The Rock and Roll Hall of Shame

24/3/09

STATUS QUO - Famous in the last century


Desde muy pequeño, Jaime amaba jugar con camioncitos. Se pasaba todo el tiempo imitando los ruidos de los motores de cuanto vehículo le era regalado. Su padre, un prominente médico de Buenos Aires, veía con ojos suspicaces la conducta de su hijo, a quien, casi a diario, inquiría con comentarios hirientes del tipo: “Jaime, algún día vas a tirar a la mierda esos chiches y te vas a convertir en doctor, como yo”, a lo que Jaime contestaba invariablemente: “No, papá, voy a ser camionero.”

Jaime hizo de todo en su pubertad, desde vender revistas viejas hasta cortar el pasto, a fin de juntar dinero para una camioneta. Guardaba lo recaudado en un recoveco secreto de su habitación y, finalmente, tras varios años de sacrificio de no comer ni una golosina, juntó el capital suficiente para comprarse un pequeño utilitario desvencijado con el que inició sus primeros repartos.

A la par de esto, su tío le regalaba para su 18º cumpleaños un álbum de una nueva banda prometedora que, dada su afinidad con el sonido típico del mundo del transporte, lo cautivó de inmediato. El disco era “Piledriver” y el conjunto era Status Quo, máximo exponente del boogie-rock. Jaime se hizo seguidor religioso de esta leyenda, al punto de no querer escuchar otra cosa y estar enterado al dedillo de todos sus lanzamientos.
“Ya sé que son grasas, papá, pero tienen algo. ¿Sabés qué es? Que son ingleses, y hasta para hacer música de camioneros son finos.” Por supuesto que el padre oía todo esto como si proviniese de un altavoz del mismísimo Infierno, indignado por la cada vez más acentuada vocación de su hijo.

A los 32 años de Jaime, los Quo ya habían editado unos cuantos discos, muchos de ellos notables, y que nuestro protagonista atesoraba en formato de cassette -o magazine- en su flamante camión Deutz: “Ma Kelly's greasy spoon”, “Dog of two head
”, el citado “Piledriver”, ”Quo”, y los notables “On the level” y “Blue for you”. Los sonidos de un poderoso autoestéreo plateado retumbaban en la cabina y Jaime meneaba sus largos cabellos rubios, fascinado por los grandes hitos del grupo de Francis Rossi y Rick Parfitt. Mas no todo eran rosas, claro, ya que la banda también había editado mezquindades, tales como “In the army now”, “Ain’t complaining” o “Don’t stop”, pero Jaime hacía la vista gorda y seguía cantando lo poco que de esos discos se podía rescatar. El camión devoraba kilómetros de carreteras, mientras los pueblitos del Interior se sucedían y las melodías se intercalaban sin cesar, entonadas por Jaime, siempre con la frescura de la primera vez.
A esta altura, ya estaba más que claro que Jaime nunca sería médico, como su padre lo soñaba. En vez de eso, progresaba manifiestamente con su oficio y se lo veía por todos los pueblos de la Argentina, luciendo su Scania ‘R’, el armatoste insignia de una flota propia de 23 vehículos, uno por cada álbum de Status Quo editado.

“¿Cómo andás, Jaime querido?”
“Llámeme Jimmy, señora.”
“Sí, claro, es que nunca me acostumbro.”
“Porque Ud. no conoce los códigos del rock.”

Sin embargo, nada está destinado a perdurar para siempre. A pesar de disfrutar de una existencia plena, nadie imaginó que Jaime sufriría el gran impacto de su vida, suceso del que jamás lograría recuperarse. En 2000, Status Quo publicaba su apocalíptico “Famous in the last century”, un nuevo álbum de covers, más feo todavía que “Don’t stop” y más ordinario que canapé de polenta.
Los estropajos musicales se sucedían y Jaime no salía de su asombro. Versiones repelentes de clásicos de los Everly Brothers, Chuck Berry, Buddy Holly, Little Richard, Robert Johnson y Elvis -entre otros-, hechas con el mayor desgano del que se tenga memoria, todo debido a una supuesta obligación contractual ineludible, pero que, sumada a una total ausencia de boogie, dieron forma a un bochorno de proporciones épicas.

A raíz de esto, Jaime cayó en una aguda depresión y su vida se derrumbó. Tenía 46 abriles cuando realizó un último viaje a Buenos Aires para estacionar su camión en una agencia de usados. Entregó las llaves y se dirigió a pie a la Facultad de Medicina, donde se inscribió. Cursó la carrera en tiempo récord: 4 años. Entregó el título de médico a su anciano padre, quien no cabía en el cuerpo de la felicidad. Lo abrazó y besó sin dejar de notar que Jaime no movía un solo músculo facial. ¡Qué importaba! El cometido había sido logrado.
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En los años siguientes, Jaime ejerció la medicina sin chistar y no volvió a escuchar a su banda favorita, ni a sonreír siquiera. Más aún, aprendió a odiar el rock con inédito fervor. Había satisfecho los deseos de su padre pero se había transformado en el ser más amargo y antipático del conurbano.
Cierta vez, cuando viajó a Mendoza con motivo de un importante simposio médico, alguien lo reconoció en la calle.

“¿Cómo andás, Jimmy querido?”
“Llámeme Jaime, señora.”
“Sí, claro, es que no me acostumbro.”
“Porque Ud. no conoce los códigos del jazz.”

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"Good golly, Miss Molly", por Status Quo, en vivo en la pizzería "Los Inmortales". Bueno, ahora en serio. Este tipo de muestras de involución hacen que, al lado suyo, tipos como Hijos Del Oeste parezcan TV On The Radio y Toti Iglesias el maestro de música de La Monte Young.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Back to back" (1983), "In the army now" (1986), "Ain't complaining" (1988) ó "Perfect remedy" (1989).
ANTIDOTO: "Dog of two head" (1971).

11/3/09

ELTON JOHN - Victim of love




No tengo absolutamente nada en contra de los gays, de hecho, tengo algún que otro amigo artista del palo, y tengo cierta consideración por sujetos como Morrissey, Pansi Division, George Michael, Roddy Bottum, Stefan Olsdal o nuestro Iorio.
Pero cuando el asunto pasa por escribir cancioncillas para princesas muertas, o triviales leitmotiv para exclusivo deleite de modistos y señoras de alcurnia, la cosa se empieza a complicar, porque todo acercamiento a un glamour excesivo decanta inevitablemente en la peor podredumbre por garrafal altanería.
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Éste no es el Elton John genuino de “Honky Château” y “Goodbye yellow brick road”. No, señoras. La imagen que nos muestra Elton en este álbum pletórico de música disco, hace que Bruno Gelber, a su lado, parezca un guerrero bravío al estilo de Conan, el bárbaro.
Debido a este desastre, bien podría considerarlo para el juicio de Nüremberg, pero, en cambio, preferiría que viajemos al interior de su mente, en el preciso instante en que nuestro agasajado meditaba sobre los resultados de su mayor atrocidad perpetrada hasta la fecha -el repugnante “Victim of love” (1979)-, a fin de que él mismo haga su descargo.

¡Oh, musas mías en el ineluctable ocaso de mi exangüe creatividad! Volved a mis dominios a enseñarme el camino atinado. El encanto de mi carrera se extingue, cual corola de la flor más vistosa venida a menos, y las luces de mi camerino ya no se ven como otrora, cuando lucían a tono con mis trajes de lamé y yo brillaba junto a mi lustroso y nacarado piano. Mis sentidos quedan hoy oprimidos por la mezcla de diversos perfumes enrarecidos que brotan de extraños incensarios, junto con fortuitas melodías vacilantes que no alcanzan a sorber inspiración alguna. ¿Verdad que en los buenos tiempos la gente se sentía embriagada frente a mi delicada magnificencia? ¿Y que es de mí, ahora, deidad caduca, en el aciago ocaso de mi ser? Sucumbir frente a las tentaciones de la riqueza fácil, ah, si sólo pudiera rehacer...
¡Oh, mis rosas, mis encajes, mis candelabros, mis ornamentaciones escénicas fastuosas, descascarándose sin piedad y acumulándose cual polvo insignificante en el suelo mismo de la vergüenza!
Inconmensurable vacuidad de folios en blanco, de sosería estéril con partituras vacías aguardando ser atiborradas con sutiles notas gráciles y armonías etéreas que ahora yacen espectralmente arruinadas por quien yo creía era un iluminado por los dioses, todo a causa de mi afán desmedido de gloria instantánea. Mis refinados ademanes y mis gigantescas gafas -símbolos inequívocos de una pretérita era platinada-, convertidas en nimias lentes de contacto de la decadencia irremediable.
¿Dónde estás, mi adorado Peter Bellotte, apego insustituible en mi hora de infortunio? Tú, que has invadido mi alma con tus encantos, que has seducido mi ininspirado espíritu y mancillado mi prestigio con aquellas composiciones tuyas que prometiste serían descollantes, desapareces de súbito de mi vida para dejarme solo y desamparado frente al oprobio generalizado, de cara a la bestialidad mediática que desea, al presente, mi pronta caída.
Tú, que encandilaste mi aura con los embrujos de la pista de baile, con aquellos fatales flirteos de adversas influencias de Donna Summer, lamentas –dices- las magras secuelas de nuestra creación, de nuestra supuesta indulgente labor en conjunto.
Tú, mi bienquisto y dilecto guía, mi Peter Bellotte, ¡me has partido el corazón!
¡Oh, Pete! ¡Ah, Pete! (Snif)
Pues bien, se preguntarán ustedes si me siento arrepentido de este ludibrio. Indudablemente, sí. Pido perdón a la música, al arte, al género humano, al honorable Chuck Berry por ultrajar su “Johnny B. Goode”, y a toda la inmensidad del Cosmos, por ritmos tan impúberes e improcedentes -cuando no, aterradores- como los de “Born bad”, “Thunder in the night”, “Spotlight” o “Street boogie”, pues no tenía dominio cabal sobre mí mismo y, por ende, de lo que hacía. Y, pese a que la casi totalidad de los temas pertenecen a mi ahora renegado Peter, no quiero con esto descargar las culpas ni dejar de hacerme cargo por semejante desventura discográfica, pues es mío el nombre que ha sido deshonrado y no el de aquél. Mal que me pese, fui “víctima del amor”.
Soy yo, por supuesto, Sir Elton Hercules John, nacido bajo el nombre de Reginald Kenneth Dwight, quien se ha burlado de mi amado público, y juro no volver a incurrir en semejantes desgracias, so pena de acudir, sin dudarlo un instante, al cuchillo lacerante y justiciero, el que escindirá mis venas y concluirá mi triste existencia.

Mmmmm… Ok, Elton, quedamos así.
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Conclusión: Coquetear con la música disco conlleva sus riesgos. Podés alcanzar el status de una rutilante “dancing queen” o, como en el caso de Elton John, quedar reducido a una miserable sierva de la gleba.
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Aquí tienen a Elton haciendo su música disco en este audioclip de "Born bad". Ahora sólo faltaría que Gloria Gaynor y Rick James renazcan de sus sepulcros para hacer el mejor gore metal.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: "Leather jackets" (1986), "Duets" (1993), "Aida (Original concept album)" (1999) ó "The muse" (1999).
ANTIDOTO: "Goodbye, yellow brick road" (1973).

2/3/09

AARON CARTER - Aaron Carter



Memorias de aquel infausto 2071. La Tierra ya no era el mejor lugar para vivir. Su aire, enrarecido por siglos de contaminación, hacía estragos entre la población de más de 12.000 millones de habitantes, regidos por una minoría de sólo 60.000 aristócratas gobernantes globales, poseedores de la totalidad de los bienes de capital y de los escasos manantiales de agua que aún sobrevivían, luego de la última gran peste virósica devastadora.
No obstante, en nuestro Mundo todavía seguía imperando cierta noción de Humanidad, pues nadie sospechaba todavía que se podía llegar estar mucho peor que eso.
Aún recuerdo cómo habían sido los festejos por el Centenario de la edición del álbum beatle “Revolver”, en una rara versión -lanzada en 2066-, de retrovinilo posdigital enriquecido con silicio sintético. Ésa era la muestra de música popular que el trasbordador Marathon VI debió haber llevado al espacio exterior, en representación de nuestra civilización, junto con un vasto popurrí de diversos ejemplos artísticos y culturales, seleccionados entre diferentes pueblos, y no el bochorno que finalmente se embarcó.
Pero, como ya dije, no fue así. Algún viejo directivo idiota y mesiánico de la NASA sustituyó, a último momento, el mencionado paradigma musical por el álbum debut de Aaron Carter, un teen popstar olvidado por el público desde hacía muchas décadas. El disco en particular fue lo de menos, ya que todos los de este imberbe minusválido son idénticos en contenido y calidad.
Pero eso no fue todo. Créase o no, por un descuido de otro imbécil por el estilo, no se incluyó ningún otro ejemplo cultural más que el mencionado. Es decir, ese disco fue lo único que viajó hacia Próxima Centauri.
¡Y aquel aparente error inocente derivó en catastróficas consecuencias para nuestro planeta!
El trasbordador, luego de cinco años de travesía, a una velocidad de Mach 760, acabó colisionando contra el Palacio Gubernamental de un tranquilo y laborioso planeta llamado 2M1207b, y luego de una minuciosa inspección del envío terrestre, por parte del Consejo de Sabios alienígena, éste llegó a la conclusión de que el género humano es infinitamente más pacato y primitivo que su propia civilización.
La reacción ante el innecesario agravio no se hizo esperar. Una enorme flota de naves, de proporciones indescriptibles, provista de una tecnología demasiado avanzada para nuestro raciocinio, invadió la Tierra, y en menos de cuatro días redujo a cenizas el 84% de lo que aún quedaba vertical sobre la superficie terrestre. Sobre llovido, mojado: millones de personas perecieron en aquella operación, lo que casi significó el fin de nuestra era.
Una vez cumplida su terrible misión, la expedición volvió a sus lejanos dominios para nunca más volver. Jamás volvió a saberse nada de la misma, no obstante, los invasores dejaron, a modo de “souvenir”, un curioso arcón esferoidal realizado en un metaloide inédito, conteniendo un dispositivo, que, luego de ser frotado, reprodujo el siguiente mensaje:


“TERRICOLAS: USTEDES SON UN MANOJO DE VETUSTOS INFRADOTADOS QUE HAN INSULTADO NUESTRA INTELIGENCIA, Y, CREEMOS TAMBIÉN, LA DE TODA LA COMUNIDAD INTERESTELAR.
SI ÉSE ES EL EJEMPLO DE SU DIMINUTA CULTURA ARCAICA, HEMOS HECHO MUY BIEN EN NO MENGUAR ESFUERZOS PARA VOLARLOS DEL MAPA. NO MERECEN PIEDAD Y ESTO SERÁ SÓLO EL COMIENZO, YA QUE LA AFRENTA HA SIDO COMUNICADA AL RESTO DE LOS PLANETAS DE NUESTRA GALAXIA.
NO PODEMOS CREER QUE ESE ESCARNIO HAYA SIDO VUESTRA CARTA DE PRESENTACIÓN. SEMEJANTE DESPILFARRO DE ENERGÍA EN POS DE TAMAÑA PATOCHADA. ¿ES ESO LO QUE HAN COSECHADO DE TANTAS GENERACIONES? ¿ES ÉSE SU ARTE MÁS ELEVADO, MÁS NOTABLE Y MÁS EVOLUCIONADO? ¡MALDITOS IGNORANTES, AUTÉNTICAS DESGRACIAS DE LA CREACIÓN! USTEDES NO PUEDEN SUBESTIMAR DE ESA MANERA AL PROJIMO, Y SIENDO LA ESPECIE MÁS INVOLUCIONADA DEL UNIVERSO, ¡MENOS AÚN!
¿QUERÍAN CONOCER NUESTRA OPINIÓN? PUES LA DESTRUCCIÓN MASIVA QUE LES HEMOS PROPINADO SERÁ NUESTRO ÚNICO COMENTARIO AL RESPECTO. AHÍ TIENEN, PUES, NUESTRO VEREDICTO: SU MÚSICA NO VALE NI MEDIO GRAMO DE POLVO CÓSMICO, PATANES.
ASÍ Y TODO, CREEMOS QUE DEBERÍAN ESTARNOS AGRADECIDOS, YA QUE HEMOS SIDO BENÉVOLOS, DEJÁNDOLES ALGO EN PIE DE VUESTRA REPULSIVA CIVILIZACIÓN. PERO VENDRAN OTRAS NOBLES CULTURAS, IGUALMENTE INJURIADAS, A CONCLUIR NUESTRA LABOR, DOLOROSA PERO NECESARIA, PARA QUE JAMAS DE LOS JAMASES VUELVAN USTEDES A ARROJAR OTRA ASQUEROSIDAD COMO ESA AL ESPACIO.”
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Conclusión: La vida continúa y debo ponerme a reconstruir mi casa, pero "lanzamientos" así hacen que me avergüence de formar parte de la especie humana.
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Imaginen a los Midachi bailando en el caño, totalmente desnudos y con fondo de Luciano Berio. Un juego de niños, ¿verdad? Porque nada puede ser más espeluznante que este video de "Crazy little party girl", del prematuro de Carter.



OTROS EJEMPLARES DEL MISMO TENOR: absolutamente todo lo que haya grabado este engendro.
ANTIDOTO: Igor Stravinsky - "La consagración de la primavera" (1913).