo contrario, ¡la muchacha no lo había hecho adrede! Ella amaba a Papa Roach, y el injusto descrédito hizo que reincidiera en su antigua conducta réproba. “Mariana vuelve a hacer macana”, se dijo resentida.
Los miembros del grupo debieron realizar enormes esfuerzos para torcer la firme decisión del director de excluirlos del Festival de Fin de Cursada, pero gracias al encanto de Mariana, quien logró convencer al director que obviara aquel desliz, éste les concedió la infrecuente oportunidad de ir directamente a la evaluación final en el propio Festival, algo que no debían desaprovechar. Y Mariana exigió volver a elegir la música, pero ante el lógico escepticismo de sus compañeros, coligió: “Tranquilos, esta vez será un disco de Korn”.

El día de la presentación el teatro estuvo repleto y Mariana mostró un particular rictus intrigante. No sólo silbó y dijo “víbora” todo el tiempo, sino que vistió de amarillo, infringiendo los códigos más elementales de un estreno. Cuando se abrió el telón, comenzaron a escucharse los primeros acordes de “Twisted transistor”, de “See you on the other side” (el peor álbum de Korn, sin Brian “Head” Welch y debut en Virgin Records) y las demás canciones insípidas y bailables lograron el efecto más infortunado. El público enfurecido comenzó a destrozar las butacas del recinto, a la vez que arrojaba los matafuegos al escenario. Intervino la fuerza policial y Mariana tuvo que huir despavorida del teatro.
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Epílogo: Nadie volvió a verla jamás. Algunos cuentan que se convirtió en una amarga ermitaña que vagó sin cesar por los hielos antárticos. Si fue así, roguemos al Cielo que no se haya llevado consigo este CD, ¡por el bien de los pingüinos, que ya bastantes problemas tienen!
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See you on the other side, KoRn, because you’re dead!
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¿Alguien sabe dónde vive "Munky" Shaffer? Se los pregunto porque tengo al teléfono a una tal Mariana que pregunta por él. ¿No saben nada? Bueno, sigan disfrutando de esta promo del álbum que llevó a la ruina artística a sus mentores. Ahora, si para muestra no basta un botón, cómprense una mercería.

17/04/09

STARSHIP - Knee deep in the hoopla


Existen muchos incautos que aún hoy se preguntan por qué una banda como Jefferson Airplane, que supo ser ícono en los dorados sesentas hippies, se transformó en un grupo de hard-rock comercial pretendidamente progresivo llamado Jefferson Starship, y de este beneplácito –todavía con algo de redención- a la infausta blasfemia apta para todo público denominada Starship.

La música más pasteurizada, homogeneizada, filtrada, estéril y servil, plagada de sucias estrategias del más malintencionado marketing, se da cita en esta oda al lifting curricular, titulada “Knee deep in the hoopla”, aberración que se podría traducir como “Hasta las rodillas en el bullicio”, pero que yo (arbitrariamente… ¡qué me importa!) deseo transcribir como “Hasta el cuello de mierda”. Porque estos sujetos lo estuvieron, ¡y cuán profundo!
(Nota: "Hoopla" se le dice también al juego que consiste en arrojar aros para embocarlos a distancia en distintos obstáculos.)
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Pienso que este pastiche es todavía más execrable que el teen-pop, pues detenta el agravante de haber sido producido por las esquirlas de una banda histórica -luminaria en los festivales de Monterey y Woodstock-, que fue perdiendo su brillo gradualmente, hasta caer en la infamia inapelable que traen conjuntas la desesperación comercial y la falta total de escrúpulos artísticos.
Idea pueril, si las hubo, que funcionó muy bien a la hora de llenar el ávido monedero de sus mentores, pero que quedó en la memoria de los bienintencionados como el paradigma más cabal de lo miope y lo efímero. Música funcional para amas de casa, locutores de campañas proselitistas, y todo aquél que se afana en lograr encumbrados cargos en empresas de venta piramidal. Alimento suculento de radios complacientes, ideales para amenizar juntas de ejecutivos de multinacionales, y hediondo muzak para elegantes paseos de compras destinados a las más altas esferas del poder.
Sólo el estremecimiento que produce el chirrido de una tiza sobre un pizarrón se compara con los atemorizantes números que proliferan en este asco de álbum. Baterías de cartón que emulan handclaps flagelantes, de una obviedad rayana en lo enfermizo (Donny Baldwin), amalgamadas con los sintetizadores más vulgares y genéricos del peor pop de 1985 (David Freiberg), sirven como maltratado andamiaje para disfrazar el tenue bajo (Pete Sears) y la guitarra semi distorsionada tipo hair-metal (Craig Chaquico). Toda esta engañifa sobreproducida se completa con las afectadas voces estereotipadas de Grace Slick y Mickey Thomas, en un modo tan eunuco, que no transmiten más fuerza que un vino blanco de mesa rebajado con agua bendita.
Lo bien que hizo Paul Kantner en no ceder la palabra “Jefferson” a esta estafa, pues Slick y Thomas se la habían disputado para el proyecto. El fallo judicial, en favor de Kantner, obligó a éstos ilusos a continuar simplemente como… ¡Starship!

Cualquiera de los tres “discuchos” que grabó esta pandilla de delincuentes sonoros, merece la expiación a través del fuego, pero este “debut” se destaca especialmente por contener un superhit que desnuda el costado más emblemático de la estupidez humana. A causa de lo que dice su estribillo: “we built this city, we built this city of rock and roll”, me viene a la memoria el Segundo Mandamiento, que reza “no tomarás el nombre de Dios en vano”, y el cuarto, que refiere a honrar a tu padre y a tu madre. Si consideramos al ROCK AND ROLL como potencial progenitor de estos homúnculos, los comentarios huelgan. Tristemente, aún hoy en día, el temita sigue siendo muy difundido en emisoras de nostalgia, léase “Pop 101.5” o “Blue 105.3”, así como también el otro enorme éxito del siguiente álbum, “Nothing’s gonna stop us now”, que, de manera inaudita, fue nominada al Oscar como mejor banda sonora por el baladí film “Mannequin”.
Las otras penurias del disco son “Sara”, muy influenciada por el sonido synthpop de bandas tipo Alphaville, y la turbia balada “Love rusts”, torpeza mayúscula digna del Grammy a la pelotudez universal. Sólo restaría la mención de “Hearts of the World (Will understand)”, canción que, desde el título, ya nos habla de un perfecto ejemplo de demagogia no exenta de vileza. Todo lo demás podría cuajar con precisión en la ambientación de películas como “Top gun” o “Rocky IV”.

Cómo le habrá remordido la conciencia a Grace Slick -ayer deidad psicodélica y hoy pintora top class (foto)- esta paliza al público pensante, pues años más tarde, ella resucitaría a Jefferson Starship con el culposo apelativo de Jefferson Starship: The Next Generation. ¡Vaya! ¿Next generation? No habrá próxima generación para esta clase de salvajadas. No sé si los chicos de hoy saben muy bien qué es lo que quieren, pero sí estoy seguro de que coinciden en lo que NO, y ésta es una clara muestra de lo antedicho.
Nunca tan bien citadas las palabras de Pete Townshend en “My generation”: “Espero morirme antes de volverme viejo”.
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Consejo: Si amás este disco, podés ir a visitar a Grace Slick a su mansión. Ella te agradecerá que hayas gastado tu precioso dinero en esto, mientras toman el té y juegan a la canasta.
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Mientras me encontraba buscando en You Tube el video de "We built this city", a fin de "amenizar" esta nota, hacía todos los intentos por evitar el vómito. Al mismo tiempo, veía que mi cuñada tarareaba esta canción. La sensación que me produjo semejante contraste de intenciones para con un mismo tema, resume todo el espíritu de este blog.

8/04/09

MANÁ - Amar es combatir


Una mañana común y silvestre de abril, un par de años atrás, yo desayunaba y analizaba los resultados del waterpolo. ¿Estaba soñando? Esto fue lo que leí:

Spacemen: 3 – UB: 40
Opus: 4 – Vocal: 5
U: 2 – V: 8
Sigma: 6 – Episode: 6
Fun Boy: 3 - The Migil: 5
Suzie: 4 – Us: 3
Dave Clark: 5 – Sex Clark: 5
Current: 93 – Dulces: 16
Heaven: 17 - East: 17
L: 7 – Danger: 4
Ben Folds: 5 – Gang Of: 4
Mack: 10 - D: 12
Área: 12 - Room: 92
The Count: 5 - Univers: 0
Eiffel: 65 - Vega: 4
Zero: 7 - S Club: 7
Redemption: 87 - Group: 87
Finger: 11 - Click: 5
The B-: 52 – Sham: 69
Attaque: 77 – La: 25
Soul Kid: 1 - Fan: 3
Altern: 8 - MC: 5
+: 44 - Salem: 66
Charlie: 3 - Maroon: 5
Galaxie: 500 - Black: 47
Circus: 2000 - Death From Above: 1979
June Of: 44 - September: 67
Fórmula: 5 - Conexión Nº: 5
Gamma: 2 - Matchbox: 20
Sum: 41 – Level: 42
Club: 8 – Buenos Aires: 8
Stars On: 54 - The Jackson: 5
Remo: 4 - Family Force: 5
G: 3 – Q: 65
Equipe: 84 - Eve: 6
Blog: 27 - Modern Day: 0
Blink: 182 – Front: 242

Bastante embrollado, bajé las escaleras hacia la calle. Soy vendedor de sitios de Internet y debía visitar clientes, para lo cual emplearía diversos medios de transporte público. Lo malo era que mi i-pod (?) se había caído al retrete, mas resolví no hacerme mala sangre.
El primer colectivo que tomé me llevó desde Adrogué hasta Lomas de Zamora, y la música que emanaba pertenecía al entonces más reciente álbum de Maná: “Amar es combatir”. La canción era “Labios compartidos”, su principal corte. Medité: “Pocas bandas tienen la capacidad de repetirse tanto. Esto puede ser algo malo o bueno, según se mire, pero seguro que a quienes les guste la banda, les satisfará escuchar una y otra vez lo mismo, y yo no diría sólo que sus álbumes se parecen entre sí; también sus canciones.”

Más tarde tomé otro colectivo que me acercó a la vieja estación de Monte Chingolo. Cuando tomé asiento, la locutora de la radio sintonizada anunció otro tema de Maná: “Bendita tu luz”.
Reflexioné: “¿Por qué se me hace tan soporífera esta banda? Quizás se deba a la forma de cantar de Fher Olvera, sumada a lo monotemático de sus letras, que hacen de su obra una cantinela que lleva al agotamiento. Habrá que seguir esperando que cambien de chip, pero lo veo difícil.”

Una vez hube atendido a mi siguiente cliente, tomé un remís hasta Bernal para una entrevista en una fábrica de encurtidos. Tanto en el auto, como en la recepción, se escucharon dos cortes más del disco: “Ojalá pudiera borrarte” y “Manda una señal”.
Cavilé: “Tengo la teoría de que si a cualquier canción de este grupo se le pudiera serruchar la parte cantada, se conseguiría encastrar cualquier otra letra de sus complacientes discos. Ninguna canción suena original, pues todas contienen invariablemente las palabras “amor” y “corazón”. Es el mismo producto estereotipado, reciclado una y otra vez desde “Falta amor”. ¡Que se jubilen ya!”

Tuve que soportar 29 emisiones más de “Labios compartidos” en otros colectivos y taxis, y también en el hipermercado de Avenida La Plata, donde almorcé, con el agregado ocasional de “Somos mar y arena” y “Dime, luna”. A pesar de lo exitoso de mi gestión comercial, aquellas melodías ya me tenían los nervios de punta y las criadillas en escabeche, por lo que, pretendiendo descansar la mente, opté por tomar un minibus ejecutivo que me llevaría confortablemente de regreso a casa. Pero, como no podía ser de otra manera, en el vehículo sonaba: “El rey tiburón”, y por enésima vez, “Labios compartidos”. Y ahí sí que perdí el control, lo que hizo que los pasajeros entraran en pánico.
Aullé: “Estos retoños de una gran perra, vigilantes fabricados con la peor margarina de la manoseada roseta de su reiteradamente ultrajada madre, no tienen nada mejor que hacer que seguir en su encajetadísima postura de cantar siempre la misma mierda. Hijos bastardos de Bon Jovi y del peor churrasco mal cagado de Los Nocheros, bisnietos de un container de excremento de patovica antirreglamentario, mezcla con aceite rancio del más relajante stripper de pulpería de provincia. Claro. A las mujeres les gusta esta cretinada. Insaciables que se relamen de gusto con ‘pps’ de machos en pelotas y que tienen en su cuarto una gigantografía del tonel de diarrea llamado Alejandro Sanz, más otra de Richard Gere meditando.”

Luego me descargué contra el chofer: “Pero vos sos hombre, pedazo de condón de ocasión, ¿y te gusta esta grasada? Sos un nimio paramecio con un coeficiente de 35. Ponete media pila, tirá ese disco a la renegrida ostra que lo concibió, y comprate uno de Cannibal Corpse, mariposón de hule. ¿Entendiste, polichinela mal nacido de la peor cesárea? O querés que te lo explique a sopapos, rata a medio envenenar, sobrino de una gran hiena en descomposición. ¡Odio a Fher Olvera y a todos los que aman a Maná! ¿Así que amar es combatir? Yo te voy a combatir por amor a vos y a esos ahijados dilectos de Nosferatu, que pululan entre los desperdicios de un Yorkshire con displasia.”

No recuerdo nada más. Pasé los siguientes meses en coma hasta que me finalmente desperté. Ya no trabajo. Ya no tengo rencores. Por culpa de Maná, ahora soy el nuevo Tommy, todo el día insensible, jugando al 3D Pinball.
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Prevención: Si toman un medio público, no salgan de su casa sin auriculares. Muchos colectiveros, taxistas y remiseros son parte de una peligrosa logia secreta que responde a su líder, Fher Olvera, ¡y quieren dominar el mundo secándonos el cerebro!
¡Qué pasa! ¿No me creen?
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Por favor, no miren este video, porque la próxima vez que vayan a Cancún y encaren a una chica, van a querer estar rodeados de una cohorte de mariachis que los seguirán a todos lados preguntándoles cómo se hace para entrar ilegalmente a Estados Unidos. Lo peor es que ellos sí van a ingresar, pero ustedes se quedarán sin remedio en la frontera preguntándose compungidos dónde queda la casa de Verónica Castro.

2/04/09

CHRIS CORNELL - Scream


- Hola, ¿mister Timbaland?. Acá le hablamos de Interscope Records. Tenemos un artista al que le encantaría trabajar con usted. Su nombre es Chris Cornell.
-
No sé de quién me hablas, chico.
- Eh, él estuvo en Soundgarden. ¡Y también cantó en Audioslave!
- No sé quiénes son esos, brother.
- No importa. ¿Le sobran algunos ritmos de las sesiones de Duran Duran con Timberlake?
- Yeah, man. ¿Cuánta lana van a pagarme?
- Suficiente como para ahogarse en una piscina repleta de oro líquido.
- ¡Hecho!
El disco se impulsó y desarrolló en unos pocos meses, luego se editó y, como era de esperarse, resultó un chasco. Ergo… ¿Reunión de Soundgarden para 2010?

Ahora bien, ¿por qué ocurrió algo así? ¿No es esto acaso un síntoma inequívoco de que el espíritu del rock está definitivamente amputado, de que cualquier cosa se transforma en cualquier uva, y de que los artistas y productores cada día se defecan más en las expectativas de los seguidores, sin importarles la calidad? Lamentablemente, hoy en día lo único importante es la plata, pues la cultura va y viene.
En la serie animada infantil “Bratz”, las chicas, empecinadas en consagrarse dentro de la cultura “cosmo”, forman una banda de rock como una de las condiciones sine qua non para lograr sus objetivos de pertenencia fashion. Lo mismo sucede en el mundo del marketing: el rock ya es un vehículo excelente para vender cualquier mercancía. Habría que inventar, pues, algo nuevo que lo suplante y que vuelva a ponderar la rebelión como premisa generacional.

“Scream” es la antítesis de la obra de Cornell, atestada de sequencers, computadoras, drum machines, sintetizadores, distorsión vocal y un productor millonario de hip-hop. ¿Qué? Dejen eso para deficientes que no saben cantar ni escribir su propio material. Chris posee una maravillosa voz y, cuando quiere, puede tomar una guitarra y hacer buena música, en vez de ponerse disfraces que le quedan incómodos y ridículos. Absurdos como el cuasi reggaeton “Time” y la intervención de Justin Timberlake en “Take me alive”, empañan toda esperanza de redención de este artista. ¿Se preguntarán si se puede esperar algún milagro de todo esto? Sí, pero para eso hay que ir hasta el final de “Watch out” y esperar el track oculto. Mi recomendación es que rescaten ese “hidden track” y tiren el resto al retrete. Sepan que no hay mucho más que agregar acerca de esta bobada de álbum de desconcertante electro-pseudo-grunge, que suena a unos Westlife pasados de esteroides, y que no merece siquiera el mote de producto pop.

Ahora, si me permiten, voy a hablarles de algo mucho más deleitante que este descarrío, tanto como para escurrir el mal sabor que queda en la boca luego de paladear esta insolencia al buen gusto. He realizado un estudio acerca de las sensaciones que transmiten los caramelos Superácidos LIPO, perfectamente equilibrados en cuanto a acidez-gusto-duración, bajos en azúcar y aptos para celíacos. Su cobertura rugosa temprana ya es una tentación en sí misma y va desapareciendo, conforme se los va catando, hasta moldear formas inverosímiles. Cada sabor transmite una sensación única, a saber:

UVA: Los codiciados violetas nos llevan a experimentar un ‘love-in’ psicodélico, en el que los Grateful Dead danzan alrededor nuestro, hasta alcanzar el paroxismo de una bacanal colmada de pura libido colectiva.
PERA: Verdes como un denso y húmedo bosque de Hungría. Cada rama y cada pequeña roca del sinuoso camino se conjugan en sincronía con líquenes y musgos, mientras hadas y gnomos urden planes para envolvernos en sus encantos.
FRUTILLA: Rojos como la auténtica pasión, ideales para tener sexo en plan tántrico, recorriéndose los cuerpos en completa armonía y dicha sin límite. Se disuelven en sus bocas como la orquídea que invita al distraído insecto a perder la cabeza por amor.
ANANÁ: Blancos como las arenas de paradisíacas playas en recónditas islas del Pacífico, libres de pruebas nucleares y con atardeceres soñados en condominios lujosos, donde las sensaciones aluden directamente al placer más pueril del Trópico.
LIMÓN: Con los amarillos nos acercamos a la noción más augusta del poder, y nos sentimos emperadores de lo imposible, en un mundo de aristas competitivas y sobrios ademanes, necesarios para una organización empresarial eficiente.
NARANJA: Si bien son los menos deseados, no son pocas las reacciones que producen. Imagínense en una planta embotelladora de líquido lavavajillas, cuya línea de producción, de golpe, se sale de su cauce. Vislumbren el contratiempo que ocurre cuando miles de litros de detergente naranja inundan las diferentes oficinas de la planta industrial. Ustedes, muertos de risa, mientras que al gerente le da un colapso.
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Conclusión: Querrán saber si el dueño de LIPO me pagó por escribir esto. No, ni en un millón de años. Y si así fuera, seguramente sería 2000 veces menos que lo que pagó Interscope a Timbaland por producir el atroz “Scream”.
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"Morena, dale con tu técnica que yo tengo tu táctica, dale boster, aceita las automáticas, yo soy tu gangster, mami, tú eres mi lunática, dale morena, que tú eres mi psicótica. Baila morena, baila morena, perreo pa' los nenes, perreo pa' las nenas." (Letra de "Baila morena", de Don Omar, con que Timbaland arengó a Chris Cornell para realizar "Scream".)
Y yo digo: "Black hole sun, won't you come and wash away this trash."

24/03/09

STATUS QUO - Famous in the last century


Desde muy pequeño, Jaime amaba jugar con camioncitos. Se pasaba todo el tiempo imitando los ruidos de los motores de cuanto vehículo le era regalado. Su padre, un prominente médico de Buenos Aires, veía con ojos suspicaces la conducta de su hijo, a quien, casi a diario, inquiría con comentarios hirientes del tipo: “Jaime, algún día vas a tirar a la mierda esos chiches y te vas a convertir en doctor, como yo”, a lo que Jaime contestaba invariablemente: “No, papá, voy a ser camionero.”

Jaime hizo de todo en su pubertad, desde vender revistas viejas hasta cortar el pasto, a fin de juntar dinero para una camioneta. Guardaba lo recaudado en un recoveco secreto de su habitación y, finalmente, tras varios años de sacrificio de no comer ni una golosina, juntó el capital suficiente para comprarse un pequeño utilitario desvencijado con el que inició sus primeros repartos.

A la par de esto, su tío le regalaba para su 18º cumpleaños un álbum de una nueva banda prometedora que, dada su afinidad con el sonido típico del mundo del transporte, lo cautivó de inmediato. El disco era “Piledriver” y el conjunto era Status Quo, máximo exponente del boogie-rock. Jaime se hizo seguidor religioso de esta leyenda, al punto de no querer escuchar otra cosa y estar enterado al dedillo de todos sus lanzamientos.
“Ya sé que son grasas, papá, pero tienen algo. ¿Sabés qué es? Que son ingleses, y hasta para hacer música de camioneros son finos.” Por supuesto que el padre oía todo esto como si proviniese de un altavoz del mismísimo Infierno, indignado por la cada vez más acentuada vocación de su hijo.

A los 32 años de Jaime, los Quo ya habían editado unos cuantos discos, muchos de ellos notables, y que nuestro protagonista atesoraba en formato de cassette -o magazine- en su flamante camión Deutz: “Ma Kelly's greasy spoon”, “Dog of two head
”, el citado “Piledriver”, ”Quo”, y los notables “On the level” y “Blue for you”. Los sonidos de un poderoso autoestéreo plateado retumbaban en la cabina y Jaime meneaba sus largos cabellos rubios, fascinado por los grandes hitos del grupo de Francis Rossi y Rick Parfitt. Mas no todo eran rosas, claro, ya que la banda también había editado mezquindades, tales como “In the army now”, “Ain’t complaining” o “Don’t stop”, pero Jaime hacía la vista gorda y seguía cantando lo poco que de esos discos se podía rescatar. El camión devoraba kilómetros de carreteras, mientras los pueblitos del Interior se sucedían y las melodías se intercalaban sin cesar, entonadas por Jaime, siempre con la frescura de la primera vez.
A esta altura, ya estaba más que claro que Jaime nunca sería médico, como su padre lo soñaba. En vez de eso, progresaba manifiestamente con su oficio y se lo veía por todos los pueblos de la Argentina, luciendo su Scania ‘R’, el armatoste insignia de una flota propia de 23 vehículos, uno por cada álbum de Status Quo editado.

“¿Cómo andás, Jaime querido?”
“Llámeme Jimmy, señora.”
“Sí, claro, es que nunca me acostumbro.”
“Porque Ud. no conoce los códigos del rock.”

Sin embargo, nada está destinado a perdurar para siempre. A pesar de disfrutar de una existencia plena, nadie imaginó que Jaime sufriría el gran impacto de su vida, suceso del que jamás lograría recuperarse. En 2000, Status Quo publicaba su apocalíptico “Famous in the last century”, un nuevo álbum de covers, más feo todavía que “Don’t stop” y más ordinario que canapé de polenta.
Los estropajos musicales se sucedían y Jaime no salía de su asombro. Versiones repelentes de clásicos de los Everly Brothers, Chuck Berry, Buddy Holly, Little Richard, Robert Johnson y Elvis -entre otros-, hechas con el mayor desgano del que se tenga memoria, todo debido a una supuesta obligación contractual ineludible, pero que, sumada a una total ausencia de boogie, dieron forma a un bochorno de proporciones épicas.

A raíz de esto, Jaime cayó en una aguda depresión y su vida se derrumbó. Tenía 46 abriles cuando realizó un último viaje a Buenos Aires para estacionar su camión en una agencia de usados. Entregó las llaves y se dirigió a pie a la Facultad de Medicina, donde se inscribió. Cursó la carrera en tiempo récord: 4 años. Entregó el título de médico a su anciano padre, quien no cabía en el cuerpo de la felicidad. Lo abrazó y besó sin dejar de notar que Jaime no movía un solo músculo facial. ¡Qué importaba! El cometido había sido logrado.
En los años siguientes, Jaime ejerció la medicina sin chistar y no volvió a escuchar a su banda favorita, ni a sonreír siquiera. Más aún, aprendió a odiar el rock con inédito fervor. Había satisfecho los deseos de su padre pero se había transformado en el ser más amargo y antipático del conurbano.
Cierta vez, cuando viajó a Mendoza con motivo de un importante simposio médico, alguien lo reconoció en la calle.

“¿Cómo andás, Jimmy querido?”
“Llámeme Jaime, señora.”
“Sí, claro, es que no me acostumbro.”
“Porque Ud. no conoce los códigos del jazz.”


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"Good golly, Miss Molly", por Status Quo, en vivo en la pizzería "Los Inmortales". Bueno, ahora en serio. Este tipo de muestras de involución hacen que, al lado suyo, tipos como Hijos Del Oeste parezcan TV On The Radio y Toti Iglesias el maestro de música de La Monte Young.

11/03/09

ELTON JOHN - Victim of love


No tengo absolutamente nada en contra de los gays, de hecho, tengo algún que otro amigo artista del palo, y tengo cierta consideración por sujetos como Morrissey, Pansi Division, George Michael, Roddy Bottum, Stefan Olsdal o nuestro Iorio.
Pero cuando el asunto pasa por escribir cancioncillas para princesas muertas, o triviales leitmotiv para exclusivo deleite de modistos y señoras de alcurnia, la cosa se empieza a complicar, porque todo acercamiento a un glamour excesivo decanta inevitablemente en la peor podredumbre por garrafal altanería.
Éste no es el Elton John genuino de “Honky chateau” y “Goodbye yellow brick road”. No, señores. La imagen que nos muestra Elton en este álbum pletórico de música disco, hace que Bruno Gelber, a su lado, parezca un guerrero bravío tipo Conan, el bárbaro.
Debido a este desastre, bien podría considerarlo para el juicio de Nüremberg, pero, en cambio, preferiría que viajemos al interior de su mente, en el preciso instante en que nuestro agasajado meditaba sobre los resultados de su mayor atrocidad perpetrada hasta la fecha -el repugnante “Victim of love” (1979)-, a fin de que él mismo haga su descargo.

¡Oh, musas mías en el ineluctable ocaso de mi exangüe creatividad! Volved a mis dominios a enseñarme el camino atinado. El encanto de mi carrera se extingue, cual corola de la flor más vistosa venida a menos, y las luces de mi camerino ya no se ven como otrora, cuando lucían a tono con mis trajes de lamé y yo brillaba junto a mi lustroso y nacarado piano. Mis sentidos quedan hoy oprimidos por la mezcla de diversos perfumes enrarecidos que brotan de extraños incensarios, junto con fortuitas melodías vacilantes que no alcanzan a sorber inspiración alguna. ¿Verdad que en los buenos tiempos la gente se sentía embriagada frente a mi delicada magnificencia? ¿Y que es de mí, ahora, deidad caduca, en el aciago ocaso de mi ser? Sucumbir frente a las tentaciones de la riqueza fácil, ah, si sólo pudiera rehacer...
¡Oh, mis rosas, mis encajes, mis candelabros, mis ornamentaciones escénicas fastuosas, descascarándose sin piedad y acumulándose cual polvo insignificante en el suelo mismo de la vergüenza!
Inconmensurable vacuidad de folios en blanco, de sosería estéril con partituras vacías aguardando ser atiborradas con sutiles notas gráciles y armonías etéreas que ahora yacen espectralmente arruinadas por quien yo creía era un iluminado por los dioses, todo a causa de mi afán desmedido de gloria instantánea. Mis refinados ademanes y mis gigantescas gafas -símbolos inequívocos de una pretérita era platinada-, convertidas en nimias lentes de contacto de la decadencia irremediable.
¿Dónde estás, mi adorado Peter Bellotte, apego insustituible en mi hora de infortunio? Tú, que has invadido mi alma con tus encantos, que has seducido mi ininspirado espíritu y mancillado mi prestigio con aquellas composiciones tuyas que prometiste serían descollantes, desapareces de súbito de mi vida para dejarme solo y desamparado frente al oprobio generalizado, de cara a la bestialidad mediática que desea, al presente, mi pronta caída.
Tú, que encandilaste mi aura con los embrujos de la pista de baile, con aquellos fatales flirteos de adversas influencias de Donna Summer, lamentas –dices- las magras secuelas de nuestra creación, de nuestra supuesta indulgente labor en conjunto.
Tú, mi bienquisto y dilecto guía, mi Peter Bellotte, ¡me has partido el corazón!
¡Oh, Pete! ¡Ah, Pete! (Snif)
Pues bien, se preguntarán ustedes si me siento arrepentido de este ludibrio. Indudablemente, sí. Pido perdón a la música, al arte, al género humano, al honorable Chuck Berry por ultrajar su “Johnny B. Goode”, y a toda la inmensidad del Cosmos, por ritmos tan impúberes e improcedentes -cuando no, aterradores- como los de “Born bad”, “Thunder in the night”, “Spotlight” o “Street boogie”, pues no tenía dominio cabal sobre mí mismo y, por ende, de lo que hacía. Y, pese a que la casi totalidad de los temas pertenecen a mi ahora renegado Peter, no quiero con esto descargar las culpas ni dejar de hacerme cargo por semejante desventura discográfica, pues es mío el nombre que ha sido deshonrado y no el de aquél. Mal que me pese, fui “víctima del amor”.
Soy yo, por supuesto, Sir Elton Hercules John, nacido bajo el nombre de Reginald Kenneth Dwight, quien se ha burlado de mi amado público, y juro no volver a incurrir en semejantes desgracias, so pena de acudir, sin dudarlo un instante, al cuchillo lacerante y justiciero, el que escindirá mis venas y concluirá mi triste existencia.

Mmmmm… Ok, Elton, quedamos así.
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Conclusión: Coquetear con la música disco conlleva sus riesgos. Podés alcanzar el status de una rutilante “dancing queen” o, como en el caso de Elton John, quedar reducido a una miserable sierva de la gleba.
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Aquí tienen a Elton haciendo su música disco en este audioclip de "Born bad". Ahora sólo faltaría que Gloria Gaynor y Rick James renazcan de sus sepulcros para hacer el mejor gore metal.

4/03/09

PASATIEMPO: ¡A jugar con Tokio Hotel!

Cliqueando primero en la foto y pasando luego el mouse por encima de ellos, podrás revolverlos, mezclarlos, agitarlos, convulsionarlos, aturdirlos, menearlos, zarandearlos y batirlos hasta volverlos locos. En una de esas, a estos alemanes se les aclara el poco cerebro que tienen y empiezan a hacer buena música.


Water Effect by Crazyprofile.com

2/03/09

AARON CARTER - Aaron Carter


Memorias de aquel infausto 2071. La Tierra ya no era el mejor lugar para vivir. Su aire, enrarecido por siglos de contaminación, hacía estragos entre la población de más de 12.000 millones de habitantes, regidos por una minoría de sólo 60.000 aristócratas gobernantes globales, poseedores de la totalidad de los bienes de capital y de los escasos manantiales de agua que aún sobrevivían, luego de la última gran peste virósica devastadora.
No obstante, en nuestro Mundo todavía seguía imperando cierta noción de Humanidad, pues nadie sospechaba todavía que se podía llegar estar mucho peor que eso.
Aún recuerdo cómo habían sido los festejos por el Centenario de la edición del álbum beatle “Revolver”, en una rara versión -lanzada en 2066-, de retrovinilo posdigital enriquecido con silicio sintético. Ésa era la muestra de música popular que el trasbordador Marathon VI debió haber llevado al espacio exterior, en representación de nuestra civilización, junto con un vasto popurrí de diversos ejemplos artísticos y culturales, seleccionados entre diferentes pueblos, y no el bochorno que finalmente se embarcó.
Pero, como ya dije, no fue así. Algún viejo directivo idiota y mesiánico de la NASA sustituyó, a último momento, el mencionado paradigma musical por el álbum “Aaron Carter”, de un teen popstar homónimo olvidado por el público desde hacía muchas décadas. El disco en particular fue lo de menos, ya que todos los de este imberbe minusválido son idénticos en contenido y calidad.
Pero eso no fue todo. Créase o no, por un descuido de otro imbécil por el estilo, no se incluyó ningún otro ejemplo cultural más que el mencionado. Es decir, ese disco fue lo único que viajó hacia Próxima Centauri.
¡Y aquel aparente error inocente derivó en catastróficas consecuencias para nuestro planeta!
El trasbordador, luego de cinco años de travesía a una velocidad de Mach 760, acabó colisionando contra el Palacio Gubernamental de un tranquilo y laborioso planeta llamado 2M1207b, y luego de una minuciosa investigación del envío terrestre por parte del Consejo de Sabios alienígena, éste llegó a la conclusión de que el género humano es infinitamente más pacato y primitivo que su propia civilización.
La reacción ante el innecesario agravio no se hizo esperar. Una enorme flota de naves de proporciones indescriptibles, provista de una tecnología demasiado avanzada para nuestro raciocinio, invadió la Tierra, y en menos de cuatro días redujo a cenizas el 84% de lo que aún quedaba vertical sobre la superficie terrestre. Sobre llovido, mojado. Millones de personas perecieron en aquella operación, lo que casi significó el fin de nuestra era.
Una vez cumplida su terrible misión, la expedición volvió a sus lejanos dominios para nunca más volver. Jamás volvió a saberse nada de la misma, no obstante, los invasores dejaron, a modo de “souvenir”, un curioso arcón esferoidal realizado en un metaloide inédito, conteniendo un dispositivo reproductor, que al frotarlo, transcribió el siguiente mensaje:

“TERRICOLAS: USTEDES SON UN MANOJO DE INFRADOTADOS VETUSTOS QUE HAN INSULTADO NUESTRA INTELIGENCIA Y, CREEMOS TAMBIÉN, LA DE TODA LA COMUNIDAD INTERESTELAR.
SI ÉSE ES EL EJEMPLO DE SU DIMINUTA CULTURA ARCAICA, HEMOS HECHO MUY BIEN EN NO MENGUAR ESFUERZOS PARA VOLARLOS DEL MAPA. NO MERECEN PIEDAD Y ESTO SERÁ SÓLO EL COMIENZO, YA QUE LA AFRENTA HA SIDO COMUNICADA AL RESTO DE LOS PLANETAS DE NUESTRA GALAXIA. NO PODEMOS CREER QUE ESE ESCARNIO HAYA SIDO VUESTRA CARTA DE PRESENTACIÓN. SEMEJANTE DESPILFARRO DE ENERGÍA EN POS DE TAMAÑA PATOCHADA.
¿ES ESO LO QUE HAN COSECHADO DE TANTAS GENERACIONES? ¿ES ÉSE SU ARTE MÁS ELEVADO, MÁS NOTABLE Y MÁS EVOLUCIONADO? ¡MALDITOS IGNORANTES, AUTÉNTICAS DESGRACIAS DE LA CREACIÓN! USTEDES NO PUEDEN SUBESTIMAR DE ESA MANERA AL PROJIMO, Y SIENDO LA ESPECIE MÁS INVOLUCIONADA DEL UNIVERSO, ¡MENOS AÚN!
¿QUERÍAN CONOCER NUESTRA OPINIÓN? PUES LA DESTRUCCIÓN MASIVA QUE LES HEMOS PROPINADO SERÁ NUESTRO ÚNICO COMENTARIO AL RESPECTO. AHÍ TIENEN, PUES, NUESTRO VEREDICTO: SU MÚSICA NO VALE NI MEDIO GRAMO DE POLVO CÓSMICO, PATANES.
ASÍ Y TODO, CREEMOS QUE DEBERÍAN ESTARNOS AGRADECIDOS, YA QUE HEMOS SIDO BENÉVOLOS, DEJÁNDOLES ALGO EN PIE DE VUESTRA REPULSIVA CIVILIZACIÓN, PERO VENDRAN OTRAS NOBLES CULTURAS, IGUALMENTE INJURIADAS, A CONCLUIR NUESTRA LABOR, DOLOROSA PERO NECESARIA, PARA QUE JAMAS DE LOS JAMASES VUELVAN USTEDES A ARROJAR OTRA ASQUEROSIDAD COMO ESA AL ESPACIO.”
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Conclusión: La vida continúa y debo ponerme a reconstruir mi casa, pero lanzamientos así hacen que me avergüence de formar parte de la especie humana.
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Imaginen a los Midachi bailando en el caño, totalmente desnudos y con fondo de Luciano Berio. Un juego de niños, ¿verdad? Porque nada puede ser más espeluznante que este video de "Crazy little party girl", del prematuro de Carter.

22/02/09

GG ALLIN - Carnival of excess


Los entendidos en escatología afirman que es de buen tono ubicarse dentro de alguna categoría que ofrece el arte de la apreciación de la mierda, y no ser un simple improvisado en la materia. Aunque no lo crean, dentro de este mundo hay escultores, equilibristas, reposteros y otros, algo más moderados, los sonidistas. La ‘cacona’ atrae a estos especímenes, que por suerte no representan más del 0,002% de la población mundial, pero que, a fuerza de caos, llaman la atención irremediablemente.

La vida de Kevin GG Allin fue un compendio enfermo de arte escénico, donde no había límites para sus excesos, actuando desnudo, golpeándose con el micrófono, recibiendo puñetazos del público, dejándose escupir y lacerar, defecando en escena, comiéndose su propio excremento, arrojándoselo a la gente, dejando que sus novias vomiten, orinen y evacuen en su boca, probando todo escabio y droga barata que llegara a sus manos, violando mujeres inocentes que por alguna razón confiaban en él, y muriendo por sobredosis de heroína (lo que fue una bendición, pues había anunciado que se suicidaría en vivo, llevándose a unos cuantos del público con él). Estas “cualidades” fueron las que lo hicieron famoso. ¿Famoso? ¡Nada más lejos de la verdad! Si hay alguien que le debe más de tres cuartos de su fama a la Web es este sujeto, ignorado olímpicamente antes del fenómeno de la globalización.
¿Puede alguien con un mínimo de cerebro ponderar media actitud llevada a cabo por este reprobado engendro? Sin ánimo de comparar, pero Pink Floyd tuvo que rodearse de una parafernalia de luz, imagen y sonido para suplir una presencia escénica pobre e inanimada. Por lo tanto, sostengo con hechos que un tipo que realizaba este tipo de acciones era un tercio imbécil, otro tercio manipulador y el tercio restante incapaz, necesitando, por todos los medios, ocultar su falta total de talento artístico a través de estas aberraciones mediáticas. Nadie puede ubicar a este hombre dentro de sus más caras preferencias, simplemente porque esto atentaría contra el sentido común, y estaríamos hablando de insanos mentales, gente que no me interesa tomar en cuenta a la hora de un criterio musical.

Pero hay que ser justos. No son pocas las personas a las que la escatología les sienta como anillo al dedo y sueñan con tener una experiencia con estiércol. En la mayoría de los casos, todo queda arrinconado en sus mentes, pero GG Allin vivió ese sueño e hizo que, al lado suyo, estrellas “transgresoras” como Sid Vicious e Iggy & The Stooges se vieran como Perry Como y los Osmond Brothers, respectivamente.

No me importa, en el fondo, lo que hizo este señor con su culo, pero sí me indigna que haya usado la música como vehículo para mostrar sus patologías y ocultado la verdadera mediocridad que pasaba por su podrida mente: una música de muy baja calidad.
Puede que siempre que se hable de Allin sea por motivos extramusicales, pero, aunque la proporción es muy baja, en cada disco se puede encontrar alguna que otra canción interesante (además de shockeante), cualquier bestialidad que se pueda uno imaginar de títulos como "Suck my ass it smells", "Dog shit" o "Sleeping in my piss"; todo contenido en un punk rock corrosivo, berreta, rancio y muy maloliente, valga la redundancia.

¿Por qué elegí este disco en particular si, al fin y al cabo, es el mejor producido de todos? Porque retrata al GG Allin menos representativo, en un álbum donde escasea por completo la tan promovida violencia. En este albumejo, de neto corte COUNTRY & WESTERN, Allin -junto al Criminal Quartet- deja de lado toda distorsión y toda podredumbre, llegando incluso a sonar y ¡CANTAR! al mejor estilo Johnny Cash o John Denver. Pero, a pesar de mostrar letras algo más maduras que en otros trabajos -caso “Outskirts of life”- y buenas recreaciones de covers –caso “Carmelita”-, ¿qué quería probar con esto? ¿Que usando el género más machista y segregacionista del mundo se vería como el más macho entre todos los arios?

¡¡NINGÚN FAN DE COUNTRY ELEGIRÍA ESTE DISCO Y NINGÚN SEGUIDOR DE GG ALLIN ELEGIRÍA ESCUCHAR COUNTRY!!

Siempre cabrá la duda en torno a este siniestro personaje: ¿era o se hacía? Él especuló con nuestra duda durante toda su vida, y construyó, desde esta incertidumbre, su carrera. Internet hizo todo lo demás.

Si el punk presuntamente tenía que demolerlo todo, transgredir, vivir rápido, morir joven y dejar un adecuado cadáver, GG Allin se tomó todos estos principios al pie de la letra y se dedicó a inmolarse sobre el escenario a lo largo de los 15 años que estuvo activo.
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Conclusión: No está mal que tengan un compilado de GG (podría ser “Faggots, freaks, drunks & junkies”), porque tampoco se trata de pedofilia o satanismo. Pero seguir de cerca a este monstruo es otra cosa. Piensen que en algún momento de su vida van a tener que salir a buscar trabajo, y a la turrita que les tomará la entrevista le gusta que lleguen oliendo a lavanda.
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Para escuchar adecuadamente esta cursilería de cover de "Carmelita", uno tendría que comprarse un camión oxidado y destartalado, todo cagado por las gallinas y acompañado de las peores ruteras sifilíticas del condado. Si no es así, mejor hacerse mormón. (¡O escuchar otra cosa!)

12/02/09

SIMPLE PLAN - No pads, no helmets... just balls


El poder de la música como elemento de tortura es bien conocido por su efectividad. Tal es el caso de Rage Against The Machine, la banda favorita del coronel Dan Kuehl, célebre torturador de la base norteamericana de Guantánamo, quien, luego de mantener despiertos a los prisioneros por varios días, utilizaba sus discos para someterlos a altas dosis de volumen bestial en cuartos cerrados, helados y oscuros.
Existe cuantiosa documentación histórica que evoca estas prácticas, partiendo del Antiguo Testamento, la vez que Josué utilizó el estruendo de miles de trompetas para introducir el miedo en el corazón de los habitantes de Jericó y acabar con sus murallas. En el siglo VII a.C., la princesa china Wu Tsen gustaba de castigar a su servidumbre, sometiéndola al sonido abrumador de gongs de gran tamaño hasta producirle sordera. Bajo el reinado de Iván el Terrible, se utilizaron orquestas con balalaikas desafinadas para obtener confesiones grupales de cautivos en combate. Un abad polaco descubrió, en 1771, que el unísono monocorde es un arma muy poderosa a la hora de infligir tormento. Utilizando las campanas de una iglesia como amplificadores, hacía ejecutar a sus monjes una misma nota aguda de oboe por varios minutos, lo que enloquecía a los seminaristas descarriados. A mediados del siglo XIX, durante la Rebelión de los Cipayos, el general Padham incorporó a su equipo de intimidadores una sección de gaitas para producir severos daños neurológicos a los jefes enemigos capturados. La infame Gestapo torturó a muchos disidentes del régimen nazi, de 1937 a 1945, utilizando frecuencias provenientes de osciladores que resultaban insoportables para el oído. Las víctimas “cantaban” como zorzales al cabo de pocos segundos de tratamiento. En el film “Apocalypse now” se ve cómo una flotilla de helicópteros descarga sobre una aldea norvietnamita la “Cabalgata de las Walkirias”, de Richard Wagner, con el propósito de sembrar el terror.

Ahora bien, está en vos optar por hacer el bien o aprovecharte de la buena intención de esta columna para desatar el infierno en tus allegados. El poder devastador del álbum “No pads, no helmets... just balls”, debut de la banda canadiense proto semi pseudo cuasi emo pop-punk Simple Plan, posee todas las características para los propósitos descritos y de vos depende usar esta data a conciencia y sin fines pérfidos. No incurras en el craso error adolescente de violar el polietileno que envuelve esta auténtica “caja de Pandora”, pues todo habrá de desencadenarse. Tus venas se comenzarán a estrangular, a la vez que tus glóbulos rojos harán su recorrido final hacia el corazón sentenciado. Tus neuronas se fagocitarán entre sí, mientras que tu estómago y páncreas iniciarán un paro por tiempo indeterminado. Experimentando náuseas como nunca antes, querrás arrojarte de bruces sobre los escaparates y bastidores de la proterva disquería que te recomendó este CD. Acabarás en un calabozo, donde los fantasmas de tu propia psiquis corrompida no te dejarán tranquilo. Tu cerebro percibirá una horrible reducción y se sucederán los espasmos que te harán sentir en un sótano indefenso de Nagasaki. ¡Todo por culpa de un disco que vos creías que era sólo un poquito agitador!

Aquí las letras parecen haber sido escritas por un preadolescente de escasos trece abriles, y palabrejas como “worst ever” son usadas una y otra vez. Los primeros 15 segundos de canciones como “The worst day ever” o “Don’t mean anything” suenan idénticos, y la formulita se perpetúa hasta la ultrasaciedad en el resto de los desaciertos que pueblan esta imprecación. Respecto al tema de la edad, jamás confíes en una banda cuya base de apoyo, los fans, está luchando por zafar materias del secundario. Tontos con acné y Marshalls caros que jamás transmitirán fuerza y que tampoco tienen inquietudes claras como para comunicar algo más que chiquilinadas que desaparecerán de la memoria apenas aquéllos se gradúen.
Así es esta deshonra al punk rock, fruto de este puñado de amanerados estafadores, 100 veces menos dignos que Sum 41, 1000 veces más mezquinos que Blink~182, 10000 veces más perniciosos que Green Day, y 1000000 de veces más despreciables que Good Charlotte.

Mal que nos pese, el mensaje de este álbum es claro: “Punk IS dead”.
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Conclusión: ¿Vale la pena este sufrimiento con intenso sabor a ‘mainstream’? ¿Este pop chicle con distorsión que sólo manchará tu currículum para siempre? Mi consejo es que te apartes de este mal augurio, pues te hará perder criterio y comenzarás a respetar el ‘hair metal’ como nunca antes. Bueno, al menos en ese género de mierda los músicos te dan lecciones de cómo vivir frenéticamente, mientras que los Simple Plan te enseñan cómo elegir los dulces adecuados para Halloween. ¿Dulce o truco? No hay elección. Esto es muy dulce, y a la vez, ¡el peor truco!
g
This is Simple Plan's video for "I'm just kid". Just a kid? Did you say "A KID"?
Well, you're not kids anymore, dudes. So grow up as soon as possible, you little harmless high school jerk motherfuckers.

3/02/09

RUSH - Power windows


- Dios, ¿estás ahí?
- …
- Diositooooo…
- …
- ¡Por Dios, escúchame!
- Sí, Mecko, ¿me buscabas?
- Lo de siempre, mi Señor, tratando de lograr un poco de equilibrio para mi gran causa.
- El único que cree que un blog es una gran causa eres tú.
- Bueno, es lo que mejor me sale.
- O tal vez sea lo único.
- Eres cruel.
- Soy justo. Tienes otras causas en que concentrarte: mujer, hijos, trabajo. Y me parece que no van tan bien.
- Cierto. Los estoy descuidando un poco. Quizás esté muy obsesionado con esta labor de hacerle ahorrar dinero a la gente en compras innecesarias y…
- …y bla, bla, bla.
- No me tomas en serio.
- ¿En serio? Ja. Ahora Mecko se convirtió en el nuevo Redentor. No me molestes, ¿quieres? Tu blog es bueno, pero tú crees que la gente va a dejar de lado sus costumbres arraigadas de siglos de acatar y consumir basura. Mecko, por favor, ¿por qué piensas que existe la música mediocre? Es para que exista la destacada. Sin una, no existiría la otra. Sin Pat Boone, no existiría el Captain Beefheart. Yo creé a ambos, ¿comprendes?
- Sí.
- Además, si se acabara la basura, ¿a qué te dedicarías? Serías uno más que postea discos. Y a ti te gusta ser único, ¿verdad?
- No, lo primordial es ser creíble.
- Mientes. Toda persona que hace un blog quiere cultivar su ego, sin excepción. Es la pequeña cuota de fama que les otorgué a los humanos mediante Internet. Mecko: tú tienes seguidores y además conoces el oficio. ¿Acaso estás preocupado por fallarle a la “clientela”?
- Yo no desperdicio la virtud que me diste. Es sólo que, a veces, siento que el rollo se acaba y me desespero por no reiterarme.
- No es eso. En verdad creo que tienes miedo de que por tirar tanta mierda termines hundido en ella.
- Veo que Dios también dice palabrotas.
- Soy muy malo si es necesario. ¿Me viste en las Escrituras?
- Sí, temor hay, pero ahora quisiera resolver lo de esta semana…
- ¿Qué?
- Comienza la tercera temporada y la gente espera.
- ¿Para eso me pediste ayuda?
- Sí, claro. Es que elegí un tema aburrido.
- ¡Rush!
- ¿Cómo lo adivinaste?
- Ja. No en balde me dicen “Dios”.
- No puedo decidir el disco a descuartizar.
- ¡Que sea “Power windows”! Recuerdo que yo abandoné a Alex Lifeson, Neil Peart y Geddy Lee en el momento de su concepción. Tenía cosas más importantes que atender y ellos no tomaban en cuenta mis sugerencias de hacer un alto en el camino.
-¿Sabes, Señor? Me encantaría que esta nota la hagas tú.
- No debería.
- ¿Has visto que últimamente la gente dice “debiera” o “pareciera” cuando no corresponde? Es la última moda pelotuda del hablar mediático argentino. La palabra “parecería” desapareció del mapa. Y encima no se usa más el ‘dequeísmo’, ni cuando concierne. Dicen “me doy cuenta que” o “a pesar que”.
- Sí, es irritante. Pero entiendes que si la gente fuera tan ideal como tú te la imaginas, estaría viviendo en el Paraíso y no en tu planeta.
- ¡Por todos los cielos! ¡La estupidez humana!
- Está bien que medites acerca de eso.
- La charla está buena, Dios, pero tengo que escribir sobre Rush. Y me quedan sólo mil caracteres.
- No es mi culpa.
- ¡Tú inventaste Fotolog!
- Bueno, indirectamente, sí.
- Hazme el favor, entonces. Dime aunque sea un par de líneas sobre este disco.
- No hace falta mucho más.
- Te escucho.
- El trío canadiense Rush tuvo sus momentos de gloria en los setenta, con buenos discos como “2112”, “A farewell to kings” y “Moving pictures”, combinando destreza con tecnología. Como toda banda nacida del hard rock, no supo bien elegir su repertorio para sobrevivir al cambio post punk. Por ende, llegó la decadencia, con álbumes que seguían teniendo un excesivo sabor a virtuosismo progresivo.
- Era su marca.
- Tal cual, pero cuando editaron “Power windows”, en 1985, el esquema de power trío se vino abajo con estrépito. Es un álbum blando, decadente, demasiado adulto, atiborrado de sintetizadores anacrónicos que no van a ninguna parte. Da la impresión de que comenzaron a valorar a Peter Cetera, siguiendo sus normas afeminadas de producción.
- Lo bien que hice en darte esto a ti.
- Las letras de Neil Peart también encontraron su nadir. Canciones como “The big money” ya fueron escritas por Roger Waters hace 12 años, “Manhattan Project”, es una predecible arenga sobre la bomba atómica, y “Marathon” es una absurda alegoría de la vida laboral que no encuentra salida a la aplastante rutina. Ya lo ves, Mecko: este disco es un inapelable bagazo y un derroche de dinero. Puedes conservar “Mystic rhythms”, si quieres, pero todo lo demás se lo puedas dar a mi eterno Adversario.
- ¿A Satanás?
- Sí, él tiene todos los discos que tú posteas aquí.
- ¿Crees que los integrantes de Rush irán al infierno después de esto?
- No, hay otros candidatos más meritorios para el Averno.
- ¿Por ejemplo?
- Aaron Carter.
- ¡Él está en mi lista para esta temporada! ¿Cómo lo haces?
- Yo sé todo acerca de la estupidez humana, Mecko.
- ¿Cómo, Dios mío?
- Yo creé Facebook.
n
Advertencia: Si tenés este disco, tiralo al Diablo. Si no, que Dios te ayude.
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¿Qué es esto? ¿Rock para técnicos de la NASA? ¿Progresiva para nerds? No, nada de eso. Es Rush pareciéndose peligrosamente a Starship, Asia, Heart y Soda Stereo a la vez.
¡Dios mío! Enviame ya mismo a ver un show de Journey. Sería algo más genuino y honesto que este Steven Spielberg Trio para el Oscar a la ampulosidad.

24/01/09

GALERIA II: Más artistas humillados en este blog

23/12/08

EDITORIAL: Las fiestas que nos merecemos

Fin de un año exitoso para este blog autodefinido como "La planta purificadora de la música", donde el objetivo ha sido, una vez más, cumplido: advertirles sobre los excesos y la basura en la industria discográfica, ahorrarles dinero en compras innecesarias y hacerles ganar tiempo en downloads inútiles y perjudiciales para la salud.
"Feliz fiesta" es el deseo de Mecko para todos los seguidores acérrimos, lectores ocasionales, colaboradores desinteresados, amigos de siempre y detractores necesarios, prometiéndoles para 2009 más críticas despiadadas, sin descuidar la libertad de criterio, la sobriedad en el tratamiento informativo y el esmero en el trabajo periodístico.
Tengan todos un muy buen 2009, sin Santa Clauses corruptos, ni trineos oxidados, ni renos alcoholizados, ni pirotecnia asesina, ni regalos indigestos. Sólo paz, prosperidad, trabajo, amor, salud y buena música, lo que no es poco pedir.
Nos vemos el próximo año en la tercera temporada de Los Peores Discos. Mientras tanto, disfruten su sidra y voten las nuevas encuestas. Hasta pronto...

11/12/08

JOHN & YOKO / PLASTIC ONO BAND - Sometime in New York City


¿Quién puede negar la importancia de John Lennon como figura emblemática de la música, de la PAZ y de la cultura? ¡Nadie! Pero dejemos esas blablablinas y blablabletas para los sitios que enseñan cómo ayudar a cruzar la calle a viejecitas indefensas, o para algún iluminado que elabora cándidos “pps” predicando sabiduría por boca de ganso (con fondo de “Imagine”). Aquí se cuecen otras habas: las del Lennon confundido, errado, displicente, demagógico y pretencioso.
Cierta vez, John dijo “avant-garde es mierda en francés”, y a pesar de ello, se le atribuye ser el alma vanguardista de los Beatles, injustamente, pues era Paul McCartney quien investigaba los límites de la experimentación, contribuyendo, sin nada de marketing, al progreso de esta faceta del cuarteto. Así las cosas, John, tras acercarse a la galería Indica y conocer a la resentida y fracasada artista conceptual Yoko Ono, comenzaba a darse cuenta de que el pop podía ir más allá de sus efectivas y seguras canciones. Recordemos que en esos momentos Lennon pasaba por un estado de depresión galopante y se hacía arcilla en las manos de cualquier falso gurú y, claro está, de Yoko Ono. Y ésta, ni corta ni perezosa, hizo de él su mejor y más efectiva escultura.
Por ende, John sacó a relucir sus flamantes dotes de vanguardista abrumando a la opinión pública con rarezas indigestas como “Two virgins”, “Life with the lions” y “The wedding album”, intentos de muy mal gusto y peor resultado que, de haber sido hechos por alguien con menos estampa, habrían quedado en la peor inadvertencia. Y ni hablar de “Revolution 9”, un capricho que manchó el Álbum Blanco (ojo, no quiero decir con esto que “Ob-la-di, Ob-la-da” lo encumbró) y que trajo consecuencias nefastas en el seno del grupo, sin olvidarnos de su empeño en incluir a Yoko en las sesiones, a pesar del rechazo y la burla del resto.
Tal fue su vocación experimental que, pasada esta etapa, no volvió a incursionar en esas extravagancias. Por tal motivo, no voy a elegir dichos discos para mi cometido, pues sería menos adecuado que afirmar que Miguel Mateos actuó con el Kronos Quartet.
Los tiempos psicodélicos caducaban y la realidad, de la mano del “mayo francés”, se volvía más belicosa y comprometida. Ya no servía de nada seguir alucinando con las cajas electrónicas del mago Alex, por lo que había que ponerse a tono. Y John dejaba de ser hedonista para acariciar una muy condimentada campaña por la PAZ, luciendo su inconformismo en ocupaciones de cama, encierros en bolsas, recolección de bellotas y rapado de su cabello. Mientras tanto, Yoko vaciaba las arcas de Apple consumiendo toneladas de genuino caviar ruso.
Luego del fracaso del pacifismo, John y Yoko decidieron radicarse en EEUU, pero ante la negativa de las autoridades locales de concederles visados, John se volvió un iconoclasta social irritando a las instituciones al apoyar actos políticos contrarios a la administración Nixon. Esto le valió persecuciones de la CIA, hasta que, en 1974, con la caída de Nixon, llegó la esperada victoria para el matrimonio y el gobierno yanqui dejó en PAZ al ídolo.
Con el nacimiento de su hijo Sean Ono, Lennon se convirtió en un ama de casa abnegada y, como era de prever, abandonó toda agitación comenzando a viajar por todo el Mundo bajo estricta supervisión de su esposa, alejándose de las malas vibras.
Una vez más, el aburrimiento de millonario lo agobió y decidió volver con un álbum destinado a un público menos rockero que el de Bruno Gelber, pero que cosechó sus lauros, más que nada, por la espera de cinco años sin nada nuevo.
Lamentablemente, un mal parido puso fin a su vida el 8 de diciembre de 1980.
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Luego de grabar dos discos notables, y en plena etapa combativa, John publicó en 1972 su trabajo más execrable, el inaceptable álbum doble “Sometime in New York City”, donde hace gala de su actitud más panfletaria, llenando la obra con torpes letras políticas y pálidas canciones para una ineluctable náusea. La mitad del repertorio, cantada por Yoko, llega al punto culminante con el insufrible griterío de “Don’t worry Kyoko”, una crueldad que dura hasta el Juicio Final, más otras porquerías indescriptibles, como la colaboración con Frank Zappa “Scumbag”, las atroces “We’re all water” y “Jamrag”, y la hipócrita “The luck of the irish”, que dan ganas de ir a dinamitar la torre Dakota.
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En resumen: El disco de estudio tiene sus escasos momentos de lucidez, con Lennon intentando hacer algo de buena música, pero el volumen en vivo, llamado “Live jam”, es un vilipendio merecedor de la orinada más copiosa. (Give PISS a chance!)
Sigan mi consejo: filtren el elogioso himno feminista “Woman is the nigger of the world”, la bella balada country “John Sinclair” y el pegadizo rock “New York City”, y arrojen el resto a las llamas, para su purificación, para el buen nombre de John Lennon -que en PAZ descanse-, pues ésta es, sin dudas, la peor manera de acercarse a su obra solista.
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No me malentiendan, pero yo prefiero un solo de triángulo de Linda McCartney antes que este abuso nipón emperifollado con parvas de horror e impunidad, llamado "We're all water". ¡Maldita bruja! ¿En qué convertiste a John?

5/12/08

SMASHING PUMPKINS - Zeitgeist


¿Está cansado de soportar mala música? ¿Se siente harto de ver esos pésimos discos acumulando polvo y sin posibilidad de venderlos? ¿Ya no sabe qué hacer con esas canciones que lo llevaron a lamentarse de por vida por su compra?
Presentamos el Melody Healer: un invento revolucionario que cambiará su manera de percibir la basura musical.

“El Melody Healer cambió mi vida. Es increíble lo que puede lograr ese producto. Yo mismo oí transformarse “Rock in a hard place”, de Aerosmith, en Led Zeppelin IV”.

El Melody Healer no necesita de caras interfaces ni conexiones extrañas. Es un pequeño inducidor hipnótico, totalmente inocuo, que se conecta directamente a su equipo reproductor. Funciona con una pequeña batería y no necesita de costosos dispositivos. Es muy práctico. ¡Y es sensacional! Hará las delicias de su familia. ¡Nunca más caras largas ni rostros sufridos por desilusión! Usted no volverá a preocuparse porque un disco le resultó decepcionante. El Melody Healer hace que la vida sea más digna de ser vivida.

“Cierta vez compré “Ain’t complaining”, de Status Quo, y sí, realmente fue terrible. Pasé dos meses regañándome por mi deplorable compra, hasta que un amigo me recomendó el Melody Healer. Ahora, ese disco me suena completamente diferente. Lo escucho desde una nueva perspectiva, como psicodelia del paraíso. Lo siento como un nuevo amanecer“.

“Aún no puedo creer cómo hizo el Melody Healer para transformar el nauseabundo “Under wraps”, de Jethro Tull, en el mágico “Odessey and oracle”, de los Zombies. Estoy muy agradecida”.

¿Malos álbumes que ocupan un precioso lugar? ¡Nunca más! El Melody Healer hará parecer sus desperdicios como música celestial. Su sistema de random hará que usted jamás sospeche lo que vendrá. Siempre será diferente, gracias a su memoria con más de 5000 hermosas y deleitables obras musicales.

“El Melody Healer me hizo una mejor persona. Y mi familia también se siente como nueva. Lo conectamos al televisor, y en lugar de la música de “Pasión de sábado”, escuchamos una sinfonía de Brahms”.

- ¿Y cómo funciona, Tom?
- ¿Qué cómo funciona? Veamos un ejemplo. He traído un disco ciertamente aterrador, como es “Zeitgeist”, de Smashing Pumpkins.
- ¿Qué tan horrible es, Tom?
- Verás, Linda. Este álbum es una reunión a medias, sin James Iha, cuyo resultado devino en algo mucho peor aún que “Machina II”. Jimmy Chamberlin toca su batería en un modo ‘heavy’ que nada cuaja con el resto, pero la culpa es de Billy Corgan, quien puso el resto de los instrumentos encima de esto, sin nada de potencia. Su forma de cantar apesta y las letras políticas son de una debilidad alarmante. Los efectos usados –sobre todo el fuzz- son paupérrimos y definen este nuevo sonido desconcertante de la banda. Una enorme cantidad de estiércol de plesiosaurio –incluida una foto de Paris Hilton-, donde lo único que a duras penas se exime es el single “Tarantula” y una pequeña parte de “Bleeding the orchid”. Pero infamias seudo experimentales como “United States”, o la aburridísima “Starz”, podrían ser la excusa perfecta para llevar a Corgan y Chamberlin a la silla eléctrica.
- ¡Por todos los cielos!
- Sí, Linda, este disco no sólo es inaudible, sino que es una estafa, pues es un trabajo solista de Billy Corgan encubierto. Y lo peor de todo es que se publicó en tres versiones distintas, desconcertando a los seguidores. ¿Te das cuenta? ¡Tres veces casi lo mismo! Este asco… ¿Lo estás escuchando?
- Sí, es algo espantoso. ¿Qué podemos hacer con esto, Tom?
- Fíjate ahora qué sucede cuando enciendo el Melody Healer.
…(ON)
- Vaya, es increíble. ¿Realmente tú pusiste “Zeitgeist”? No puedo creerlo. Estoy escuchando “Ágætis byrjun”, de Sigur Rós. ¿Cómo lo haces?”
- El Melody Healer es un milagro. Él lo hace todo. Pero espera, aún hay más… Si llamas en las próximas 24 horas, te llevas de regalo el Mini Healer, una solución ultra portátil que hará que no padezcas más a esos automóviles que pasan a todo volumen exhibiendo sus molestos sonidos tropicales. ¡El Mini Healer los hará oírse como organillos ambulantes de una plaza parisina en pleno siglo XIX!
- Tom, me has hecho sentir muy feliz.
- No fui yo. Fue el Melody Healer.
- Ha, ha. ¡Seguro!
…(OFF)
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Y usted no espere más. Haga ya mismo su orden llamando al número que está en su pantalla. Es otra iniciativa de Art Popó Multimedia para una vida más placentera. ¡Llame ahora!
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Billy Corgan más tatuajes = Marcelo Tinelli.
"Tarantula" menos distorsión = Bailando por un sueño.

27/11/08

GUNS N' ROSES - Chinese democracy


El añejamiento es uno de los procesos más importantes en la elaboración de un buen vino. Por lo general, éste se realiza en barricas de roble, siendo las más utilizadas de origen francés. La madera le proporciona al vino sus propios taninos y valores aromáticos, que se van entrelazando lentamente con los de la uva. Las barricas se llenan y se colocan en hileras, unas sobre otras, donde permanecerán alrededor de seis meses. La temperatura de la cava donde reposarán debe ser baja, de unos 5º, y la humedad relativa ambiente rondará el 75%.
Estas condiciones climatológicas controladas favorecen una acción de micro-oxidación lenta y homogénea, al tiempo que reducen la merma, es decir, la pérdida de líquido por evaporación. Después de los primeros seis meses de reposo, el contenido se trasiega a otra barrica con el objetivo de separar el vino limpio de los residuos situados en el fondo, además de buscar un cierto grado de aireación y respiro. Antes de su embotellado, el vino pasa por un proceso de clarificación y filtrado, para luego dejarlo envejecer el tiempo que el enólogo considere necesario, pudiendo ser de 12 a 24 meses, aún en el barril.
Cuando el vino pasa por fin a la botella, comienza una segunda etapa de su proceso de envejecimiento, que también se conoce como crianza en botella. Las botellas reposarán en posición horizontal para que el vino esté en permanente contacto con el corcho, humedeciéndolo en su cierre hermético. El elíxir que ha evolucionado correctamente durante la fase de oxidación, se afina y redondea en la botella, enriqueciéndose su aroma. Es en ese momento, cuando el vino adquiere una mayor complejidad y elegancia, y prueba de ello es que la crianza en botella de los grandes vinos puede alargarse durante muchos años hasta su gloriosa defloración final.
Ahora cierre los ojos y determine, a través de la apariencia, aroma y sabor, qué elementos distintivos están contenidos en el vino, tales como sabores cítricos, frutas tropicales, especias, hierbas, minerales y maderas. Mientras más complejo, más variedad de sabores placenteros; de la nariz hacia adentro, todos en perfecta armonía.

Ahora veamos el mismo procedimiento, pero con “Chinese democracy”, el último mal trago de la devastada bodega de Guns n’ Roses.

El alejamiento es uno de los procesos más peligrosos en la elaboración de un buen álbum. Por lo general, éste se realiza en prestigiosos estudios de grabación, siendo los más utilizados aquellos de origen californiano. La producción excesiva le proporciona al disco sus propios vicios y excesos, que se van entrelazando velozmente con el mal gusto y la desesperación. Las tomas grabadas se llenan con notas superfluas y vergüenza ajena, y se colocan en hileras unas sobre otras donde permanecerán un par de años. La temperatura de la sala de audiencias donde se corromperán, debe ser alta, de unos 55º, llena de tensiones y malentendidos, y la terquedad relativa ambiente rondará el 200%.
Estas condiciones musicológicas descontroladas favorecen una acción de macro-decepción veloz y dispar, al tiempo que aumenta la hartura, es decir, la pérdida de todo mérito por saturación. Después de los primeros seis años de reposo, el contenido se envía a otro estudio… jurídico, con el objetivo de separar el elemento bueno de los músicos incautos dejados en el camino, además de buscar un cierto grado de renovación y prórroga ante el daño cometido. Antes de su publicación, el álbum pasa por un proceso de expectativa y engaño, para luego dejarlo envilecer el tiempo que Axl Rose y sus entuertos psicológicos consideren necesario, pudiendo ser de ¡hasta una década!, pese a Internet.
Cuando el disco pasa por fin al mastering, comienza una segunda etapa de su proceso de envilecimiento, que también se conoce como marchitamiento por descomunal especulación. Las canciones permanecerán en posición arbitraria para que la música esté en permanente alejamiento del público, manipulando un secreto a voces. El vino picado que ha involucionado detestablemente durante la fase de expectación, se enmohece y deteriora en un cajón, empobreciéndose su esencia restante. Es en ese momento, cuando el disco adquiere una fama desmesurada, y prueba de ello es que el apolillamiento en disquerías de los peores discos puede prolongarse a lo sumo por unas semanas más hasta su merecido olvido total.
Ahora abra los oídos y padezca, a través de la ansiedad, hediondez y terror, qué elementos destructivos están contenidos en el álbum, tales como riffs insípidos, baladas autocopiadas, grasitud, vulgaridad, falsedad y demagogia. Mientras más ansiado, más cantidad de desilusiones desagradables; del esfínter hacia afuera, todas en rápida descomposición.
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Conclusión: Más vale comprarse una damajuana de Soy Cuyano que esta inmundicia, esta incitación a la auto-amputación lingual llamada “Chinese democracy”. Si Ud. lo compró, es porque no diferencia un Rutini de un vinagre Menoyo.
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Vean este spot de TV que presenta el álbum ante el público norteamericano. El mensaje es claro: en noviembre, seas lo que seas, republicano, demócrata, liberal, independiente, inteligente o infradotado, tendrás democracia china.
En fin... Ante esta predicción, yo opto por tomarme un Termidor en tetra-brik, cerrar los ojos e imaginarme en una dictadura jupiteriana. ¡Cualquier cosa menos esto!